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De la colcha de retazos
a la posible olla podrida
por Jorge García
Alberti
Bastó
que las encuestas de opinión pública reflejaran una
baja en la intención de voto hacia la actual
coalición de gobierno para que desde la oposición,
sin mucho criterio, se salieran a ofertar fórmulas
de alianzas que resultan imposibles desde el vamos.
Más aún si se
presentan de la forma que en que se hacen , a la
ligera, en ámbitos públicos, sin una previa y mínima
coordinación política entre los dirigentes de los
partidos, sin apreciar matices, cortando grueso,
metiendo a todos en la misma bolsa y tratando de
emparejar y unir lo que, históricamente, es
imposible de unificar.
Parece ser una jugada
oportunista, que tiende más al lucimiento personal
de quien la plantea que a recoger, seriamente,
posibles opciones alternativas para la competencia
electoral.
En democracia, es
lógico que exista la posibilidad de reconvertir o
crear alianzas políticas que permitan disputar
espacios de poder.
Es más, la coalición
que hoy gobierna el país, es probable que no cuente
con las mismas mayorías que le permitieron acceder
al gobierno y hay quien manifiesta abiertamente que
no volvería a dar su voto para que ello vuelva a
ocurrir.
Sin embargo, otro
grupo de ciudadanos ha encontrado en este gobierno
la atención que nunca se les había brindado en
períodos anteriores y por lo tanto se muestran muy
satisfechos con lo hecho durante esta primera mitad
del mandato presidencial.
La democracia también
requiere renovación humana. El Presidente de la
República ha reiterado en el ámbito del Partido
Socialista que de ninguna manera se presentará a
la reelección y todos los uruguayos sabemos que
buena parte de los votos del Frente Amplio son
atribuibles al carisma del propio Vázquez.
Esto quiere decir que
influye en la ciudadanía la persona, el candidato
que se elija.
Este razonamiento
sirve tanto para el gobierno como para la oposición.
El propio Presidente
ha lanzado un alerta sobre los cuestionamientos que
pudiera tener en la interna del Frente Amplio la
probable pre candidatura del ministro Danilo Astori
o la desventaja que tiene José Mujica, debido a su
edad.
Estas alternativas
alientan a algunos dirigentes de la oposición a
pensar que por el sólo hecho de estar en política o
tener una buena imagen en determinado Departamento
es fácil adquirir una proyección nacional.
Otros posibles
candidatos, sin embargo, no terminan de entender
que, así como ayuda la imagen a una candidatura,
también la historia personal pesa. No perciben que
podrían llegar a ser útiles en una primera etapa
pero no podrán llegar nunca a la meta, porque se
crearía un bloque opositor mayoritario que les
impediría el triunfo.
Por lo tanto, a los
ciudadanos uruguayos les está llegando la hora no
sólo de comenzar a elegir dentro de la renovación
generacional sino también por comenzar la evaluación
de las ideas, de los programas, del cumplimiento de
los objetivos, de la proyección de país que
pretendemos para luego considerar quienes podrían
ser los ciudadanos más aptos para lograr conducir a
la sociedad a lograr esos objetivos.
Dentro de este
análisis, no se debe dejar de lado que para que
nazca algo nuevo en materia política quizá deba
desaparecer algo o mucho de lo viejo.
Me vienen a la mente
los discursos, hace de esto varios años, cuando
algunos afamados dirigentes políticos actualmente en
la oposición, hacían referencia a que a la
coalición de izquierda se la podría definir como una
colcha de retazos, donde todo se unía,
independientemente de la forma o el color que
tuviera.
Esa coalición es hoy
gobierno, pero lo curioso es que para querer
enfrentarla se haga un llamado a la unidad de
todo lo que hoy se defina como oposición.
Hay una rica comida
campestre, parecida a un puchero, que por la
diversidad de los elementos que contiene se le llama
olla podrida.
Habrá que tener
cuidado para que no se traslade el término culinario
a la política y lo que pretende ser una posible
alternativa de poder se convierta en un desaguisado
que termine arruinando al país.
El paso de los años
afecta a las cosas y a las personas las deja sin
memoria; hay que reconocer que en algo tiene razón
el Presidente: es de sabios retirarse a tiempo y no
exponerse para quedar en ridículo.
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