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La clave está en otro lado,
en la partitura del coro
por el senador Eduardo Lorier
Aportes para incrementar la unidad
de acción de los frenteamplistas*
Al
cumplirse dos años y medio de nuestro gobierno,
muchos pensamos que el FA requiere incrementar la
unidad de acción entre sus partes integrantes, para
-entre otras cosas- enfrentar la fuerte ofensiva del
bloque todavía en el poder. Esto sería necesario aún
si el FA fuera simplemente una coalición de grupos
políticos, pero lo es más si atendemos a que también
es movimiento. Sobre esta necesidad, todos,
aparentemente, (tanto desde la coalición, como desde
el movimiento), estamos de acuerdo. Igualmente, la
mayoría acordamos en que dicha unidad de acción no
puede lograrse por un disciplinamiento impuesto,
mecánico, de ordeno y mando, sino que tiene que
venir por convencimiento, por convicción, por visión
política de dicha necesidad.
Entonces, nos parece
oportuno aportar -desde el PCU- algunas ideas
básicas que podrían impulsar la imprescindible
unidad de acción en una fuerza compleja como el FA,
que es repetimos- a la vez coalición y movimiento.
1) Nos parece que la
primera cuestión para lograr la unidad de acción se
refiere a los métodos empleados para la resolución
de los temas complejos, aquellos, por ejemplo, que
no estaban originalmente en el programa, temas
importantes, grandes, que pueden implicar hasta un
cambio de rumbo; no nos referimos, por cierto, a
los asuntos pequeños o medianos. En este sentido, es
muy válida la metáfora sinfónica del coro.
Ciertamente, es importante que todos entonemos, que
no haya voces que desafinen. Eso no está en
discusión. Ni tampoco que el coro tenga un director.
La clave, nos parece, está en otro lado, en la
partitura del coro, en quién la escribe. O sea, en
quién se atribuye -en esos grandes temas- la
potestad de definir. Desde nuestro punto de vista,
es necesaria la disciplina, sí, pero entonces, para
que exista una disciplina verdadera, todos debemos
participar en la escritura de la música, sin seguir
ciegamente una música ya escrita e inmodificable
para los ejecutores. Es básico caminar y salir
juntos, pero ¿sobre qué bases? Para nosotros, sobre
el análisis colectivo de los temas importantes,
sobre la posibilidad de opinar, de convencer o ser
convencidos; luego, decisión y todos a acatar si no
es cuestión de principios: esta metodología de
resolución sí creemos que contribuye a la unidad de
acción, la otra, no, la otra pone en peligro el
proyecto unitario y conjunto. Para nosotros, es
falso y peligroso el culto de la unidad sobre ese
camino de los hechos consumados.
Como ejemplo que nos
tuvo de protagonistas, recordamos la decisión de
participar en las maniobras Unitas, sin discusión
orgánica previa, lo que generó nuestra retirada de
sala, dejando una rosa roja. Más tarde, cuando el
envío de tropas a Haití, y ante la posibilidad de
que se repitiera la metodología, este PCU le
solicitó al presidente del FA que el tema se
discutiera orgánicamente, cosa que así se hizo en la
Mesa Política. Allí no hubo mayoría suficiente para
aprobar ese envío, el asunto pasó entonces a la
bancada de senadores donde sí hubo mayoría y
nosotros acatamos en el Senado. Lo hicimos,
justamente, porque se había discutido dónde y cómo
se debía.
2) Igualmente, y en
una línea de problemas muy similares al anterior,
para lograr la unidad de acción y acotar al mínimo
las cuestiones intestinas, es necesario desterrar la
metodología de definir e imponer los temas
estratégicos por la vía de los hechos consumados,
sin discusión en la fuerza política. Esto genera
desconfianza y desestimula la participación. A nadie
le gusta verse como un cero a la izquierda, mientras
los que saben se encargan de definir e imponer los
temas. Si queremos que nos apropiemos realmente de
nuestro gobierno y lo defendamos, debemos participar
en el análisis y resolución de los asuntos
importantes. Por ejemplo, toda la estrategia de la
inserción internacional del país, de acordar un TLC
con EE.UU., que generó y genera acciones concretas
de la mayor importancia estratégica para el Uruguay,
¿dónde fue discutida previamente? ¿Y cuántas
discrepancias y actitudes opuestas (y expuestas
públicamente) nos generó? Meses y meses de
discusiones, de idas y venidas, todo por querer
concretar un Tratado clave, que forma parte de una
cuestión mayor y esencial, que es la inserción
internacional del país.
Ahora mismo, ¿por qué
tenemos tan poca información sobre las negociaciones
del TIFA? Entonces, ¿qué hacemos, nos quedamos
callados o decimos que no se está respetando lo
resuelto hace muchos meses en la Mesa Política sobre
el análisis de estos temas por el FA, ni tampoco a
la propia Comisión Interministerial Asesora de
Comercio Exterior (CIACEX)? ¿Por qué no se informa
sobre el TIFA con Omán (que derivó posteriormente en
un TLC), que aparentemente se esta tomando como
modelo del TIFA, aunque en materia de propiedad
intelectual es peor que el de Perú? Es bueno
preguntarse si esta escasez de información beneficia
o no a la unidad de acción.
3) Otra cuestión
básica para acentuar la unidad de acción se refiere
a la necesidad de no instalar públicamente temas
polémicos por figuras principales, temas sobre los
que sabemos -de antemano- que son delicados, que hay
matices o, simplemente, que no hay acuerdo. Los
mismos deberían discutirse interna y orgánicamente.
Ahí es donde primero debe dirimirse la disputa sobre
aspectos muy importantes de nuestro accionar, que la
hay, es innegable, y que abarca no solo la velocidad
de los cambios. Existen ejemplos recientes que
involucran a compañeros de primer nivel de nuestra
fuerza, como las declaraciones sobre Chávez o las
recurrentes críticas al Mercosur. O la misma
instalación del TLC a título personal, en enero de
2006, en un reportaje de prensa. Estas salidas
públicas generan inevitables réplicas y polémicas,
que no nos hacen bien. Réplicas que no buscan
demonizar a nadie, sino que responden, casi siempre
responden, a hechos muy concretos que se instalan
públicamente. Aquí, lo que habría que criticar y
evitar son esas salidas inorgánicas y no solamente
las respuestas. O acaso se pretende que no se
responda, es decir, que algunos permanezcan
callados, mientras otros hablan y hacen, basando
dicha pretensión en el argumento de que la prensa
magnifica las divergencias, ya sea por natural
sensacionalismo, ya sea por intención de erosionar
al gobierno. Los comunistas nos vimos obligados
a responder y hemos sido criticados por ello.
Incluso, se ha querido esquivar el contenido de las
respuestas, descalificándolas, como que responden a
intereses menores, electorales o de perfilismo, a un
adelantamiento de la campaña electoral. Sin embargo,
varios de nuestros críticos no han dicho palabra
sobre la causa de esas respuestas, sobre los hechos
primeros que las motivaron. Tampoco sobre los
contenidos que, de nuestra parte, podrán ser
discutibles, pero buscan ser fundamentados y serios.
Por otra parte, si no hubiera sido por esas
salidas, muchas cosas anunciadas sin consulta
previa se hubieran transformado en realidad tal como
venían. Lo que verdaderamente contribuye a la unidad
de acción es no salir a la prensa con esos temas,
discutirlos donde corresponde, con lo que entonces
nadie tendría que salir a responder.
4) Otro tema que nos
parece imprescindible para lograr la unidad de
acción se refiere a no introducir en el Parlamento
-o en otros ámbitos- asuntos que no están en el
programa o que modifican el programa original. Así,
podemos mencionar el TLC o la autonomía del Banco
Central, aunque el acuerdo -sin ninguna consulta
previa- con el FMI sería el ejemplo mayor de todos.
Se trata de verdaderos cimientos, no de pequeños
remiendos, que nos llevarían a un techo muy distinto
al acordado en el programa común de la izquierda,
dicho esto para los que manejan la metáfora de los
comunistas poniendo el techo primero que los
cimientos. Nadie niega que la realidad cambia y que
eso puede determinar variantes, adecuaciones o
innovaciones en el programa original. Pero tampoco
nadie puede atribuirse so pena de infringir nuestra
legalidad, la del programa colectivamente aprobado-
el derecho a introducir como hechos consumados temas
de la magnitud que hemos mencionado. Por eso, si
queremos unidad de acción, es necesario el respeto a
la orgánica, al programa. Si se entienden necesarias
modificaciones, ningún problema, pero entonces venir
a la orgánica, analizarlo allí, discutirlo y luego
atenerse a lo que en ella se defina, se gane o se
pierda. Esta posición, por lo menos en lo que a
nosotros compete, habla de lo incorrecta de la
visión que algunos tienen de todos los partidos como
cultores de una ortodoxia sacerdotal, señalada por
Weber como característica de las internas
partidarias en general.
5) Para incrementar
la unidad de acción también es necesario ser más
flexibles, tener todos porque nadie está libre de
culpas- más cintura política, ser más capaces de
llegar (en tiempo y forma) a acuerdos, tanto
internos, en la fuerza política, como afuera, con
los sectores sociales involucrados. Recordemos, por
ejemplo, cuánto costó llegar a una solución del
endeudamiento interno. Meses y meses, que se
transformaron en años, nos llevó arribar a una
fórmula que se podía haber conseguido mucho antes.
Y, en el ínterin, movilizaciones, discusiones, idas
y venidas, que no nos hicieron bien. Lo mismo si
analizamos el incremento de U$S 30 millones para la
educación en la última Rendición de Cuentas. ¿Cuánto
discutir para después tener que aceptar una salida
inevitable y necesaria?.
6) Igualmente, nos
parece necesario mejorar mucho los aspectos
prácticos de relacionamiento entre los múltiples
componentes de nuestro gobierno. Así, aceitar los
vínculos entre las dos bancadas, la de diputados y
la de senadores; así, mejorar los contactos entre
ministros entre sí; así, perfeccionar las relaciones
entre ministros e intendentes con ambas bancadas;
así, ponerle ojo al relacionamiento con la fuerza
política de los legisladores y de los integrantes
del Ejecutivo e Intendentes Para nosotros, se trata
de mejorar la coordinación y los vínculos y las
relaciones, no se trata de la autonomización del
Legislativo, ni de que se ganó o perdió influencia
en tal o cual ámbito. O de que los sectores del FA
ganan más poder ante su gobierno. Esas visiones,
cuasi corporativistas, nos hacen mal. Igualmente,
las polarizaciones. Formamos parte de un coro, cuyo
funcionamiento armónico necesita que todos tengamos
oportunidad de participar en la elaboración de la
partitura.
Por otra parte,
nadie desconoce que las múltiples tareas de gobierno
nos absorben progresivamente el tiempo material y
psíquico, pero debemos luchar contra el alejamiento
de las orgánicas partidarias, sabiendo que es triple
el problema que tenemos, puesto que se trata del
relacionamiento con cada partido o sector al que se
pertenece, pero también con los demás sectores del
FA y con el FA como tal, y ello en su doble faz, de
coalición y de movimiento.
7) Lo anterior se
relaciona con la necesidad de fortalecer a los
Comités de Base. En ellos encontramos uno de los
principales reservorios de la unidad del FA, un
lugar donde en la práctica, no solo en la teoría, se
puede reforzar diariamente la unidad de acción del
FA por encima de sectores. Por eso, si no nos
dejamos ganar por un centralismo burocrático
asfixiante, si confiamos en que los Comités también
pueden y deben discutir y decidir sobre los temas
principales, esta es otra formidable palanca para
impulsar la unidad de acción. Y aquí es importante
separar lo que pueda haber de correcto en la
necesidad de impulsar y modificar cosas para llegar
a un auténtico centralismo democrático, orgánico, a
la mayor democratización interna, de algunas voces
que hablan repetidamente de un nuevo formato
organizativo, de estructuras vacías, de que el FA
tiene una estructura que no responde a la realidad
actual, de la necesidad de nuevos mecanismos. Los
comunistas no queremos que con el agua sucia de la
bañera, que la hay, se nos vaya también el niño, o
sea, los principios. Se habla de fomento de la
horizontalidad, de un modelo de organización en red,
de formas que son más importantes que los
contenidos. Y, acto seguido, en vez de ser una
virtud, se culpabiliza o demoniza a los militantes
que han sostenido los Comités, como si estuvieran
imbuidos de una superdisciplina impuesta por vaya a
saber qué mecanismos. Pero es sintomático que esas
voces jamás se refieran -como causa de los
problemas- a la exclusión de los procesos de
decisión, a las formas de decidir que impiden
participar y tener cabida en las resoluciones, a la
falta de equilibrio entre coalición y movimiento;
sí, es llamativo que nunca vean en estas cosas una
de las causas principales del desaliento y el
alejamiento y la desmovilización de los Comités. O
que tampoco se expresen sobre otro tipo de
vaciamiento de los Comités, aquel que deriva de no
creer en ellos como lugar importante de
participación popular.
8) Finalmente, para
nosotros, es plenamente posible, además de
necesario, avanzar en la unidad de acción. Está
claro que si actuamos todos porque, repetimos,
quien esté libre de culpa que tire la primera
piedra- sobre los elementos antes señalados, eso
ayudará y mucho. Pero siendo condición necesaria, no
es suficiente. Creemos también que si nos pusiéramos
de acuerdo sobre cómo impulsar el programa en la
segunda parte de nuestro gobierno, ello sería un
formidable elemento unitario, que permitiría sellar
algunas fisuras importantes en el bloque
político-social alternativo. En Brasil y Chile lo
hicieron. En el primero, lanzaron la PAC, un
importante plan de obras públicas, para lo cual
bajaron el superávit fiscal primario; en Chile,
redujeron lo que llaman el superávit estructural
para poder aumentar el gasto en educación salud,
pensiones y vivienda.
Al respecto,
podríamos tomar como punto de partida algunas
propuestas que ha lanzado al ruedo el compañero
Roberto Conde. Propuestas que para algunos podrían
considerarse como reformistas al cuadrado, pero que
en el actual cuadro de restricciones impuestas o
autoimpuestas se transforman en otra cosa: aumento
del salario mínimo nacional en un 30%, un gran plan
de viviendas, impulso a la economía social
(cooperativas, empresas recuperadas por los
trabajadores, proyecto sucro-alcoholero), etc. Si
lo lográramos, si el FA sugiriera esto a su
gobierno, las muchas cosas importantes que hemos
hecho -y a caballo de este nuevo impulso-,
adquirirían otro valor o dimensión para nuestra
militancia, mucha de la cual sufre y con razón- una
importante crisis de identidad, crisis que debemos
superar. Por eso también nuestro acuerdo con el
compañero Edgardo Ortuño, cuando expresa que si no
hacemos lo que prometimos no nos salva ni el mejor
candidato del mundo. Nos parece la única manera de
no llegar a la elección del 2009 con un escenario
complicado.
*Título original.
LA
ONDA®
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