¿Qué pasa si Marx tenía razón?
por Jaime Secco

Siempre me gustó que Marx dijera que él no era marxista y siempre me parecía algo medio lamentable tener que decir que uno es marxista. Nadie dice que es copernicano o daltoniano. Uno se maneja con una ciencia que recibió aportes y sigue avanzando. Hoy acepto discutir si el marxismo es propiamente una ciencia y en qué sentido se puede ser marxista.

 

Lo que quiero decir es otra cosa: ¿qué pasa si tenía razón justamente en aquello en lo que todos aceptábamos que se había equivocado?

 

Me refiero, por ejemplo, a las declaraciones sobre el futuro de la India y la ventaja que representaba el colonialismo inglés.

 

Obviamente, desde los 50 y la descolonización, intentamos barrer eso debajo de la alfombra a lo que llamamos una concesión al “espíritu de la época”, o algo parecido.

 

A ver.

 

Engels, de viejo, recordaba la época en que los empresarios alemanes mandaban muestras de calidad y luego le enviaban cosas berretas. Lo recordaba justamente apreciando el desarrollo capitalista de su país. (De esa primera época es que los industriales ingleses sacaron una ley para que las cosas alemanas debieran decir Made in Germany, lo que después fue sello de calidad.)

 

En 1914, en los (pocos) países centrales, el precio de la mano de obra era caro (la gente vivía bien) y el capital financiero y los monopolios habían tomado la manija. Algunos otros lugares se estaban industrializando. Cito de memoria: algo así como la mitad del parque industrial ruso era propiedad de franceses.

 

Luego, de guerra y revolución, el desarrollo teórico de Lenin (para personalizar), resumía la situación así:

 

a.- Hay una nueva fase del capitalismo, es la última (eso último era un deseo).

 

b.- Marx se equivocó: la clase obrera de los países capitalistas desarrollados vive demasiado bien para hacer revoluciones. Se volvió socialdemócrata. La revolución se hace desde las periferias (pero no mucho, no en Namibia).

 

c.- Comenzó la (maldita) tercera fase. (Frase que cuando fue acuñada refería a la coyuntura del último par de años y yo escuché a gente repetir hasta 1990, como si muerto Lenin ya no pudiera haber más fases de nada.)

 

Surgió el campo socialista (y sí, fue una desgracia que dentro de la URSS ganara Stalin, pero no sé si no era una desgracia anunciada. Trotsky -que no es santo de mi devoción-, al menos, tenía una explicación materialista para explicarla.) Pero el capitalismo siguió avanzando.

 

Luego de la segunda guerra, COEXISTIENDO con la explotación imperial y neocolonial, se dio el desarrollo avanzado de Japón y luego de España y Grecia, por ejemplo; de los “tigres asiáticos”.

 

A lo que voy, se habrán dado cuenta, es a que el sistema mismo exige el desarrollo de áreas cada vez más grandes, que hagan manufacturas baratas y puedan consumir. Hoy las estrellas son China e India. A Latinoamérica no le tocó, pero ¿no es posible que en algún momento el sistema recurra a nosotros? Y digo el sistema de la forma más neutra: la fuerza de las cosas. No esa especie de Gran Hermano de la escuela de Frankfurt.

 

¿Y luego África?

 

¿Y luego?

 

Grompone proyectó hace tres lustros unas cuantas series y todas le daban que hacia el 2056 o algo así, entraban en una etapa de oscilación permanente. No estoy seguro de que haya encontrado el oráculo cibernético. Pero es cierto que una proyección de la forma en que el capitalismo desarrollado fue integrando nuevas zonas, tiene un límite. No estoy seguro de que lo que suceda luego se llame socialismo o destrucción.

 

No estoy seguro de que el esquema anterior sea una explicación de lo que pasó, ni de que siga pasando así, ni de que no haya alternativas (mejores o peores). Pero si no inscribimos las tareas del día en una especie de proyección de este tipo, estaremos administrando bien el país y punto.

 

Y creo que sí.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital