En Sexto Día
¿Comunica mal este gobierno?
Analizan: Valenti, Paolillo y Fasano

El periodista Esteban Valenti, el editor de Búsqueda, Claudio Paolillo, y el director del diario La República, Federico Fasano, analizaron en Sexto Día por Televisión Nacional de Uruguay la iniciativa presidencial de viajar por el interior del país para presentar los logros de esta administración; la forma cómo comunica el gobierno, y los criterios de selección empleados para adjudicar la publicidad oficial, entre otros temas.

“La batalla más importante comunicación es entusiasmar con el proyecto de futuro”

¿Comunica mal este gobierno? ¿Hay dificultades en este sentido?

Esteban Valenti (E.V.): Si el presidente ha decidido recorrer el país es porque evidentemente desde el gobierno hay una visión crítica. Este gobierno tiene déficit en la comunicación, pero quiero aclarar que prefiero un gobierno que comunique mal a un gobierno que gobierne mal. Es decir, prefiero un gobierno que tenga dificultades al informar a la ciudadanía todo lo que hace, que un gobierno que en realidad tenga una muy buena política de comunicación pero en realidad atrás haya muy poco. En el día de hoy, en la civilización actual, información, comunicación y política son muy difíciles de diferenciar. Hoy, no hay política sin una buena comunicación. También hay que ver qué problemas son de comunicación y qué problemas son políticos.

 

Hubo un cambio de escenario político bastante radical, con partidos en la oposición que estaban acostumbrados a estar en el gobierno, ¿esto también puede influir en lo que es la lectura de la población sobre la comunicación del gobierno?

E.V.:Sí, sin duda. Una fuerza política aprende a gobernar, aprende a relacionarse, aprende un conjunto de cosas que fuera de la práctica es muy difícil aprender, porque no se aprenden en la universidad. Ahora, también hay que considerar que este es el gobierno con el más alto índice de aprobación en la historia política del país desde que existen mediciones. Por ejemplo, en las últimas semanas aparecieron encuestas donde el gobierno bajó en el apoyo de la población. Me tomé el trabajo de comparar encuestas del mismo tipo, a mitad de período, dos gobiernos anteriores tuvieron el 13% de apoyo contra el 40 ó 40 y tanto por ciento que tiene éste, y el que tuvo más anda rondando el 20%. Y hasta ahora tenía un apoyo que se situaba entre el 56 y el 59%. Por tanto, si bien es cierto que hay que mirar críticamente la comunicación, si bien es cierto que uno se informa de algunas cosas y le cuesta rastrear todo el proceso del gobierno en algunas áreas -eso siempre tendría que preocupar-, no debe preocupar por las encuestas, debe preocupar porque es una responsabilidad democrática. Los gobiernos están obligados a dialogar. Por eso me parece muy bien la iniciativa del presidente -que tiene una gran capacidad de diálogo, de explicar, pero también de escuchar- como parte de un ejercicio democrático muy rico y muy variado. Es también una forma de cambio.

 

 

Le hago el planteo por el contrario, ¿tiene que ser el presidente el que haga este recorrido pueblo por pueblo a comunicar los logros del gobierno? ¿No tienen que ser otros actores intermedios, legisladores, líderes políticos?

E.V.: Si el presidente lo tiene que hacer es bueno, es una muestra de sensibilidad pero es también una expresión crítica. Es decir, falta entusiasmo, capacidad, iniciativa, riesgo (voy a usar la palabra riesgo porque en política, y sobre todo en el Uruguay, sin arriesgarse no se consigue nada) de parte de 69 legisladores que tenemos, muchos ediles, muchos dirigentes… Creo que hay una notoria falta en ese sentido. También es cierto que los que no somos dirigentes (si bien soy periodista todo el mundo sabe que soy oficialista) también tenemos la obligación de dar la batalla, porque detrás de esto no hay simplemente una disputa menor. Yo creo que lo que hay detrás de esto es la continuidad del cambio o la vuelta al pasado. Por lo tanto, yo le doy mucha importancia. Los que asumen esas responsabilidades, o los que no las asumen adecuadamente, o los que han hecho de la lucha interna y del perfilismo dentro del Frente Amplio y de la izquierda su tarea principal, tienen que asumir los costos y las posibilidades a las que lleva eso.

 

El presidente ha dicho en muchos consejos de ministros, en muchos reuniones, a los legisladores y a los secretarios de estado que hay que comunicar mejor los logros, ¿cuando Vázquez asume la postura de salir  a comunicar personalmente, parecería que el mensaje no llegó?

E.V.: Notoriamente la visión que tiene el presidente es esa. Es una visión que yo también tengo. Voy a tomar un ejemplo: el presidente vuelve de un viaje muy intenso, en tres países muy importantes, con logros muy importantes, con problemas muy importantes, etc-, y al llegar hace una conferencia donde están los ministros, sin embargo el tema que debate una parte del país y que promueve una parte de los medios de prensa es sobre la opinión de un asesor de prensa de un ente autónomo. Ése es el tema que se instala en la agenda política. Hay que preguntarse si es culpa de los adversarios. ¿Es culpa de la prensa? Me niego a mirar para los costados y a distribuir culpas ajenas. La oposición hace su tarea. Que efectivamente llueve debajo de este gobierno, es  así desde que empezó, no le da un minuto de respiro. Pero bueno es su tarea. Que la mayoría de la prensa tiene un sesgo opositor, la gran prensa también. Pero es la misma prensa que teníamos cuando teníamos el 59% o cuando ganamos las elecciones.

 

¿No hay ingenuidad en el gobierno al no creer que se pueden montar operativos políticos a través de los medios de comunicación?

E.V.: Absolutamente. Incluso más, no creo en operativos que se montan (eso ya sería hasta en cierto sentido una reacción). Creo que hay una cultura determinada, dominante en cuanto a códigos informativos que todos sabemos que funciona y que funcionó. Yo hice casi todas las campañas electorales desde el 89 hasta la fecha y las hicimos con esa prensa, en algunos casos contra esa prensa. Que nos montaron operativos… bueno, es la realidad. Hay que pensar que una gran tarea democrática es como ayudar a mejorar, a ser más democrático, a ser más plural. Pero hay que integrarlo como un dato de la realidad. Eso no se resuelve con medidas administrativas, nunca se resolvió y cada vez que se intentó resolver con medidas administrativas se transformó en un bumerang. Creo que es una gran batalla política, una gran batalla cultural, una gran batalla contra la ingenuidad. También es una batalla contra algunos que usan los medios de prensa y que creen que en un tarea permanente de conflicto entre la izquierda ayudan al debate político. Estoy de acuerdo con que hay que discutir. Pero también creo que si hay un peligro que este gobierno y la izquierda uruguaya no tienen es el de seguidismo. En eso coincide el 99% de los uruguayos, se discute de todo, sobre todo y a toda hora. Eso está muy bien, pero cada uno tiene que asumir las responsabilidades políticas en determinado momento. El debate sobre los medios es relativamente cándido en la izquierda. Se ha instalado una visión que no tiene que ver con la realidad.  Me parece muy bien –y lo dije en su momento- que el presidente haya dado su visión sobre los medios porque no fue acompañada de una sola medida administrativa o de cohesión. Creo que lo que tiene que ver con la información, lo que tiene que ver con la comunicación, que es una parte esencial de la democracia, tiene que ser lo más público posible.

 

¿Qué ocurre con la percepción de la población acerca de las discusiones donde participan todos los integrantes del gobierno, y donde a veces vemos a actores vinculados con determinada cartera opinando sobre otra?

E.V.: Creo que puede ser un problema de emprolijamiento. No creo que sea el problema fundamental. Por ejemplo, informar implica elegir bien lo que se informa. Primero hay que priorizar los temas, segundo para priorizar los temas elegir los hechos políticos de la agenda que se van a transformar en el centro del gobierno (que tiene limitaciones institucionales) y de la fuerza política. El más criticado en este momento, por lo menos en mi discurso es la fuerza política. La izquierda como fuerza política no está a la altura de las necesidades de los cambios, no de tener un gobierno o de defender un gobierno… Es más fácil, mucho más fácil comunicar que todo se quede igual, que haya muy pocos cambios, que haya algunos retoques, que no se toquen ningunos intereses. Cuando hay que reformar, cuando hay que cambiar, hay que modificar intereses, hay que afectarlos, hay que sacudir raíces, hay que sacudir telarañas, hay que comunicar bien. Porque además la comunicación no es simplemente unidireccional. Hay que informar pero escuchar, informar pero dar lugar y participación, y hay un déficit. ¿Qué es lo que todavía nos falta desde el punto de vista de un proyecto nacional, que me parece que es el gran objetivo que se puso este gobierno? ¿Hay metas económicas? Hay metas económicas. ¿Hay metas sociales? Hay metas sociales. ¿Hay metas educativas? Un proyecto nacional es además el estado espiritual de un país que cree en su futuro. Hay una sensación térmica que también forma parte de un déficit político de la fuerza de izquierda para transmitir un mensaje de todo lo que se está haciendo y de todo lo que se puede hacer. A esta altura de los otros gobiernos la gente opinaba mucho más en contra que a favor, y este gobierno todavía tiene un altísimo porcentaje de opinión pública favorable. ¿Por qué? Porque a 30 meses este gobierno además de haber cambiado muchas cosas, no comprometió nada del futuro, y en aquellos otros gobiernos ya había una sensación  de que estaba comprometida una parte importante del futuro.

 

¿La continuidad de la izquierda en el gobierno depende exclusivamente de las figuras de Astori y Mujica o puede haber alguna figura que renueve la imagen de la izquierda?

E.V.: Primero depende de la figura de Tabaré Vázquez y de cómo termine este gobierno.

 

No lo mencioné porque se bajó de cualquier posibilidad de reelección.

E.V.: No va a ser candidato y lo dijo en todos los idiomas. Pero depende del impacto y del resultado. Y depende de la figura que elija la izquierda. No ganamos en primera vuelta con cualquier figura política. Las dos principales figuras de referencia son Mujica y Astori. El fin de semana estuve en el interior del país y he venido asombrado de la capacidad, el nivel político y la densidad de cuadros políticos que tiene la izquierda en algunos departamentos. Y no está reflejado tampoco en la estructura actual. Hay que pensarlo. Hay que valorarlo. Creo que en dos años y medio hay un espacio para del debate. Lo que no puede ser es una discusión de personalidades, de liderazgos. Tiene que ser una discusión sobre proyectos, objetivos. La batalla más importante de información y comunicación no es sólo contar lo que pasa, sino entusiasmar con el proyecto de futuro. Porque lo que hemos hecho no es nada comparado con lo que se puede hacer, y todavía estamos lentos y lejos.

 

 

“El mensaje del gobierno no es uniforme”

¿Cómo evalúa la comunicación por parte del gobierno?

Claudio Paolillo (C.P.): Hay un déficit del gobierno en cuanto a su política comunicacional. No tanto por la falta de voceros, porque creo que voceros sobran, sino por la falta de unicidad en el mensaje. A veces vemos que un ministro dice una cosa y otro  dice otra sobre el mismo tema. Eso genera confusión, por más que obviamente los ministros tienen libertad de decir lo que quieren. Un gobierno debería dar un solo mensaje, por lo menos sobre los temas grandes. Si uno recuerda que hace un año el presidente dijo inequívocamente en una conferencia que estaba a favor de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y que el tren pasaba una sola vez, y a los quince minutos el canciller en la puerta del lugar donde el presidente había dicho eso, dice el tren le puede pasar también a uno por arriba, entonces el mensaje no es uniforme. Así que la comunicación la evalúo con luces y sombras.

 

¿Qué piensa del vínculo del presidente Vázquez con los medios de prensa, cuando por ejemplo él ha decidido en qué momentos dirigirse a los medios y cuando no?

C.P.: Considero que es una potestad, un derecho legítimo que él tiene. El presidente (Jorge) Batlle tampoco hablaba con los medios casi nunca, excepto en conferencias de prensa o en oportunidades específicas como una rueda de prensa casual tras un evento. De manera que eso no lo juzgo críticamente. Creo que los presidentes tienen que dosificar sus salidas públicas, no pueden estar todo el tiempo saliendo en los medios de comunicación, entre otras cosas porque corren el riesgo de empezar a contradecirse ellos mismos. Los presidentes son la voz máxima en lo que tiene que ver con el gobierno de un país, y por tanto tienen que ser muy cuidadosos. Creo que el presidente elige los momentos, y no hay derecho al pataleo por parte de los periodistas por esa razón.

 

¿Cree que fue un error del presidente haber señalado el año pasado cuáles eran los medios que contaba entre la oposición, donde incluyó al semanario Búsqueda?

C.P.: Creo que fue mal asesorado. Fue un error porque no sólo dijo que eran medios de oposición o que hacían críticas al gobierno, sino que dijo una cosa más importante que es que integraban la oposición política al gobierno. O sea, que Búsqueda, El Observador, El País, las radios y los canales de televisión que mencionó, no es que únicamente fueran críticos del gobierno -lo que tienen todo el derecho de hacer como el mismo mencionó- sino que además integraban la oposición política. Esos medios eran como el senador (Jorge) Larrañaga o como el senador (Julio María) Sanguinetti. Eran una parte más de la oposición política, lo que no es cierto.

 

¿Qué opina de la gira que el presidente Vázquez ha anunciado por el interior del país para plantear los logros del gobierno de primera mano?

C.P.: Es interesante el planteo que ha hecho el presidente en esa materia. Primera cosa, tiene todo el derecho de hacerlo. Es más, lo han hecho sus antecesores permanentemente, por tanto ni siquiera es una novedad acercarse a la gente en cuanto a práctica presidencial. Segunda cosa,  de acuerdo al anuncio, las giras se plantean como una réplica de aquellas que hacía cuando era candidato presidencial, formalmente pueden ser lo mismo pero esencialmente no lo son. Aquellas giras las hacía en condición de candidato presidencial, futuro presidente y el mensaje que daba era de promesa, de anuncio de lo que iba a hacer, un mensaje que podía generar esperanza en su auditorio. Ahora, a más de dos años y medio de estar en la Presidencia de la República, aunque formalmente las giras se hagan de la misma manera (los mismos pueblos, los mismos estilos, etc.), no va a ser lo mismo desde el punto de vista esencial porque el presidente está ocupando justamente la primera magistratura del gobierno y por tanto ya no puede ir solamente a anunciar cosas para el futuro, sino que tiene que enfrentar las realidades de todo gobernante. Si la gira es para bajar la sensación térmica negativa respecto al gobierno creo que no tiene mucho efecto de permanencia, porque por más que el presidente vaya y haga lo que han hecho todos de acariciar la cabeza de los niños, saludar a las mujeres y a los señores mayores de edad, etc., (todo eso que hacen los políticos), si el precio del pollo sube y si la carne sube y la plata en el bolsillo de la gente baja, entonces para un presidente en ejercicio no resulta.

 

¿Qué opinión le merecen las declaraciones de Michel Visillac?

C.P.: Las considero unas declaraciones muy infelices porque explicitan un modo de ver el manejo de los dineros públicos a través de la publicidad oficial que era justamente el que se criticaba de algunos gobiernos anteriores y por el cual fueron a prisión algunos ex funcionarios públicos. Es decir aquello era un uso arbitrario, indebido de la publicidad oficial que se traducía en actos de corrupción porque se usaba el dinero que es de todos para premiar a los medios amigos o castigar a los medios considerados enemigos.

 

 

“El Estado debe decirle a los medios privados que hay reglas de juego”

¿Cuál es su opinión sobre la política de comunicación del gobierno?

Federico Fasano (F.F.): Acá la gran pregunta que hay que hacerse es quién manda en el sistema de  comunicación uruguayo. Tanto en Uruguay como en el resto del mundo hay tres operadores en los medios de comunicación: los medios privados, el Estado, y la sociedad. En el Uruguay no hay la menor duda de que los que mandan son los medios privados de comunicación en una alianza estrechísima con el Estado hasta el 1º de marzo de 2005. A partir del 1º de marzo esa alianza se rompe, se debilita, diría yo. Porque el Estado gobernado por el Frente Amplio tampoco ha tomado el tema -con el que nadie puede- de la redistribución de la información en la sociedad en términos ecuánimes y que esté al servicio de la sociedad. La sociedad es el tercer agente de este sistema de comunicación y es el paria de este sistema. Es el agente en el que nadie piensa, salvo como un consumista, salvo para transformar la información en una mercancía que se vende a los consumidores. La información es un valor social, un valor social sumamente peligroso –hoy las guerras no se ganan más con balas, se ganan con información y ese poder nadie lo niega-, pero ese bien social en Uruguay se ha transformado en un mero bien mercantil.

 

¿Se puede decir de alguna forma que la izquierda que gobierna actualmente el país tiene cierta ingenuidad con respecto al poder de los medios de comunicación en tanto formadores de opinión?

F.F.: Absolutamente ingenua. Primero, no está preparada. Las propuestas que han surgido de algunas voces de la izquierda son irrealizables, por lo tanto las ideas irrealizables hacen que todo siga como está. El gobierno uruguayo ha sido de una ingenuidad tal en esto que (yo leía el semanario Búsqueda donde se ponía bajo sospecha la publicidad oficial porque discriminaba a favor de los medios que apoyaban este proceso de cambio) este gobierno discrimina al revés. A sus aliados, por una razón de transparencia, por una razón de hacer una muy buena letra y para que nadie lo critique en nada, le da mucho menos que a sus enemigos. Basta ver las cifras. Y ojo que entiendo que se le está dando una lección de generosidad muy fuerte a la sociedad civil y política uruguaya diciendo este gobierno no favorece a sus amigos, aun más privilegia a sus adversarios para que no le puedan decir nada. En la edición del viernes 28 (día de emisión de la entrevista) publiqué y dije que si siguen señalando que el Estado no puede favorecer a la sociedad, la gran destinataria del proceso de información, puede haber voces de la ciudadanía que surjan planteando una ley que establezca que la publicidad estatal sea gratuita. Es lógico porque el Estado no tiene fines de lucro, el Estado somos todos. Por lo tanto la publicidad del Estado, cuya obligación es difundir su mensaje a toda la sociedad, podría llegar incluso hasta ser gratuita. Obviamente esto perjudicaría a todo el sistema privado de comunicación que es el que está cuestionando al Estado y que es el que le cobra al Estado el doble de las facturas publicitarias que cobra a los avisadores privados. Todo esto hay que tenerlo en cuenta cuando se diseña una política de comunicación que aún hoy no ha sido diseñada. A los únicos que beneficia esta ausencia de política –la ausencia de política también es una política- es al sector privado de la comunicación, al que manda. ¿A quién perjudica? A la sociedad.

 

Este tema se relaciona con los recientes dichos de Michel Visillac, asesor de comunicación de Antel, con respecto a dónde debería pautar y difundir su información esta empresa pública. Usted en la edición del diario La República del día 28 (ya lo había hecho en otra edición anterior) defiende la postura sostenida por Visillac. ¿Por qué considera que estuvo bien?

F.F.: Es muy difícil tomar el tema Visillac fuera del contexto de lo que estamos hablando. Pero Visillac es un asesor designado por un ente estatal, es decir por todos nosotros, para defender a ese ente. Ese ente tiene un sector que compite con el sector privado y cómo puede competir si no es en igualdad de condiciones. Cómo puede hacerlo si su publicidad cuesta el doble que la de sus competidores. Ya ahí hay una diferencia importante. No le permiten publicar su publicidad donde elija, si determinado diario critica la política comercial del ente no puede dejar de publicar. Cuando nosotros en el diario La República hemos criticado a determinadas compañías, de inmediato han dejado de publicar. Nosotros podemos decir que no hay ninguna ley que nos ampare. ¿Qué podemos decir? ¿Nos discriminan? No, eligieron el medio que mejor les servía a sus intereses. Es obvio que si yo hago una crítica de una compañía privada, no me van a poner un aviso al lado de donde hago la crítica.

 

Considera entonces que el Estado debería hacer lo mismo.

F.F.: No. Yo no creo que el Estado deba hacer lo mismo. Creo que el Estado debe ir más allá de esto. El Estado no tiene que ser el que mande en el circuito informativo. Eso es lo peor que puede ocurrir. Es decir, la comunicación estatal como eje del sistema informativo es muy peligrosa para la democracia y para la sociedad. Pero lo que tiene que hacer es intervenir en el circuito a través de la sociedad. Y para intervenir en el circuito debe decirle a los medios privados, que son los que mandan en este circuito, que hay reglas de juego.

 

¿Existe una lucha ideológica entre los medios privados del Uruguay o existe un conflicto empresarial?

F.F.: Primero, acá hay dos grandes líneas. Están los que sostienen que existe libertad de prensa, y los que sostenemos que lo que existe es libertad de empresa. Ahí ya hay una gran diferencia. Están los que dicen que los hechos son sagrados y que los comentarios en el Uruguay son libres. Y estamos los que decimos que los hechos no son sagrados, que son manipulados. Acá hay una línea divisoria, donde un reducido grupo de medios de prensa, radio, y televisión se enfrenta al 90% de los medios ideológicamente. Por supuesto que también hay competencia de tirajes y de otras cosas. También hay intercompetencia entre los que están del otro lado de la trinchera, hay contradicciones entre ellos. Pero sobre el eje que los une no hay contradicciones.

 

¿Cómo evalúa la propuesta del presidente de realizar una gira por el interior del país para comunicar los logros? ¿Es una respuesta al descenso en la popularidad, de acuerdo a las encuestas difundidas recientemente? ¿Es una respuesta a la oposición? ¿Es una respuesta a los medios de comunicación que lo han criticado?

F.F: Habría que preguntárselo a él. Pero creo que es uno de los presidentes que precisamente en el contacto directo es donde se maneja como el pez en el agua. Y entiendo que hacía tiempo que quería hacer este tipo de salida, porque en el contacto directo es donde aflora su compromiso con los problemas de la gente. Con respecto a las encuestas, la última de Factum dice que todos los partidos unidos no le ganan al Frente Amplio.

 

Usted dice que el presidente Vázquez se comunica bien con la gente, pero en cuanto a la comunicación masiva podríamos decir que ha sido un presidente de perfil bajo ante los medios de comunicación y eventos públicos.

F.F.: Son estilos de gobernar. Es cierto que ha tenido un perfil bajo, no se ha aprovechado de todas las posibilidades que da el poder en la comunicación. Él, a mi modo de ver, es un outsider político que tiene un gran partido atrás. Es un hombre que surge de las entrañas del pueblo. Es un médico y como tal tiene muchas características políticas de médico, sobre todo un médico oncólogo que se maneja con enfermedades terribles. Y tiene un gran eficacia comunicadora mano a mano.

 

¿Que Vázquez descartara su posible reelección, benefició su imagen y la del gobierno?

F.F.: No soy de los que cree en el principio de no reelección. No es un principio, sino una política. Él optó por la no reelección y optó porque está en su manera de ser. Creo que si hubiera optado por la posibilidad de ser reelecto hubiera tenido grandes chances de serlo. Más allá de que hay que reformar la constitución.

 

¿Cómo evalúa el papel de la oposición y su vínculo con los medios de comunicación?

F.F.: Bueno, por suerte existe oposición. Así como he dicho en reiteradas oportunidades que gobernar es comunicar, gobernar es también decidir con una oposición al lado. Lo que pasa es que hay oposiciones y oposiciones. En otros países la oposición tiene un compromiso con la nación que va mucho más allá de los intereses partidarios, y por lo tanto participa, de alguna manera cogobierna, establece sus críticas, y establece sus diferencias, pero participa en el cogobierno. Otra de las cosas que creo que se deben modificar en la Constitución es un sistema donde pueda participar la oposición (sea un gobierno parlamentario, semi-parlamentario o semi-presidencialista), pero que garantice su participación. Y no este divorcio actual donde la oposición ha optado por dejar aislado al gobierno, a que fracase el gobierno y con él, el país.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital