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Cuando Brasil quería
invadir Argentina
por el Prof. Luiz Alberto Moniz
Bandeira
La cuarta edición del libro del
historiador y profesor Luiz Alberto Moniz Bandeira
se encuentra ya en las librerías brasileñas;
Presença dos Estados Unidos no Brasil. Desde la
solapa del libro se dice que Moniz Bandeira en esta
obra estudia la evolución de las relaciones entre
los dos países a lo largo de dos siglos, mostrando
que de la misma forma que reaccionara ante la
presencia de Inglaterra en el siglo XlX el Brasil
también reaccionó contra presencia de los EE.UU. En
el siglo XX Lo que sigue a continuación está
contenido en la cuarta edición (Capítulo XXXVIII-
Pág.- 405) de la obra, traducción y titulo* al
español por La ONDA digital.
La necesidad de invadir Argentina estaba en las
previsiones del Estado Mayor del Ejército
brasileño. El general Góis Monteiro, que se
encontraba en Montevideo, recordó a Itamaraty la
existencia de un plan, trazado en carta del 3 de
octubre de 1940 (escrita a bordo del navío
Uruguay), y recomendó su adopción o alguna
variante, teniendo siempre por base la rapidez.
El gobierno de Brasil aconsejó debía
prever el cambio de la corriente de transportes,
proyectada por la FEB, de África o de Europa, para
la cuenca del Río de la Plata, construir, en el sur,
depósitos y bases de operaciones, para las fuerzas
aéreas y mecanizadas, y favorecer la instalación, en
Santa Catarina o en Montevideo, de bases aéreas y
navales, para los Estados Unidos. Góis
Monteiro no creía que Argentina iniciase la
agresión, pero entendía que Brasil precisaba tomar
actitudes cautelosas hacia el futuro, considerando
la posibilidad de tener que
intervenir en la Cuenca del Plata, de
acuerdo con los Estados Unidos.
La perspectiva de
guerra entre Brasil y Argentina devenía no
tanto de la disposición real de los dos países
sino del juego de intereses de los Estados Unidos y
de Gran Bretaña. La proporción de las tropas,
en la frontera, era de un soldado argentino cada
cinco brasileños y había camaradería entre los
oficiales de las dos naciones. El general Carlos von
der Beck, jefe del Estado Mayor del Ejército
argentino, mostró al embajador Rodríguez Alves la
disposición de sus tropas, a lo largo de la
frontera, e indagó sobre la movilización de las
fuerzas brasileñas. Era un gesto de apaciguamiento.
Vargas, por su parte, demostró al general Góis
Monteiro que Brasil no confrontaría con otros países
(para el caso, Argentina), aunque la solidaridad con
los Estados Unidos no significase una posición
política de emergencia, impuesta por la guerra.
El gobierno de Washington, sin embargo, no se
conformaba con la situación. La súbita aparición
de fallas en la estructura panamericana fue recibida
como un verdadero choque escribió el
periodista John Thompson, del The New York Times,
a Oswaldo Aranha. El Departamento de Estado, que no
reconoció al gobierno del general Farrel, hizo
presión sobre Itamaraty para acompañarlo. Sólo no
encontró apoyo de la cancillería chilena.
La caída del general Ramírez no
enfrió la lucha por el poder en Argentina. El
embajador Rodrigues Alves imaginaba que la situación
se modificaría a favor de Brasil, si el general
Perón, cuyo prestigio aumentaba, venciese la
disputa. Perón, uno de los líderes del GOU (Grupo
de Oficiales Unidos), jugaba en una posición de
centro. Temía embestir, frontalmente, contra los
nacionalistas, el ala más radical del Ejército
argentino, prefirió no dividirlos y subdividirlos,
para evitar que se fortaleciesen.17 Él
demostraba deseo de un entendimiento con Brasil y
demostraba admiración por la obra de Vargas, pero se
oponía a la influencia de los Estados Unidos y
amenazaba suprimir la de Inglaterra.18
Oswaldo Aranha, como canciller, no pensaba de la
misma forma que el embajador Rodrigues Alves. Está
fuera de duda escribió a Vargas que estamos en
Argentina frente a un movimiento nacionalista
militar de los más peligrosos para nuestra seguridad
y para la paz de América.19 Una
conferencia, que Perón pronunció, le pareció un
programa, una palabra de orden para la marcha,
que, a su entender, se dirigiría contra Brasil.20
Góis Monteiro
participaba de las mismas inquietudes. Argentina -
informó a Vargas formaría un bloque con Chile,
Perú, Bolivia, Paraguay y Uruguay, un consorcio de
países para comandar el mercado mundial de materias
primas, hierro, aceite, estaño, cobre, bórax,
poseyendo el monopolio del iodine y tanino, 40% de
materias para la industria química y farmacéutica,
85% de la exportación de linaza, 70% de maíz y 23%
de algodón. Según él, los intereses capitalistas
europeos patrocinaron estos movimientos de expansión
económica contra la dominación americana.
En período de guerra, grandes sumas de
capitales, patentes de invención y maquinaria
industrial emigraron para Argentina, a través de
España. Las reservas en dólares y libras
esterlinas, existentes en Europa, también se
transfirieron. Se estimaba que el flujo de capital
europeo desviado alcanzaba la cifra del 1 billón de
marcos. De acuerdo incluso con sus informaciones,
las firmas alemanas y agentes políticos del gobierno
almacenaron stoks fantásticos, asociándose al
capital argentino, para impedir los efectos del
black list.
Las intrigas no
cesaban. De Berna, llegó la noticia de que
Argentina se preparaba para atacar a Brasil.
Esto en el momento en que la Primera División
de la Fuerza Expedicionaria Brasileña (FEB) se
aprontaba para embarcar con destino a Europa. El
representante de Brasil en Suiza, Rubens Ferreira de
Melo, informaba que España cambiaría con Argentina
millares de toneladas de hierro y acero por trigo y
algodón. Parte del material acero y hierro iría
bajo la forma de armamentos. En esta época,
mediados de 1944, el Departamento de Estado redobló
la presión contra el gobierno de Buenos Aires.
Roosevelt sugirió a Vargas el estrechamiento de la
colaboración militar entre Brasil y los Estados
Unidos, una asociación continua en las actividades
de defensa de los Ejército, Marina y Fuerza Aérea de
los dos países. Señaló la posibilidad de
examinar la participación brasileña en
entendimientos extra-continentales.25 La
Embajada americana, inmediatamente, formalizó
aquella propuesta en memorando, ofreciendo,
concretamente, un acuerdo de seguridad militar, para
la hipótesis de agresión a cualquiera de los dos
países o al hemisferio.26 Los Estados
Unidos renunciaban, definitivamente, a la tradición
de George Washington. Por primera vez, no sólo
aceptaban sino que invitaban a otro país del
continente a la formación de una alianza defensiva,
rechazada por el Departamento de Estado, desde los
tiempos de la independencia de Brasil.
Cordell Hull elaboró,
en la misma época, un pronunciamiento contra
Argentina y deseó que Aranha hiciese otro, para
divulgación simultánea, por los dos países. Caffery
prometió consultar a Itamaraty, pero dudaba de la
aprobación de Vargas. La censura sobre
los teléfonos, de la que no escapaban ni siquiera
los teléfonos de la Embajada americana, se anticipó
a su démarche. Sucedió lo que él previó.
Hull hizo el pronunciamiento. Aranha no
lo acompañó y, un mes después, renunciaría al
ministerio de Relaciones Exteriores, por causa del
cierre de la Sociedad de Amigos de América, de la
cual lo eligieron vice-presidente. La crisis, en
Brasil, siguió una vez más al compás de Argentina.
Las autoridades
militares, hacía mucho tiempo, miraban con
desconfianza a la Sociedad de Amigos de América,
como un núcleo de enemigos del régimen,
subversivo, cuya propaganda transpiraba un
socialismo avanzado. Su presidente,
general Manoel Rabelo, acusó a Dutra de perseguirla,
desde los primeros meses de su fundación.
La Sociedad de Amigos de América realmente
congregaba a todos los sectores de oposición al
Estado Nuevo, de la izquierda a los liberales, y la
reelección de Oswaldo Aranha para su vice-presidencia
asumía, en aquellas circunstancias, una fuerte
significación política. El lanzamiento del
Manifiesto de los Mineros, el 24 de octubre de
1943, había recrudecido el proceso de contestación
al régimen. La campaña antifascista ubicó al
gobierno de Vargas y las corrientes totalitarias de
las Fuerzas Armadas en una posición defensiva,
bastante incómoda. Los soldados brasileños partían
para la guerra, en nombre de la libertad, dejando al
país con una dictadura de inspiración fascista.
Itamaraty, mientras
tanto, trabajaba para establecer relaciones con la
Unión Soviética, atendiendo a una solicitud del
propio Roosevelt, que el embajador Caffery trasmitió
personalmente a Vargas. Dutra y sus
acólitos se oponían a los rumbos que tomaban los
acontecimientos. Aranha, invitado por el secretario
de Estado a visitar los Estados Unidos, el día 17 de
agosto, y tratar, directa y particularmente,
con Roosevelt de asuntos referentes al Brasil, que
sólo pueden ser discutidos en la intimidad de las
conversaciones privadas, emergía como
candidato en potencia para la redemocratización del
país, y sucesor natural de Vargas.
El cierre de la Sociedad de Amigos de
América se revistió de todas las características de
la provocación. Yo fui víctima de un Peral Harbor
policial escribió Aranha a Góis Monteiro.
Cuando él llegó a la sede del Automóvil Club,
lugar donde se realizaría la ceremonia de toma de
mando, encontró las puertas del edificio bloqueadas
por los esbirros del Estado Nuevo. La orden había
partido de Dutra. Vargas, según su hija Alzira
Vargas do Amaral Peixoto, era inocente,
ajeno a la medida, pero la ocultó porque uno de sus
familiares de mayor confianza se había envuelto en
la maniobra. El DIP prohibió que se divulgase el
hecho y sólo diez días después, el 23 de agosto de
1944, Vargas le concedió a Aranha la dimisión que él
reclamaba. La noticia repercutió, vivamente, tanto
en Argentina como en los Estados Unidos. El
Federal, de Buenos Aires, atribuyó la renuncia a
las críticas que le hacían por la cesión de las
bases del Nordeste a los Estados Unidos.
Los americanos, según el periódico, no estaban
dispuestos a devolverlas a Brasil, cuando terminase
la guerra. La Fronda, también de Buenos
Aires, difundió la misma versión,36
llamando a Oswaldo Aranha de Hull brasileño y
Canciller de las bases. Un telegrama de la
Associated Press, publicado en La Nación,
reveló que Dutra y Alexandre Marcondes Filho,
respectivamente ministros de Guerra y de Trabajo, se
oponían a Oswaldo Aranha, porque deseaban el
mantenimiento del Estado Nuevo y no la
redemocratización del país. La Embajada
americana, demostrando la inquietud del gobierno de
Washington, dirigió a Vargas un memorando
sobre los comentarios de prensa de los Estados
Unidos en torno de la renuncia de Aranha y de sus
consecuencias en la cuestión Argentina.38
Los comentarios, de acuerdo con el
memorando, abordaban tres puntos: 1) Vargas se
apartaba de los Estados Unidos por influencia del
Ejército; 2) la ruptura con Aranha amenazaba la
estabilidad del Estado Nuevo; 3) la renuncia
significaba un rapprochement con Argentina.
Caffery quería saber
si el Ejército argentino homenajearía al brasileño y
si tal paso constituiría un entendimiento entre los
militares de los dos países.40 Itamaraty
mandó comunicar al Departamento de Estado que Brasil
continuaría siendo solidario con los Estados Unidos.
Las aprehensiones de Caffery, mientras tanto,
no carecían de sentido y de razón. Los homenajes al
Ejército argentino y brasileño, con motivo del 7 de
setiembre, estuvieron realmente en consideración.
Perón, ministro de Guerra de Argentina, extendía
la mano a Vargas y acusaba a las fuerzas extrañas
de querer perturbar las relaciones entre los dos
países. El canciller Orlando Pellufo
responsabilizaba, nominalmente, a Cordell Hull por
las maniobras para separarlos y dividirlos.43
Estos gestos encontraban receptividad dentro
del gobierno brasileño. El embajador Rodrigues
Alves actuaba con equilibro y moderación,
desmontando las intrigas, que tendían a precipitar
el conflicto. Se correspondía directamente con el
propio Vargas. Otros puentes, como Caio Júlio Cezar
Vieira, ligaban al gobierno de Buenos Aires al de
Río de Janeiro.
*Traducido para La ONDA digital por Cristina Iriarte
Este trabajo no puede ser reproducido sin la
autorización expresa de La ONDA digital
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