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El Uruguay como problema
Análisis de estructuras de poder
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy
Los
buenos análisis deparan instancias de pensamiento
reflexivo. Y eso es lo que la buena prensa promueve,
cuando efectivamente tenemos una democracia
participativa. Algo que de por sí, es un logro,
mantenido sí, pero reconquistado a diario y por el
que siempre debemos velar las armas. Las de la
Razón, pero las de la Historia, también.
Así, al leer este
domingo 7 de octubre, la columna del colega Raúl
Legnani, en el diario La República de Montevideo,
algunas ideas vinieron a mi mente que ahora pretendo
trasvasar a lo escrito, en mérito a la participación
que, es de suponer, todos los ciudadanos debemos
tener para con los asuntos de la comunidad.
Legnani intitula su
nota con una pregunta: ¿Las capas medias
dejaron de ser aliadas fundamentales de la
izquierda?. Se trata de una reflexión de la
que, naturalmente, recomiendo vivamente su lectura.
Por mi parte,
intentaré aportar mi propia idea de qué es lo que
considero está dándose tanto en el Gobierno del
Uruguay cuanto en la izquierda en general, a casi
tres años de haber asumido el control de la cosa
pública.
Y mi lectura, se
comprenderá, será por consiguiente complementaria
al artículo del colega, por cuanto centro la cosa
dentro del Gobierno y no enfrente del mismo. Es
decir, buscaré dar, con el ánimo de enriquecer la
discusión, otra visión que, lejos de invalidar
aquella, la recrea y va en busca de una tercera que
usted, claro está, bien puede luego aportar.
Paso a explicarme.
A mí me ocupa, como
al periodista Raúl Legnani, así como a tantos y
tantas uruguayos y uruguayas, los cambios
sustantivos, aquellos difíciles de preñar y harto
complicados de parir: los cambios, por ampliación y
horizontalización, de clases sociales. De abajo
hacia arriba y nivelando a la par, para bien de
todos.
La clase dominante y
la Economía en el Uruguay
Es decir, a mí me
ocupa que la clase dominante o si aligere, modere
y derrame hacia las otras clases o se expanda y
nivele en una gran comunidad de hombres y mujeres
libres. Lo primero perseguible, lo segundo como
utopía.
Y en esto, creo yo,
está el meollo de la cuestión. Y su freno.
Desde largos
decenios, el totalitarismo mediático tiene lugar
porque la clase dominante ha cobrado, lustro a
lustro, mayor poder y tejido mejores alianzas con
los supuestos sectores esclarecidos.
Primero lo fue con el
Partido Colorado que, como Partido de Gobierno, fue
degenerándose en el manejo del poder, por una serie
de circunstancias que exceden el marco de este
artículo, hasta lograr que todos quienes nos
sentíamos batllistas, es decir cultores de un
pensamiento entroncado con el decir de Arena y el
hacer de José Batlle y Ordóñez bien como luego, el
propio Luis Batlle Barres, nos viéramos fuera de tal
colectividad, toda vez que en su seno permaneció una
sociedad en comandita que nada tenía y menos
aun tiene ahora que ver con el ideario liberal y
solidario del gestor del Uruguay Moderno.
Fueron en esta
colectividad, entonces, tanto el señor Julio María
Sanguinetti como también Jorge B. Ibáñez,
generadores de un status quo que favoreció, amparó y
engordó a la clase dominante del Uruguay en
detrimento de amplias capas de la población
nacional.
Y ahora sigue dentro
del mismo Frente Amplio, el actual Partido de
Gobierno, al tener, quiérase o no, guste o no,
acéptese o no, al señor Danilo Astori como su mejor
y más preciado embajador.
Vaya todo esto dicho
sin desmedro de los cambios reales que desde otras
áreas de la acción del Ejecutivo, el país viene
logrando para bien de todos. Pero aquí y ahora, me
centraré en lo que a Economía se refiere.
Prosigo.
Y digo aquello de la
clase dominante y su más fiel exponente, con el
mayor respeto para con el señor Astori, no
aduciendo, en modo alguno, ninguna doblez ni de
pensamiento ni de actitud, pero sí guiándome por las
acciones, los decretos y las normativas emprendidas
por este Ministro de Economía y su equipo a lo largo
de casi tres años.
Y atención que hablo
de clase dominante y no, por favor, ni de clase
ni de capa media de la población que es bien
distinto.
El problema, agrego
entonces, es mental, mejor dicho, conceptual y desde
ahí, programático pero nunca del programa que la
colectividad Frente Amplio elaboró y presentó al
conjunto de la sociedad en las últimas elecciones
nacionales.
O sea que el
problema, a mi ver, no está fuera sino dentro del
Gobierno y del Partido que lo sustenta.
Si se aduce, con
criterio, que las capas medias tienen tal o cual
problema, como las otras, convengamos por cierto,
pero en niveles de percepción distintos, debemos
decir también que los que se van de a miles son de
tal clase media o habían accedido a la misma o bien
estaban por salirse de ésta.
Y estamos a casi tres
años de un Gobierno de Izquierda, primero en el
Uruguay.
Y si personifico en
el señor Astori, repito que no es algo personal sino
por representar este ciudadano y actual ministro, el
status quo, la permanencia de los beneficios y
espacios de poder no ya de la clase media, sino de
la estructural clase dominante.
Por ejemplo, en sus
determinaciones políticas de perseguir por más de
dos años, un acuerdo que en sí era, como sigue
siéndolo, una quimera, con los Estados Unidos de
Norte América, el señor Astori, y con él todo el
sector de la Economía nacional, perdió de ganar
espacios en lo regional e internacional, trecho a
trecho, avanzando en políticas resueltamente
creativas y críticas con lo anteriormente
establecido, en busca de una mejora posible y
sustantiva para amplias capas de la sociedad
uruguaya.
Esta prédica de un
TLC no favorecía a clase media alguna y sí,
claramente, a la clase dominante.
No olvidemos,
asimismo, que seguimos exportando, grosso modo, los
mismos productos que en la época de la colonia. Y de
sus beneficios, convengamos, no se vale la clase o
capas media o medias sino, claro está, la clase
dominante.
Cuando el señor
Astori determina que la vía para mejorar el Estado
es la recaudación y no la producción, también
promueve un pensamiento político contrario a lo que
la ciudadanía votó y con su voto aupó a este
Gobierno: un cambio sustantivo para bien de la
producción, con valor agregado, nacional.
Con el señor Astori tuvimos y tenemos, también, la
amplificación de lo financiero por sobre lo
netamente productivo y de amplia base social en la
generación de tales producciones. La preeminencia de
los instrumentos de la economía financiera, por
tanto internacionales, por sobre la puesta en marcha
de una nueva versión de producción industrial en
todo el país, con un proyecto real y sustentable de
país productivo.
Se sigue apostando al
inversor extranjero en detrimento, entonces, de la
imaginación que busque en lo nuestro la pertinencia
de acciones sea por la vía del cooperativismo, sea
por la de una MIPES a las que se dote de real poder
de fuego, en lo productivo y exportable, como vías
idóneas de generación de valor agregado.
Y ni hablemos de la
pesca, ese sector que sigue opacado por una tira de
asado, o un par de nabos para asar a las brasas.
Parece chiste, pero
en realidad es tragicómico.
Entonces tenemos una
determinación de alta política que, se compartirá o
no, parte desde el Gobierno para con la sociedad
toda.
Y esta política,
según tengo entendido, difiere en profundidad y
grado con la promovida y votada por la colectividad
cívica que llevó al Frente Amplio al Gobierno
Nacional.
O sea, tenemos
visiones contrapuestas en lo medular de la política
nacional.
Me permitiré, pues,
el atreverme a exteriorizar aquello que muchos se
preguntan y que nosotros también nos preguntamos:
¿Es el señor Astori
el hombre indicado para un gobierno de izquierda?
¿Son él y su equipo
cercano, el grupo indicado para llevar adelante el
programa que el Frente Amplio presentó a la
ciudadanía y ésta convalidó?
¿Se ha puesto en
práctica, en lo económico y en su parte medular tal
programa a casi tres años de gobierno?
¿Es acaso, y muy a
su pesar -quiero pensarlo-, el señor Astori
funcional a la clase dominante en el Uruguay y al
sistema financiero internacional en lo general?
Luego, ¿qué tiene que
ver con el programa de la izquierda nacional, esta
reforma tributaria, cuando otros la percibimos como
la permanencia de un esquema en que el modo de
dominación económica y los sistemas de aplicación
del mismo que lejos de cambiar desde el nefasto
gobierno del señor Jorge B. Ibáñez, se ha visto
profundizado?
El Gobierno en
particular y el Partido de Gobierno en general, han
llevado adelante reformas en áreas sensibles donde
ya son notorios los cambios que, a favor de la
sociedad más ampliamente concebida, se vienen
sustanciando.
Sólo que ahora nos
hemos topado con una labor desde la Economía, de
difícil calificación, al implementar a los tumbos y
con muchos sobresaltos una reforma en la estructura
tributaria que dista aun muy mucho de saber en qué
terminará porque, convengamos al extraer los datos
que la realidad misma nos ofrece, se va construyendo
a partir de impulsos de unos y otros en los
distintos niveles implicados en su sustanciación.
Y mientras tanto, la
ciudadanía sigue de rehén, también puede decirse, de
conejillos de Indias, de esta aun no clara reforma
tributaria. Reforma que unos dicen podrá reverse a
fin de año, otros a un año y así, cada quien, desde
el Gobierno o desde el Parlamento, dando ideas de
cuándo podría evaluarse algo que semana a semana va
variando (¿?)
Y esto es lo grave: no sólo la improvisación sino
que la filosofía que la anima, si se me permite la
figura, semeja al juego de la piñata, sólo que el
chico a cargo del palo, mantiene sus ojos vendados y
los golpes que da, a veces pegan en el borde de la
piñata, y otras más en las testas de sus compañeros
de juego.
Y esto no es broma,
sino que es muy serio. Y hasta grave, diría yo.
Lejos estamos de ir
contra la buena voluntad del funcionariado a cargo
de la implementación de este paso, pero ya es
notoria su impericia, por mejores intenciones que
les hubieran animado al hacerlo.
No podemos desoír, ni
tampoco es criterioso comenzar a argumentar teorías
conspirativas, que la inflación que se ha desatado,
porque se ha desatado, es producto de una derecha
como la que volteó a Alfonsín. No. Esto no es
válido.
No negamos que
siempre hay vivillos pero antes que ellos está el
maíz que alguien dejó caer en el sendero de la
especulación.
Las consultoras
internacionales, con los datos de la Economía
uruguaya al 30 de septiembre, están proyectando una
inflación anualizada que oscila, según el caso,
entre el 15,8% y el 17,3%. Y esto sí que es grave,
que exista la posibilidad que la cosa se vaya de
cauce, se dispare. Y más riesgoso es el haber
escuchado que quizá se implementen medidas
deflacionarias para inhibir tal extremo. Atención,
por favor: hay veces que el remedio es peor que la
enfermedad.
Los cambios que sí se
están produciendo en el Uruguay
Además de esto, el
Uruguay parece ser un país que sigue el día a día,
evaluando si el Pepe está en lo cierto o si la
Reforma será cambiada en un año, mientras de la
vereda de enfrente vemos cómo siguen intentando
pegarle al señor Gargano a ver si cae, por mero
calculo mezquino y personal, sin considerar que lo
que el canciller expresa es la política del Gobierno
en lo externo y que él tan sólo la lleva adelante.
Política externa de
este Gobierno que ciertamente es un cambio
sustantivo y crítico respecto al anterior status
quo-, algo que duele y duele mucho a sectores
centrales de la clase dominante.
O los innegables
avances que en el área del Trabajo, el Gobierno
viene llevando adelante y pese a las resistencias de
otros sectores de la misma clase dominante que hace
que sus otros embajadores, en la llamada oposición,
se expresen y gesticulen contra la satanización que
intenta promoverse desde el Gobierno Nacional....
Esa tan mal explicada
y aun no cerrada Reforma de la Salud que, parece
también traer nuevos por mejores vientos pero que
aun merece ser pulida para tener una organicidad y
coherencia que no la haga luego tener un efecto
contrario al deseado.
Estos tres ejemplos
citados de cambios sustantivos, con sus claroscuros,
desde el Gobierno (Política Externa; Política
Laboral y Política de Salud Pública) son tres
pilares que, sumados a la prevención que viene
dándose desde la órbita del Ministerio del Interior,
justifican y avalan acciones de real cambio en la
sociedad uruguaya.
Los embates que desde
la oposición son dados, contra estas específicas
áreas (repito: Exterior; Trabajo; Salud e Interior),
son reflejos claros de una oposición que junto a
lo que permanece sin alterarse, representan la cara
de un país que ha dejado de pensar críticamente en
cómo revertir prácticas perversas desde la
estructura de su clase dominante que sigue
impertérrita apostando a tener siempre
interlocutores válidos en el poder de turno-, como
de aquellas otras prácticas clientelísticas que
buscan resurgir, toda vez que hay un tufillo a
posibilidad de acceso al poder.
Debemos intentar
cambiar e intentarlo en serio.
Y para ello hay que
dar batalla en el campo de las ideas y en lo
abierto. Hablo de la plaza pública, del ágora, de
propiciar pensamiento crítico, ya que la oposición
es tan pequeña y subalterna que no alcanza a generar
una dialéctica de lo sustantivo que busque en su
síntesis, un fermento activo del que construir un
nuevo y mejor Uruguay.
La tarea, entonces,
hoy como nunca, es de todos, de uno a uno, de uno en
uno, hombres y mujeres, mujeres y hombres, desde el
llano y hacia el horizonte de luz.
Y para ello,
permítaseme lo diga, hay cambios sustantivos que el
vértice del Gobierno, en un momento dado deberá dar.
El deber del
ciudadano: espíritu crítico y participación
responsable
En suma, entiendo y
lo digo como aporte al buen análisis que como
siempre nos tiene acostumbrados el colega Legnani,
que el asunto estaría dado en cómo se ve a sí mismo
tanto el equipo de Gobierno cuanto el Partido de
Gobierno.
Y junto con tal
análisis es decir, teniendo en claro la interna, al
haber hecho un auto análisis exhaustivo-, ver qué
piensan otros sectores de la sociedad, por ejemplo
las por él llamadas capas medias y aquella otra
capita que yo coloco en la consideración pública,
cual es la clase dominante, esa clase que ha
ganado como nunca, tanto con el gobierno de Jorge B.
Ibáñez, cuanto con la administración de la Economía
del señor Danilo Astori y su equipo.
El día que
despersonalicemos la labor de Gobierno hablo
ciertamente del segundo escalón de mando-, el día
que (obviamente sin perder cada quien identidad y
con ello carisma y ángulo propio de visión), podamos
llevar adelante programas de acción pensados y
celebrados por mentes críticas de una sociedad
democráticamente comprometida, habremos dejado atrás
las visiones torpes de que sólo fulano puede estar
aquí y allá y si él se va....
Si él o ella se va de
aquí o de allá, no pasará nada.
O quizá pase, pero en
bien de la gente, del pueblo en general y no de un
espejo de Narciso en particular.
Y la disyuntiva entre
un estilo y otro es clara. En tanto que tras el
espejo de Narciso, está la nada, a partir del
fomento de una dialéctica estará la síntesis de un
país mejor, pensado críticamente por mujeres y
hombres esclarecidos que además, sean socialmente
responsables por activos y lúcidos.
Desde el llano,
repitámoslo, y hacia el vasto horizonte de nuestra
América.
La América del Sur, a
la que pertenecemos, en la que nos comprendemos y
hacia donde nos dirigimos, codo a codo, conciencia a
conciencia.
Pensar el Uruguay
como problema es asumirlo y al hacerlo, aceptar el
rol que le corresponde al ciudadano común: el
central, desde la participación activa y en escucha
atenta a lo que el otro tenga para decirnos. Y
conversar, para arribar a consensos y así a un plan
de acción coherente con la gente y sus necesidades.
La de todos.
Hacia allá vamos.
LA
ONDA®
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