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Argentina: otra vez
De eso no se habla
por Pablo Broder*
Pocas
veces en la historia argentina, el análisis de
la situación político-económico-social, podría
dar lugar a conclusiones tan disímiles y
encontradas, como la época actual.
Quizás un período
que podría haber padecido similares
distorsiones, pudo haber sido el de la
convertibilidad, donde, mientras se incubaba una
crisis de proporciones, tal como se concretó
años más tarde, aquellos que medraban con el
sistema, transmitían la imagen de una argentina
paradisíaca, sin temores ni riesgos en el
horizonte.
Y esto es así,
incluso para la visión de grandes operadores
económicos.
La primera
lectura de las cifras macroeconómicas respecto
a crecimiento, inflación, tipo de cambio,
superavit fiscal y comercial, nivel de reservas,
crecimiento de actividad industrial, etc dan
lugar a análisis optimistas.
No obstante, es conveniente
formular algunas consideraciones: una primera y
fundamental, es que hay que tener cuidado con
las estadísticas. Especialmente en manos de
políticos (y también de economistas). Con ellas
se puede expresar una cosa, y también todo lo
contrario... Según cómo se las utilice. Por
ejemplo, las exportaciones del pais aumentaron
un 10% aprox. Pero fundamentalmente por efecto
precio, y en casos con descenso de cantidades.
La actividad
industrial creció empujada por la construcción y
el sector automotor. Este último produjo en el
año 2006 aproximadamente 432.000 unidades, un
35% mas que en el 2005. No obstante cómo compara
con años anteriores? En este sentido hay que
analizar el % de materiales nacionales que cada
unidad incorpora. Antes del arribo del menemismo,
los vehículos integraban más del 90% de
producción local. Hoy ese porcentaje oscila,
según los casos, entre el 50/60% dada la
complementariedad de las terminales
internaciones ubicadas en los distintos países.
O sea que si se
asumiera, a título de ejemplo, un % de
materiales nacionales de 60%, la producción del
2006 equivaldría a 250.000 unidades de los anos
80.
Por su parte, la
descripción tan optimista en los aspectos
cuantitativos, coexiste con la persistencia de
una muy alta desocupación (que sumada a la
subocupación afecta a casi la cuarta parte de la
población económicamente activa), elevada
participación del empleo no registrado, y
regresividad distributiva no resuelta. Si bien
es cierto que los guarismos del 2007 son
positivos: este clima ¿es equivalente para las
empresas, para el país en su conjunto, o para
sus mayorías? ¿su continuidad está exenta de
riesgos hacia adelante?
Cabe a este
respecto reflexionar en dos niveles: a) en el de
la posible sustentabilidad de esta tendencia; y
b) en relación a los aspectos cualitativos de la
vida institucional argentina.
La
sustentabilidad del crecimiento
En cuanto al
primer punto, para convertir el largo proceso de
reactivación económica experimentado en la
Argentina, desde el ano 2002, en un camino de
desarrollo sustentable y duradero, es necesario
concretar un proceso inversor muy enérgico,
especialmente en el área de la infraestructura,
que, es sabido tiene como condicionantes
fundamentales, el clima de seguridad jurídica,
perspectivas ciertas de rentabilidad, y
estabilidad en los marcos jurídicos y
legislativos que normen la actividad empresaria
a desarrollar en el mediano plazo.
La inversión
extranjera directa aún no se ha hecho presente
con fuerza en el país: en 2006, la Argentina
captó 4800 millones de dólares, frente a 8.000
millones de Chile y casi 19.000 millones de
Brasil y México. A su vez la Argentina vio
reducido el caudal de inversión externa respecto
al 2005, mientras Chile lo incrementó en 16%,
Brasil en 25% e India en un 44%.
Si los inversores
son reticentes es porque perciben riesgos . No
por casualidad la Argentina se ubicó en el
puesto 101 en el último ranking del Banco
Mundial que mide el clima internacional para
hacer negocios.
La inversión
bruta interna fija ascendió sostenidamente desde
el 11% del PBI en el peor momento de la crisis
de 2002 a casi el 22% en 2006, pero analizando
su composición en los últimos años, se observa
que en la misma más del 60% corresponde a la
construcción y 36% a bienes de capital. Si bien
modesto, este 36% podría ser un indicador de un
proceso de reequipamiento industrial
significativo. Pero aproximadamente la mitad del
guarismo corresponde a ¡telefonía celular! que
obviamente no constituye el determinante del
proceso industrializador nacional.
Ecos de la
convertibilidad
Se rememoraba en
párrafos anteriores los tiempos del plan de
convertibilidad, donde a mérito de mantener el
tipo de cambio, se pagaron ingentes costos. En
esos años, señalábamos que el objetivo del plan
consistía en durar, aguantar hasta la
culminación de los procesos electorales, no
importando las consecuencias, no importando el
después. Así se fue incubando la crisis. En la
actualidad, la sustentabilidad, la continuidad
en el tiempo del proceso de reactivación
económica, se encuentra frente a un trípode de
luces de alerta, conformado por el clima de
escasa seguridad jurídica que desalienta la
inversión inflación reprimida y cuellos de
botella en la infraestructura productiva,
especialmente en el área energética.
Asimismo, el uso
discrecional de poder por parte del Poder
Ejecutivo para que el objetivo del índice de
precios al consumidor se cumpla en el entorno
del 10% anual, lo ha movido a adoptar distintas
medidas distorsivas del sistema general de
precios, como la aplicación de un variado
repertorio de subsidios ( aumentos disfrazados
de precios pagados vía impuestos), como así
también suspender abruptamente exportaciones
cárnicas, de granos, cuando no medidas
heterodoxas para frenar posibles incrementos y
la aparición de mercados negros o la
desaparición o escasez progresiva de los
artículos con precios regulados por el gobierno,
hasta disponer la intervención en el otrora
reconocido Instituto Nacional de Estadísticas y
Censos, que protagonizó una serie de episodios
que demolieron la credibilidad de las cifras
estadísticas que proporciona el principal
instituto nacional en la materia.
Deterioro
institucional
La declamada
euforia oficial y la de sus voceros, por los
aspectos cuantitativos de la economía local
suele hacer perder de vista el deterioro de la
calidad de vida institucional en el país,
materializada por un proceso de acumulación
creciente de poder en manos del Presidente, y
del Ejecutivo en general, a despecho de
resignación de porciones de autoridad por parte
de los restantes poderes.
Acabados ejemplos
han sido los procesos de modificación
legislativa del Consejo de la Magistratura, los
superpoderes presupuestarios, el tratamiento
del régimen legislativo posterior de los
Decretos de Necesidad y Urgencia, como así
también los intentos aún no consumados de
modificación de la carta orgánica del Banco
Central de la República Argentina., y del
reglamento del funcionamiento de la Auditoría
General de la Nación.
Hechos violentos
A su vez exhiben
su continuidad todo tipo de manifestaciones
atentatorias del Estado de Derecho, tales como
cortes de rutas, puentes, calles, bloqueos de
accesos, liberación por la fuerza de las
casillas de cobro de peaje en rutas, hasta el
vergonzante espectáculo del bloqueo total o
parcial de los puentes que unen Argentina y
Uruguay, junto con episodios de violencia en los
más distintos ámbitos y circunstancias..
Ausencia de
debate
Mientras tanto,
la campaña electoral de 2007 se caracteriza,
tanto en el oficialismo como en la oposición,
por la proliferación de candidaturas a dedo que
sustituyen la casi inexistencia de elecciones
internas, así como las ya conocidas listas
sábana con demasiados desconocidos, sino que se
asiste a una campaña, a pocas semanas de la
elección presidencial, desprovista de ideas,
salvo las retóricas demagógicas también ya
tristemente célebres.
Ya en artículos
anteriores, habíamos señalado:
Por
sobre la bonanza de los altos índices de crecimiento
económico, sobrevuelan en el escenario argentino un
tríptico de amenazas para las halagüeñas encuestas
de popularidad de las autoridades, reiteradamente
denunciadas en estas líneas: inseguridad
jurídica, cuellos de botella en infraestructura,
especialmente energética, provenientes
fundamentalmente por la casi nula inversión
realizada en los últimos años, e inflación
reprimida a los manotazos.
En el
primer capítulo, referido a la inseguridad jurídica,
junto con la sensación de nula protección para los
potenciales inversores, ha recrudecido la agobiante
actividad piquetera, muchas veces admitida y hasta
con apariencias de ser prohijada por el Gobierno
cuando le era funcional,( a excepción de la
provincia de Santa Cruz) que genera un ambiente de
tensión y crispación a los pacíficos ciudadanos que
a cada paso se pueden encontrar con marchas ya sean
o no de encapuchados , con palos y garrotes o sin
ellos, pero en todos los casos, coartando el
inalienable derecho a la circulación pacífica por el
territorio del país.
A su vez,
la pasividad oficial aparenta haber dado más alas al
delito, produciéndose un recrudecimiento de hechos
de violencia, sea asaltos, asesinatos o secuestros,
que genera un clima de inseguridad pocas veces
experimentado.
Los
problemas de infraestructura, que fueron previsibles
a poco de correlacionar el parque de inversiones del
país, en relación con una demanda en crecimiento,
eclosionan inevitablemente, pese a los esfuerzos
para ocultarlos desplegados por el gobierno.
Y el
intento realizado por las autoridades para mantener
en caja el índice que mide la inflación, a partir de
maniobras de todo tipo por parte de su mosquetero en
la Secretaría de Comercio Interior, no logra
controlar los miles y miles de productos que han
incrementado largamente sus precios más allá del de
aquellos medidos por el indicador oficial
Ese
conjunto de amenazas al futuro económico político
argentino, merece un muy escaso énfasis,
inexplicable, tanto sea en la oposición como en la
mayoría de los medios, lo mismo que pareciera que
todos los episodios de escasa transparencia en la
gestión oficial, para no utilizar la palabra
corrupción, formaran parte de un pasado
aparentemente lejano, ajeno al quehacer de quienes
se postulan para el próximo acto electoral. Y en
realidad ocurrieron hace minutos, medido en tiempo
histórico.
Si no
recuérdese que en su momento la transparencia de la
gestión del Gobierno ha sido seriamente cuestionada
con los casos de las valijas venezolanas, Skanska,
Micelli y Picolotti, Uberti, De Vido, Nilda Garré,
sin olvidar el pasado cuestionado de muchos
candidatos a intendentes del conurbano bonaerense.
Otro tema ausente en un
clima donde después de cada elección hay quejas por
posibles irregularidades, es la demora, pese a
antiguas promesas oficiales, de implementar el voto
electrónico.
Mientras el escrutinio
de Córdoba duró 17 horas, y se discute el resultado
en Chaco, una elección en Brasil, con una población
cinco veces superior a la argentina y con una
entramado social más complejo, se resuelve en un par
de horas después del cierre de las elecciones.
Brasil tiene voto electrónico, como lo tienen muchos
países latinoamericanos.
Tampoco
se habla demasiado del
crecimiento de la irresuelta desigualdad social, y
del ingente tema de la marginación. Según la
información
difundida por el Instituto
Nacional de Estadística y Censos (Indec) ,
correspondiente al segundo trimestre de 2007, el
40,4% de los trabajadores asalariados no está
protegido por el sistema de seguridad social: son,
así, 4,55 millones los empleados que están en negro,
si se considera toda la población urbana del país.
Por su
parte. ¿quién debate seriamente otro problema
central del país como es el panorama crítico de la
infraestructura energética , a fin de que la
ciudadanía pueda tener información clara sobre lo
que puede acontecer en la realidad, a poco que los
acondicionadores de aire, en los próximos calores
estivales, comiencen a funcionar a pleno?
Está claro
el porqué el Gobierno desea que De todo eso no se
hable
Pero,
porqué la oposición no ubica el eje del debate en
estos temas concretos y en las ideas para su
solución.?
Lamentablemente quien esto escribe, carece de
respuesta.
·
Economista argentino. Su último libro: Dos años en
la era K.
Editorial Planeta. Buenos Aires. 2005.
·
(en prensa) Mitos y realidades en la era K.
Ediciones Macchi. Buenos Aires. 2007.
LA
ONDA®
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