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Salvemos a las capas medias
por Ernesto Piazza
El
periodista Raúl Morales, que escribe frecuentemente
en LA ONDA
Nº 357
artículos interesantes y removedores, es uno de los
que está preocupado porque, a su entender, el
gobierno compromete la tradicional alianza de las
capas medias con los obreros y demás sectores
populares. Una de las principales causas de tal
ruptura sería, según lo que sugiere el periodista,
la reforma tributaria con ese mínimo no imponible
que, al decir de Larrañaga, habría que levantar
hasta los 30 mil pesos. (Un crack Larrañaga: poco le
falta para proponer la instalación de canillas de
leche en las esquinas, como Tortorelli; ¿se acuerdan
los veteranos?)
Es
curioso, porque hasta donde nuestra modesta
capacidad nos permite comprender, las capas medias
han sido expropiadas y deterioradas en su nivel
socio económico no por este gobierno ni por esta
reforma fiscal, sino por varias décadas de políticas
que condujeron a la fractura social, con el
consiguiente pasaje de miles de integrantes de esos
sectores medios al bando de los pobres, en un viaje
que en algunos casos terminó en el cantegril.
También hubo muchos que pudieron heredar la casa y
otros bienes de sus padres y abuelos, pero pasaron a
ser pobres alojados en buenas viviendas de barrios
coquetos.
Pero no, la sensación
térmica que percibe Morales en el boliche que
frecuenta, según nos cuenta, parece decirle que el
quiebre se está dando ahora, IRPF mediante, y que el
gobierno ha comprometido peligrosamente la
existencia de las capas medias, debilitando así la
alianza social de los cambios.
Realidades y
sensaciones
El problema de
Morales es tomar como índice de los padecimientos de
la gente la sensación térmica que él cree percibir y
a la cual, seguramente con la mejor buena intención,
está contribuyendo con sus artículos.
Parecería no importar
que comparando julio de 2007 con igual mes de 2006,
el ingreso medio real de los hogares del Uruguay,
sin efecto inflacionario, se haya incrementado 7,5
%. Y otro dato reciente, entre tantos que se han
divulgado tras la puesta en marcha de la reforma: la
industria manufacturera produjo en agosto 12,9% más
que en el mismo mes del año pasado, excluyendo la
refinería de petróleo, que cerró por mantenimiento
durante más de tres meses, y que las horas
trabajadas y el personal ocupado aumentaron 6,9% en
la comparación interanual, según el Instituto
Nacional de Estadística (INE).
Tampoco parece tener
en cuenta Morales que el consumo ha crecido y no se
ha frenado por el IRPF. Desde su boliche tal vez no
se vea. Pero, ¿quiénes hicieron subir este año las
ventas en los shoppings con relación a 2006?
¿Quiénes hicieron trepar las ventas en la feria del
libro clausurada hace pocos días? ¿Cuáles son los
clientes mayoritarios de restaurantes, cines y
agencias de viaje, para mencionar tres ítems que,
según los propios operadores, han aumentado con
relación a 2006 y no han dejado de hacerlo en los
últimos dos meses? ¿Quiénes estarán haciendo subir
la venta de los 0 km, incluso luego de ese maldito
julio que inauguró la reforma fiscal? En todo eso
algo debe haber tenido que ver la capacidad de
consumo de las capas medias. No sube el consumo en
un país como Uruguay si no sube la capacidad de
compra de las capas medias. Y subió también después
de julio en varios rubros (pese al invierno
riguroso, los tomates, el barril de crudo, el dólar
y los precios que puso la AUF). Algunos han dicho
que el nuevo sistema no afectaría el consumo pero sí
el ahorro. Es prematuro aún sacar conclusiones
definitivas, pero en setiembre los bancos privados
captaron 5 por ciento más de ahorro. Por ahí también
han de andar las capas medias. Luego de finalizado
el año, con todos los números a la vista, el
panorama estará más claro. Pero no hay que
oscurecerlo de antemano y sin argumentos o datos
sólidos.
Con los
números a la vista, pero con todos
Por
supuesto que muchos en ese heterogéneo e indefinido
espacio social están enojados con el nuevo sistema
tributario, y con el gobierno. Pero muchos no. Si en
un hogar hay dos ingresos, supongamos de 20 mil
pesos cada uno, no hay dudas de que redondean un
nivel de capas medias y no pagan más impuestos que
antes al recibir el salario. También puede ser que
un cónyuge gane 40 mil y el otro miembro de la
pareja perciba 30 mil, con lo cual pagan más
impuestos que antes al cobrar, sin dejar de ser de
las capas medias para pasar a ser pobres. O si hay
un solo ingreso de 30 o de 60 mil pesos. Pero,
además, cosa que no siempre pone en la balanza
Morales, como la reforma tributaria es parte de un
conjunto de reformas estructurales y medidas
económicas, es probable que el hijo mayor de 18 años
de esa pareja ahora tenga trabajo o esté a punto de
conseguirlo. No olvidemos que Uruguay ha alcanzado
en los últimos meses una tasa de desempleo de 8,5%,
y que la tasa de actividad vigente hoy es la más
alta desde la recuperación democrática: 62,6%.
También aumentaron los ocupados sin precariedad en
el trabajo, los ocupados sin subempleo. Pero además
de que el hijo mayor empezó a aportar para la
casa, o tiene más chances que antes de lograrlo,
el hijo menor de 18 años, que los padres tuvieron
que borrar de la mutualista porque la plata no
alcanzaba, dentro de poco volverá a tener cobertura
de salud. Y podríamos seguir poniendo ejemplos.
El momento y el
proceso; el árbol y el bosque
Lo que
queremos decir es que medir la situación de las
capas medias (o de cualquier otro sector social) por
la cantidad de pesos de más o de menos que cada
persona recibe al cobrar, es mirar solo una parte de
la realidad. La reforma tributaria es mucho más que
el IRPF, y se inscribe en un proceso de
transformaciones que recién se ha puesto en marcha y
que abarca muchas más cosas que un impuesto. Por
ejemplo: la baja de otros impuestos y la eliminación
de varios más, los estímulos del sistema tributario
a la inversión y el empleo, el incremento del gasto
social (debidamente compensado con una rigurosa
disciplina fiscal), etc., etc. Y sin olvidarnos que
la reforma tributaria es un proceso, que está sujeto
a modificaciones, incluyendo la elevación del mínimo
no imponible y los ajustes en las franjas, como
recientemente lo reiterara el ministro de Economía a
propósito de declaraciones en ese sentido del
Presidente de la República y del Director de la OPP
con las que el secretario de Estado coincidió.
Ya sé que existe la
sensación térmica. En el boliche de Morales
parecería que siempre es de bajón. Entre vendedores
de la feria del libro el domingo 7 de noche la
sensación era otra. En la feria de mi barrio hace
unas semanas era de calentura. En la misma feria,
esta semana, era de: ¿vio que han bajado varias
cosas? Cuando sube la nafta el termómetro sube.
Cuando baja el boleto, como el otro día, desciende
(la sensación térmica).
Pero los datos del
INE no los discute ni Washington Abdala. Los podrá
omitir o interpretar a su manera. Pero ni la
oposición los discute. Lamentablemente, a veces, el
Sr. Morales teje sus interesantes análisis políticos
sin tener en cuenta los guarismos correspondientes a
los fenómenos sobre los que opina. No se trata de
ser economista. Ni de olvidar eso tan repetido y a
veces tan demagógico de que la frialdad de las
cifras macroeconómicas no puede expresar los
padecimientos de la gente de carne y hueso. Tampoco
pretendemos que en el boliche que frecuenta Morales
haya una computadora desde la cual abrir la página
web del MEF o del INE y así ilustrar a los
parroquianos para levantarles un poco el ánimo o
bajarles la calentura, según la persona o el
momento.
Apuntemos contra el
bajón
Oscar Bottinelli, un
experimentado medidor de sensaciones térmicas, nos
ha dicho hace pocos días que si hubiera elecciones
ahora los cuatro partidos se repartirían las
adhesiones de manera similar al 31 de octubre de
2004. Quiero decir que no da como para andar con el
bajón de Morales. Y mucho menos para tener, ¡justo
ahora!, ¡recién ahora!, su visión apocalíptica sobre
el futuro de las capas medias. La única forma de que
éstas se salven es empezar a achicar la terrible
fractura que se fue produciendo en la sociedad
uruguaya; en esta sociedad de capas medias y de
pobres enrejados, de marginados sospechosos, de
ricos que también se encierran, de niños que al
nacer tienen un cincuenta por ciento de
probabilidades de morir en un asentamiento si esto
no cambia. Justamente, eso es lo que este gobierno
se ha propuesto hacer después de décadas y décadas
de frustraciones: empezar a cambiar, en serio. Tarea
cuyos resultados no podrán verse de un día para el
otro, y que requiere audacia y capacidad para
rectificar, porque no se asume semejante desafío sin
padecer errores. A la vista está.
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