El Estado del futuro
será universalizado
por los espacios nacionales

por el profesor Bernardo Quagliotti de Bellis

Una política territorial nacional inserta en lo regional, debe tratar de dirigir la opinión pública a favor de una nueva cultura territorial compartida, con el fin de equilibrar –paulatinamente- grados de desarrollo cultural, económico y político entre zonas de un mismo Estado como establecer una relación  sin agudas  disparidades entre Estados vecinos.

En Uruguay, desde hace mucho tiempo asistimos a una profunda evolución de conceptos, criterios y definiciones respecto a los objetivos de la cohesión económica, social y política de las diversas zonas. Se habla de ordenamiento territorial  y  acondicionamiento territorial.  Se habla pero nada se resuelve  Y el Uruguay sigue “en venta”.

 

El tema, en particular, se plantea en aquellos departamentos que mal comunicados espacialmente con los centros principales del Uruguay y fuera del mismo, manifiestan permanentemente su justa preocupación por la evolución y futuro del desarrollo regional. El ordenamiento territorial debe ser el instrumento más valioso para favorecer un desarrollo armónico de todas las regiones y subregiones, comprendidas éstas en un marco continental equilibrado donde  por la diversidad de las características territoriales de las mismas éstas puedan ofrecer oportunidades para alcanzar el bienestar socio-cultural-económico, tecnológico.

 

El asunto no se circunscribe en “imitar” sistemas de desarrollo espacial que temporalmente han tenido éxito en algunas partes del mundo. En el Cono Sur se destaca el proceso de regionalización chileno, que aun sigue  “subregionalizándose”, en base a la importancia estratégica en lo comercial y social de algunas ciudades de una misma región.

 

Desarrollo territorial equilibrado

La planificación regional en materia de infraestructura de comunicación, se sustenta en dos principios generales:

 

1- Resolver situaciones que dificultan un amplio y compartido desarrollo equilibrado y sustentable.

 

2- Crear condiciones positivas que quiebren el aislamiento de las sociedades de ciudades y pueblos

 

Evidentemente que estos objetivos no coinciden con los del plan IIRSA, concebido para  otros fines que se esconden en el disfraz de la integración regional. Resolver las situaciones negativas que suponen un impedimento para el desarrollo económico y social de la población debe ser un objetivo determinado  por una política de Estado.  La planificación que procure contemplar  la creación  de nuevas condiciones que favorezcan el desarrollo,  la actividad socio-cultural y una correcta administración pública no debe ser concebida exclusivamente desde la perspectiva  sectorial.

 

La ordenación del territorio, en otras palabras: la organización y la estrategia del desarrollo  territorial nacional en el marco de lo regional, está sujeta a imperativos que trascienden los campos competentes tradicionales: local y nacional. Actualmente , y más aun en un futuro no tan lejano, la ordenación de los territorios nacionales debe ser analizada y definida en una dimensión mayor. En Europa, La Comunidad Económica Europea concibe el espacio continental. En el caso del MERCOSUR, éste debería ubicarse en todo el espacio  de toda América Latina y el Caribe.

 

El hecho de asumir la responsabilidad en cuento a que la estrategia de un Estado no puede desvincularse de las estrategias de los vecinos  (Uruguay debe tener en cuenta al litoral argentino y al sur brasileño) , introduce en el análisis moderno un concepto indicativo:  la estrategia del desarrollo territorial se debe ubicar en el escenario de lo supranacional. Por supuesto que cabe una pregunta: ¿hasta qué punto un Estado puede ceder soberanía en sus objetivos de desarrollo interno, ante los objetivos generales que pueden ser planteados  por otro Estado o por una Comunidad. (En el Cono Sur, caso de los esteros de Iberá,  el tema de la fábrica de celulosa entre Argentina y Uruguay; la lluvia ácida de la usina de Pelotas entre Uruguay y Brasil, por citar algunos).

 

El Estado para el  siglo XXI

Esta interrogante convocó en Brasilia a un debate centrado en el tema “El Estado del futuro”. Del intercambio de ideas por definir la fisonomía del Estado de este siglo,  se merece destacar la síntesis que realizara el Dr. Celso Ribeiro Bastos, al señalar que el Tercer Milenio será marcado por la mayor aproximación entre los pueblos; por el  surgimiento de una especie de gobierno mundial; por el debilitamiento de los poderes absolutos del Estado; por la libertad de comercio entre los países con tarifas próximas a cero; por la centralización del poder en organizaciones de competencia planetaria.

 

En base a lo indicado, el “Estado de futuro” debería dejar de ser “emprendedor” para transformarse en “controlador” y “fiscalizador” de las actividades de la iniciativa privada, procurando consolidar la justicia social.

 

El siglo XX se inició con una larga crisis y parecería que se ha cerrado con otra, quizás peor. Erich Hobsbaw destaca tres fases sucesivas  -centrales en la dinámica del siglo XX-  la de catástrofe,  la época dorada, la del derrumbe.

 

Caos y cosmos. Orden y desorden. La sociedad mundial se mueve entre los extremos de la perplejidad. Afirma M. Conche: “El desorden absoluto que en nuestra época de barbarie nacional se ha vuelto imposible de negar, obliga a ver el mundo, al menos desde el punto de vista filosófico, sin unidad, ni sentido, ni orden verdadero; como si no fuese incluso un mundo, sino más bien un conjunto disparatado”.

 

Del imperio del orden al imperio del azar. En el específico caso de  América Latina, ¿quién será el nuevo Descartes que con el hilo de una nueva racionalidad reconstruya el sentido de este continente?

 

Considero que son los pueblos quienes tienen en sus manos el verdadero poder. Los actores político son simples representantes de la voluntad de los ciudadanos. Michel Foucault en su “Un diálogo sobre el poder”, señala que un Estado no posee el poder sino que lo ejerce conforme a las estrategias, las redes, los mecanismo y todas las técnicas por las que el poder es ejercido.

 

Estas pocas y otras muchas reflexiones, nos llevan al título de esta breve nota: El Estado de futuro será marcado por la universalización de los espacios nacionales, con todo su contenido social, económico y político.

 

[1] Secretario General Asociación Sudamericana Geopolítica

Presidente Academia Uruguaya de Geopolítica

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