James Watson y la
pseudo-ciencia del racismo

Héctor Valle

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La inteligencia de los negros
es inferior a la de los blancos

Crónica , Ademar Cabrera

James Watson y la
pseudo-ciencia del racismo
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

El doctor James Watson, laureado con el Nobel de Medicina al haber descubierto en 1953, la estructura del ADN, tuvo expresiones racistas bajo supuestas bases científicas que motivaron airadas reacciones en distintas partes del mundo.

 

Este hombre de 79 años, que eligiera el Reino Unido para la presentación de un nuevo libro, enmarcado en una serie de conferencias académicas, a poco de verter tales opiniones, no sólo debió retractarse, si bien lo hizo sinuosamente, sino también, suspender la presentación del libro, y las conferencias citadas, así como también regresar a su país, los E.U.A., sabiendo que había sido desplazado de “sus responsabilidades administrativas” en el Centro de Estudios Cold Spring Harbor, que por decenios lo tuvo como símbolo e identidad del mismo. Es que su Junta Directiva quiso inmediatamente desmarcarse de las opiniones de este hombre.

 

Pero su discurso no fue accidental, tampoco se le puede adjudicar a una aparente senectud. Watson ya supo en el pasado, por ejemplo en el año 1997, emitir opiniones críticas.

 

En esa oportunidad, Watson dijo que una mujer debería tener derecho a abortar si los análisis preparto mostraban que su hijo iba a ser homosexual, según resalta el periódico inglés The Independent.

 

El Times de Londres, en su  edición del 17 de octubre desde su página web, a través de un artículo firmado por Helen Nugent, destaca entre otras cosas publicadas por el diario The Sunday Times, al entrevistar a Watson, los siguientes pasajes: “ The 79-year-old geneticist said he was “inherently gloomy about the prospect of Africa” because “all our social policies are based on the fact that their intelligence is the same as ours –whereas all the testing say not really..”. He said he hoped that everyone was equal, but countered that “people who have to deal with black employees find  this not true”.

 

He says that you should not discriminate on the basis of colour, because “there are many people of colour who are very talented, but don´t promote them when they haven´t succeeded at the lower level”. He writes that “there is no firm reason to anticipate that the intellectual capacities of peoples geographically separated in their evolution should prove to have evolved identically. Our wanting to reserve equal powers of reason as some universal heritage of humanity will not be enough to make it so”.

 

Y agrega la citada periodista: “He claims genes responsible for creating differences in human intelligence could be found within a decade.”

 

Vale acotar que las negritas y los subrayados son de mi responsabilidad.

 

Como advertirá usted, Watson, antes que del “Negro”, habló del “africano”, para luego sí expedirse sobre el negro, pero primeramente lo circunscribió a un asunto geográfico, más diría yo y por extensión, a un asunto de civilización.

 

Y es desde aquí donde intentaré dar mi punto de vista respecto a los dichos de este sujeto. La pseudo-ciencia de estos servidores o funcionarios intelectuales, es puesta a consideración pública cuando se afirma de buenas a primeras cosas como las arriba escritas, y que vierten el real pensamiento de aquellos: “todas las pruebas dicen lo contrario” o, también, “gente que ha tenido que lidiar con trabajadores negros hayan que esto no es cierto” e, incluso con mayor sutileza, “pero no los promocionen cuando ellos aun no hayan superado el nivel más bajo”, etcétera.

 

Watson, en una punta, desde la pseudo-ciencia, si bien “representa” lo más encumbrado de la ciencia –y para ello dirigió durante tantos años el Centro que ahora lo suspende-, como Samuel Huntington desde la geopolítica, van contra el otro, el diferente y le endilgan una animalidad superior a la humanidad que ciertamente en ellos –luego en los limpios blancos-, es superior, por mejor y selecta.

 

Huntington, recordemos, fue ese débil intelectual que, con un andamiaje de mercadeo formidable, produjo un libro, “El choque de civilizaciones”, en donde, salteándonos normas básicas en historiografía, sin mencionar a la historiografía francesa en donde este hombre no pasaría de un parcial siquiera, confronta lineal y toscamente a las civilizaciones y así, parece entenderse, “justifica” causas beligerantes que resultarían estar o ser parte de un destino manifiesto, de un sino dado a una nación, sin duda la suya, en contra de otras naciones, esos otros que, al decir de Watson, son de una inteligencia....

 

El racismo se propaga toda vez que no sabemos o podemos ver a estos clérigos de lo oscuro, munidos de su pseudo-ciencia.

 

En el caso de Watson me refiero, claro está, a sus afirmaciones racistas sobre las cuales dice basarse en unas evidencias que jamás detalla, en tanto que Huntington pregona un choque, dejando de ver el profundo entramado que la historia tiene, renegando a su vez, no sólo de una historia desde lo científico, desde sus acontecimientos, sino además, repito, renegando de toda visión multidisciplinaria porque, obviamente, daría por tierra con sus folletinescas ideas.

 

Watson se olvidó, una vez más, del entorno hostil en que muchos pueblos sobre la faz de la Tierra han debido desarrollar sus vidas, a lo largo de muchas generaciones.

 

Él como todo buen funcionario, no atiende a cuánto y cómo los imperios, todos, a lo largo de la Historia, han sojuzgado pueblos y naciones y así, desde el pisoteo y avasallamiento de dignidades y libertades, han construido sus efímeros castillos, sus inmundos tesoros.

 

Así, ricos en cosas y huecos en conciencia, van desplegando su hacer en este mundo administrado en el que conviene, toda vez que sea posible, recordar lo que conciencia es y lo que implica desarrollar una conciencia además de crítica, moral.

 

Por ello, reivindico el papel central de la enseñanza y, en ella, la labor indiscutiblemente central de la enseñanza pública, gratuita y laica.


Más aun, resalto como mero difusor de ideas que las universidades públicas son y deben serlo más aun, los centros desde donde se enseñe a pensar, críticamente, en oposición a la gran mayoría de universidades privadas las que, como bien dice el eminente científico y pensador argentino Alberto Kornblihtt, en entrevista efectuada por el diario argentino La Nación: “Salvo honrosas excepciones, las universidades privadas son de buena calidad, porque hacen investigación. Son nada más que enseñaderos”.

 

El mismo Kornblihtt en otra entrevista llevada a cabo por el periódico argentino Página 12, destacaba respecto del rol de la universidad pública, lo siguiente: “(...) Pero la universidad tiene que enseñar a pensar, a criticar, su rol es generar una metodología de acceso al saber, no transmitir saberes instrumentales que mañana van a estar perimidos.”

 

Con este talante es que quiero terminar la reflexión, para alentar un mañana mejor desde un presente que se cuestione y nos cuestionemos, ofreciendo desde el Sur algo más que enseñadores, algo más que operadores instrumentales de políticas racistas y negadoras de lo humano.

 

Recordemos, por último, que este episodio de Watson, como aquel otro de Huntington, no son excepciones sino manifestaciones de un estado permanente en donde operan mentes racistas.


Es un alerta más, pero no por ello menos destacable, de cuán alerta debemos estar para mirar sobre nuestras propias circunstancias de vida y hacer lo que está a nuestro alcance para que en verdad vivamos en libertad y democracia participativa.

 

Una forma es, recordémoslo, generando pensamiento crítico. Enseñando a pensar, críticamente y con sentido histórico.

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