En momentos de escribir estas
líneas, a cuatro años del análisis presentado
en La Argentina de la postconvertibilidad
(1), y a escasas horas de una muy importante
jornada electoral (2), nuestro país ciertamente
enfrenta un panorama confuso.
Desde lo económico
propiamente dicho nos preguntamos: ¿avanzamos a
pasos tan agigantados como el gobierno y sus
comunicadores claman? Desde el punto de vista
electoral, asistimos a un debate pobre, carente
de ideas y reflexiones relevantes. En esta línea
se inscribe el colapso de los partidos
tradicionales y el surgimiento de agrupaciones
basadas en liderazgos personales. Es así como no
es casual que se registre un significativo
deterioro de las instituciones democráticas y
que surja una genuina preocupación por la
vigencia del Estado de Derecho, no sólo en la
actualidad sino también para el futuro.
El largo período de
reactivación económica no ha dado lugar a una
transformación efectiva de las estructuras
productivas y tecnológicas que removiera la
enorme desigualdad existente en materia de
distribución del ingreso, que a lo largo de
estos cuatro años se ha vuelto más regresiva.
Persiste una muy alta desocupación (que sumada a
la subocupación afecta a casi la cuarta parte de
la población económicamente activa), a la vez
que más del 40 % de la población asalariada, se
desempeña en el sector informal o no registrado,
con las consecuencias de menores ingresos,
carencia de asistencia social y previsional, etc
Que debía haberse
hecho?
Para convertir el
proceso de reactivación económica experimentado
desde el año 2002, en un camino de desarrollo
sustentable y duradero, era necesario concretar
un proceso inversor muy enérgico, que, es sabido
tiene como condicionantes fundamentales, el
clima de seguridad jurídica, perspectivas
ciertas de rentabilidad, y estabilidad en los
marcos jurídicos y legislativos que normen la
actividad empresaria a desarrollar en el mediano
plazo.
La inversión
extranjera directa aún no se ha hecho presente
con fuerza en el país.
La Argentina, por
su alta volatilidad y por otra serie de razones,
entre ellas el riesgo político, es uno de los
países de la región menos atractivos para la
inversión extranjera .
Si los inversores
son reticentes es porque perciban riesgos y
escollos de distinto tipo. No por casualidad la
Argentina se ubicó en el puesto 101 en el último
ranking del Banco Mundial que mide el clima
internacional para hacer negocios.
También los
inversores argentinos participan de estos
temores. Si hasta el Presidente de la Nación
hizo y hace lo propio expatriando, en su época
de Gobernador de Santa Cruz, fondos de la
provincia que gobernaba, y que pese a la promesa
formulada apenas asumido, no han vuelto en su
totalidad.
En el
año 2003, en oportunidad de escribir nuestro
trabajo La Argentina de la postconvertibilidad
(1) señalábamos como un anhelo esperanzado:
Por sobre los ruidos y la
circunstancia coyuntural que representa el
proceso electoral de abril de 2003, pensando en
un futuro sustentable se debe propiciar un
debate sobre la estrategia para construir el
país que la mayoría anhela, basado en los
siguientes objetivos:
-
Restaurar la seguridad
jurídica
-
Promover el desarrollo
sostenido de la economía
-
Asegurar la justicia
distributiva.
Al cabo de un período entero
de Gobierno, si se correlacionan los mencionados
objetivos con la actual realidad, una gran
decepción es la que se puede presentar a la
vista del analista.
En el
primer capítulo, referido a la inseguridad
jurídica, junto con la sensación de nula
protección para los potenciales inversores, no
ha decrecido la agobiante actividad piquetera,
muchas veces admitida y hasta con apariencias de
ser prohijada por el Gobierno cuando le fuera
funcional. Paradigma de esta situación resulta
el oprobioso corte de los puentes
internacionales, vigentes fundamentalmente por
la inacción del Gobierno para ponerles coto.
Los
problemas de infraestructura, que fueron
previsibles a poco de correlacionar el parque de
inversiones del país con una demanda en
crecimiento, eclosionan inevitablemente, pese a
los esfuerzos para ocultarlos desplegados por el
gobierno. Este condicionamiento determina que,
aun en la hipótesis que inversores extranjeros,
estuvieran dispuestos a sumar su aporte para
participar en la producción general argentina,
cuando formulen la pregunta: ¿Con cuanta energía
contamos para mover nuestras máquinas? ¿Cual es
la respuesta esperable del parque energético
argentino? no tendrán otra alternativa que
desactivar esa hipotética intención, ante la
crisis del sistema energético nacional, pese a
las desmentidas estentóreas y vehementes desde
el Salón Blanco o desde los despachos
ministeriales.
Mientras tanto, a 48 horas de las
elecciones nacionales del 28 de octubre, cuales
son algunos de los rasgos que marcan la realidad
actual del país:
Apatía social y desaparición de los partidos
políticos. Nunca desde 1983 hubo una sociedad
tan indiferente en las vísperas de un recambio
presidencial, que se manifiesta demás en
la
negativa de los ciudadanos a intervenir como
autoridades de mesa.
Por su parte, el
radical K Julio Cobos, se vio obligado a
protagonizar un repetido bochorno en su
condición de candidato a vicepresidente de la
Nación, desmitiendo las cifras de inflación de
la provincia que él mismo gobierna, para que
converjan con la inflación INDEK diseñada por el
estratega nacional Guillermo Moreno. En menos de
60 días, de un día para otro tuvo que desdecir
sus propios índices.
Independientemente de las apreciaciones que en
materia de dignidad y autorespeto puedan merecer
al lector este tipo de actitudes, la anécdota es
un claro ejemplo de la desaprensión con que uno
de las principales estadísticas argentinas se
está manejando, a mérito, es de suponer, de
requisitos electorales.
Y en lo económico
sigue la cosa:
Chile, otrora y
actual cliente argentino de gas, con quien hemos
incumplido impúdicamente desde el punto de vista
del relacionamiento internacional, compromisos
asumidos hace largo tiempo respecto a provisión
del fluído, es noticia inversa en este sentido:
Ironía energética: Chile, el país que más
sufrió los efectos de la crisis argentina como
consecuencia de los cortes de gas, piensa
convertirse, dentro de tres años, en exportador
de ese fluido a la Argentina.
El sueño
exportador chileno no es en realidad el único de
la especie.
El gobierno
uruguayo ha planteado en las últimas semanas una
idea que podría aprovechar durante el próximo
invierno: contratar lo que en el sector
energético se conoce como barco metanero,
un buque con planta regasificadora propia, que
podría emplear durante el verano boreal y
estacionarse temporariamente en sus costas. (3)
Y para no agobiar demasiado al sufrido lector,
en los días previos a la elección, un par de
comentarios:
- La cotización
del dólar en el mercado argentino, alcanzó en
estos días sus picos máximos de los últimos
tiempos, solo contenido por la venta de billetes
por parte del Banco Central.
- Crecieron 25%
las importaciones. Bajó el saldo comercial en
septiembre un 3,12% respecto al mismo mes del
año pasado.
- Pese al
bochornoso rol que le cupo al Gobierno Argentino
en el tratamiento del conflicto fronterizo con
el Uruguay, permitiendo el cierre ya casi eterno
de los puentes que vinculan al MERCOSUR sin
intentar disuadir los bloqueos, se puede leer
que la empresa CELULOSA Argentina SA instalará
una pastera en el Uruguay, de la mano de sus
titulares, el grupo Tabebicua.
Asi estamos los
argentinos. A 72 horas de la elección
presidencial .
Es el deseo de
quien esto redacta, que los argentinos tengamos
la posibilidad de elegir una alternativa al
estilo de conducción que tenemos desde el año
2003, que no constituyó un modelo integrado de
gobierno, en especial luego del desplazamiento
del Dr. Roberto Lavagna, sino golpes de timón
detrás de los acontecimientos. Y que causó
sensibles deterioros en el cuerpo institucional,
económico y social de la Argentina. (4)
(*) Economista
argentino; nota escrita tres días de las
elecciones en su país.
(1)Broder Pablo.
La Argentina de la postconvertibilidad.
Ediciones Libros del Zorzal. Buenos Aires. 2003.
(2) El autor ex
profeso quiso dejar sentado su pensamiento antes
de conocerse el resultado electoral, pese a que
este trabajo llegue a manos del lector con
posterioridad al mismo.