I.-
El lenguaje no es neutro; a través de su estudio
se llega a transparentar el juego de poder
instaurado por los varones; los sexolectos
constituyen la forma sexista de expresarse, que
se originó en la dominación de un género sobre
el otro. Haré una síntesis mínima de algunos
aspectos que demuestra el dominio masculino en
los idiomas, tomando como eje exclusivo el habla
castellana o hispano parlante actual que de
todas maneras se hace paradigma extensivo a los
idiomas derivados del latín, pero que no
excepciona a los anglosajones.
Como bien lo
explica en Sexismo lingüístico, María Ángeles
Calero Fernández -de quien hasta cierto punto
soy tributario en el tema- el género gramatical
animado viril posee dos funciones: la propia que
consiste en designar al ser animado macho, y la
genérica indicativa del ser vivo animado en
general, de forma universal; en cambio el género
gramatical animado hembra consta de una sola
función, la específica, la que se refiere
únicamente al ser vivo hembra; los plurales
incluyentes de géneros masculino y femenino,
adoptan la primera forma. Si las sociedades han
sido y continúan siendo androcéntricas
(referidas en lo público y privado al varón)
resulta lógico que la mirada sobre el mundo sea
de tipo masculina y en consecuencia el lenguaje
resulte afectado por ese poder que, pienso, se
podría calificar de taxonómico universal, o
mejor, de nominación y lexicalización de origen
y desarrollo masculino. El poder taxonómico o
bautismal ha tenido un reflejo en el Génesis, al
otorgar Yahvé (Dios) a Adán esa facultad (II,
19).
II.- Tómese el
caso de los llamados duales aparentes por los
cuales se obtienen significados diversos de
voces y refranes similares conforme sea su forma
masculina o femenina; los contenidos semánticos
cambian de acuerdo a la referencia sexual, es
decir a la de ambos géneros por separado.
Un buen ejemplo:
incasable, que alude a una mujer fea que por
ser tal no consigue marido. Cuando se habla
del varón resulta casi impensable que apunte a
una característica física, porque domina la
mirada androcéntrica, no se tiene en cuenta la
valoración del físico masculino por parte de las
mujeres. Un incasable varón será un hueso duro
de roer, un solterón, un vivillo que prefiere
la vida alegre del célibe. Solterona, a su vez,
significa a la mujer de algunos años que no se
ha casado; tiene un sentido peyorativo, al
contrario de solterón que puede implicar una
suerte de celebración para el sujeto masculino
en tal estado.
Mancebo/a, según
su desinencia significa joven de pocos años o
varón soltero, o respectivamente, concubina. Una
mujer galante es referida a una persona de vida
disipada o ligera; un hombre galante es un
individuo cortés, de refinadas maneras sobre
todo hacia el otro sexo.
Un varón honesto
es aquel que se atiene a la palabra dada, que
cumple con su deber y no engaña. Para la mujer
se asocia el adjetivo a recato, castidad, que
son los valores máximos, junto al de belleza,
adjudicados por los criterios misóginos a la
imagen femenina.
Hay palabras que
aluden a las profesiones con jerarquía superior
atribuida a la forma masculina como en los casos
de tendero/a, impresora/o, joyera/o. Casi
siempre la forma femenina indica a la vendedora
de la tienda, de la gacetilla, de la joya y la
forma masculina al que es propietario del
establecimiento, al que realiza la impresión o
al artífice o dueño de la joyería.
Obviamente al
avanzar el sexo femenino en el ejercicio de
tareas que se creían monopolizadas por los
varones se va dando la necesidad de aplicar el
género gramatical sin conferirle siempre un
sentido peyorativo. La Sra. Presidenta no es
necesariamente más la mujer del verdadero
presidente, aunque no está advertida en
el léxico de las constituciones democráticas tal
eventualidad gramatical. ¿Por qué lo iban
prever si hasta hace pocas décadas no existían
los derechos cívicos para el género femenino
en las propias repúblicas avanzadas? (Pero hallo
en Presidente un calificativo que podría devenir
ambivalente si nos acostumbráramos a utilizar
indistintamente los artículos o adjetivos de
ambos géneros: La/ El Presidente, Presidente
realizadora/realizador. Después de todo no
termina en el rotundo masculinizado o como es
el caso de ministro).
Los casos de
oficios que únicamente tienen uso en género
femenino se refieren a ocupaciones hogareñas o
de menor valía de acuerdo al criterio cultural
dominante: niñera, sirvienta, nodriza,
zurcidora. La cocinera suele trocarse en chef
cuando cambia de género.
El lector podrá
repasar en su memoria casos muy profusos de uso
sexista del lenguaje, en los cuales se nota una
perspectiva excluyentemente masculina sobre las
actividades, acciones, profesiones, sobre la
vida en general, en la mayoría de los casos
auto-otorgándose el varón categoría superior.
No existe azafato, sí auxiliar de vuelo;
hasta hace poco no había la noción de tenienta,
por ejemplo, ni la de comandanta. Hubo un tiempo
que no era imaginable doctora.
Un varón conduce
o lleva a la iglesia a la mujer y la entrega al
novio para el casamiento; o sea pasa del poder
del padre a la del nuevo marido. ¡Todavía hoy
día!
La mujer casada
desaparece en su personalidad autónoma como
sucede en países anglo-sajones bajo el apellido
del marido, y entre nosotros nos pasan a
depender porque nos pertenecen con la
preposición de. Pero véanse otro tipo de
giros.
III.- El estudio
de los refranes -la paremiología- permite
observar la volubilidad, la debilidad, la
falsedad y el carácter plañidero de las mujeres
(el término plañidera es adosado normalmente
sólo a la mujer). Unos pocos ejemplos: Llanto
de mujer, engaño es. A toda hora, el
perro mea y la mujer llora. La gallina
cantando y la mujer llorando.
Sobre todo en la
Edad Media, pero la tendencia no se ha detenido,
quizá sólo atenuado, ha existido clerofobia,
desprecio u odio hacia los judíos y misoginia,
tres caracteres que se han volcado en un
abundante refranero en el que se palpa además
ciertas rebeldías de la mujer. Continúo
extrayendo de Sexismo lingüístico ejemplos de
paremias, siendo los cuatro últimas, indicativas
de una protesta social femenina: Abad, judío
y madona jamás perdona. El judío y la
mujer, vengativos suelen ser. Mujer,
fraile, rey y gato, cuatro ingratos. Madre,
¿qué cosa es casar? Hija, hilar, parir y llorar.
Casada te veo; otro mal no te deseo. Mal
de muerte, a mi marido le caiga en suerte.
Muerte canina, ahí está mi marido detrás de
la cortina.
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