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Comunicación para
el cambio social
por el profesor Bernardo
Quagliotti de Bellis
Alfonso Gumucio
Dagron, boliviano, es especialista en comunicación
para el desarrollo con experiencia en Africa, Asia,
América Latina y el Caribe. Trabajó en Nigeria y
en Haití para la UNICEF y como consultor
internacional en FAO, en el PNUD y la UNESCO.
En la presente nota se extraen algunos
conceptos que vertiera en su ponencia El iceberg
de la comunicación: la experiencia escondida,
presentada en Congreso Internacional de Promoción y
Comunicación, realizado en Colombia
Otro
tema de actualidad en Uruguay -y en otros países de
la región- se refiere a la reforma de la enseñanza.
En el congreso citado, fueron varios los educadores
que analizaron la situación, considerando que,
respecto a los movimientos de comunicación, en
Iberoamérica se le ha dado la espalda a la realidad
y a la práctica comunicacional.
Alfonso Gumucio Dagron afirma que existen pocos
Programas de Comunicación Social en América
Latina.
El mundo académico
latinoamericano le ha dado la espalda, durante
muchos años, a la investigación sobre comunicación
popular, alternativa y participativa. De alguna
manera ha sido responsable de la falta de
legitimidad y de la carencia de apoyo a las
experiencias independientes que con gran esfuerzo
han surgido en sectores populares de la sociedad
latinoamericana, a veces en medio de contextos
políticos muy difíciles, donde la vida misma estaba
en juego.
Universidad, una torre de marfil
Es
imprescindible un proceso de autocrítica por parte
de los centros de estudio especializados en
comunicación.
No
es gratuito el apelativo torre de marfil que
recibe muchas veces el mundo académico. La
percepción es que muchas universidades funcionan en
un espacio cerrado que no tiene vinculación con la
realidad. Esto es más grave aun en países
dependientes y subdesarrollados del Tercer Mundo,
donde las necesidades sociales son más apremiantes
y donde
resulta más incongruente que la investigación
académica se desarrolle al margen de lo que sucede
en el país. Es incongruente y hasta inmoral , porque
las universidades le cuestan mucho más a los países
dependientes y pobres que a los países dominantes y
ricos .
La
universidad tiene un papel que cumplir en la
sociedad y se justifica cuando sirve a los intereses
de la misma.
En América
Latina son pocas las universidades las que tienen un
departamento, una maestría, un doctorado, algún
tipo de instante de educación que específicamente
tenga que ver con comunicación para el cambio
social. En nuestra región se siguen privilegiando
carreras que al país no le sirven, o se orienta
ciertas carreras útiles a la sociedad de una manera
que no beneficia al conjunto de la población. Sobran
abogados desempleados y faltan defensores de la
justicia social; sobran médicos concentrados en los
centros urbanos mientras miles de niños mueren de
diarrea en áreas rurales; sobran arquitectos y
faltan urbanistas; y así, sucesivamente.
No confundir información y
comunicación
Al
respecto manifiesta Alfonso Gumucio:
Lo mismo se dice medios de comunicaciónque
medios de información y pocos son conscientes de
que no es lo mismo. En realidad los contenidos han
cambiado poco o nada: se siguen produciendo
centenares de periodistas, de publicistas,
relacionadores públicos y muy pocos comunicadores.
Las universidades atienden las demandas de un
mercado comercial e industrial -el de las empresas
privadas- y en muy pocos casos reflexionan sobre
las necesidades comunicacionales de la población,
sobre todo en el campo de la cultura, del desarrollo
y del cambio social.
Universidades de
Europa y Estados Unidos suelen apoyar proyectos de
comunicación participativa en Asia, Africa y América
Latina, mientras las propias universidades
latinoamericanas, con contadas excepciones, están
más preocupadas en aprender las teorías a través de
los libros que se publican -generalmente en
inglés- en aquéllas regiones.
En el proceso
histórico de los años cuarenta o cincuenta, se ha
perdido en la región latinoamericana la oportunidad
de rescatar una multitud de experiencias nacidas de
las propias sociedades, ,para elaborar a partir de
ellas aportes teóricos que hoy serían paradigmáticos
a nivel mundial. En América Latina existe la
tendencia de escribir sobre lo que otros han
escrito, en un círculo cerrado que no se abre, sino
muy ocasionalmente, hacia la realidad.
La situación se
presenta como la figura de un iceberg, donde se ve
solamente la punta mientras su masa principal
permanece escondida bajo el agua . Así se puede
describir el conocimiento que tiene el mundo
académico de las experiencias de comunicación
concretas. Todos conocemos apenas un poco de lo que
existe y por ello nuestro aprendizaje de la
realidad es también limitado.
Es una
responsabilidad de las universidades y otros centros
de estudio de la comunicación, investigar y
re-descubrir las experiencias que hoy por hoy están
debajo del nivel del agua que cubre el iceberg. Para
lograr ello, antes que recursos falta un compromiso
con la realidad comunicacional de nuestro
continente: ir en busca de la parte escondida del
iceberg, de aquello que no se conoce todavía. En
lugar de investigar una y otra vez los mismos temas,
las mismas experiencias, buscar otras nuevas,
rescatar aquellas que de alguna manera se han
extraviado en el pasado por falta de atención.
Hay un campo
enorme y por el momento casi vacío en el que el
mundo académico puede interactuar con el mundo de la
comunicación comunitaria. Es poco lo que se ha hecho
hasta ahora para vincular ambos mundos a favor del
desarrollo y el cambio social que es impostergable
en los países de nuestra región. Las oportunidades
son múltiples, tanto en el campo de la investigación
como en de la acción.
En comunicación
para el cambio social, el proceso es más importante
que el producto. El proceso de comunicación con la
gente y dentro de las comunidades es más importante
que las ayudas impresas o audio-visuales que pueden
surgir de esa dinámica.
Es en el proceso de comunicación y participación que
se inicia el cambio social.
[1]
Secretario Gral. Asociación Sudamericana de
Geopolítica
Presidente Academia Uruguaya de
Geopolítica
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