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Oribe: abolió la esclavitud en
Uruguay, 20 años antes que
Lincoln lo hiciera en los EEUU
Senador Dr. Jorge Larrañaga
Discurso pronunciado por el presidente del Honorable
Directorio del Partido Nacional doctor Jorge
Larrañaga, en conmemoración de los 150 años del
fallecimiento del brigadier general don Manuel Oribe
en el Paraninfo de la Universidad de la República
12 de noviembre de 2007
Sr.
Rector de la Universidad
Sr. Presidente del Frente Amplio
Sr. Presidente del Partido
Independiente
Sr. Presidente de la Unión Cívica
Sr. Ex Presidente de la República
Dr. Luis A. Lacalle
Sr. Intendente Municipal de
Montevideo
Señores integrantes del
Directorio del Partido Nacional, Senadores,
Diputados, Intendentes, Representantes de
Organizaciones Filosóficas y Sociales.
Compatriotas, en el sentido de
pertenencia a esta nuestra República Oriental del
Uruguay
Es como se pueden imaginar para
mi un gran orgullo en el día de hoy participar de
este homenaje, asumir la representación partidaria,
y presidir los actos recordatorios del 150°
Aniversario de la muerte del Brigadier General
Manuel Oribe.
En esta Casa, íntimamente ligada
a la historia nacional, y para la que aspiramos esté
cada día mas vinculada al futuro de todos los
uruguayos.
Con los grandes de la historia
sucede eso, su vida y su ejemplo, encierran la
potencialidad de ser interpretados y releídos a la
luz de las circunstancias cambiantes y particulares
de cada tiempo.
La intención es homenajear a una
figura que marcara a fuego, una manera de ver y
sentir la tierra, la región y el mundo.
Encerrar la figura de Oribe en
los estrechos marcos de un partido, sería traicionar
sus sentimientos y su vida.
Nuestra presencia en esta
Universidad Mayor responde a la voluntad del Partido
Nacional de rendir honor a su fundador, pero mucho
más al luchador por la Libertad, al 2° Jefe de los
Treinta y Tres y 2° Presidente Constitucional.
A quien, con tozudez y valentía,
resistió la prepotencia de los imperios de turno,
reivindicando el derecho de autodeterminación de los
pueblos y la unión de las Patrias Americanas.
Una unión basada en nuestros
fraternos vínculos hispanoamericanos, respetuosa de
valores originarios y singularidades propias de cada
pueblo, Unión llena de Democracia y de República.
Estamos persuadidos además que es
bueno recordar en estos tiempos a quien se
constituyera en primigenio ejemplo de ejercicio del
Gobierno con profundo respeto al Estado de Derecho,
sin caída alguna en desbordes autoritarios, por más
poder que detentara.
La Providencia, con sin par
generosidad, dio a la República, en el momento mismo
de sus primeros pasos como nación independiente en
el concierto americano, un ejemplo vivo y permanente
de las virtudes que deben adornar a sus gobernantes.
Con ello no hizo más que seguir
el ejemplo de sus mayores.
La personalidad del General
Manuel Oribe es conocida. Su labor como Gobernante
prudente, justo y previsor, con cumplimiento del
Deber y respeto de las Leyes.
Avezado militar, exitoso en mil
batallas, gana todos y cada uno de sus galones en
combate, ajeno a toda intriga y a toda vanidad.
Como dijo en su momento Carlos
Rodríguez Larreta: los hombres de la estirpe de
Oribe podían extraviarse en el camino de las
pasiones pero nadie tendrá el derecho de
reprocharles que hayan perseguido la gloria a través
de la traición.
Es por eso que obedeciendo al
llamado de la hora, no dudó en ocupar los cargos de
Gobierno que se le encomendaran y es electo 2°
Presidente Constitucional de la República por
aclamación de la Asamblea General.
El hombre del orden, de la paz,
de la justicia y del progreso.
Ante el alzamiento contra su
gobierno, ordena la utilización de la divisa blanca
con la leyenda Defensores de las Leyes, de honda
raigambre artiguista, como símbolo de unidad y de
apoyo a la legalidad. Obligación que cesa una vez
derrotada la revolución, siempre privilegiando el
respeto de las normas jurídicas, frente a cualquier
tentación partidista y sectaria.
No era para él un cargo el
Gobierno de la República, sino una carga llevada
con hidalguía y con responsabilidad personal e
intransferible.
No pertenecía a aquellos que
practicaban la actividad política desde el alto
altar, mirando desde arriba a la gente, sino que
caminaba entre los compatriotas soportando la
mochila cargada de frustraciones, de sueños y de
esperanzas.
Quizá, como gobernante, cometió
el error de adelantarse a su tiempo.
Vislumbró un Estado moderno,
dotado de autoridad y actor del progreso moral y
material de los orientales.
No advirtió que los oscuros e
inconfesables intereses de los imperios, secundados
por los malos orientales y peores americanos,
obstaculizarían sus propósitos, sembrando las
semillas de la discordia, la desunión y el
resentimiento.
No obstante los obstáculos, su
labor de gobierno fue fecunda. Equilibró las
finanzas públicas; fundó la seguridad social en el
Uruguay, fijando los principios de responsabilidad
del Estado en materia de solidaridad, de amparo a la
invalidez, de proporcionalidad de los aportes,
prohibiendo, además, la acumulación de jubilación y
sueldo en actividad.
Combatió el tráfico de esclavos y
decretó la abolición de la esclavitud 20 años
antes que Lincoln lo hiciera en los Estados Unidos.
Instaló y dotó escuelas; fundó
la de Artes y Oficios; promovió la reinstalación de
la Biblioteca Pública y la creación del Museo
Nacional
Defensor del orden y de las
leyes, así como del derecho de las patrias
americanas para decidir libremente su destino;
administrador prudente; celoso custodio de los
intereses económicos del país; ferviente impulsor de
la educación popular y de la cultura nacional;
fundador como decíamos de la Universidad de la
República, en la que además propició un conjunto
importante de actos presidiendo personalmente la
primera reunión de Cátedra nada menos que en la
Iglesia Matriz con el conjunto de sus ministros.
¡Un gran combatiente por la
Libertad y la Independencia!
¡Un hacedor de nuestra
Institucionalidad!
¡Un gran Presidente!
Y fue sin duda el primer
Defensor de las Leyes de nuestra vida como
República independiente.
Pablo VI, decía que se puede
pecar contra la verdad lo mismo por omisiones
calculadas como por informaciones inexactas Oribe
fue durante decenas de años víctima de este pecado,
se elaboró sobre él, metódica y arteramente, una
leyenda negra que intentó empañar una trayectoria
que sería orgullo de cualquier nación libre.
Pero basta internarse
desapasionadamente en nuestra historia, revisar los
documentos de época, recurrir a los testimonios
honestos, para aquilatar lo que significó realmente,
y dar por tierra con esa conspiración contra la
verdad histórica.
No fue la única víctima de estas
canalladas, el propio Artigas también lo fue, no
puede ser casualidad, ambos interpretaron la esencia
misma de lo nacional, de la tradición en su acepción
más esencial y pura, en el concepto de Patria, en la
entrega de lo personal por lo colectivo, en el
sacrificio de sus vidas por sus ideales.
No resistimos la tentación de
hablar del Oribe de los renunciamientos.
El primero es una carta a su
amigo Larravide, que decía:
Querido amigo, recibí su carta y
su magnífico obsequio, le devuelvo ambas cosas. Lo
uno, porque no merezco los conceptos con que me
favorece, y porque como su amigo leal, creo que no
conviene a Ud, para el porvenir dejar con su firma
esa carta cortesana de los tiempos de Luis XIV, mal
dirigida a un republicano.
El regalo porque es demasiado
valioso y no conviene a mi decoro aceptarlo, ni a
Ud. el hacerlo dado nuestras posiciones respectivas.
No debo ni quiero quedar obligado
a persona alguna del modo que me obligaría la
admisión del importante presente que Ud. tiene la
amabilidad de hacerme en este día de mi cumpleaños
El segundo ejemplo de
renunciamiento es una carta a la Asamblea General en
la cual Oribe rechaza el título de Gran Ciudadano.
mi carácter individual, así
como los principios republicanos que arraigadamente
profeso, me impiden aceptar el grande honor que se
me hace, aún cuando él no ataque aquéllos, desde que
me cubre con un título escrito que me saca en cierto
modo del nivel del rango común de mis
conciudadanos.
Señalábamos que Oribe era un
gobernante inusual para su época y, seamos honestos
y menos injustos, también para nuestra época.
A nuestro juicio correspondió a
Oribe, como rol histórico indiscutible, ser quien
constituyó los aspectos sustantivos del Estado
Oriental en cuanto tal, No nos tiembla la voz al
sostener que fue el continuador más auténtico de la
obra artiguista en lo que hace a los orientales y al
Uruguay como País.
Benjamín Franklin decía si no
quieres perderte en el olvido tan pronto como hayas
muerto, escribe cosas dignas de leerse o haz cosas
dignas de escribirse
Oribe hizo ambas cosas y, como si
fuera poco, nos dejó además un ejemplo de vida a
todos los uruguayos alumbrando el presente y el
porvenir.
La excelente administración de la
presidencia constitucional de Oribe está más allá de
toda polémica, y fue reconocida incluso por algunos
de sus más acérrimos enemigos.
Juan Carlos Gómez destacado
intelectual colorado, decía, recordando este período
desde un avanzado 1872: El caudillaje enciende la
guerra civil en 1836 bajo un gobierno que respetaba
la ley, que administraba con escrupulosidad los
dineros públicos, que ningún derecho atacaba, que
fomentaba la educación popular, tributaba
consideración a los talentos y a las luces y hacía
alarde de modestia republicana y de cultura de
procederes Y Andrés Lamas, el firmante de los
tratados de 1851, escribía a Melchor Pacheco y Obes,
en 1852: ¿No vio usted, no tocó, como toqué yo con
el alma despedazada, todo lo que habíamos perdido en
sustitución de la administración de Oribe?.
Pretendió la neutralidad del País
en el campo internacional y en los conflictos con
nuestros vecinos, a la vez que legó su inserción y
su reconocimiento internacional como nación
soberana.
Oribe pertenece también a los que
desde su condición partidaria nunca medraron con los
supremos intereses de la nación, a los que nunca por
atacar al gobierno de turno arriesgaron debilitar al
país.
No pertenecemos nosotros, el
Partido Nacional en estos tiempos, a quienes con
tal de fragilizar al gobierno arriesguemos
perjudicar al Uruguay todo.
Nunca vamos atacar al gobierno de
turno debilitando a nuestro país.
Oribe derrotado por la
combinación de las fuerzas extranjeras, llegada la
paz de 1851, sigue siendo el fiel de la balanza de
la Nación, el respaldo del orden y de la legalidad.
Y, tal es la fuerza de su
prestigio, que a la sola invocación de su nombre,
el pueblo oriental, las masas populares con las que
Oribe perdiera contacto por encontrarse en el
extranjero, acuden a ponerse a sus órdenes para
apuntalar el gobierno de Pereira, firmando con el
Gral. Flores el Pacto de la Unión, que trajo la
anhelada paz a la República.
Oribe encarnó como nadie una
forma de concebir el hombre, el país y la región.
El Partido Nacional, en cada
tiempo y en cada circunstancia, intenta pensar,
pretende actuar, encarnando sus virtudes y sus
principios.
Aquel 12 de noviembre de 1857,
Montevideo vivía angustiado por la fiebre amarilla,
que hacía estragos en la ciudad.
La lluvia caía de a ratos con
intensidad. Pese ello, cientos de personas de toda
condición social, a pie, a caballo, en carruaje,
peregrinan al Paso del Molino para despedirlo.
Instantes antes de morir,
pronunció estas palabras que traslucen su
personalidad y nos mandatan: Amigos, no os separéis
del lado del Gobierno constitucional de la
República; acatad sus actos y sostenedlo en su
marcha constitucional
Ese fue Manuel Oribe; defensor
feroz de la Soberanía de la Nación de la Libertad
individual, de la vigencia del Estado de Derecho, de
la Constitución, de la Ley y de la Justicia Social.
Subrayamos esa faceta de Oribe
que nos legó la Universidad de la República y una
preocupación central por el quehacer educativo, por
eso es que tenemos que velar por transmitir a las
futuras generaciones de ciudadanos una mejor
educación que la que tenemos.
Como decía Couture: No somos
dueños de nuestro país; somos depositarios, llamados
a transmitir lo recibido sin poder llevar nada con
nosotros. Podemos, acaso llegar a adquirir un pedazo
de tierra, pero nunca seremos dueños del paisaje ni
del pago. Vivir es recibir para transmitir; la
nación es una transmisión pura, incesante, inacabada
e inacabable.
La ciudadanía tiene el derecho y
el deber, de exigir a los responsables de la
educación, resultados. Como ha dicho recientemente
el especialista Pablo da Silveira: Los sistemas
educativos no existen para que los docentes tengan
trabajo, para que las escuelas funcionen, ni para
que los gobiernos gasten dinero. Los sistemas
educativos existen para que los alumnos aprendan.
Todo lo demás es instrumental a ese objetivo
Los principales cambios en
nuestra Universidad, lo digo desde mi humilde pero a
la vez orgullosa condición de egresado de esta
casa, deben pasar por el camino de la
descentralización, mediante nuevas estructuras
orgánicas creando centros universitarios dotados de
autonomía académica y presupuestal.
La Universidad embarcada en el
País de la enseñanza, entendida como una apuesta a
la generación de nuevos conocimientos y a la
formación de ciudadanos.
La riqueza de las naciones pasa
en nuestro siglo por la riqueza en el conocimiento,
El país tiene que destinar una
mayor parte del PBI a la educación llevándolo al
promedio internacional, esto es una deuda de todo el
sistema político. Hay que impulsar un cambio
profundo de la ley orgánica porque el rezago, a
nuestro juicio, cercena el futuro.
Nuestro país compatriotas, o
invierte mas y mejor en educación o seguiremos
envueltos en los círculos concéntricos de la pobreza
interna y la dependencia en el campo internacional.
El nuevo concepto de la Libertad
es la Educación nuestros hijos, nuestros muchachos,
los que están acá y los que andan en cada rincón de
la República- no serán independientes si no les
damos una mejor educación, no serán libres si no les
damos la mejor educación.
Y tenemos todos que tener la
humildad y el coraje republicano suficiente como
para hacer la autocrítica de que hay manifestaciones
de nuestra sociedad que son manifestaciones de
antigüedad.
Que Oribe para su tiempo fue más
moderno que nosotros para el nuestro, y que con una
enseñanza no actualizada, con un sistema político
antiguo, y con un Estado antiguo, no podemos tener
un país moderno.
Todo esto supone un desafío. Un
desafío de sumar y no dividir, de construir y no
destruir.
Yo quiero finalizar este
discurso, leyendo respetuosamente unas palabras de
un gran ciudadano, ejemplo de uruguayo y de
nacionalista, Don Juan Pivel Devoto. Quien en una
Semblanza a Oribe, el Hombre, el Soldado, el
Gobernante sintetizaba:
Mis palabras no han querido
narrar la historia de su vida, sino bosquejar los
rasgos de su personalidad tal como la descubro a
través de sus actos y de su conducta, que nos lo
muestran patriota, valiente y amante de la libertad,
pero encarnando además la idea de la autoridad, del
orden constitucional y de la probidad
administrativa
este soldado que había combatido en
23 batallas murió enaltecido bajo el signo de la
paz, y por lo tanto no es irreverente imaginar las
reflexiones finales de quien fue siempre tan
recatado para exteriorizar sus sentimientos.
Y Don Juan hace un relato de
episodios trascendentes e importantes de su vida por
ejemplo aquel cuando dijo: Al presentarme ante
vosotros a prestar el juramento de la ley, mi
corazón se halla sobrecogido de un temor que no
había experimentado ni aún al frente de los
enemigos
cumpliré y haré cumplir fielmente la
constitución y las leyes
Y finaliza Y mientras hacía el
recuento de tantos años vividos y desdichas sufridas
al decir de su mujer por su demasiada honradez ,
sin dejar de acusarse por sus faltas, severo como
era consigo mismo, habrá pensado que el medio siglo
de su vida entregado a la causa de la patria le
había ganado el derecho de reposar en su seno con
gloria y con honor
LA
ONDA®
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