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Uruguay: ¿Para qué
formar docentes?
por el profesor Mauricio Langón
( )
Del 6 al 8 de noviembre pasado se
realizo el IV Coloquio sobre pensamiento y
actualidad: Teoría de la Universidad
organizado por la Facultad de Humanidades y Ciencias
de la Educación, Universidad de la República, en
este evento el profesor Mauricio Langón realizo la
intervención que sigue a continuación, sobre la
formación docente en Uruguay.
Introducción
Sostengo que hay que
formar a los docentes de nuestro sistema educativo
en una institución universitaria pública, autónoma y
cogobernada, que preserve la identidad de la
formación en las profesiones docentes, en que se
ejerza la docencia en todos los niveles de grado y
postgrado, enseñando, investigando y participando
crítica y creativamente en la vida de la sociedad.[i]
La discusión de esta
tesis no debería ser eludida o pospuesta, como si se
tratara de una cuestión superflua o secundaria que
pudiera postergarse indefinidamente; como si se
pudiera impunemente alzarse de hombros y formular
retóricamente la pregunta: ¿Para qué formar
docentes?
Por eso me parece
importante discutir aquí la cuestión de la formación
de los docentes, aunque no esté expresamente
prevista en la convocatoria a este Coloquio. O por
eso.
1. Docentes
Docente es el que
enseña; el enseñante, el enseñador. El que nos
cuenta lo que sabe para que lo aprendamos, para que
lo repitamos, para que lo acrecentemos haciendo lo
que él hace.
Para algunos basta
con saber algo (basta ser profesional en
determinado ámbito) para ser docente de ese algo.
¿Para qué formar docentes?: Formemos sabios,
profesionales, investigadores excelentes en cada
fragmento del conocimiento, que cada uno de ellos
sabrá enseñar lo propio y de la suma de todos saldrá
la enseñanza de todo. La enseñanza no es una
profesión; la formación docente es prescindible, es
un derroche innecesario.
Docente es el que
enseña. Es, entonces, también y principalmente, el
que instruye, doctrina o amaestra con reglas y
preceptos; el que da
advertencia, ejemplo o escarmiento que sirva de
experiencia y guía para obrar en lo sucesivo.
Todavía más, el que señala, el que indica, el que
sugiere orientaciones y caminos; el que muestra o
expone algo para que sea visto y apreciado ( y que
básicamente, se muestra como modelo. Y, en eso
enseña también otras muchas cosas, aquellas que
-quizás involuntariamente- deja aparecer, deja ver.[ii]
Manejar todo esto parece que no sólo requeriría
maestría en determinada disciplina, sino también (y
principalmente) cierta profesionalidad:
cierta capacidad específica para desarrollar
prácticas que no apuntan a formar especialistas,
sino seres humanos en (de) determinada época,
cultura y sociedad. Prácticas que exigen
también cierto dominio específico de la teoría
respectiva y cierta capacidad de relacionar lo
teórico y lo práctico en la producción de
conocimiento (pedagógico, didáctico).
Profesionalidad
situada, además, en un espacio de tal peculiaridad
que podría y debería operar como bisagra o punto de
relación entre los distintos lugares donde se
investiga y discute el conocimiento; entre los
ámbitos académicos y los espacios sociales donde
impactan; a la vez que insinúa un posible sitio para
miradas metateóricas sobre cada uno de esos
lugares (que querríamos instalados en
instituciones docentes...)
Nuestra Universidad
incluye en su concepción de la docencia aquello que
llama investigación, enseñanza y
extensión.[iii]
No le debería ser difícil, entonces, entender la
formación docente en ese marco.
(Extensión) La
docencia adquiere sentido en la sociedad en que está
y la constituye y sobre la cual -a su vez- actúa. La
formación de los docentes debe incluir teoría y
práctica de los modos de relacionarse con la
sociedad. Considerando particularmente que sus
egresados serán formadores de seres sociales.
(Investigación) Es
a través de la relación con el conocimiento que la
docencia forma. Con el conocimiento de verdad,
aquel que no puede separarse de los problemas reales
e incluye reír, llorar y detestar;[iv]
aquel que no puede separarse de la investigación de
punta; ni de su crítica, su apropiación, su
transformación, su creación... La formación de los
docentes debe incluir los modos de relación con el
conocimiento, con los saberes propios y ajenos, y
con la producción de conocimiento pedagógico y
didáctico.
Debe reflexionar la
relación entre el saber sabio y el enseñado.
(Enseñanza) La
formación de los docentes debe profundizar,
principalmente, la relación entre enseñanza y
aprendizaje, entre maestro y discípulo. De lo
contrario, seguirá transmitiendo, a través de la
enseñanza que dé a las nuevas generaciones modos de
relacionamiento dependientes y autoritarios. Aquello
que se transmite en la enseñanza no es el
mero contenido de un saber dado. Ni es la suma
de lo conocido; ni su compendio o resumen (su
summa), ni él en suma en que podría
sintetizarse.
De la formación
docente, de los modos de relación en que los
docentes se formen, depende en no poca medida de
cómo ellos formen, es decir, el futuro...
Es necesario
reconocer la centralidad del problema de la
formación docente.[v]
Sin embargo...
2. Nuestra formación docente
No es del caso
historiar ni menos entrar en detalles de los
problemas de la formación docente en nuestro país.
Ni tampoco describir su situación actual.[vi]
Sólo voy a indicar algunas de sus ventajas e
inconvenientes, apuntar algunas tendencias
actuales y subrayar los aspectos sustanciales de una
propuesta. En el entendido de que, a mi criterio,
cualquier proceso de transformación y mejora de la
formación docente debe procurar conservar todas sus
ventajas y superar sus inconvenientes.
Ventajas.
Las instituciones de
formación docente son de larga data en nuestro país,
configurando una tradición y una experiencia que
debe ser tomada en cuenta.
Actualmente contamos
con unos 35 Institutos que forman docentes,
ubicados en todo el país. En las últimas décadas
constituyen una unidad en el ámbito nacional.
Inconvenientes
Los principales
inconvenientes de la formación docente derivan de su
inserción no-universitaria:
No-autonomía. Lo que
provoca su dependencia de los avatares políticos que
no le permiten desarrollar una propuesta
suficientemente consolidada y duradera.
No-cogobierno. Que,
además de otros inconvenientes peores, tiene como
consecuencia el insuficiente desarrollo de las
instituciones de participación (que generalmente hay
sido desconocidas por los gobiernos de turno) y poca
experiencia de autogobierno.
Escasas o nulas
estructuras que posibiliten la investigación, y
discontinuo desarrollo de actividades académicas de
producción y postgrados.
Todo ello coadyuva
(junto con cuestiones conexas como la carencia de
escalafón propio, las remuneraciones insuficientes y
sobre la base de horas-aula, el no-reconocimiento
universitario de sus estudios, etc.) a problemas de
calidad. Que, a veces, se utilizan como coartada
para seguir manteniendo la formación docente en el
mismo tipo de estructura que es en gran parte
responsable de esos problemas de calidad,
generándose así un círculo vicioso que es
imprescindible romper.
Evolución de los últimos tiempos.
La tendencia al
desarrollo de investigación, postgrados y
producciones, ha sido fluctuante con marchas y
contramarchas. Aunque incipientes, hay esbozos
promisorios en estos campos.
La tendencia de los
últimos años ha profundizado la unidad de la
formación docente que acaba de cuajar en la
aprobación de un Plan nacional de formación
docente, empezando a superarse los efectos de un
proceso anterior fuertemente fragmentador.
Si bien el grado de
autonomía de la formación docente es muy limitado,
la tendencia ha sido a ampliarla dentro del marco
legal vigente.
Si bien la formación
docente no goza de cogobierno, se viene consolidando
una tendencia hacia mayores formas de participación
(sobre todo de los docentes: los órdenes estudiantil
y de egresados tienen todavía participación muy
insuficiente en sus estructuras de gobierno; y sus
funcionarios no la tienen).
Aspectos sustanciales
de una propuesta.
En la actual
circunstancia tiene sentido la propuesta sintetizada
en la introducción de estructurar la formación de
los docentes
en una institución
universitaria pública.
Lo sustantivo es:
a) integración de
otros servicios existentes o a crear.
b) Darle la
estructura de nivel universitario propia de nuestra
universidad pública (autonomía, cogobierno;
enseñanza, investigación y extensión; grado y
postgrado).
c) Desde ahí, habría
que promover: El desarrollo de la investigación
pedagógica, en estrecho vínculo y colaboración con
la ya existente (o integrando a ésta en una misma
institución).
El desarrollo de la
formación e investigación didácticas (ya iniciado)
El establecimiento de
relaciones estrechas con las instituciones de
investigación y producción de conocimiento en las
diversas disciplinas que se enseñan en nuestro
sistema educativo público, particularmente con los
institutos y facultades de la Universidad de la
República en que éstas se desarrollan.
El desarrollo
prioritario del perfeccionamiento de los docentes en
un marco de producción de conocimiento en el seno
del IPES.
La Asamblea
Técnico-Docente de Formación Docente (organismo
asesor que integra actualmente a la totalidad de los
profesores de ese subsistema de la ANEP) sostiene
esta propuesta con el nombre de Universidad
Nacional Autónoma de Educación, así como también lo
han hecho las autoridades actuales de la
Administración Nacional de Educación Pública. Más
allá del nombre y hasta de su precisa inserción
institucional[vii]
lo imperioso es crear por ley este tipo de
institución, incluyendo la previsión de
disposiciones transitorias que regulen el paso de la
institucionalidad actual a la nueva.
3. Modos inconvenientes de
institucionalizar la formación de docentes.
Hay
propuestas de organización de la formación docente
que no conservan alguna de las características
esenciales indicadas y por tanto resultan
inconvenientes. Podrían sintetizarse en:
a. Propuestas
basadas en la fragmentación de la estructura actual
de Formación Docente.
Se trata de ideas que
generalmente toman en cuenta una sola variable (por
ejemplo, la conveniencia de mejorar la formación
disciplinar de los profesores de educación media, o
la de descentralizar el sistema dando autonomía a
cada uno de sus institutos, o la de dar un
tratamiento distinto a la formación de profesores de
secundaria y a la de maestros de primaria) y, por
ende, varían considerablemente entre sí.[viii]
Los puntos en que coinciden consisten en: a) negar
la identidad profesional de la docencia; b)
desconocer la tradición y experiencia uruguaya en la
materia; c) destruir, en consecuencia, la estructura
actual (su carácter nacional o su carácter de
abarcar diversos niveles o especialidades); d)
reorganizarla en una estructura fragmentada
(localmente, por niveles o por especialidades), sin
características ni títulos universitarios.
Estas propuestas a
veces están motivadas en problemas y limitaciones
reales de nuestra formación docente actual cuya
superación es necesario encarar.[ix]
Pero, generalizadas, serían de efectos nefastos que
significarían un fuerte retroceso en la formación
docente del país.
En la actualidad
parece improbable que este tipo de ideas (que no han
logrado una propuesta articulada) forme parte de la
Ley de Educación en discusión. Sin embargo, en un
futuro no muy lejano podrían reverdecer.
b. Propuestas
basadas en mantener la formación de los docentes en
instituciones no autónomas.
Dos posiciones
diversas y hasta contrapuestas, formuladas
articuladamente por actores claves que se reclaman
herederos del Debate Educativo realizado en 2006 y
que culminara en el Congreso Nacional de Educación,
son: el
Proyecto
de Ley para la Educación
presentado por la Federación Nacional de Profesores
de Educación Secundaria (FENAPES), notoriamente
defensor de la autonomía de la educación respecto al
poder ejecutivo, y
el Anteproyecto de Ley
General de Educación del Ministerio de Educación
y Cultura (MEC),[x]
que reduce sensiblemente la autonomía de la
educación y amplía las atribuciones del MEC. Ambos
proyectos, sin embargo, coinciden en mantener la
formación de los docentes en instituciones no
autónomas, subordinadas a otras.
El Proyecto de
FENAPES,[xi]
mantiene la actual estructura unitaria de formación
docente, pero no la considera como ente autónomo,
sino que continúa sometiéndola a la dependencia
jerárquica de la ANEP.[xii]
Establece avances en lo que tiene que ver con la
integración cogobernada del Consejo de Formación
Docente y con la posibilidad de desarrollar
postgrados y actividades de investigación y
extensión.
La mencionada
dependencia jerárquica del Codicen implica otras
carencias de autonomía que se expresan
principalmente en la obligatoriedad de
coordinar todas las de formación, investigación y
extensión con los demás Consejos, en que sus títulos
no tendrán carácter universitario y estarán
sometidos a la homologación del Codicen de la ANEP.
Si bien este proyecto marca significativos avances,
es difícil encontrar razones e imaginar posibles
efectos positivos de las cortapisas que el Proyecto
impone a la formación de los docentes.
El Anteproyecto de
Ley General de Educación del MEC propone la creación
de un Instituto Universitario de Formación en
Educación (IUFE),[xiii] que
funcionará en la órbita de la ANEBG.[xiv]
Tendrá un Consejo Directivo integrado por 3
docentes, 2 estudiantes, 2 egresados, 3
representantes de otras instituciones[xv]
y un
Director General designado por el Poder Ejecutivo
(...) previa venia del Senado, que permanecerá en
su cargo hasta tanto haya sido designado quien vaya
a sucederlo.
Este Anteproyecto
también conserva la unidad de la formación docente y
además la ubica en el nivel universitario. Sin
embargo, el IUFE a) dependerá de un Consejo de nivel
inferior (Educación Básica y General); b) de su
Consejo Directivo participarán otras instituciones
públicas; c) su Director no será electo sino
designado por el poder ejecutivo, y específicamente
expuesto a las veleidades de la política partidaria,
que pueden llevar a la prolongación de su mandato
por tiempo indefinido.[xvi]
Esta falta de autonomía y esta curiosa organización
de su Consejo no son convenientes para una
institución universitaria pública.
La cuidadosa tutela
sobre la formación docente que este Anteproyecto
implica se agrava si se toma en cuenta que prevé
también que la reglamentación del IUFE sea
competencia del poder ejecutivo y que la elaboración
de una propuesta de estructura y funcionamiento del
mismo esté en manos de una comisión de trabajo,
integrada por delegados de la ANEBG, la UDELAR y del
MEC. Los órdenes involucrados en el nuevo Instituto,
no tendrían parte en su reglamentación que quedaría
también fuera de las atribuciones de su futuro
Consejo.
Ninguna de las dos
propuestas referidas incluye fundamentación o
exposición de motivos.
Parece ser que entre ellas,
que coinciden en mantener la formación de los
docentes unificada en una institución no autónoma,
se definirá la Ley de Educación. Conservo, sin
embargo, la esperanza que finalmente el Parlamento
institucionalice la formación de los docentes
tomando en cuenta todos los criterios mínimos que
aquí expongo.
Lo que está en juego
respecto a la formación de los docentes -en cuya
importancia clave todos los actores relevantes
parecen estar de acuerdo- es:
¿Destruiremos lo que
hay actualmente?
¿No nos atreveremos a
organizar la formación de los docentes en un nivel
universitario, superior, manteniéndola en espacios
limitados, coartados, inferiores?
¿Insistiremos en la
formación dependiente, no autónoma, no cogobenada,
tutorizada, de los docentes, aquellos que han de ser
profesionales en la formación de seres humanos que
querríamos autónomos, libres, críticos, creativos,
solidarios?
4. ¿Propuesta?
Ya
hay una propuesta: la de crear una institución
universitaria pública (con todas las características
que debe tener) para la formación de los docentes
sobre la base de los institutos que actualmente
están en la órbita de la Dirección Nacional de
Formación y Perfeccionamiento
Docente. La de darle todos los instrumentos que sean
necesarios (legal, académico, económico) para que
llegue a ser -en un plazo no demasiado extenso y
debidamente planificado con participación de todos
los actores- la institución universitaria para la
formación de los docentes que el país necesita.
¿A qué se debe que,
en general, se desconozca esta propuesta, que no
se argumente contra ella, que no se la someta a
discusión en serio, pese al apoyo que recibe de sus
actores? ¿A qué se debe que nuestra academia
no se remangue y se ponga a trabajar junto con los
actores de la formación de nuestros docentes para
enriquecer esta propuesta y colaborar en su puesta
en marcha exitosa? ¿ A qué se debe que, en cambio,
se presenten propuestas más o menos tímidas, débiles
e inconsistentes, y que se lo haga sin la debida
fundamentación?
No quisiera especular
aquí con probables respuestas a estas preguntas.
Pero sí indicar la tendencia a cierta necesidad de
tutelar (a la que hice referencia más arriba)
fundada en la desconfianza en los actores de
la formación docente: sus docentes, sus egresados,
sus estudiantes. Desconfianza que supone (y a veces
alega) la incapacidad o al menos la
inmadurez de esas personas de regirse a sí
mismas en instituciones cogobernadas y autónomas.
Hace más de dos siglos que el país forma
sistemáticamente a sus docentes en Institutos
especializados.
Pero se sigue
pensando que son inmaduros. Quizás por
razones fácticas: instituciones nacidas para la
formación de funcionarios del Estado;
isomórficas de los niveles educativos en que se
espera ejerzan sus egresados; en tensión irresuelta
con algunos servicios de nuestra Universidad. Yendo
un poco más a fondo podría entenderse que, aunque la
autonomía relativa de estas instituciones le
permitió durante décadas formar a los educadores de
nuestro país más allá de los avatares de la política
partidaria y establecer una diferencia positiva
respecto a otros sistemas educativos de la región,
su falta relativa de autonomía y su carencia de
cogobierno la mantuvo oprimida, condicionando
fuertemente las posibilidades de su desarrollo
propio.
Si así fuera, si
entre las causas de las carencias de nuestra
formación docente se contara su institucionalidad no
universitaria, no cogobernada, dependiente; si entre
las causas de sus defectos se contara el hecho de
haber sido y ser aún tutorizada, acotada,
limitada, topeada; entonces no sería lícito sino
iatrogénico mantenerla en ese estado de dependencia
so pretexto de liberarla de sus taras.
El problema de fondo
es que considerar inmadura la formación
docente condiciona seriamente las posibilidades
reales del desarrollo liberador de nuestra educación
en general. En efecto, si la formación docente fuera
considerada como incapaz de regirse por sí misma y
desarrollarse endógenamente (en diálogo creativo y
respetuoso, claro está con las otras instituciones
educativas y con la sociedad nacional y sus diversos
actores), entonces la plenitud de sus capacidades
dependería, no de su esfuerzo, sino de la obra
meritoria de tutores que la emanciparían
de su minoridad. En un futuro más o menos
lejano, esos mismos tutores dictaminarían -quizás-
el momento en que los estudiantes, egresados y
profesores de formación docente llegaran por fin a
ser considerados dignos de desarrollar enseñanza,
investigación y extensión, de grado y postgrado, en
una institución universitaria pública, autónoma y
cogobernada. Entonces proclamarían -quizás- que
están dadas las condiciones para que tal
autonomía no sea dañina (para el país, para el
gobierno o para la universidad pública...) Pero,
entre tanto, los tutorizados habrían
internalizado la creencia en su impotencia para
vivir sin tutela y la convicción en la necesidad de
tutores. Habrían aprendido a valorar positivamente
la dependencia y a renegar de la autonomía y la
libertad; habrían aprendido a ser tutores;
enseñarían oprimiendo, formarían en la
servidumbre voluntaria.
Quiero decir que hay
un serio problema en formar docentes en
instituciones no autónomas ni cogobernadas. Que eso
genera una espiral viciosa descendente difícil de
romper. Es que instituciones de educación superior
privadas de las características propias de las
universidades públicas, resultan medios aptos para
desarrollar actividades capacitadoras, más que de
formación; repetidoras, más que productoras de
conocimiento; moldeadoras de subjetividades
enseñantes dependientes, desprofesionalizadas;
adecuadas a su vez para conformar en sus futuros
discípulos subjetividades sumisas. La formación de
los docentes en instituciones dependientes y de
calidad topeada posibilita que toda nuestra
educación tienda a modelar seres humanos
dependientes y limitados.
¿Una propuesta
concreta? Sí, claro. La creación de un Grupo de
Trabajo de este Coloquio. Un grupo académico que
integre actores. Que se ponga a trabajar en la
concreción de esta propuesta. Un Grupo de Trabajo
que discuta, que produzca, que asesore...
¡Qué ilusión!
[i]
Cfr.: Langon, M.: Hacia una Universidad
Pedagógica Nacional, Exposición en la
Asamblea Técnico-Docente (ATD) Nacional de
Formación Docente, reunida en Termas del
Daymán, Salto, 5 de junio de 2006,
(disponible en
www.uruguaypiensa.org.uy;
Langon, M.: Una Universidad para la
formación docente, en: Brecha,
7/8/2006, (disponible en
http://www.lpp-uerj.net/olped/exibir_opiniao.asp?codnoticias=17066
); Langon, M.: Participación en
Mesa redonda y debate
Formación docente: Su lugar en el sistema
nacional de educación pública; ¿ terciaria
y/o universitaria?
[ii]
Definiciones de docente y enseñar según
el Diccionario de la Real Academia Española.
[iii]
Términos clásicos que habría que revisar. Al
menos el último -que fue discutido desde sus
propios inicios- hoy resulta inaceptable.
Puede verse una interesante propuesta al
respecto en la ponencia a este mismo
Coloquio de, Kaplún, G.: Rearticular la
Universidad.
[iv]
Nietzsche, F. La gaya ciencia, # 333.
[v]
Markarian, R.: Exposición en la Mesa
Redonda Formación docente; Su lugar en el
sistema Nacional de Educación Pública;
¿Terciaria o universitaria?. Unidad
Temática de Educación del Frente Amplio,
Montevideo, 22-06-07. En la misma ponencia
el autor considera que es suficiente ser
profesional en una disciplina para poder
formar enseñantes de esa disciplina, que a
su vez puedan enseñarla. También es
consciente de que habla desde su experiencia
de matemático que puede que me haga (...)
mirar bizco algunos problemas; y entiende
que en el juego de las visiones diferentes
es que se enriquecen las cosas.
[vi]
Sobre este punto puede verse en este mismo
coloquio la ponencia de Núñez, C. y Marrero,
J.: ¿Hacia una
Universidad Pedagógica?
[vii]
Desde hace tiempo se oye decir que esta
institución podría ser una parte (¿una
facultad?) de la Udelar. Sin embargo, no hay
ninguna propuesta articulada en ese sentido.
No veo razones para mantener la actual
situación de la formación docente,
consolidada en una ley, en espera de una
eventual solución de ese tipo. Por el
contrario, la tendencia existente de
disolver la FD en la UDELAR parece ser
dominante en el seno de esta última. Por eso
creo imprescindible que la ley actualmente
en discusión cree un organismo con las
características indicadas, con el nombre de
UNAE o el que correspondiere.
[viii]
Por ejemplo, en un artículo de prensa no
desmentido se informa que la Udelar entiende
que en los aspectos disciplinares, los
docentes de educación media deberían
formarse en lugares donde se investiga y
discute el conocimiento, en el supuesto que
tales son las Facultades de nuestra
Universidad. (Cfr. Porley, C.: Aprueban
plan nacional de formación docente; El
Codicen responde a los Cerp, Brecha,
Montevideo, 19-10-07). De acuerdo a esto, en
vez de procurar desarrollar la producción de
conocimiento en las instituciones de
formación de docentes, en estrecho vínculo y
colaboración con otros lugares, habría que
desmontar su estructura y disolverla en la
de la Udelar...
[ix]
Por ejemplo, es evidente que sería
importante que el estudiante de formación
docente tenga contacto asiduo con la
producción de conocimiento en el área del
saber en que enseñará. Una institución
universitaria de formación de docentes
debería tener en cuenta esa idea para
establecer puentes concretos en ese sentido.
Pero no parece razonable desestructurar la
formación docente, generando problemas
posiblemente insolubles en todos sus
aspectos y niveles, en función de esa idea.
[x]
Ambos documentos son accesibles en: La
onda digital,
www.laondadigital.com/ , respectivamente
en los números 361 y nº 360, ambos de
octubre de 2007.
[xi]
Este proyecto recoge un borrador realizado
por la Mesa del Congreso Nacional de
Educación Julio Castro, que se basa en las
resoluciones aprobadas por en el Plenario de
ese Congreso.
[xii]
La ANEP tendría menos atribuciones que la
actual y su Consejo Directivo Central
estaría integrado por representantes de los
distintos Consejos (entre otros el de
Formación Docente).
[xiii]
El MEC recoge la terminología propuesta por
la Comisión Sectorial de Educación de la
UDELAR, que se hace eco de la normativa que
rige los requisitos para la autorización
del funcionamiento de instituciones de
enseñanza terciaria universitaria privadas
(decretos 308/995 y 33/997, que reglamentan
el Decreto-Ley nº 15.661) y se distancia de
la designación actual como Institutos de
las entidades de formación docente de todo
el país.
[xiv]
Administración Nacional de Educación Básica
y General, organismo que
reemplaza a la ANEP, con importante merma en
sus atribuciones.
[xv]
UDELAR, ANEGB e INAU.
[xvi]
Situación que actualmente ocurre con otros
organismos públicos que mantienen
indefinidamente su constitución al no
lograrse acuerdos del Senado en sus
sucesores.
LA
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