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El agua, recurso vital
de las civilizaciones
por el profesor Bernardo
Quagliotti de Bellis
En la
reciente Cumbre Iberoamericana el presidente del
gobierno español José Luís Rodríguez Zapatero
expuso la preocupación de su gobierno sobre el tema
del Agua como preocupación de los estados y naciones
contemporáneas. Es del caso recordar que la
Universitat de Valencia editara en su revista
Contrastes (Nº 34) dedicada a las culturas
fluviales mediterráneas, un artículo de nuestro
columnista Bernardo Quagliotti de Bellis, referido a
estos temas que en sus aspectos fundamentales
reproducimos a continuación.
La
problemática hídrica se presenta como el punto
prioritario en la agenda social y económica del
siglo XXI. Mi análisis parte de una visión
geopolítica, tratando de enfocar, brevemente, los
tópicos más destacados de problemas relacionados con
el agua, uno de los más importantes factores de la
naturaleza que permitieron el crecimiento
sustentable de grupos humanos que, en un proceso
secular de migraciones en procura de mejores
condicionantes para la vida y desarrollo, fueron
conformando el mundo actual. A través de la historia
del agua, tanto de superficie como la de los mares y
océanos, se puede comprender cómo las diversas
civilizaciones alcanzaron el desarrollo de culturas
hídricas más avanzadas. El ingeniero hidrólogo
Fernández Jáuregui -experto de Naciones Unidas-
afirma sobre el tema; El acceso al agua se ha
convertido desde la más remota antigüedad en una
fuente de poder o en la manzana de la discordia que
ha originado granes conflictos.
En
opinión de la Comisión Mundial del Agua, los
escenarios posibles de crisis son tres:
Primer escenario:
el desarrollo mundial será positivo durante el
período 2005-2015 por cuanto la demanda de agua se
incrementará con el crecimiento de la población;
pero al final de ese período el sistema hídrico
devendrá cada vez más vulnerable debido al
incremento de la escasez, la contaminación con sus
problemas concomitantes, temas que no están
resueltos.
Segundo escenario:
Cobra importancia el factor económico y la difusión
y aplicación de tecnologías, que ayudarán a dar
soluciones a problemas de salud y seguridad
alimentaria, entre otros.
Tercer escenario:
Estará centrados en el rescate de los valores
humanos, el fortalecimiento de la cooperación
internacional -otorgando gran énfasis en la
educación referida al agua- y un incremento de
solidaridad con cambios de comportamientos y estilos
de vida en los pueblos del planeta.
Revalorización geopolítica y neoeconómica
Asia
tiene el 60% de la población mundial y sólo el 36%
del recurso hídrico. Europa posee el 13% de
población y el 8% del recurso agua. En África reside
el 13% de la población mundial y cuenta con el 36%
del recurso agua. Las Américas (Norte-Central-Sur)
con el 14% de la población mundial, disfruta del
41% del recurso en cuestión. De esta cifra, a
América del Sur le pertenece el 26%.
En la
Cumbre Mundial contra el Hambre (Roma/2001) se
destacó la gravísima escasez de agua potable que
padecen 1.500 millones de personas y que podría
afectar al doble de esa cantidad en el 2005, por lo
cual las ONG´S presentes en dicho foro solicitaron
que el acceso a los recursos hídrico sea considerado
como un bien común de la humanidad.
Lamentablemente este punto no fue aprobado, como así
mismo el derecho de todos los humanos a los
alimentos, dado que ambos fueron rechazados por los
Estados Unidos, por temor a hipotéticas acciones
judiciales.
Otro
hecho similar ocurrió en el Foro Mundial del Agua
desarrollado en La Haya, cuando las
naciones-potencias, en comunión con el Banco Mundial
y las grandes empresas del mercado de venta de agua
(Nestlé, Danone y las distribuidoras Biwater, Thames
Water, Suez-Lyonnaise des Eaux, Vivendi, Saur
Bouygues, entre otras- se opusieron a que el acceso
al agua fuera inscrito en la Declaración Final
como un derecho humano.
El
italiano Ricardo Petrella -autor del Manifiesto
del agua en una fuerte y justa posición, bregó
en dicho foro por un contrato mundial del agua que
parte de un conjunto de principios básicos:
1) El
agua es fuente de vida y como tal es un bien común:
no pertenece a los países sino al conjunto de la
sociedad planetaria.
2) El
acceso al agua es un derecho no sujeto a discusión
alguna.
3) La
responsabilidad del acceso es colectiva. Son las
comunidades públicas las que deben gestionarse,
porque el llamado stress hídrico, no sólo
afecta a las reservas acuíferas de superficie sino
también a sus grandes reguladoras, las subterráneas,
que almacenan casi la totalidad del agua dulce en
estado líquido.
Agua
como factor estratégico
Para
las grandes empresas de los países industrializados,
el control de los espacios geopolíticos de cualquier
parte del planeta donde se encuentran grandes
reservas de recursos estratégicos como el agua dulce
(en América del Sur el acuífero Guaraní, el Raigón,
la Amazonia, la Patagonia argentina, la confluencia
fluvial de la denominada Triple Frontera, el lago
Titicaca, entre las principales fuentes; se
presentan como, ,áreas de alto valor económico y
geopolítico pues -y lo reitero- los denominados
zares del agua dulce- han fijado su objetivo en
controlar, explotar y administrar dicho recurso como
loa hecho otros zares en las áreas petrolíferas y
de gas natural, que en mucho casos se encuentran en
extensas zonas que guardan, a su vez, gran reserva
hídrica como es el caso de los territorios de
Oriente Cercano.
Por
tanto, la temida escasez de agua dulce se presenta
en nuestros días como una cuestión estratégica al
igual que en ciertos periodos históricos fue
utilizada como un arma de enfrentamiento. Recuerdos
dos claros ejemplos en tal sentido: por el año 2500
A.C, los estados sumerianos de Lagash y Umma
mantuvieron una larga disputa por el control y uso
del agua del Tigris y del Eúfrates. En el siglo XVI
Maquiavelo y el ilustre Leonardo da Vinci alentaron
la decisión geopolítica en desviar el río Arno para
dejar desabastecida a la ciudad de Pisa con la que
Florencia se encontraba en guerra.
Ya más
cerca de nuestro tiempo, Israel pretendió desviar
las aguas del Jordán -entre otros, motivo del
conflicto árabe-israelí- aunque tal actitud no
alcanzó, felizmente, graves consecuencias. En
América del Sur, Chile y Bolivia se enfrentaron
diplomáticamente por las aguas del río Laucsa para
irrigar parte del desierto de Atacama. Ecuador y
Perú en su zona fronteriza por el río Cenepa. En la
cuenca del Plata tuvo lugar una fuerte controversia
-mantenida por largo tiempo- respecto a los ríos
internacionales limítrofes de curso sucesivo a raíz
de la construcción de la represa de Itaipú y el
desvío de afluentes del Alto Paraná (río Tieté) con
el propósito de navegación, irrigación de campos y
construcción de represas por parte de Brasil.
Tales
situaciones provocan una revalorización geopolítica
y neoeconómica de ciertas zonas del planeta que es
acompañada también en cuanto a sus dimensiones
culturales, sociales y políticas, fundamentalmente
alimentarias. El futuro es incierto.
El
Atlas de Acuerdos Internacionales sobre agua
potable, elaborado por Naciones Unidas, identifica
18 puntos de conflicto entre 158 cuencas fluviales
de las 261 que con conocidas en el mundo.
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