|
Leones por corderos
La guerra en Afganistán y los
debates de una sociedad
por Oribe Irigoyen

A veces ocurre, no
son muchas, pero son. Hollywood puede convertirse en
un lúcido testigo de la historia, alcanzar la
responsabilidad temática y exponerla a través del
sistema industrial de estrellas para llegar al éxito
popular y tratar de convencer a mucha gente,
olvidándose de su habitual maquinaria maceradota de
neuronas y de la resabida coartada de ser sólo una
industria del entretenimiento a la que no hay que
pedirle peras artísticas. Es lo que acontece con la
producción de Leones por corderos ( Lions for
Lambs, 2007 ). Importa la aclaración anecdótica de
la procedencia del llamativo cuando no enigmático
título de la película, similar en el original inglés
y en español. Parece que el concepto surgió durante
la 1ª Guerra Mundial, en la cual los alemanes,
admirados del coraje y sacrificio de los soldados
ingleses, decían luchaban como leones dirigidos por
corderos.
Cierto, la película
posee un carácter ambiguo, la
presencia en su elenco de Meryl Streep, Tom
Cruise y Robert Redford, astros taquilleros, le
dan la apariencia de una típica producción de
Hollywood, pero no lo es. Se trata de cine
independiente, por sus ambiciones temáticas y bajos
costos de realización, encarado por Robert Redford
quien asume la triple labor de producir, dirigir y
actuar en él. Luego ser un consagrado astro de
Hollywood, Redford debuta en 1980 como realizador de
Gente como uno ( Ordinary People ), película
ganadora del Oscar, dirige diversos films, funda el
Instituto Sundance, decisivo en su apoyo al cine
independiente, pero también ha desarrollado una
actividad política y cívica que lo ubican como una
de las personalidades más progresistas de la Meca
del cine y sus alrededores comunitarios, junto a
otros colegas, Tim Burton, Susan Sarandon, Sean Penn,
George Clooney, etc. Consecuente opositor al
gobierno de George W. Bush y sus aventuras
belicistas en Irak, esa postura se refleja en
Leones por corderos , aunque la película apunte a
la guerra en Afganistán.
Debate en dos
escenarios
A partir de un guión
muy pensado y fértil conceptualmente de Matthew
Michael Carnahan, Robert Redford desarrolla la
narración de la película en tres escenarios cuya
acción transcurre simultáneamente, pero que se
alternan en las secuencias del film. En el primero,
todo transcurre en Washington en la oficina de un
joven senador ( Tom Cruise ), quien concede una
entrevista exclusiva de una hora a una veterana
periodista televisiva ( Meryl Streep ), para
comunicarle una primicia absoluta de una nueva
estrategia militar en la lucha antiterrorista de
Afganistán. La periodista es una vieja conocida del
senador, aunque ella no oculta sus simpatías por el
Partido Demócrata y el político es republicano, lo
admira y lo considera una de las figuras más
promisorias de la élite política, e incluso ha
impulsado su carrera. En la entrevista se suscita un
ardiente debate desde posiciones opuestas, acerca de
la guerra, estrategias militares, fracasos bélicos
del pasado, etc. En el mismo aparecen desarrollados
una amplia gama de temas que inquietan al pueblo
estadounidense actual, pero también surgen grietas
en la conversación, el senador aparece muy
persuasivo y contundente en sus posiciones
belicistas, la periodista sospecha ser objeto de una
posible manipulación o maniobra seductora por parte
de un político ambicioso y audaz.
De modo simultáneo,
en una universidad, un veterano profesor de ciencias
políticas ( Robert Redford ) recibe en su despacho a
uno de sus alumnos ( Andrew Garfield ). El profesor,
idealista ex combatiente de Vietnam, tiene la tarea
de seleccionar a los estudiantes más destacados y
brillantes para integrar en el futuro la clase
dirigente de la nación y la cita con su alumno está
motivada por esa tarea y porque el citado ha
desilusionado al tutor político. Este provoca una
discusión en torno a la responsabilidad civil y
política de todo ciudadano de acuerdo al lugar que
ocupa en la sociedad y a la capacidad que posee,
reprocha al alumno brillante su ausencia de
idealismo, su falta de rebeldía juvenil y de interés
político. El alumno, con ideas muy precisas y pasión
argumentadora defiende su indiferencia política,
conformismo social e interés materialista.
Escenario de
concreción
El tercer escenario
es explícitamente bélico y parece ser el resultado
concreto de aquellos debates. Transcurre en
Afganistán de modo simultáneo, su tema se vincula a
los escenarios anteriores de modo peculiar, tiene de
protagonistas a dos soldados ( Derek Luke y Michael
Peña ), una afroamericano, latino el otro,
respectivamente, que simbolizan o expresan la
inserción en la temática del film de las dos
minorías más significativas de Estados Unidos. Ellos
son amigos y condiscípulos, ex alumnos del profesor
e integrantes de la futura élite política
seleccionada por él en virtud de sus capacidades
intelectuales y del propio esfuerzo hecho para ser
distinguidos, que se han ofrecido como voluntarios
de guerra por razones que la película luego aclara.
Ambos han sido lanzados en paracaídas sobre las
montañas heladas y solitarias de Afganistán en una
misión secreta, pero son atacados desde las sombras
por el ejército invisible de los talibanes, corren
peligro de ser exterminados, llaman por ayuda al
ejército norteamericano quien envía bombarderos y
helicópteros en su socorro.
Los dos debates y la
acción bélica tienen su telón de cierre cuando la
periodista pregunta al senador acerca de cuándo va a
comenzar la nueva estrategia bélica y él le
responde: Desde hace diez minutos. Se desarrolla
luego una suerte de coda de la película, que incluye
a la periodista apesadumbrada en una recorrida en
taxi por la ciudad de Washington, el desfile de
emblemáticos edificios públicos, una larga serie de
cruces en tierra del cementerio oficial destinado a
los soldados caídos en combate escena de imponente
silencio y la más lograda cinematográficamente -,
que antecede a un pequeño pero significativo debate
final en el canal televisivo entre la periodista y
su jefe o productor ( Meter Berg ) acerca de la
responsabilidad ética y periodística de aprovechar o
no la primicia, el temor a ser manipulados por un
político ambicioso. La sugestiva imagen final de un
televisor informando del comienzo de una nueva
estrategia bélica concluye la película embargando al
espectador en particulares reflexiones, si ha tenido
la tolerancia de no dejarse amilanar por el exceso
de palabras.
Oír para entender
Actores reunidos en
parejas con abundantes diálogos, dilucidando el
drama en interiores cerrados por cuatro paredes o en
un escueto socavón de exteriores en escenas bélicas
cribadas de ráfagas de ametralladora que van y
vienen pero con sólo dos personajes, marcan la
índole del film como producción barata en términos
económicos de Hollywood, pero apuntan así mismo
hacia un criterio de realización que no distraiga al
espectador y se concentre en la importancia de un
tema cuyo contenido está resuelto a través de
debates explícitos, de muy abundantes diálogos,
acaso en diversos momentos excedidos en su carácter
didáctico o didascálico, si se tolera la
reiteración, algo faltos de emoción o énfasis
dramáticos. Es que el guión de Matthew Michael
Carnahan no sólo juega un papel determinante y hasta
excluyente en la realización de la película, es
también fértil e inteligente para sintetizar
numerosos aspectos temáticos de la actualidad social
estadounidense, más allá de debilidades discursivas.
Robert Redford, por
su parte en su calidad de productor y director del
film, habrá podado o no tanta conversación, pero
apuesta de todos modos a las palabras como
fundamental instrumento expresivo del drama, que
resuelve en buenos y sencillos ingredientes visuales
para hacer más comunicables las complejidades de la
política y de la vida social de los Estados Unidos
de hoy. Cuenta para tan arriesgada propuesta a ser
debatida por el gran público, con grandes
intérpretes y a la vez estrellas de gran arraigo
popular quienes cumplen con total solvencia con las
exigencias de sus papeles.
LA
ONDA®
DIGITAL |
|