Gobierno popular y formas
de propiedad sobre el capital
por el ingeniero Gonzalo Pereira

Me invitaron a participar con ustedes como integrante del mundo académico, ex- decano, etc. Pero no es lo que marcó mi vida; les pido que me consideren un militante en la política nacional durante más de 40 años. En todo caso como universitario comunista, pues la caída del campo socialista no me separa del ideal de una nueva sociedad sino de la forma en que la imaginábamos antes del derrumbe.

 

Encarar las “formas de la propiedad” es un serio desafío. Los más viejos saben que no es un asunto de datos estadísticos sino un asunto conceptual vinculado, nada menos, que a las tareas de las fuerzas del cambio. Porque no podemos eludir la gran cuestión: las diversas formas de propiedad sobre el capital en el Uruguay actual, ¿son un impulso o un freno al desarrollo de las fuerzas productivas? Son cuestiones vinculadas a problemas profundos de la realidad actual. Y uno de ellos, que toco al pasar, es la desmoralización de sectores de las fuerzas del progreso evidenciada por el reciente texto autocrítico en la preparación del Congreso del FA. No hay que ser un lince para percibir que las dudas sobre las tareas del gobierno conquistado son el principal elemento de confusión o decepción de una parte de la militancia que luchó durante décadas para ganar el gobierno. Casi se puede oír el pensamiento susurrado: ¿para qué tanto sacrificio?, ¿para bajar $2 el boleto? La sociedad del pan y de las rosas ¿para cuándo?, ¿el hombre nuevo es una utopía inalcanzable?

 

¿Quién no ha escuchado las críticas del movimiento obrero al gobierno en el terreno de la política laboral y la política económica? A veces son más intensas que las de la oposición. Y refieren a las formas de la propiedad sobre los medios de producción. O sobre su evolución. Son cuestiones muy pesadas sobre las que da miedo decir cosas. Pero acepté por el recuerdo de Argüello, mi querido profesor de historia económica mexicana, hoy fallecido: cuando un estudiante del postgrado le pedía que le aclarara una duda, él, siempre con sonrisa irónica decía “con mucho gusto, las dudas serán ampliadas”. Encontrar la pregunta acertada es resolver la mitad del problema. Acepté porque me siento participante de una búsqueda colectiva ineludible.

 

1 Hace 50 años…

… se procuraba definir las tareas de la revolución uruguaya. El enfoque marxista indicaba la necesidad de identificar la contradicción fundamental de nuestra sociedad concreta y las relaciones sociales de producción, es decir las formas de la propiedad sobre los medios de producción y de cambio responsables de trabar el desarrollo de las fuerzas productivas de Uruguay. Y a partir de allí, definir las fuerzas sociales motrices de los cambios.

 

Uruguay, indudablemente una sociedad capitalista, mostraba hacia fines de los años 50´ índices claros de traba a las fuerzas productivas y una aplicación automática del esquema debería responsabilizar al capital como la relación social que debía ser cambiada por otra relación social, la única que se sabía alternativa: la propiedad social sobre los medios de producción. Pero, ¡oh sorpresa!, el PC, la principal fuerza de izquierda hacia fines de los años 50´, la que reclamaba para sí la representación política de la clase obrera, la más influyente en el movimiento organizado de los trabajadores, la que debía ser más consecuente tal método, la que debía proclamar lo que parecía obvio: la necesidad de un programa socialista, sostuvo en 1958 otra cosa: la relación social responsable del subdesarrollo no era el capitalismo sino la dependencia del imperialismo y el latifundio. Por tanto, la revolución era agraria y antiimperialista; y sus tareas eran liberadoras y democráticas[i].

 

Con el tiempo supe que no era una originalidad completa[ii] (ver Puigróss en Argentina, de los últimos libros fichados, subrayado). Pero sí lo era en Uruguay. Y de enorme trascendencia pues identificaba fuerzas sociales tan amplias interesadas en la transformación que daba pie a ¡construir la unidad política de la mayoría de los uruguayos! Una tarea que parecía imposible para una izquierda minúscula frente a partidos tradicionales que mostraban un sólido apoyo electoral… pero no voy a introducir ese aspecto interesantísimo pues lo que ahora interesa es otra cuestión.

 

Luego de casi 50 años necesarios para construir la unidad política y lograr el gobierno por mayoría absoluta, ¿podemos sostener un análisis idéntico sobre los cambios de propiedad que medio siglo atrás? No, pues olvidaríamos la enseñanza que nos dejó ese enfoque: la identificación de las tareas de la revolución es imposible mediante la aplicación de un esquema general y rígido pues se requiere un análisis concreto de la sociedad. En los años 50´, ante una sociedad capitalista en conflicto no se proclamó: ¡socialismo! Se trató de ver sus principales contradicciones y la forma de propiedad que se planteó eliminar por ser una traba al desarrollo de las fuerzas productivas fue el latifundio.

 

Si algo aprendimos del método no deberíamos sostener lo mismo que hace 50 años sin observar los cambios sísmicos sucedidos[iii]: la desaparición de la URSS y la sustitución del mundo bipolar por la hegemonía absoluta de los EE.UU. en el terreno económico y militar; la revolución científico técnica; la inmensa acumulación mundial de capital y la globalización, etc., etc. Son terremotos cuyos efectos sobre las tareas de las fuerzas del cambio de cada país requieren de estudios colectivos fuera de mi alcance. De manera que intentaré una aproximación a las consecuencias de los cambios sucedidos sobre algunas cuestiones vinculadas a la propiedad sobre medios de producción: a) lo que se denominó la  “tarea democrática” de la revolución uruguaya, es decir, la “erradicación del latifundio”; b) la propiedad privada sobre los medios nativos de producción, c) Extranjerización de la propiedad sobre medios de producción, d) Cambios en la apropiación de la plusvalía nacional, e) La gestión de los medios de producción públicos, f) el control imperial sobre los países subdesarrollados mediante la propiedad sobre los principales medios mundiales de producción.

 

1La erradicación del latifundio

La Declaración Programática del año 1958 del PC antes citada caracterizó como la principal “tarea democrática” de la revolución uruguaya a la “erradicación del latifundio”, herencia colonial que trababa el desarrollo rural del país. También lo sostuvo el Congreso del Pueblo y las Bases Programáticas del Frente Amplio del año 1971: “La reforma agraria erradicará el latifundio y el minifundio, sustituyéndolos por un sistema justo de tenencia y explotación de la tierra”.

 

Pero con el tiempo ocurrieron cambios en el programa político: el primer Congreso del Frente Amplio aprobó en 1987 una propuesta para el agro mediante “… formación de nuevas unidades viables en las áreas de agricultura familiar pobre;… defensa de la agricultura familiar de mediana dimensión, promoviendo agrupaciones… Dinamización del proceso tecnológico... Industrialización del agro…”. Pero  nada decía sobre “eliminar la traba histórica del latifundio”. Además sostenía: “… es preciso perfilar con claridad la propuesta programática frenteamplista… con propuestas viables y concretas para los problemas actuales…” Y en el discurso inaugural del Congreso, Seregni convocaba a: “… examinar la realidad, si no se comprende la realidad, mal se puede intentar cambiarla”.

La Plataforma Electoral del Frente Amplio del año 1989 relativizó la “erradicación del latifundio” señalando “…apoyará a aquellos productores que con sus explotaciones de menos de 1000 hectáreas representan la inmensa mayoría de los predios ganaderos” y “Las tierras con baja productividad de más de 2500 hectáreas… serán utilizadas para nuevos planes de colonización”.

 

Varios años más adelante y seguramente siguiendo las recomendaciones de Seregni citadas arriba, el Congreso Extraordinario del Frente Amplio en 1994 planteó 10 páginas de propuestas concretas. Pero nada sobre “eliminar el latifundio”. No se deben reclamar al gobierno del FA acciones para eliminar al latifundio pues no estaban propuestas. Sin embargo, la cuestión es: ¿Por qué el programa de la izquierda cambió?

 

Es comprensible un bajón de ánimo de un frenteamplista que piense que se adecuó el programa para ampliar las alianzas políticas e incorporar nuevos sectores sociales, incluyendo productores rurales nada pequeños. Más aún si se lo atribuye a un ablandamiento del compromiso transformador. Por eso nos debemos, en particular con ellos, una reflexión que tome en cuenta los nuevos elementos económicos, sociales y políticos que aconsejaron los cambios del Programa:

 

En lo económico: aunque de manera lenta, no deja de desarrollarse la acumulación de capital rural mediante la conversión del latifundio heredado de la colonia española hacia estancias capitalistas, con mano de obra asalariada y guiadas por la maximización de la ganancia, casi exclusivamente ganaderas de cara al mercado de exportación. También en la agricultura extensiva, sobre todo del litoral oeste, con una fuerte tecnificación obligada por la competencia que marginó miles de pequeños y medianos productores. Lo mismo ocurrió en la producción lechera, la producción arrocera y otras actividades rurales. La sobrevivencia económica de las explotaciones agropecuarias requirió cada vez más superficie, más equipos, más tecnología; en síntesis: mayor capital agrícola. Muchos lo lograron, quienes no, emigraron a la ciudad como expresión nativa del fenómeno mundial. Pero en nuestro caso agudizó el histórico vacío poblacional del campo y cambió la sociedad rural.

 

En lo social: la población rural bajó de 390 mil personas en 1961 a 188 mil en el año 2000. Y en éste conjunto que permanece en campaña aumenta el peso relativo de los propietarios y disminuye el de los “pobres del campo”. Se va consolidando así un escenario social inverso al de países como Rusia y México, donde masas inmensas de campesinos llevaron adelante luchas exitosas – y sangrientas - por la tierra.

 

Y el desarrollo del capitalismo agrario nativo orientó prácticamente toda la producción al mercado, a la venta; casi no persisten predios que sobrevivan mediante autoconsumo. La producción agropecuaria solo permite vivir si logra la competitividad antes indicada, cosa que sabe la población rural. Prácticamente no existe, salvo en la lechería, un movimiento social que reclame tierra pues está a la vista la ruina de los pequeños agricultores, en particular los colonos.

 

Y tampoco existen sectores urbanos dispuestos a repoblar el campo; que yo sepa, salvo una excepción mundial que no toco aquí, no hay condiciones para una marcha atrás de la urbanización. Las más importantes movilizaciones de la población rural como el paro cívico contra la dictadura en 1983 y la gran manifestación en Montevideo de abril de 2002 no fueron por reclamo de tierras sino por problemas ligados a su peripecia debida al atraso cambiario ocurrido en ambos momentos y sus consecuencias sobre el endeudamiento rural[iv].

 

La “eliminación del latifundio” es imposible sin una gran población rural que reclame tierras. Tal cosa no sucede en Uruguay.

 

En lo político: la derrota de la dictadura abrió un periodo histórico novedoso, con imposibilidad de impedir la llegada al gobierno de fuerzas de izquierda y progresistas triunfantes en elecciones. Cabe la esperanza que en adelante la Constitución Nacional sea respetada por todos. Incluyendo sus Artículos 7 y 32 que establecen el derecho a la propiedad privada. Hoy, “eliminar la traba histórica del latifundio” con cumplimiento de la Constitución significa la compra de tierras de tal carácter por parte del estado. El valor de los campos de más de 2.5 mil hectáreas es del orden de 8 mil millones de dólares. ¿Está dispuesto el pueblo uruguayo a pagar impuestos dirigidos a tal fin? Y sobre todo: ¿actualmente tenemos certeza que la distribución de tierras ganaderas mejoraría las condiciones tecnológicas, de productividad, de empleo y de vida en el campo?[v] Creo que no, salvo las tierras aplicables al redimensionamiento de tamberos pequeños, tarea que está siendo encarada por el gobierno del FA mediante novedosas acciones de financiamiento.

 

En síntesis: los mayores cambios sobre la realidad social de la propiedad sobre la tierra refieren a la reducción de la población que puede aspirar a ella; y la población rural se ha movilizado por problemas diferentes. El avance del desarrollo del capitalismo agrario por la transformación del latifundio heredado de la colonia (vía prusiana) cerró el camino a vías alternativas más deseables y rápidas (como la vía norteamericana o “farmer”, en el análisis de Lenin). Cuando avanza una forma de desarrollo del capitalismo en el campo se reduce la posibilidad de otra alternativa.

 

El programa del Frente Amplio no “retrocedió” sino que registró las nuevas condiciones del campo y del país: no debe existir desmoralización por cambiar el pensamiento viejo por el que corresponde a un nuevo momento histórico.

 

Las tareas de impulso a la producción agropecuaria y de apoyo a la mayoría de la población rural, sobre todo la más desvalida, no pasan por modificar la propiedad de grandes extensiones de tierra sino por otros andariveles que aquí no es momento de tratar.

 

1) La propiedad sobre medios nativos de producción y de cambio

La ya citada Declaración Programática del Partido Comunista del año 1958 sostuvo: “La propiedad de los industriales y comerciantes nacionales que no conspiren contra el poder popular, será respetada y defendida por la ley”. Bastante sorprendente para quien pensara que un partido comunista debía proponer la socialización de los medios de producción. Sin embargo había definiciones de cambios sobre la propiedad pues el gobierno popular “nacionalizará las empresas, bancos, capitales, tierras, plantaciones pertenecientes a los monopolios extranjeros…”

 

Las Bases Programáticas del Frente Amplio del año 1971 proponían la “Nacionalización de la banca, de los grandes monopolios y de los rubros esenciales del comercio exterior para sustraerlos a la usura y a la especulación, eliminar grupos de poder nacionales y extranjeros, y poner el ahorro interno, el crédito y las divisas al servicio del desarrollo nacional”

 

La Plataforma Electoral del Frente Amplio del año 1989 indicaba “Para consolidar la democracia es necesario que la Constitución de la República tenga plena vigencia, que se respeten y protejan todos los derechos humanos consagrados por esa Constitución…” (recordemos que entre ellos figura el derecho de propiedad privada en los Art. 7 y 32 antes mencionados). Y proponía “… la participación del Estado a través de empresas públicas, particularmente en a) actividades estratégicas para el desarrollo, b) en las de gran impacto redistributivo, c) en aquellas que por su riesgo o baja rentabilidad no sean asumidas por el sector privado…. y d) en aquellos sectores en que la existencia de concentración monopólica privada impida alcanzar los objetivos…“.

 

Ya casi en el presente, el IV Congreso Extraordinario del Frente Amplio aprobó los Grandes Lineamientos Programáticos 2005-2009 (que sería el programa del actual gobierno) donde no figuran la estatización de empresas, ni siquiera de los monopolios.

 

¿A qué se deben las modificaciones del programa político de las fuerzas progresistas en lo referido a la propiedad sobre los medios de producción?

 

Una parte de la respuesta, creo que la principal, radica en los cambios sucedidos en el mundo y en nuestro país. Veamos algunos de los más importantes que se vinculan al tema de hoy:

 

La caída del campo socialista

La implosión de la URSS y del sistema socialista tuvo múltiples causas (sobre las que los análisis disponibles no son nada satisfactorios) y otras tantas consecuencias. Quizás el mayor dolor para quienes defendíamos el “socialismo real” haya sido la comprobación que el derrumbe se produjo sin apoyo de obreros y campesinos, los que se suponía eran los más beneficiados por el sistema. Cuando los soviéticos pudieron elegir, optaron por otra cosa. Y lo siguen haciendo…El retorno al capitalismo abarcó a cientos de millones de personas y de él se desprenden algunas consecuencias que tienen que ver con nuestro tema de hoy. Una de ellas, que no desarrollaremos, corresponde al nuevo escenario político mundial, con un mundo unipolar con hegemonía de los EE.UU. en el plano económico y sobre todo, el militar.

 

Además, la desaparición del socialismo trajo una serie de realidades y enseñanzas que paso a tratar. 

 

Cuestionamiento de la propiedad estatal sobre los medios de producción.

 

Muchos de nosotros creímos por décadas que la propiedad estatal de los medios de producción era la manera de concretar la propiedad social de los medios de producción. Y significaba la superación de las relaciones capitalistas de producción. No lo sostuvo Marx en ninguna de sus obras que yo conozca pero lo considerábamos una verdad indiscutible: era el “socialismo real”.

 

Y la propiedad estatal sobre los medios de producción fue también la base material para la emulación económica entre capitalismo y socialismo en la que éste – suponíamos - demostraría su superioridad. Pero la emulación económica no caminó en la dirección esperada, al contrario. Si bien la carrera armamentista impuesta a la URSS por los EE.UU. jugó su papel, la esencia de la cuestión es que la propiedad estatal de los medios de producción, a determinada altura del desarrollo económico de la URSS (también de la RDA, etc.), se manifestó  incapaz de impulsar la tecnología y la productividad del trabajo.

 

El capitalismo lo logró en mucha mayor medida mediante la búsqueda de la ganancia y la rentabilidad.

 

Después de tal comprobación, pocos creen ya que socialización de los medios de producción sea lo mismo que estatización de los medios de producción. Sin embargo, cuesta asumir que cayó el paradigma de tal forma de propiedad social sobre los medios de producción y es frecuente encontrar compañeros que creen que toda estatización es un progreso social, un avance al socialismo, y que la expansión de las empresas del estado es una cuestión de principios.

 

El programa de transformaciones del Frente Amplio no dejó de registrar el fracaso de la propiedad estatal de los medios de producción en los países del ex campo socialista (aquí debo advertir sobre la posible confusión entre estatización de medios de producción y nacionalización ante situaciones de propiedad extranjera, tema que considero más adelante).

 

El derrumbe del “socialismo real” significa que no es posible plantear la posibilidad de un rápido tránsito de la fase liberadora a la fase socialista por una cuestión de correlación de fuerzas internacionales. Pero más importante aún es registrar nuestra incapacidad de proponer otra forma de propiedad social sobre medios de producción que no sea la fracasada propiedad estatal. Y aún más grave es la insuficiente toma de conciencia sobre nuestra ignorancia sobre el punto: aquí no vale agitar consignas ni planteos genéricos sobre las bondades de la propiedad cooperativa.

 

Cuestionamiento de la explotación de la tierra mediante empresas estatales

 

La identificación entre propiedad estatal y progreso social abarcó en el pensamiento de la izquierda también a la producción agropecuaria. La Declaración Programática del Partido Comunista del año 1958 antes citada proponía la estatización de los latifundios más tecnificados, en lugar de su reparto a los pequeños y medianos productores. Sobre el punto vale verificar que la derrota de la URSS en su emulación económica frente a los EE.UU. incluyó a la producción agropecuaria: las dificultades para el progreso técnico en koljoses y sovjoses  también se hicieron evidentes, sobre todo en el contraste con la agricultura norteamericana. Lo cual ha incidido para que no existan reclamos al gobierno del Frente Amplio en el sentido de impulsar explotaciones agropecuarias de propiedad estatal u organizadas por el estado.

 

Cuestionamiento a la planificación económica

Hasta pocas décadas teníamos por verdad indiscutible las virtudes de la planificación, al punto que las Bases Programáticas del FA del año 1971 sostenían: “Planificación nacional independiente de la economía, con objetivos sociales… En el sector privado, ella será fuertemente indicativa”.

 

El fracaso de la propiedad estatal sobre los medios de producción como forma de propiedad social no podía dejar de afectar al paradigma de la planificación económica apoyado en ella: la manera de utilizar los medios de producción en la URSS, con una planificación completa de qué y cuánto produce cada empresa, cómo lo hace, el precio que vende su producción, a cuánto paga sus insumos, incluyendo la mano de obra. Etc., etc. La planificación abarcativa cayó por su peso y no hay expresiones de ese tipo en el Programa del Frente Amplio.

 

Sin embargo no son pocos los compañeros que añoran el paradigma caído.

           

a) Sucesivas crisis de la banca uruguaya con magnitud creciente

La banca fue identificada desde el nacimiento del FA como un segmento especial de los medios de producción y de cambio: “Nacionalización de la banca… para sustraerlos (a) la usura y a la especulación, eliminar grupos de poder nacionales y extranjeros, y poner el ahorro interno, el crédito y las divisas al servicio del desarrollo nacional. Erradicación de la intermediación crediticia realizada por las denominadas sociedades financieras paralelas y colaterales y de cualquier otra modalidad de mercado parabancario de capital” (Bases Programáticas, 1971).

 

No fue errónea la apreciación que la Banca Privada tenía un status especial: la crisis de la fractura de la “tablita” del año 1982 culminó con la imposibilidad de cobrar los créditos bancarios y por tanto en la insostenibilidad de la mayor parte de la banca privada. Su permanencia solamente fue posible mediante la compra de los créditos incobrables (“carteras pesadas”) por parte del estado uruguayo. Posteriormente, la banca privada tuvo empujes de extranjerización con un máximo en momentos previos a la mega crisis que culminó en el año 2002. La crisis del año 2002 arrasó con la banca privada y dejó el tendal de ahorristas sin cobrar sus depósitos, con dos fenómenos ligados: la casi desaparición de la banca privada y el fin de la intención – por la vía de los hechos - de convertir a Uruguay en plaza financiera.

 

La propuesta programática original de nacionalización de la banca fue alcanzada, de hecho, debido a las quiebras de los principales bancos.

 

El Congreso del FA del año 2003, con los efectos de la crisis aún frescos, centró la cuestión en los controles sobre la banca pero no en su nacionalización: “El sistema financiero adaptado al país productivo deberá tener controles especiales… Se promoverá una banca pública fuerte y eficiente… Los Bancos Extranjeros que operen en el país con el nombre de su casa matriz, además de ceñirse al marco regulatorio y a la supervisión, tendrán que tener el respaldo patrimonial de aquellas”.

 

Si se toma en cuenta que la banca privada fue un factor de agravamiento de la crisis económica que culminó en el año 2002, la experiencia debería ser aprovechada para plantear formas de protección frente a futuras crisis. Sin embargo no se dispone en el FA de un estudio convincente sobre sus causas, un análisis consensuado capaz de orientar a la política económica para tratar de evitar futuras crisis. Carecemos de un balance que permita sostener la suficiencia de los controles y/o la conveniencia de determinada forma de propiedad sobre la banca privada, o su propia existencia. Sin encararlo, analizarlo y laudarlo, permanecerán las inquietudes de muchos compañeros sobre la insuficiencia del programa de gobierno progresista.

 

1) Extranjerización de la propiedad sobre medios de producción

    Extranjerización sobre eslabones de las cadenas agroindustriales

La extranjerización de los medios de producción vinculados al sector agropecuario abarca medios de producción propiamente agropecuarios (tierras, ganados, equipos, instalaciones, etc.) y a los que están relacionados por utilizar como insumos los productos agropecuarios (agroindustrias, logística, etc.). Ambos son muy importantes pues nuestro desarrollo industrial ha desembocado en un énfasis agroindustrial que aporta más de dos tercios de las exportaciones. En efecto, nuestro desarrollo industrial carece del Sector I productor de medios de producción, con ramas de gran importancia en los países desarrollados (metalmecánica, química, etc.).

 

Parecería que las principales preguntas que se puede hacer un gobierno progresista sobre el tema son: ¿Tiene formas nuevas la vieja tendencia de extranjerización de los medios de producción?, ¿es igual en todos los rubros?, ¿los resultados son indeseables?, en tal caso ¿hay leyes disponibles para evitarlos, o hay que impulsar leyes nuevas?, ¿dice algo al respecto el programa de gobierno del FA?

 

La extrajerización se comporta de diferente manera en los diversos rubros agropecuarios, por lo que es de interés conocer la importancia relativa de las principales actividades agroindustriales y su contribución a las exportaciones:

 

Cuadro 1. Exportaciones de productos seleccionados

de origen agropecuario (año 2006)

 

PRODUCTO

MILLONES DÓLARES

% DEL TOTAL

Carne bovina y ovina

1009

24,3

Productos agrícolas

460

11,6

Cueros

336

8,5

Productos lácteos

278

7,0

Productos forestales

221

5,6

Productos pesqueros

173

4,4

Lanas

163

4,1

Frutas y derivados cítricos

67

1,7

Miel

18

0,5

Frutas no cítricas

6

0,1

Vino

5

0,1

SUBTOTAL

2771

70

TOTAL

3952

100

Fuente: Anuario Estadístico DIEA 2006

 

El valor de la exportación de cada rubro no siempre es un buen indicador de su importancia, como en el caso de la horticultura (que ni figura en el cuadro), las frutas no cítricas, el vino, etc. Y los “productos agrícolas” incluyen componentes muy diversos como el arroz, la soja, la cebada, el trigo, etc. Hecha la advertencia, es claro que la importancia de la extranjerización de un rubro no es independiente de la importancia del propio rubro.

 

Desconozco si existe un estudio concreto sobre la extranjerización sobre la tierra por rubro productivo pero les ofrezco mi impresión subjetiva en el cuadro 2:

 

Cuadro 2. Percepción de la extranjerización de la tierra según producto

(ALTA, MEDIA Y BAJA)

 

PRODUCTO

MILLONES DE HA

PERCEPCION SOBRE EXTRANJ.

Ganadería

13

B

Arroz

0.2

M

Cebada

0.1

M

Soya

0.3

A

Lechería

0.9

B

Forestación

0.7

A

Citricultura

0.01

A

Frutas no cítricas

0.01

B

Vid

0.01

B

 

Por su parte, una percepción de la extranjerización de la agroindustria se presenta en el cuadro 3.

 

Cuadro 3. Percepción de la extranjerización de las agroindustrias

(ALTA, MEDIA Y BAJA)

 

INDUSTRIA

PERCEPCION EXTRANJERIZACION

Frigoríficos

A

Arroz

A

Malta

A

Molinos trigo y oleag.

B

Curtiembres

M

Láctea

B

Forestal

A

Pesca

B

Lanas

B

Cítricos

M

Miel

B

Frutas no cítricas

B

Vino

B

 

¿Cuáles serían los principales resultados indeseables de la extranjerización? Veamos elementos relativos a la agroindustria y a la tierra.

 

Extranjerización de agroindustrias

El desarrollo del capitalismo tiene en la centralización del capital una de sus principales características, es decir, el capital aumenta no solamente por la acumulación de las ganancias (acumulación de capital) sino también mediante el triunfo de unos capitalistas sobre otros, generalmente los mayores sobre los menores. En un país pequeño como el nuestro, la centralización de una rama o rubro aproxima al monopolio de la actividad. Y el resultado es la apropiación del valor generado[i] en las actividades conexas, por ejemplo, en el caso de las agroindustrias, sobre los productores agropecuarios. Esto no requiere extranjerización pues se puede dar sin ella. Sin embargo, el desarrollo del capitalismo en el Uruguay ha estado fuertemente comandado por los capitales extranjeros, de manera que una aproximación a la monopolización de una agroindustria generalmente se dará con la cara del capital extranjero.

 

Digamos que el triunfo de unos capitales sobre otros casi siempre va acompañado de inversiones, tecnificación, aumento de la productividad del trabajo, como corresponde al desarrollo de capitalismo, lo que puede tener un papel positivo en el proceso de generación de competitividad externa para nuestro país en la rama que se trate. En contrapartida, puede dar lugar al dominio sobre los abastecedores de materia prima. De constituirse una situación así, es sumamente negativa para los productores agropecuarios ligados a tal situación, no tanto porque se trate de capital extranjero sino por tratarse de capital monopolista.

 

¿Tenemos ya situaciones con tal característica? Parece ser la del malteado de la cebada y la producción de cerveza, hoy totalmente en manos de la brasileña AMBEV; no se han hecho sentir críticas de los agricultores, quizás porque no creen sufrir una situación monopólica (la posibilidad de exportar cebada grano puede ser una vía de escape al monopolio comprador). En otro rubro, los arroceros organizados en la ACA han expresado gran preocupación por la inminente venta de SAMAN a capitales brasileños. Por su parte, la fuerte extranjerización de los frigoríficos no parece aproximarse todavía a una situación de monopolio en la compra de ganado. En lo que refiere a la producción forestal, Botnia no parece que disfrutará de monopolio en la compra de eucaliptus debido a los otros emprendimientos anunciados de pasteras de celulosa.

 

En síntesis, no hay que confundir centralización de capital y monopolización de agroindustrias con extranjerización, aunque puedan darse juntas. Contra situaciones de monopolio hay herramientas legales pues el Art. 50 de la Constitución de la República permite medidas antimonopolistas, con independencia de la nacionalidad del propietario del capital.

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Pasemos ahora al más clásico de los efectos negativos que se adjudica a la extranjerización: el reenvío de ganancias generadas dentro del país hacia las casas matrices del exterior pues significa un recorte a las divisas disponibles. En contrapartida debemos responder: ¿se habría generado empleo y divisas sin las inversiones extranjeras? La respuesta debe distinguir la diferencia entre una compra de instalaciones existentes y una nueva inversión; la venta de frigoríficos es ejemplo de lo primero, la instalación de Botnia, de lo segundo.

 

Llama la atención que el desarrollo de nuevas actividades de diversificación agropecuaria, sobre todo las que han tenido un rápido crecimiento como el malteado, la producción de celulosa y de tableros, hayan sido lideradas por el capital extranjero. Como si las oportunidades de mercado fueran exclusivas para el capital extranjero. Se perciben al menos dos explicaciones generales y no excluyentes: la falta de iniciativa del capital nacional y los elevados requisitos de escala, tecnología, inserción internacional (y por consiguiente menor riesgo) que pueden ser condiciones inalcanzables para el capital nativo.

 

Otros inconvenientes del funcionamiento industrial, como los impactos ambientales, no son específicos del capital extranjero pues pueden ocurrir, en ausencia de controles, con inversiones nativas (por ejemplo lo sucedido con plomo). Quizás la principal cuestión sea responder en concreto para cada situación de inversión extranjera: ¿lo puede hace el capital nacional?

 

Extranjerización de tierras

Dejo fuera de análisis la cuestión de la soberanía nacional vinculada a la propiedad de tierras de extranjeros para centrar la atención en la relación con el sector agropecuario[ii].

 

Existe una forma de compra especulativa de tierras por extranjeros destinada a la acumulación, a la espera de la valorización de los recursos naturales. Pero ha sido más general el propósito productivo y ha significado diversificación e intensificación agropecuaria: expansión de la forestación por parte de finlandeses, norteamericanos, españoles y suecos, del área lechera por parte de neozelandeses, de la superficie regada y arrozada por brasileños, de superficie agrícola mediante soja por argentinos, etc.

 

En efecto, los cambios más rápidos e intensos que han sucedido en el agro nacional se han ligado a la presencia de empresarios extranjeros. ¿Porqué ha sido así?, ¿Qué traba tiene el capital nativo y los productores agropecuarios nacionales para realizar las inversiones que el mercado permite? ¿Son actividades con escalas a las que no pueden acceder? No parece ser el caso de la soja ni del arroz… Los hechos muestran una preocupante tendencia pues al vender industrias y tierras (o arrendarlas) a extranjeros los propietarios nativos resignan del papel de empresarios (es decir, dejan de cumplir el paradigma de innovación, inversión y acumulación) para convertirse en rentistas. Sea como poseedores de tierras que rinden rentas, sea como poseedores de deuda pública en Bonos, Letras, etc. que pagan intereses.

 

Esto debe ser registrado a la hora de la discusión sobre extranjerización de tierras y agroindustrias pues hay inconvenientes y consecuencias no deseadas (o inesperadas) así como virtudes de generación de empleo. Respecto a la cuestión, el programa de gobierno del FA señala dos aspectos vinculados: por una parte sostiene

“Se propone… la redistribución de la tierra, para lo cual, impedir la extranjerización y concentración es una condición necesaria” por otra, en lo que refiere a País Productivo, dice

“… la condición indispensable de cualquier modelo de país es que tenga como centro la generación de empleo genuino para todos sus habitantes”.

 

El debate no puede ignorar la relación entre ambos aspectos. Y una tarea es objetivizar la discusión. Dos ejemplos (la forestación y la sojización) muestran que los impactos negativos que más frecuentemente se manejan sobre extranjerización de tierras están más ligados al tipo de producción encarado por extranjeros que a la nacionalidad del productor. Y son bien diferentes según rubro. Por eso es aconsejable analizar la extranjerización de tierras según tipo de producción.

 

Forestación con eucaliptus para celulosa

En el caso del monocultivo de eucaliptos la propiedad extranjera es estimada en alrededor de 80%. Y se han señalado, a saber, los siguientes inconvenientes: sustitución de suelos ganaderos (e incluso suelos con aptitud agrícola); disminución de la biodiversidad (atendiendo a la composición de la pradera natural desplazada); efecto negativo sobre el ciclo del agua, con reducción de las napas freáticas y cambios inconvenientes del escurrimiento superficial; despoblamiento rural en las áreas forestadas; reducida creación de empleo pues se orienta hacia la producción de celulosa … Los pecados parecen ser múltiples.

 

La discusión sobre el saldo que deja la forestación con eucaliptos ha estado cargada de subjetividad, habiendo aspectos desconocidos y otros insuficientemente analizados. Creo que una tarea es racionalizar la discusión. Vayan en tal sentido algunos elementos:

 

1. El cambio de uso del suelo y la pérdida de diversidad debidos a la forestación sucedida son objetivos e indiscutibles. Vale recordar que la introducción de los vacunos también tuvo efectos en tal sentido… Lo que hay que analizar es la conveniencia nacional de seguir expandiendo esa forma de forestación, frente a la cual la Dir. Forestal ha expuesto otro paradigma. Tal paradigma, ¿requiere condicionar la instalación de las nuevas empresas extranjeras a que contribuyan a su desarrollo? Es muy importante descifrarlo.

 

2. Por una parte, la forestación ocurrida significó una diversificación productiva agropecuaria, en principio, conveniente. Es necesario enfrentar el dato de empleo medio generado por hectárea de eucaliptos con el de la ganadería desplazada; y la expectativa de generación de divisas de ambos rubros.

 

3. El efecto de la forestación sobre el ciclo del agua, que yo sepa, no está laudado; los experimentos montados por la Facultad de Agronomía no han arrojado todavía una evidencia clara en la comparación de cuencas (ver la última Revista Agrociencia de la Facultad de Agronomía).

4. Seguramente que en la superficie forestada han desaparecido pobladores de la campaña pero, ¿subsistirían con sus opciones productivas?, ¿o la forestación simplemente aceleró la tendencia que ya tiene décadas? Y en contrapartida: ¿no mejoró las condiciones de empleo en la región? (más allá de si los trabajadores viven en el campo o en las poblaciones próximas, fenómeno que se viene dando en todas las actividades agropecuarias). ¿Han visitado ustedes Tacuerembó luego del funcionamiento de las plantas de tableros?.

 

Pisaremos más firme si a la discusión le ponemos números…

Veamos otros los elementos necesarios para resolver lo que está en discusión: ¿Damos por realidad inmodificable la situación de lo ya forestado? El acuerdo reciente de empresas forestales para el pastoreo por productores ganaderos y lecheros parece indicar que se pueden lograr otros aportes de tal tipo. ¿Es posible algo similar con apicultores?; ¿es posible incidir, más allá del plan de negocio de las pasteras, para extender la cadena de la celulosa hacia el papel y la imprenta?, ¿podemos reclamar algo de producción en el país de máquinas de cosecha forestal para intentar repetir, aunque sea mínimamente, el fenómeno finlandés?, ¿o lo harán los finlandeses por su cuenta?, ¿se puede contribuir a una utilización de eucaliptos ya plantados hacia procesamientos más ocupadores de mano de obra que la celulosa?.

 

Y con respecto a nuevos emprendimientos: ¿aceptamos más empresas extranjeras forestadoras con eucaliptus productoras de celulosa que compran campos para autoabastecerse de materia prima? Creo que el análisis sereno es el camino a recorrer. Y la experiencia que comienza con Botnia arrojará elementos concretos para el análisis.

 

Sojización con uso sistemático de glifosato

La agricultura con siembra directa está predominando sobre la agricultura basada en el arado, por suerte para la conservación de los suelos. Pero no todo son ventajas en lo que refiere a la conservación de los recursos naturales pues la velocidad de expansión de la siembra directa está asociada a la aplicación del herbicida glifosato. En el caso de la sojización hay una aplicación sistemática e intensa de glifosato, cuyo efecto de largo plazo está bajo sospecha. Además, el abaratamiento del glifosato no solamente permitió tal expansión mediante su uso masivo sino también la aplicación de sobredosis “por las dudas”.

 

Aquí el problema principal parece ser el de la propiedad o el usufructo extranjero sobre la tierra que se incorpora a la sojización pues las empresas argentinas son el motor del fenómeno. Pero la verdadera cuestión radica en que un productor ganadero (incluso un agricultor tradicional) no resiste una oferta de renta de US$ 150 o más dólares por hectárea para cultivar soja, cualquiera sea la nacionalidad de quien lo oferte.

 

La investigación nacional ya ha realizado aportes indudables en la identificación de sistemas agrícolaganaderos más amigables con los recursos naturales, particularmente el suelo; ahora debería encarar el problema de generar un sistema de siembra directa con garantías para los recursos naturales y el medio ambiente. Parece ser un tema de gran relevancia que debe ser estudiado.

 

Registremos ahora que también han ocurrido cambios en aspectos ligados a la apropiación de la plusvalía, es decir, el fruto de los medios de producción, cambios no necesariamente ligados a la propiedad directa sobre los mismos.

 

Cambios en la apropiación de la plusvalía nacional

La propiedad sobre los medios de producción no es la única forma de apropiar la plusvalía. La captación de recursos mediante impuestos que realiza el estado uruguayo, ahora el gobierno progresista, significa una tajada de la masa de plusvalía social para cumplir compromisos entre los que figuran los pagos de la deuda pública, sueldos, etc. Y dicha captación ha observado cambios de signo y de magnitud. Referiré solamente a uno de ellos.

 

Deuda externa y propiedad sobre medios de producción

Acostumbramos a llamar deuda externa a la deuda pública en moneda extranjera. Hoy el Frente Amplio ha recibido una situación de gobiernos anteriores que significa canalizar esfuerzo nacional en una medida inédita a cumplir con dichos compromisos. El planteo histórico del FA no fue “no pagar la deuda externa” sino renegociarla; el Congreso Extraordinario del año 2001 indicó: “El relacionamiento con los organismos internacionales deberá basarse en principios firmes de negociación, tanto en lo referente a la deuda que el país mantiene con ellos, como con los acreedores privados.

 

El gobierno progresista, sin rehuir las obligaciones contraídas por el Estado buscará solucionar el problema de la carga de la deuda externa… deberá sumar sus esfuerzos con los gobiernos de países, especialmente de América Latina, que enfrenten problemas similares… para intentar su solución…”

 

La renegociación del pago de la deuda externa no figura en la agenda del gobierno, en gran medida porque el buen desempeño de la economía ha facilitado la cuestión. Pero en sectores de la militancia frenteamplista existe el planteo de pagar “la deuda social” mediante reducción en el cumplimiento de los compromisos en moneda extranjera del gobierno. Respetemos tal pensamiento: no se debe ignorar el argumento que Argentina lo hizo y no le va mal… Uruguay con menor margen de maniobra por razones obvias de dimensión, siguió otro camino. Y tampoco nos va mal…

 

El asunto es agendar un análisis de los pros y contras de pagar puntualmente intereses de la deuda externa adquirida por los gobiernos anteriores. ¿Mundo unipolar que no permite ni soñar con la opción?, ¿conducta inconveniente para atraer inversiones extranjeras que mejoren el empleo? Parece aconsejable realizar una discusión abierta, franca y que culmine en resoluciones del FA en base a las razones que resulten más convincentes. Y dejar resuelto el tema mientras existan las razones que lo fundamentan.

 

La gestión de los medios de producción públicos

¿Cuál es el cambio más importante – e instantáneo - que trae el gobierno del FA sobre la propiedad de los medios de producción? Refiere a los entes autónomos y a todos los que dan base material a la inmensa cantidad de trabajo público. La propiedad estatal sigue siendo estatal pero nuestra fuerza política deberá gestionarlos para cumplir con objetivos nuevos. Durante 50 años trabajamos para llegar al gobierno, ahora en él disponemos de forma legítima y automática lo establecido por la Constitución de la República: la capacidad de dirigir esta inmensa capacidad de trabajo de los uruguayos.

 

Son problemas inherentes a la reforma del estado. Sepamos que los uruguayos miran con atención las acciones del gobierno frentista en lo que refiere al costo y la calidad de los servicios públicos y a la gestión de los entes. La continuidad del proyecto popular, nacional, democrático y progresista depende en gran medida del juicio que recibamos sobre esta tarea. No podemos pedir a la población más que un crédito de corto plazo con el argumento de desconocer las formas de gobernar.

 

Trataré de explicarme, veamos primero el caso de los Entes.

La mayoría de las empresas públicas que producen y venden bienes disfruta de una situación monopólica, por lo que los precios de los mismos no rondarán su valor sino un precio mayor, monopólico, que captará plusvalía ajena. Cuando aumenta el salario de un empleado de empresas públicas sin correspondencia con la productividad, no siempre se percibe que significa una mayor tajada tomada de toda la sociedad. Llegado a los Directorios de los Entes, el FA percibe la contradicción que debe resolver: conceder las reivindicaciones de los gremios significa encarecer los bienes y servicios que vende, contrariando el interés general.

 

 Los nuevos directores de los Entes llegan sin tener que cumplir los tradicionales compromisos políticos de “cuotas” de nombramientos y pueden focalizarse en mejorar la gestión y la eficiencia de los procesos para abaratar los productos para la población. Y estaremos, por suerte, bajo la lupa de la opinión pública.

 

Tal debería ser el escenario para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores de los entes públicos. Un integrante de un gremio de un Ente puede creer (y generalmente cree) que su lucha reivindicativa es “lucha de clases”. Pero no necesariamente es así porque el interés de la clase no tiene porqué coincidir con el interés de un gremio, ni siquiera con el interés económico de la suma de los gremios. El interés estratégico de la clase tiene que ver con objetivos políticos de largo aliento, que son los únicos que pueden dar permanencia y futuro a las condiciones de vida decorosas para los trabajadores.

           

En lo que refiere a los medios de producción que permiten realizar los servicios públicos, frecuentemente gratuitos, ¿cuál es su diferencia con los Entes públicos?

 

Un funcionario de ADEOM, en plena huelga por aumento de sueldos, se ve interrogado por un periodista: “¿la movilización y los paros se deben a que ustedes se sienten explotados por la Intendencia?, ¿ustedes producen plusvalía? No supo qué contestar.

 

Porque no es fácil. Es evidente que la definición de la remuneración a los empleados de los servicios públicos opera diferente que la negociación salarial privada, donde las condiciones de rentabilidad de las empresas son los fusibles de los convenios.

 

Si atendemos a la recaudación del estado mediante impuestos, no quedan dudas que se trata de una parte de la plusvalía global: la capta y direcciona – entre otras cosas – a brindar servicios públicos gratuitos como salud, justicia, seguridad, educación pública, etc. La remuneración de los empleados públicos que forman parte del sistema de servicios a la población (maestros, oficinistas, jueces, enfermeras, policías, etc.) se financia, básicamente, con impuestos.

 

El tema se hace central pues el actual gobierno procura recuperar el nivel salarial perdido durante la crisis por los empleados públicos pero sabe las consecuencias económicas, sociales y políticas de incrementar los impuestos para tal fin. Es un delicado equilibrio pues afecta a quienes pagan impuestos y a la rentabilidad de las actividades que ofrecen empleo genuino. En efecto, la remuneración de los empleados públicos no solo tiene que ver con el cumplimiento de las funciones inherentes al estado, sean servicios o bienes, sino también al funcionamiento global de la economía y de la generación de empleo. Porque el mundo globalizado permite el rápido movimiento de los capitales.

 

Si los salarios pagados por los Entes públicos obligan a elevar el precio de sus bienes o servicios monopolizados, o si las remuneraciones a los empleados públicos obligan al gobierno a elevar exageradamente los impuestos a la población, se crean condiciones contrarias a la rentabilidad de la economía. Y esto, como se sabe, es la base de la migración de capitales, afectando al empleo.         

 

No es un tema sencillo. Llevamos 50 años de capitalismo que acumula poco y es la base para la exclusión, la pobreza y la migración de compatriotas. La lucha sindical a brazo partido desde fines de los años 50’ hasta el golpe de estado no pudo impedir la caída del salario real. Aprendamos eso, si la economía no funciona no hay lucha capaz de mejorar las condiciones de vida del pueblo. La clave está en el proyecto de Uruguay Productivo. Y en su continuidad, que depende de conservar y ampliar el apoyo popular.         

Al respecto, un espejo en el cual debe mirarse autocráticamente un gobierno nacional o municipal es el nivel de recaudación de impuestos de condiciones comparables (por ejemplo, de Brasil y Argentina).

 

Y por el lado del nivel de las remuneraciones, no basta que en la administración pública debe haber igual remuneración a igual función: hay que mirar las condiciones generales de trabajo del país, las que definen el funcionamiento global. Una referencia para el nivel de los sueldos públicos debería ser la remuneración de la actividad privada definida en el marco de la negociación privada. Para que la remuneración del trabajo sea similar para igual actividad o función. Sea trabajo público o privado. De lo contrario se agudizarán las injustas diferencias entre lo público y lo privado, con perjuicios para la sociedad.

 

La más importante propiedad sobre medios de producción[iii]

Sostendré aquí que la más importante forma de propiedad contemporánea sobre medios de producción a la que debemos atender como país no refiere, paradojalmente, a los medios nativos de producción. El método de análisis histórico marxista es un acervo científico válido; en particular un eje del método: la identificación de las "relaciones sociales de producción". Marx denominó "síntesis" de sus investigaciones a un aspecto del Prefacio a Contribución a la Crítica de la Economía Política en que, de manera apretada, interpreta el desarrollo y cambio de las sociedades haciendo eje en que el despliegue de las fuerzas productivas (es decir, la capacidad humana para transformar la naturaleza y ponerla al servicio de sus necesidades) puede ser obstaculizado por las relaciones sociales de producción (condiciones  de propiedad sobre los medios de producción y de cambio), por lo general luego de un período en que éstas operan como estímulo.

 

Solamente en circunstancias concretas de obstaculización se crean condiciones para que, sobre tal base material, la lucha de clases culmine en revolución y transforme las relaciones de producción que se manifiestan como obsoletas: "se abre una era de revolución social" al decir de Marx. Y sólo entonces, porque:

 

"Una sociedad no desaparece nunca antes de que sean desarrolladas todas las fuerzas productoras que pueda contener, y las relaciones de producción nuevas y superiores no se sustituyen jamás en ella antes de que las condiciones materiales de existencia de esas relaciones hayan sido incubadas en el seno mismo de la vieja sociedad" (Prefacio a Contribución a la Crítica de la Economía Política, Ediciones del 5º Sol).

 

La correspondencia entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción es una propuesta general de Marx, no solamente válida para cierta circunstancia histórica, sino un método para comprender las sociedades contemporáneas e identificar las transformaciones progresivas. Creo que los elementos claves de aplicación del método a un país y una situación histórica dada pasan por:

·       Analizar la posibilidad de una situación de contradicción aguda entre desarrollo económico y las relaciones de propiedad, manifestada por estancamiento (o morosidad) del desarrollo de las fuerzas productivas.

·       Cuando tal posibilidad se verifica, buscar la causa en determinadas relaciones sociales de producción, es decir, determinadas formas de propiedad sobre los medios de producción y de cambio.

·       Asumir que en dichas circunstancias se agudiza la lucha entre las clases de intereses opuestos y se abre "una época de revolución social", cuyo desenlace puede ser el desplazamiento de la clase dominante por las clases interesadas en el cambio, quienes modifican las relaciones de producción para recomenzar un nuevo ciclo progresivo de la sociedad.

 

¿Existe una situación de tales características en nuestro país? La inmensa acumulación de capital a escala mundial convivió con el desarrollo desigual; la evolución de fuerzas productivas localizadas en los países "subdesarrollados" (incluyendo al nuestro) rezagó frente a la de los países "desarrollados". Al menos para Uruguay y durante medio siglo presenciamos una tendencia del capitalismo mundial que conduce al desarrollo desigual. Una tendencia por la cual el capital se acumula de forma centrípeta en los centros industriales y en algunos puntos especiales (por Ej., en algunos países asiáticos de reciente industrialización). El capital funcionando a escala global está determinando entonces en los países industrializados conflictos económicos y sociales menos agudos de contradicción entre desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción.

 

En contrapartida, los países que no participan de la acumulación privilegiada de capital tienen una contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción mucho más aguda. Viven un capitalismo especial, que acumula "poco". Los países "desarrollados" (mejor definidos como "industrializados") desarrollan sus fuerzas productivas, aumentan su tasa de plusvalía sobre la base de la plusvalía relativa, dejando espacios para el crecimiento de los salarios reales.

 

 El área dependiente, si se toma en su conjunto, se retrasa y no crea empleo a la velocidad de crecimiento de su población. Y una baja acumulación de capital es expresión concreta del estancamiento de las fuerzas productivas.

Como se sabe, una característica fundamental del modo capitalista de producción es su dinámica transformadora de los procesos productivos al compás de la acumulación de capital. Es un resultado de su búsqueda sistemática de ganancias. Pero en el Uruguay y en buena parte de América Latina, el modo de producción capitalista se está manifestando sin la plena expresión de su principal mérito histórico, que es revolucionar enérgicamente las fuerzas productivas. Por lo anterior, el desarrollo desigual del capitalismo a escala mundial ha tenido una expresión concreta en el Uruguay en los últimos 50 años. La contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción presenta en nuestro país (y en los desindustrializados en general) un grado de agudeza especial, específico, completamente mayor que en los países industrializados dominantes.

 

En su trabajo “Orden de aparición: el topo de la historia, la lechuza de la sabiduría”, publicado en Marxismo Hoy, nov 96, Julio Rodríguez previene para que:  “… encontrada una causalidad estructural de fondo, esta no se convierta en el deux -ex - machina, que explica al barrer el resultado de todos y cada uno de lo singular- concreto... A las fuerzas productivas, no se las debe convocar por un quítame allí esas pajas.”

 

Me parece una advertencia atinada. Un par de comentarios entonces. En primer lugar concuerdo que el desarrollo de las fuerzas productivas carece de protagonismo explicativo en la mayoría de los hechos históricos. Por ejemplo, no en toda circunstancia una morosidad de desarrollo de la producción de un país significa una base material para que puedan ocurrir transformaciones de la superestructura social y política; basta recordar que la mayoría de los modos de producción se caracterizó por lentísimas transformaciones de los procesos productivos.

 

En segundo lugar, coincido en que la médula del esquema relaciones de  producción / fuerzas productivas refiere a la transformación radical de las relaciones sociales de producción, es decir, a la sustitución de un modo de producción por otro. Por lo que me parece relevante la exploración que realiza Julio Rodríguez sobre los cambios recientes de las fuerzas productivas en las condiciones de máximo desarrollo: la matriz del capitalismo, los Estados Unidos de América, y en particular sus industrias de punta. Si alguna posibilidad existe de superación del modo capitalista de producción, allí se encuentra.

 

Sin embargo (y quizás sea una discrepancia con el querido y recordado Julio Rodríguez) creo en la posibilidad de utilizar el método no solamente para explorar la posible contradicción (y por tanto desarrollo) del modo de producción capitalista en su matriz internacional de acumulación, sino también, y es mi propuesta en el presente trabajo, en la posibilidad de aplicar el vínculo conceptual entre relaciones sociales de  producción y el desarrollo de las fuerzas productivas a una situación concreta, nacional, para intentar explicar no una transformación de la esencia del modo de producción capitalista sino las formas alternativas de desarrollo del propio modo de producción capitalista. Formas alternativas que implican cambios superestructurales tan intensos que requieren la sustitución de unos sectores de clases dominantes por otros (con lo que suscribo el enfoque de A. Cueva en su libro citado respecto a desarrollos democráticos del capitalismo, y de Ilienkov sobre la revolución mexicana). Creo que sin tal enfoque se hace difícil la comprensión del ascenso y acción del batllismo a través de los presidentes José Batlle y Luis Batlle como expresiones políticas del empresariado industrial nativo. En severo conflicto con otros sectores de las clases dominantes locales y con intereses externos que por períodos triunfaron (piénsese en el golpe de Estado de Gabriel Terra o el gobierno Herrero Chicotacista).

 

 Lo que requiere asumir como “revolución” una sustitución en el gobierno de una capa de las clases dominantes por otra (ver Enrique Semo). Creo legítimo usar el término “revolución” si se atiende a tal  sustitución de clases en el gobierno, a lo intenso del conflicto, la importancia de las transformaciones sucedidas por el ascenso de la expresión política del empresariado industrial al gobierno nacional, a las reales diferencias de intereses y sobretodo a sus consecuencias para el desarrollo de las fuerzas productivas.

Y si fue así en nuestro pasado reciente, sostengo de aquí en adelante que algo similar puede suceder en el futuro.

 

La hipótesis principal sostendría que en formaciones sociales donde predomina absolutamente el modo de producción capitalista de producción, éste sí, caracterizado por la acumulación y la transformación permanente de los procesos productivos, una situación de persistencia de décadas de baja tasa de desarrollo significa un dato contranatura del sistema. Subrayado por el contraste con países donde las transformaciones se despliegan de manera impresionante. Y el correlato existente entre la producción y las condiciones de vida social basan la disconformidad general con el estado de éstas, contrastadas además por las comunicaciones que permiten conocer al detalle las de los países paradigmáticos. Agudiza la disconformidad social y la búsqueda de formas de alcanzar a los punteros.

 

La contrastación de la realidad con lo que se supone son las posibilidades está detrás de esfuerzos transformadores, tanto teóricos como prácticos, del más diverso tipo. Y sobre todo, crea condiciones materiales para que puedan suceder.

 

El método reclama entonces identificar las relaciones sociales de producción responsables del frenaje al desarrollo de las fuerzas productivas. Existe amplio consenso en que las relaciones sociales capitalistas de producción son absolutamente predominantes en el Uruguay actual, el modo de producción capitalista es la "producción determinada, que asigna a todas las demás su correspondiente rango e influencia", como dice Marx (Grundrisse, op. cit. pág. 28). En ellas se origina la mayoría abrumadora de las mercancías e involucran a la gran mayoría de la población trabajadora. Al comienzo vimos que una aplicación simplista del método concluiría que las relaciones capitalistas de producción deben ser sustituidas por el socialismo. Pero en Marx encontramos una concepción mucho más rica de las "relaciones sociales de producción": bajo el título de "Producción, Medios de Producción, Relaciones de Producción" señala como puntos que no deben ser olvidados:

 

"Relaciones de producción derivadas en general, relaciones transmitidas, no originarias, secundarias y terciarias. Aquí entran en juego las relaciones internacionales" (Contribución a la Crítica de la Economía Política, Ediciones del 5º Sol, pág. 30).

 

Entonces, la caracterización de una sociedad en la que predomina el modo de producción capitalista requiere de aspectos adicionales a los generales del modo de producción capitalista, requiere investigar las "relaciones secundarias y terciarias". Si bien Marx no completó su plan de trabajo[iv], expuso guías teóricas para la identificación de lo que él denominó "relaciones de producción derivadas en general... secundarias y terciarias... (donde) entran en juego las relaciones internacionales". Es decir, las relaciones sociales de producción son más complejas que la sola relación básica capital/trabajo. A continuación desarrollaremos esta afirmación en una dirección fundamental (no única), las relaciones internacionales de producción[v].

 

Es sabido que Marx identifica la industria como la forma de producción específica, propia del capitalismo naciente y con veloz expansión en el mundo, pero es menos conocida su definición de la división internacional del trabajo que luego CEPAL renombrara como Centro/Periferia:

 

"La maquinaria es el instrumento más formidable para intensificar la pro­ductividad del trabajo." "Cuando un país desarrolla el capitalismo, la productividad del trabajo en él se adelanta respecto al mundo".

"... las nuevas relaciones internacionales creadas por la gran industria. ...la industria nacional (de Inglaterra) va utilizando como medios de producción, una cantidad cada vez mayor de materias primas,...importados del extranjero..."

"... el abaratamiento de los artículos producidos a máquina y la trans­for­mación operada en los medios de comunicación y transporte, son otras tan­tas armas para la conquista de mercados extranjeros.  Arruinando a sus productos manuales, la industria maquinizada los convierte, quieran o no (a los países sin gran industria), en campos de producción de sus mate­rias primas". "Se implanta una nueva división internacional del trabajo ajustada a los centros principales de la industria maquinista, división del trabajo que convierte a una parte del planeta en campo preferente de producción agrí­cola para las necesidades de la otra parte organizada primordialmen­te como campo de producción industrial". (Carlos Marx, El Capital, Tomo I, Pág. 370/6, subrayados y paréntesis de GP.).

 

Por lo anterior, se puede entender que la industria se concentra en los países de capitalismo temprano y la producción agropecuaria y minera se expande a todo el mundo, ahora como producción mercantil e inserta en el mercado mundial. Creo que nunca será suficientemente enfatizado el fenómeno previsto por Marx como "nuevas relaciones internacionales" en lo que respecta a su resultado sobre el subdesarrollo, o el desarrollo desigual, o la crisis estructural, o como quiera denominarse a la situación de retraso relativo que caracteriza a nuestros países latinoamericanos y en particular al Uruguay. El concepto "nueva división internacional del trabajo" propuesto por Marx parece ser imprescindible para el análisis del subdesarrollo y la dependencia. Es decir, para el problema de baja acumulación de capital del Uruguay, particularmente de un largo período comenzado en la mitad de los años 50'.

 

Ahora bien, si la división internacional del trabajo, como dice Marx, es una nueva (en términos históricos) relación social de producción, ¿cómo lo es, estrictamente, es decir, siendo consecuente con el concepto "relación social de producción", vinculado a la propiedad privada sobre medios de producción y de cambio? Es el monopolio sobre los medios mundiales de producción fundamentales, es decir, el monopolio sobre la gran industria mundial por parte de los capitalistas de los países industrializados. Monopolizan desde la revolución industrial de 1780 la forma específica de producir del capitalismo. Creo que es la relación "terciaria" a la que se refiere Marx y que descubrió en siglo XIX. Refiere entonces a relaciones internacionales de producción[vi].Son las bases de la gigantesca y autosostenida acumulación de capital en los países de capitalismo temprano. Porque la gran industria monopolizada por los países de capitalismo temprano durante el siglo pasado en la 1ª división internacional del trabajo es la culminación, en cuanto a forma de producir, del modo de producción capitalista.

           

Y por exclusión, el resto del mundo, restringido a la producción y exportación agropecuaria y minera mediante una organización del trabajo anterior a la gran industria. No carece de posibilidades de acumulación de capital; carece sí de la posibilidad de hacerlo en la forma típica y veloz propia del modo capitalista de producción: la gran industria.

           

Los países durante la primera división internacional del trabajo se relacionan así: el área de bajo desarrollo industrial, especializada en mercancías de origen agropecuario que a poco se convierten en redundantes, en sobreoferta, y por tanto con erosión de su precio internacional frente a su valor. En tanto las mercancías originarias de las áreas de capitalismo temprano, las propias de la gran industria, las más dinámicamente reclamadas por la permanente reestructuración de la demanda mundial, pueden observar ciclos con precio mayor que el valor y por ende, con ganancias extraordinarias. La reinversión del plusvalor está asegurada en la propia gran industria, en la producción de nuevos y nuevos valores de uso industriales, dando más pasos adelante en la transformación de la propia gran industria.

 

En cambio las mercancías que provienen de las áreas de capitalismo tardío presentarán una demanda social mundial con menor velocidad de crecimiento, lo que sumado a sus restricciones para la producción industrial (por efecto de la competencia) compone una situación difícil para el proceso de acumulación de capital.

 

Véase entonces como se manifiesta concretamente, a nivel de país, la ley general de acumulación capitalista:

·       Los capitalistas de los países de desarrollo temprano del capitalismo y de la industria son propietarios hegemónicos del capital industrial, del empleo de trabajo potenciado con mayor productividad por la gran industria, de las condiciones de mayor creación de plusvalor relativo y acumulación, de la producción de valores de uso en expansión y, por tanto, de condiciones abiertas para la reproducción ampliada del capital.

·       Los capitalistas orientados a la producción de alimentos y materias primas de los países de desarrollo tardío del capitalismo tendrán cerrado el camino de la inversión de capital en la industria debido a la competencia del comercio internacional; sus posibilidades de acumulación se limitan a las actividades que la división internacional del trabajo establece. Y éstas son infinitamente distantes de la gran industria en tanto proceso productivo y en cuanto a acumulación de capital.

 

Es obvio que unas condiciones tan particulares de acumulación de capital pondrán un sello específico al desarrollo del capitalismo en los países de capitalismo tardío, como percibía Marx. En efecto, la formación del mercado mundial y la división internacional del trabajo no significan la generalización al mundo de lo que sucede dentro de los países de capitalismo temprano pues éstos tienden a monopolizar la industria a nivel mundial.

 

El transcurrir del tiempo y las leyes de la producción mercantil en el mercado mundial capitalista, tienden a consolidar tal monopolio. Es decir, a reforzar la propiedad y la localización geográfica de las expresiones supremas de Gran Industria (entendida como categoría y no como industria grande) en el área original, en lo que es un movimiento centrípeto de la acumulación de capital.

 

La situación así creada es base de un antagonismo que involucra al conjunto de las clases sociales de los países de capitalismo tardío. El auge de demanda de sus productos agrícolas y materias primas de las primeras épocas va dando lugar, con diferencias específicas por producto, a una retracción relativa frente a los productos industriales, particularmente los medios de producción (base de lo que CEPAL  denominó “deterioro de términos de intercambio”) que muestra que tal división internacional de trabajo se opone al desarrollo de las fuerzas productivas de los países de capitalismo tardío.

 

Marx ve agudamente que el camino de la división internacional del trabajo no es el camino de una homogeneización mundial del desarrollo de las fuerzas productivas que caracteriza a la gran industria de Inglaterra. Señala, por ejemplo, que la contradicción fundamental que debe resolver Irlanda no es la correspondiente al capital y el trabajo, sino una básica, previa, con componentes económicos y políticos: "Lo que los irlandeses necesitan es: 1) Gobierno autónomo de Inglaterra. 2) Revolución agraria... 3) Aranceles proteccionistas frente a Inglaterra...  Tan pronto como los irlandeses sean independientes, la necesidad los hará proteccionistas, como Canadá, Australia, etc." (Cuadernos de Pasado y Presente, núm. 72, pág. 153-154).

 

Marx nos evidencia la interrelación de lo político y lo económico: el pro­teccionismo industrial no es siquiera pensable bajo las condiciones coloniales que padecía Irlanda. Sobre el punto sostiene:

" (para) la transformación de las sociedades agrarias feudales en industriales y la correspondiente pugna industrial de las naciones en el mercado mundial, el capital necesita desarrollarse aceleradamente, cosa que no puede lograrse por una senda natural, sino que exige medios coactivos (del estado)" (C. Marx, El Capital, Tomo 3, pág. 727, Editorial Fondo de Cultura Económica, mayúsculas y paréntesis de G.P.) "... el sistema proteccionista no es más que un medio para establecer en un pueblo la gran industria..." (C. Marx, "Discurso sobre el libre cambio").  "Hay una enorme diferencia entre que el capital nacional se transforme lenta y paulatinamente en capital industrial, o que... se acelere mediante los impuestos con que gravan, a través de los aranceles proteccionistas, especialmente a terratenientes, medianos y pequeños campesinos y artesanos..." (El Capital, cit., Tomo 3, vol. 8, p. 999).

 

Entonces, y para sorpresa de muchos, Marx sostiene que la acumulación de capital en los países atrasados es un paso de avance histórico y requiere de un papel relevante del Estado en la industrialización y por lo tanto en el desarrollo de las fuerzas productivas y la creación del mercado interno. Las experiencias actuales lo confirman: véase por ejemplo en Fernando Fajnzylber "La industrialización trunca de América Latina", México, Nueva Imagen, pág.­ 180 y 194, el papel del Estado japonés en lo relativo a proteccionismo, cierre a la inversión extranjera y estrategia industrializadora. En efecto, la contradicción económica fundamental del siglo XIX y de comienzos del XX es la división internacional del trabajo (en íntima relación con la dependencia política en el caso de los países coloniales y con diversas formas de dependencia política en los formalmente no coloniales). A tal punto lo es que se desarrolla como contradicción, encuentra la manera de ir resolviéndose a través de las medidas de proteccionismo de parte de gobiernos con proyectos industrializadores, que levantan barreras más o menos intensas, más o menos efectivas a las mercancías provenientes de la gran industria de los países de capitalismo temprano.

 

La tendencia a la división del trabajo hasta ahora vista comienza a presenciar una contratendencia: los países de capitalismo tardío comenzarán también a producir artículos industriales. Pero es claro que el papel señalado para el Estado en los países de desarrollo tardío del capitalismo en la aplicación del proteccionismo y otras medidas industrializadoras se liga a la existencia (o no) de un proyecto del empresariado capitalista nativo y su acceso (o no) a la conducción del Estado. La llegada al gobierno de la expresión política del empresariado industrial es un hecho de notable trascendencia; a veces cruento, a veces incruento, pero siempre en dura pugna para desplazar del gobierno la expresión política de terratenientes y empresarios de comercio exterior. Sus acciones dirigidas a facilitar la acumulación interna de capital industrial, básicamente mediante diversos mecanismos de rentabilización de las inversiones industriales, serán de importancia económica y social.

 

En efecto, con ritmos y particularidades propias de cada país, se va estableciendo una 2ª forma de división internacional del trabajo, con efectos sobre toda la economía, la sociedad y aún sobre la producción agropecuaria. Y más allá de las particularidades nacionales existe un fenómeno de carácter general, que por serlo es de gran utilidad para comprender las circunstancias específicas de cada país.

 

El comienzo de la producción industrial en países de desarrollo tardío del capitalismo, como Uruguay, es de notable importancia en el despliegue de sus fuerzas productivas: expresa progreso económico y social, base para la formación de su mercado interno, para su integración como país[vii], el avance cultural y el mejoramiento de las condiciones sociales[viii]. Existe una deuda del análisis histórico, creo, con respecto a la identificación de las consecuencias del incremento de la presencia dentro del Uruguay de la forma propia, específica de producir del capitalismo: la industria manufacturera. Y con las concepciones que la impulsaron desde el estado uruguayo.

 

El desarrollo del empresariado industrial, del trabajo asalariado industrial y de la disciplina de fábrica en su aspecto de progreso, su conexión con la educación y aplicación del conocimiento científico a la producción material, los mil lazos establecidos con el mundo no industrial. Una acumulación de capital industrial que luego de su crisis de la década de los 50’ dará base a la actual acumulación agroindustrial. Ciertamente, la industrialización se orientó a la producción de bienes finales (industria liviana), sin modificar la esencia de la división internacional del trabajo. Pero le da una expresión diferente, que puede denominarse 2ª división internacional del trabajo: las materias primas y alimentos continúan siendo las principales exportaciones, pero permiten capacidad de importar los medios de producción que requiere la frágil industria naciente, productora de bienes finales.

 

¿Significó tal forma de industrialización una homogeneización del desarrollo del capitalismo a escala mundial? ¿Una aproximación de la acumulación de capital y del desarrollo de las fuerzas productivas entre países? Hay bases teóricas expuestas por Marx que contestan que no, los países de temprana industrialización conservan no ya el monopolio de la producción industrial (el monopolio de la propiedad sobre los bienes fundamentales de producción mundial), sino el de las ramas con mayor velocidad de crecimiento, particularmente el monopolio del Sector I (productor de medios de producción). Una rápida velocidad de crecimiento exigida por la composición técnica del capital y la necesidad creciente de medios de producción. Conservan entonces para sí las ramas productoras de bienes que integran el capital fijo, donde la "gran industria" alcanza formas superiores y que ofrecen posibilidades de elevar a planos aún superiores la "gran industria" (Marx se refiere a la acumulación de capital en el Sector I de medios de producción como "la verdadera acumulación de capital").

 

Por eso hay diferentes niveles de "gran industria" entre la de los países industrializados y la industria liviana de bienes de consumo de los países de capitalismo tardío, lograda por medio del proteccionismo.

 

Las barreras proteccionistas, por lo común orientadas a bienes de uso final, no impiden el ingreso de los medios de producción desde los países industrializados y apenas los encarecen por aplicarles aranceles bajos, que, justamente, procuran estimular la industrialización. Su bajo precio (a lo que se añade que es una "importación sin costos" cuando expresan la exportación de capital desde los países industrializados) inhibe el nacimiento de la producción interna de medios de producción. Se cierra para los países de industrialización tardía la posibilidad de un desarrollo del capitalismo de acuerdo con el equilibrio de los Sectores I y II que Marx indica en los esquemas de reproducción; pierden el efecto dinamizador de la producción de medios de producción.

 

¿Existió la alternativa de una ruta diferente para los países de desarrollo tardío del capitalismo? No me atrevo a una afirmación de carácter general; solamente a registrar que algunos lo lograron.

 

De manera que la división internacional del trabajo tiende a asumir la forma de monopolio de los capitalistas de los centros industriales sobre los medios de producción necesarios para producir medios de producción. En otras palabras, el monopolio de propiedad de los capitalistas de los países imperialistas sobre los medios de producción de la gran industria se convierte, con el transcurrir de la industrialización parcial del área dependiente, en monopolio sobre el Sector I mundial, productor de las mercancías con más rápido crecimiento relativo. El Sector ligado a la aplicación de la revolución científico-técnica contemporánea, y por lo mismo, el que la acicatea en su desarrollo.

 

La reproducción mundial del capital tendrá una expresión específica en los países de desarrollo industrial parcial, de industrialización liviana: su acumulación de capital queda condicionada a la capacidad de importar medios de producción a través de las exportaciones de materias primas y alimentos. Se la ha denominado reproducción dependiente del capital (“dependiente” en el sentido que la acumulación de capital requiere de un sector productor de medios de producción externo, localizado en los países industrializados) y también puede ser caracterizada como una deformación del desarrollo capitalista de los países no industrializados.

 

 Se trata entonces de encontrar alguna regularidad, alguna tendencia que explique la baja acumulación de capital de los países dependientes. Es posible si se toma en cuenta que la ley general establecida por Marx acerca del crecimiento de la composición orgánica del capital tiene connotaciones en lo que respecta a la producción de valores de uso: mayor velocidad de crecimiento de los medios de producción (y en particular los que componen el capital constante fijo), seguida por los insumos que componen el capital constante circulante y, finalmente, por los medios de vida (y en particular de los alimentos, ver Zudáñez V., Revista Estudios Nº ), orientados a cubrir una parte significativa del capital variable. Por lo dicho, la 2ª división internacional del trabajo significa la ubicación geográfica de las ramas de menor crecimiento relativo (alimentos y materias primas) en los países dependientes y las de mayor dinámica en los dominantes.

 

La acumulación en cada una de las dos regiones no hace más que reflejar eso. La baja acumulación relativa de capital en los países dependientes, y en particular en el Uruguay, expresa el fenómeno de diferentes velocidades de crecimiento de la demanda mundial referida a los diferentes valores de uso. Si se consideran además las razones que determinan velocidades inversas de crecimiento demográfico, se obtiene un desfasaje completo entre crecimiento de población y crecimiento económico. Es decir, acumulación de capital diferencial per cápita en el área industrializada y el área dependiente. Con todas sus consecuencias económicas, sociales y políticas.

 

Los países que alcanzan históricamente temprano a la gran industria, (o más precisamente, sus capitalistas), acumularán capital más velozmente. Y en condiciones de reducción de la tasa de ganancia dentro de sus fronteras debida a la propia sobreacumulación, tenderán no ya a exportar solamente mercancías, sino a exportar capital, es decir, exportar la relación capital/trabajo hacia las áreas de menor acumulación. ¿Se modifica así la 2ª división internacional del trabajo? ¿Se homogeneiza así el desarrollo del capitalismo en el mundo? La experiencia está mostrando que no. El capital exportado no reproduce su historia. Al implantarse sobre una matriz de baja acumulación previa, (que incluso puede tener sólo parcialmente desarrollada la relación trabajo/capital), atacó originalmente la producción de materias primas, minerales y alimentos para la exportación y su propio autoabestecimiento metropolitano, al hacerlo impulsó la tendencia a participar en el mercado mundial sólo con éstos productos por parte de los países dependientes[ix].

 

Y si recordamos que la exportación de capital asume la forma de exportación de medios de producción, es claro que refuerza la deformación económica y la reproducción dependiente del capital en los países subordinados. Porque sólo con exportaciones de materias primas y alimentos es posible recuperar ganancias del capital exportado. Y sólo mediante las mismas pueden importar los medios de producción para su industrialización parcial, particularmente los que no sean suplidos por la exportación de capital.

 

Entonces, la exportación de capital refuerza la modalidad de desarrollo capitalista del área subordinada: especializada en la exportación de bienes derivados del agro y de la minería. La ley descubierta por Marx en lo que refiere a la división internacional del trabajo se ejecuta por el comercio entre naciones con diferente despliegue de la industria, pero se refuerza con la exportación de capital.

 

Existió un reforzamiento de la división internacional del trabajo mediante el dominio colonial, que no necesita apoyarse en mecanismos propiamente económicos. Pero obsérvese en Marx el énfasis sobre procedimientos económicos que refuerzan la concentración de la gran industria en los "centros", de acumulación diferencial, que agudiza la diferencia y el predominio sobre la Gran Industria de los países dependientes. El libre movimiento de capitales sobre fronteras nacionales no acarreó la homogeneización de la acumulación y del desarrollo del capitalismo. La exportación de capital propia de los finales del siglo XIX y del XX no hace más que desarrollar puntualmente (aisladamente) el capitalismo y un desarrollo periférico de las fuerzas productivas de manera aislada, puntual, que contemporáneamente se manifiesta en Corea, Taiwán, Singapur, y más recientemente en China e India.

 

El monopolio de la propiedad sobre los medios mundiales de producción por parte de los países industrializados tiende a mantenerse con el libre movimiento de capitales, es una expresión superior de la reproducción de la relación trabajo/capital. Y significa una expresión superior de la ley del empobrecimiento relativo de los asalariados planteada por Marx: es el empobrecimiento relativo de los obreros del mundo dependiente (y de casi la totalidad de sus capas sociales) ante los empresarios (pero también de otras capas sociales) de los países desarrollados. Es simultáneo al empobrecimiento relativo de los asalariados de los países desarrollados, pero más agudo. El gran tema teórico es responder: ¿Por qué es así? ¿Podría ser de otra forma? Creo que las respuestas se encuentran básicamente en la misma división internacional del trabajo que antecede históricamente a la exportación de capital. La dinámica de acumulación de capital no radica en los medios de vida sino en los medios de producción. Es que la industrialización de los países "desarrollados" y la industrialización parcial de los demás no son fenómenos independientes: la primigenia ventaja de montar la gran industria otorga desarrollo técnico, enlace y demanda con el desarrollo científico, calificación de los trabajadores, competitividad y captación de mercados, es decir, profundización de la gran industria. Y por tanto, posibilidades superlativas de acumulación para los países "desarrollados". Y la sobreacumulación va secretando la exportación de capital hacia el área subordinada.

 

Es evidente que a los países industrializados les conviene el libre movimiento de mercancías y de capital sobre fronteras (Trías V., op cit, pág. 181) pero no siempre es evidente que desde el punto de vista nacional resulta una utopía esperar que éste libre movimiento acarree el montaje de la industrialización a todos los países.

 

Si bien es sabido que Marx en sus estudios sobre Irlanda indicaba que ésta requería de independencia de Inglaterra para proteger su industria, no está extendido el conocimiento de que uno de principales factores de la revolución de independencia de EE.UU. fue el rechazo a la prohibición inglesa de instalar nuevas fábricas[x]. Es que el progreso económico y social ha estado vinculado a la lucha de intereses y al desenlace de ésta.

 

Es difícil encontrar un país que haya alcanzado la plena industrialización, la que profundiza hasta la producción de medios de producción, sin que ésta formara parte de un proyecto nacional. Y en general, en dura pugna internacional. Tiene razón Trías al sostener "Las grandes potencias tratan de sostener, en su provecho, una división del trabajo internacional que les reserva el privilegio exclusivo de la industrialización. Se oponen... al crecimiento industrial de las sociedades marginales y rezagadas". (Op cit pág. 181). Por eso, la división internacional del trabajo no puede ser interpretada como un fenómeno "natural", fruto del desarrollo económico espontáneo del capitalismo a escala mundial. En cierto momento histórico la participación en el mercado mundial con materias primas y alimentos (es decir, la incorporación a la división internacional del trabajo con el papel secundario) fue una aspiración de las colonias (como la Banda Oriental) para zafar del monopolio de la metrópolis. En su momento fue progresivo. Pero luego pasa a ser funcional a los centros industrializados, y muchas veces una imposición de los mismos.

 

La división internacional del trabajo es celosamente custodiada por los países que se benefician de ella, como subraya Trías en la cita de arriba. Los convierte en abastecedores mundiales de los medios de producción industriales y el libre movimiento de capitales sobre fronteras nacionales los desahoga de sobreacumulación de capital y caída de la tasa de ganancia, localizando en la periferia y bajo su propiedad las expresiones menos avanzadas de la industria.

El libre movimiento del capital mundial no arroja para el Uruguay la perspectiva de una situación diferente que la actual. La forma de participación actual en el mercado mundial no viene significando para nuestro país un espacio de perspectiva, de acumulación de capital, despliegue de las fuerzas productivas, empleo, aumento de salarios reales. Este lugar está reservado a quienes cumplen el papel de base industrial productora de medios de producción para el resto del mundo.

 

Es el puesto privilegiado en la interrelación internacional. El que por otra parte, otorga la gran estabilidad política que caracteriza a los países industrializados.

 

Ahora bien, ¿cuál es la experiencia de la exportación de capital de los países industrializados en los últimos tiempos? ¿Hacia dónde se dirigen sus flujos?

·       Entre los  propios países industrializados. Es el principal flujo y no lo consideraremos ahora;

·       Hacia los tigres asiáticos, aunque hay estudios como los de Faynzylber que no la destacan como causa de su crecimiento industrial;

·       Hacia países con mercados internos ya grandes (y desarrollo industrial respetable) como Brasil y México, pero con salarios bajos;

·       Hacia zonas de bajo desarrollo del capitalismo, integrándolas al mercado mundial e incorporando masas de campesinos al trabajo asalariado y al aumento de la productividad. Es el caso de China, en un fenómeno nuevo por su  velocidad (no siempre se tiene en cuenta que la avalancha de mercancías baratas de los últimos tiempos tiene tal origen).

 

¿Puede un país cifrar sus esperanzas de desarrollo industrial en el movimiento espontáneo del capital mundial? No se pueden ignorar las experiencias. Posiblemente China haya elegido su mejor opción pero por lo general la inversión extranjera no profundiza la industrialización: México siguió exportando materias primas, alimentos (luego petróleo) e importando medios de producción. Se mantuvo su reproducción dependiente de capital. Es menos claro el caso de Brasil, donde además han existido una cantidad de acciones de política económica industrializadora, de la que su iniciativa del MERCOSUR es un ejemplo[xi].

 

Frente a las dificultades manifiestas para lograr un desarrollo industrial en profundidad caben dos posiciones: aceptarlo como un dato solamente modificable por el mercado y el movimiento espontáneo del capital. Y a esto empujan las políticas de los organismos financieros internacionales expresando el interés de conservación del monopolio industrial de punta de los países industrializados. Es también la posición sostenida por la clase dominante del Uruguay en las últimas tres décadas, en coincidencia íntegra con ellos y los centros dominantes.

 

Pero hay otra opción: identificar los cambios necesarios y contribuir a la construcción de las condiciones sociales y políticas requeridas para aplicarlos. Es una opción en la que los pueblos son sujetos y no objetos de la historia, factores de cambio y no un conjunto de seres sufrientes por acontecimientos que no entienden.

 

Por lo dicho, creo que la principal relación social de producción a escala internacional, la que marca la contradicción fundamental de la época, es el monopolio de los capitalistas del área industrial sobre la propiedad de los medios mundiales de producción y de cambio, sobre todo sus formas superiores de gran industria productora de medios de producción, que expresan el desarrollo superlativo de la ciencia y la tecnología.

 

¿Cómo romper éste monopolio y abrir paso al desarrollo de las fuerzas productivas en los países dependientes? ¿Cómo alcanzar un desarrollo industrial - capitalista - en profundidad, completamente diferente y superior que la producción y procesamiento de materias primas agropecuarias? Es claro que no por un procedimiento "legal", institucional, de un nuevo estado en el que cambia la clase dominante y decreta la abolición de cierta forma de propiedad privada. La clave radica en la política económica orientada por el objetivo de la industrialización en profundidad. Su identificación y aplicación constituye el desafío inmediato del desarrollo económico. Y por  tanto, el desafío para las fuerzas del progreso. Si las fuerzas progresistas encaran un programa de profundización industrial tienen un carácter nacional, popular y democrático.

 

En efecto, los conflictos externos con el interés nacional de desarrollar una estrategia de industrialización en profundidad reclaman el papel de una fuerza política nacional para aplicarla. La voluntad de superar los obstáculos radica en la vocación popular de una fuerza política que sabe que el avance del bienestar de las mayorías se asocia con los logros de tal estrategia. Y el carácter democrático de las fuerzas progresistas se sustenta en la convicción de que la vida en democracia es una conquista histórica de convivencia humana que se debe preservar y que la empresa de gestionar el desarrollo de las fuerzas productivas con un signo progresivo (y no solamente inercial) es de tal magnitud que requiere el apoyo de la mayoría del pueblo.

 

Todo intento de política económica industrializadora en profundidad debe recordar las experiencias del país, particularmente una de notable trascendencia, la del Presidente Luis Batlle (en continuidad con las medidas del Consejo Nacional de Administración previas al golpe de estado de Gabriel Terra). Un eje de tal política radicó en la creación de rentabilidad para el capital industrial mediante control de cambios y tratamiento preferencial a la industria nativa y su abastecimiento, restricciones a las importaciones competitivas (al extremo de aplicar cupos), administración de la tasa de interés, etc. Como resultado aumentó la producción industrial hasta alcanzar el 24% del Producto Bruto Interno, al tiempo que creció el empleo y el nivel salarial por reducción del desempleo a un mínimo de 5% nunca vuelto a alcanzar. No corresponde repetir aquí las causas del agotamiento del proyecto industrializador llevado adelante hasta el año 1957, mencionemos solamente que además de dificultades mencionadas, fue objeto de ataques ilustrativos de los conflictos que se desatan cuando un país aplica una estrategia que afecta intereses locales e internacionales.

 

¿Es posible retomar una política similar en la actualidad? Para contestar hay que los cambios sucedidos. La política industrializadora de Luis Batlle se agotó por el marco de restricciones existentes, en primer lugar la incapacidad de soportar las necesidades crecientes de importación de medios de producción mediante las reducidas divisas logradas con la exportación de materias primas y alimentos (sobre todo en un cuadro de reducción de sus precios motivada en la protección de los países industrializados y de sus excedentes volcados al mercado internacional). En tal cuadro la ganadería perdió su captación de renta internacional y el resultado fue el aumento de la cotización del dólar, la disminución del margen de maniobra del control de cambios y la reducción de la rentabilidad de la actividad industrial, sobre todo de las opciones de nuevas inversiones. También operó el incremento real de salarios asociado al nivel mínimo de desempleo, que recortó la ganancia empresarial. La derrota política del proyecto industrializador tuvo un componente clave en su agotamiento económico y el descontento popular que se expresó como triunfo del Partido Nacional y Nardone.

 

Ciertamente que no es unánime tal valoración de la política industrializadora de Luis Batlle, entre otras razones porque no conocemos el país que tendríamos en el caso que no se hubiera aplicado. Pero desde nuestra opinión ilustra sobre las posibilidades de acelerar las fuerzas del mercado mediante acciones de gobierno que identifican un camino deseable dentro de los posibles. Podríamos decir que es la gestión gubernamental del más rápido desarrollo de las fuerzas productivas.

 

Si no se percibe que el eje de las propuestas transformadoras debe estar en medidas que estimulen la industrialización en profundidad se cae frecuentemente en el voluntarismo, en propuestas que apuntan a la redistribución, impotentes ante las tendencias de desindustrialización o capaces de agravarlas.

 

Ciertamente que la producción agropecuaria es hoy el sostén de nuestra inserción internacional en tanto que la agroindustria es lo fundamental de la actividad fabril y de las exportaciones. Y es cierto que el progreso social uruguayo frente otros países subdesarrollados se logró mediante la producción agropecuaria y la agroindustria, seguramente debido a la favorable dotación de recursos naturales y la temprana aparición de relaciones de producción capitalista (también Australia, exportador de minerales y productos agropecuarios, con destacado desarrollo social, aparece con similitudes en éste sentido). Por lo que  una estrategia de industrialización en profundidad no podría desatenderlos: es lo que tenemos y tendremos por un buen tiempo

 

Volvamos al punto que nos ocupa. Diversas razones impiden repetir el pasado en lo que refiere a las formas de promoción productiva:

 

1. en lo que refiere a la renta internacional de los productos de la ganadería, se estrechó durante décadas a un mínimo; el excedente de tal origen captable para una rentabilización de la industria (al estilo de lo realizado mediante cambios múltiples) es insignificante frente al que existió durante la guerra de Corea (los nuevos precios del mercado internacional, a partir de los primeros años del presente siglo  han aumentado y creció tal excedente pero no será fácil captar);

           

2. la protección arancelaria para el desarrollo de la industria nativa está restringida por los acuerdos del MERCOSUR: arancel común y sobre todo por la desgravación arancelaria intramercosur

 

3. la industrialización mediante la participación directa del Estado no parece poder recorrer experiencias exitosas, como en su momento lo fue la ANCAP.

 

4. la promoción productiva es más compleja que en el pasado pues el destino fundamental de la producción es el mercado internacional.

 

De manera que no parece posible una repetición del tipo de política industrializadora llevada adelante por el batllismo hasta la década de los 50’ del siglo pasado. Lo que sí resulta imprescindible es repetir su énfasis, su identificación de la importancia, su traslación a la población para encarnar en ella el objetivo, básicamente fundamentado en la generación de empleo, la defensa del trabajo nacional y la construcción de un país socialmente más justo e integrado. Sin ello es impensable construir una amplia base política y social de apoyatura y participación en el proyecto de promoción productiva.

 

Las herramientas de promoción del pasado no se pueden repetir por las razones indicadas, habría entonces que concretar apoyos a las actividades industriales de perspectiva, como desgravación impositiva, apoyos de la Universidad, de los Entes, del Latu para la innovación, así como la calificación de personal de acuerdo a las necesidades.

 

Una clave del futuro radica en participar en una complementación industrial del MERCOSUR, particularmente con Brasil. No será sencillo ni Brasil lo concederá alegremente. La población desconoce que se hayan negociado con Brasil formas de complementación industrial para superar un papel exclusivo de productor de alimentos y materias primas agropecuarias para el Uruguay. Si se intentó por anteriores gobiernos o por el nuestro, habría que difundirlo, así como sus resultados. Pero no deberíamos cejar pues para Uruguay es una oportunidad difícil de calificar en su importancia.

 

Lo expuesto no es excluyente de procurar con acciones sistemáticas de la política económica la localización dentro del país de las empresas transnacionales que generalmente significan la máxima expresión del desarrollo técnico y científico. Más allá de lo que pueden significar desde el punto de vista de la creación de empleo y generación de divisas, es de notable importancia el aprendizaje nativo de sus procesos. El mayor peligro no es la explotación internacional sino la marginación de la industrialización mundial.

 

Y cerremos el punto con algunas consideraciones sobre la fase favorable de precios internacionales de productos agropecuarios: en menos de un lustro ocurrieron fenómenos de mercado que nadie previó y han empujado a un salto arriba de los precios internacionales de los productos de origen agropecuario. El efecto negativo del proteccionismo agrícola de los países industrializados (que parecía inamovible) sobre los precios internacionales de productos de clima templado cedió en importancia frente a la incorporación al mercado por de masas antes marginadas, debido, en primer lugar al desarrollo capitalista de China, India y de Asia en general. En igual dirección opera la superficie creciente de tierras agrícolas del mundo dirigidas a la producción de biocombustibles, abandonando la producción de alimentos.

 

El mercado mundial ha pasado de ser un factor de estancamiento de nuestro agro a un estímulo a la producción agropecuaria nacional. ¿Continuarán operando tales factores u otros para mantener elevados los precios de nuestros productos agropecuarios? ¿Volverá a disfrutar el país de una importante renta internacional? No me introduzco al mundo de la magia y del pronóstico pero es claro que mientras ocurra, se suavizarán los problemas económicos y sociales del país y del campo pues es esperable un aumento de exportaciones y de empleo, sobre todo, de empleo rural y agroindustrial.

 

¿Alcanzará el efecto del aumento de los precios de nuestras exportaciones agropecuarias como para dinamizar el conjunto de la economía nacional? No es un tema menor. Dejo planteada la pregunta pero si no ocurre así, el aumento de los precios agropecuarios se manifestará negativamente para el conjunto de la población al elevar el costo de alimentos básicos como carne, leche, pan, fideos. Pero el mejoramiento de los precios internacionales de nuestras exportaciones sin duda contribuye al propósito de construir el “país productivo”. Y también a reducir las tensiones sociales capaces de impulsar reclamos de cambios en la propiedad sobre los medios de producción. Pero reaparecerá un tema viejo: la pugna nacional por la apropiación de la renta incrementada de la tierra. La reforma impositiva ha gravado a los arrendatarios y aportará recursos genuinos a las necesidades sociales pero ya se escuchan reclamos sobre su insuficiencia.

 

Finalmente, a modo de síntesis  

HIPOTESIS 1. El modo de producción capitalista es absolutamente dominante en el Uruguay y se caracteriza por un débil desarrollo de las fuerzas productivas, sobre todo la industria, frente a los países industrializados. Nuestra inserción en el mercado mundial muestra una alta tasa de apertura pero se logra básicamente mediante productos derivados de la ganadería y la agricultura que vienen teniendo dificultades debidas a una dinámica de demanda menor que la de productos industriales a lo que se suma el proteccionismo de los países industrializados, que al exportar alimentos con subsidios deprimen los precios internacionales y traban nuestra tecnificación agropecuaria.

 

TESIS 1. El desarrollo económico sustentado en la exportación de materias primas y alimentos se ve dificultado y sus perspectivas son pobres, con riesgo de marginalizarnos del mercado mundial y de procesos técnicos avanzados. Sin desatender acciones de fomento de la producción agropecuaria y la agroindustria (hoy lo fundamental de la industria) la clave del desarrollo radica en fundar dentro del país actividades industriales dinámicas. El problema fundamental es evitar la marginación y no una "explotación" a escala internacional.

 

HIPOTESIS 2. Más allá de las dificultades de acumulación de capital, la economía nacional no se encuentra inmóvil ni puede sostenerse que el modo de producción capitalista haya agotado sus posibilidades de desarrollo económico.

 

TESIS 2. Se conservan las razones de la propuesta programática original del FA de encarar transformaciones dentro del modo de producción capitalista.

 

HIPOTESIS 3. Por su  parte, el sistema del socialismo real bajo forma de propiedad estatal de los medios de producción y de cambio evidenció imposibilidad de competir económicamente con el capitalismo, no incorporó la ciencia a la producción, rezagó en competitividad y fue abandonado por las mayorías cuando tuvieron posibilidad de expresarse.

 

TESIS 3. Ha perdido vigencia la tesis de la posibilidad en Uruguay de un rápido transito de una fase democrático liberadora a una fase socialista, lo que exige pensarla de otra manera.

 

HIPOTESIS 4: El modo de producción capitalista define, intrínsecamente, lo fundamental de la distribución. El nivel del salario real (y del conjunto de ingresos de la sociedad) no es, en lo básico, modificable por el gobierno. Las mejores experiencias nacionales en lo que refiere a distribución, empleo e integración social se remiten al período de industrialización de la década 1945/55, apoyado por altos precios internacionales de productos agropecuarios. Las dificultades posteriores de dicho proceso condujeron a reducción de empleo y salarios. Y la intensa lucha sindical de dos décadas no pudo evitarlo.

 

TESIS 4: La opción más progresiva desde el punto de vista social es alcanzar el objetivo de localizar dentro del país las expresiones avanzadas de la industria moderna. Para lograr una redistribución de la ocupación desde tareas menos calificadas hacia actividades de alta calificación y productividad.

 

HIPOTESIS 5. En lo que refiere al agro: "No existe una fuerza social en el campo reclamando tierras...; Las condiciones predominantes de precios y economías de escala impiden la supervivencia económica de pequeños productores creados por repartos de tierras; El desarrollo de la ganadería se ha cumplido dentro de un marco general de restricciones y con un bajo nivel de acumulación de capital ganadero; pero no existen formas precapitalistas que reclamen la fractura de la gran propiedad terrateniente;  El cambio de propiedad sobre los grandes predios ganaderos no conduciría a una modificación progresiva del uso del suelo;  La gran propiedad ganadera no presenta una productividad menor que los predios pequeños y medianos;  Los terratenientes (básicamente ganaderos) han perdido posiciones económicas y políticas debido al desarrollo general de la economía, a lo que se agrega la reducción de la renta histórica ganadera por las condiciones de mercado internacional... (material de la comisión de ganadería de la Com de Prog del FA).

 

TESIS 5. Las transformaciones progresivas no incluyen cambios relevantes en la propiedad de la tierra.

 

HIPOTESIS 6. En lo interno, la disconformidad social con la situación económica nacional da bases para desplazar del gobierno las políticas económicas prescindentes en lo que refiere a objetivos de producción (esencia de las políticas económicas neoliberales).

 

TESIS 6. El tipo de transformaciones necesarias abre un campo nuevo de alianzas con sectores sociales y grupos políticos que el viejo enfoque consideraba imposible: una concertación nacional dirigida al desarrollo de la producción nacional y en particular a la industrialización de perspectivas.

           

HIPOTESIS 7: Si fuera correcta la afirmación que una estrategia de desarrollo debería centrarse en la promoción de industrias de perspectiva, hay que registrar la inexistencia de esta idea en la izquierda y otros sectores sociales.

 

TESIS 7. El elemento de aproximación de diversas fuerzas sociales del país para constituir alianzas políticas sería el proyecto de desarrollo productivo y particularmente industrial. Lo que implica difundir el proyecto y hacerlo arraigar en las mayorías.

 

HIPOTESIS 8. En lo externo, la disponibilidad de formas técnico productivas avanzadas es un privilegio (monopolio) de una minoría de países que les permite hegemonía económica y militar mundial, en organismos internacionales, así como alcanzar niveles de vida y empleo completamente superiores que el resto del globo, otorgándoles además integración social y estabilidad política.

 

TESIS 8. Tal núcleo de países no es indiferente a la conservación de tal monopolio y los que procuran acceder a las formas técnicas avanzadas no solamente encuentran límites materiales sino además restricciones políticas y decisiones estratégicas de las

corporaciones: la actual división internacional del trabajo favorece a  los países centrales y en el momento de decidir dislocaciones por exportación de capital, las plantas industriales de punta permanecen en las metrópolis, las otras pueden desplegarse en el resto del mundo. Del movimiento espontáneo del capital no debe esperarse la mejor alternativa de desarrollo nacional. Constituye nuestra principal diferencia con el neoliberalismo.

 

HIPOTESIS 9. Las políticas proteccionistas de la producción agropecuaria y de dumping en el mercado mundial de los países industrializados no ceden a pesar de compromisos internacionales. Complican enormemente la perspectiva de los países exportadores de alimentos como el Uruguay y refuerzan su marginamiento.

 

TESIS 9. Aún la defensa del pobre papel que nos depara la actual división internacional del trabajo implica confrontación con intereses internacionales opuestos al nacional. En nada se parece a la idílica descripción del mercado libre. Y reclama amplias alianzas nativas para enfrentarlas, así como con países socios en la adversidad.

 

HIPOTESIS 10: La experiencia nacional muestra que la principal forma, por lejos, para promover la industrialización inicial fue la contribución de la política económica a la rentabilidad del capital vía aranceles y cambios diferenciales; la fuente de recursos fue el ingreso de los consumidores y la renta internacional de la ganadería. Actualmente el papel rentabilizador lo cumplió la reducción salarial acelerada por la dictadura y conservada en democracia, junto al nivel de desocupación propio del actual modelo de crecimiento.

 

TESIS 10: El achicamiento de la renta internacional de la ganadería y de otros productos agropecuarios clausura la promoción de la industria mediante esta vía. Y los compromisos del MERCOSUR impiden la aplicación de aranceles protectores. Por lo que es imprescindible desarrollar otras formas de promoción industrial. Nuestro principal esfuerzo propositivo debe estar allí. De forma tentativa y abierta:

 

Las actividades industriales de perspectiva deberían recibir

            . desgravación impositiva,

            . apoyo de la Universidad, de los Entes, del Latu,

            . calificación de personal de acuerdo a las necesidades,

 

Se pueden promover como acceso al MERCOSUR para compañías extra MERCOSUR (y esto asociado con negociación con Brasil para que Uruguay alcance una complementación industrial y no solamente como productores de alimentos y materias primas agropecuarias).

 

HIPOTESIS 11: La estabilidad de la moneda y la reducción de la inflación de los últimos años están asociadas a reducción de la emisión de dinero y ésta a la disminución del déficit fiscal del gobierno.

 

TESIS 11: Un gobierno progresista debería, en pos de las inversiones industriales, cuidar estos componentes favorables a las mismas. 

El Ingeniero Gonzalo Pereira fue decanos de la Facultad de Agronomía, Maestro en economía egresado de la UNAM, autor del reciente libro “Protagonista oculto de la historia nacional, el atraso cambiario” y numerosos trabajos sobre economía, temas agrarios y del campo uruguayo. 

 

[1] Presentado en las JORNADAS DE REFLEXION - LA IZQUIERDA Y SU PROYECTO DE PAIS; organizadas por la Comisión Fundadores y Ex –Dirigentes de la CNT y Fundación Vivian Trias, Noviembre 2007.

 

[1] Declaración Programática del Partido Comunista, aprobada por el Congreso en 1958.

[1] En el año 1948, el argentino Rodolfo Puiggrós sostenía “en el descubrimiento de las leyes que rigen nuestro desarrollo nacional, lo mismo que en el encuentro de los caminos que nos conduzcan a la plena realidad de la revolución agraria y antiimperialista…” (Historia económica del Río de la Plata, Editorial a.peña lillo s.r.l., Prefacio de la segunda edición).

[1] Coloco aquí mi recuerdo y reconocimiento a Luis Stolovich, quien alertó sobre los cambios de la sociedad uruguaya, sobre todo bajo el periodo de la dictadura, y la necesidad de reconsiderar los puntos de vista tradicionales.

[1] En “Protagonista oculto de la historia nacional – el atraso cambiario” realiza una aproximación a la ocurrencia por tres veces en el último medio siglo de tal causal de crisis y movilización rural.

[1] "No existe una fuerza social en el campo reclamando tierras...; Las condiciones predominantes de precios y economías de escala impiden la supervivencia económica de pequeños productores creados por repartos de tierras; El desarrollo de la ganadería se ha cumplido dentro de un marco general de restricciones y con un bajo nivel de acumulación de capital ganadero; pero no existen formas precapitalistas que reclamen la fractura de la gran propiedad terrateniente;  El cambio de propiedad sobre los grandes predios ganaderos no conduciría a una modificación progresiva del uso del suelo;  La gran propiedad ganadera no presenta una productividad menor que los predios pequeños y medianos;  Los terratenientes (básicamente ganaderos) han perdido posiciones económicas y políticas debido al desarrollo general de la economía, a lo que se agrega la reducción de la renta histórica ganadera por las condiciones de mercado internacional... (14 agosto de 1998, Comisión de Ganadería + Comisión de Programa del FAPRIVATE ).

[1] Siendo precisos, una parte corresponde a renta internacional y no de plusvalía generada internamente pero a los efectos es lo mismo.

[ii] Se dice que Brasil limita la propiedad de extranjeros en tierras que integran una amplia faja limítrofe.

[iii] Desarrollé este punto en "Futuro de la Sociedad Uruguaya: Hacia los cambios necesarios y posibles“; Capítulo: Rumbos del desarrollo económico: contribución a la discusión de alternativas"; 1999; Centro de Estudios Estratégicos 1815, dirigido por el Gral. Líber Seregni. Editorial Banda Oriental, 52pp

[iv] Sobre el plan de trabajo de Marx se puede consultar Pereira G., Protagonista oculto de la historia nacional – el atraso cambiario; 2006, Edit. Hemisferio Sur, p 101 y "Marx hoy: encuentro sobre vigencia y renovación del marxismo", noviembre 1996, Capítulo “El plan de trabajo de C. Marx”, Seminario organizado en la Facultad de Ciencias Sociales.

[v] Pereira, G., "Relaciones internacionales de producción y ley del valor". Editorial Sigo XXI. México, 1985

[vi] Ver sobre el punto el intento realizado en "Relaciones Internacionales de Producción"; Pereira, G.,  Editorial Siglo XXI, 1986. Y el Anexo I de "Desafíos del Desarrollo Económico"; Pereira, G.; Editorial Hemisferio Sur.

[vii] Consultar en el notable trabajo de Agustín Cueva “El desarrollo industrial de América Latina”, Editorial Siglo XXI, 197?, la importancia  que asigna al mercado interno como integrador de la nacionalidad. Y al contrario, el efecto del pobre desarrollo del mercado interno de América recientemente independiente, sobre la ausencia de un empresariado nacional, las persistencia de las guerras civiles y la desintegración social y política que caracterizó al siglo XIX.

[viii] Diversos trabajos subrayan la importancia económica y social de la política industrializadora aplicada por Uruguay. Mi punto de vista se encuentra en “El viraje de la 15: del dirigismo económico al neoliberalismo”, Pereira, G., Editorial Gandhi, 1986.

[ix] Recordemos que los frigoríficos extranjeros fueron la primera forma de gran industria en nuestro país.

[x] Atlas Histórico Mundial, H. Kinder y W. Hilgemann, Ediciones Istmo, Tomo II, pág. 13.

[xi] En los capítulos 3 y 4 de “Desafíos del Desarrollo Económico”, Op. Cit. se intenta mostrar que la iniciativa brasileña del MERCOSUR corresponde a su estrategia de desarrollo industrial de larga data.

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