|
El combate al crimen organizado,
principal desafió del nuevo
gobierno de Guatemala
por el doctor Carlos Sabino
El resultado electoral de las
elecciones presidenciales guatemaltecas ha llevado
al poder a Álvaro Colom, representante de la Unión
Nacional de la Esperanza (UNE). Su presidencia, que
comenzará en enero, deberá hacer frente a una agenda
compleja, que incluye tanto temas de orden público y
seguridad ciudadana como la necesidad de mantener el
crecimiento económico. Estos elementos fueron
analizados por el Dr. Carlos Sabino en el trabajo
que sigue a continuación para el Real Instituto
Elcano.
Resumen:
La segunda vuelta de las
elecciones presidenciales de Guatemala, celebrada el
pasado 4 de noviembre, se desenvolvió en completa
normalidad y arrojó un ganador que no promete, en
principio, demasiados cambios. Álvaro Colom,
abanderado de la Unión Nacional de la Esperanza
(UNE), con un programa moderado de izquierda, logró
imponerse con el 53% de los votos en su tercer
intento de alcanzar la presidencia. La seguridad y
el empleo fueron los temas centrales de la campaña y
la fuerza organizativa de la UNE, en especial en las
zonas rurales, resultó decisiva en este triunfo. Sin
mayoría en el congreso, aunque con la minoría
mayoritaria, la UNE tendrá que apelar a una política
de consensos para poder desarrollar su programa. El
derrotado Otto Pérez Molina, del Partido Patriota (PP),
surgió como una figura política de alcance nacional,
consolidando a su partido como una pieza clave del
panorama político de Guatemala.
Análisis:
Guatemala elige
democráticamente sus gobernantes desde hace más de
20 años, con escasos sobresaltos y con un sistema
electoral que se ha ido perfeccionando con el
tiempo. La constitución de 1985 establece un régimen
presidencialista con una vicepresidencia fuerte,
capaz de contrapesar en parte el poder del primer
magistrado. En las últimas elecciones, que han
requerido siempre una segunda vuelta, se han
impuesto por lo general fuerzas de centro o de
centro derecha, con programas poco definidos y con
vicepresidentes más inclinados hacia la izquierda.
Sólo durante la presidencia de Alfonso Portillo
(2000-2004), del Frente Republicano Guatemalteco
(FRG), se adoptaron políticas de corte populista
que, como suele suceder, no produjeron mayores
resultados concretos. Ni estas políticas, ni la
personalidad carismática del fundador del partido
el general Efraín Ríos Montt pudieron evitar el
pronunciado declive del FRG ante los múltiples casos
de abierta corrupción que se dieron durante este
período de gobierno. A Portillo, que reside ahora en
México, se le siguen juicios por peculado y
malversación de fondos que no se han concretado
hasta el momento en ninguna sanción.
La administración actual, que
entregará el poder el 14 de enero próximo, está
encabezada por Oscar Berger, figura principal de la
Gran Alianza Nacional (GANA), una alianza de
partidos considerada por lo general de centro
derecha pero que no posee perfiles ideológicos
demasiado acusados. Desde hace más de 20 años los
partidos políticos guatemaltecos carecen de
definiciones políticas precisas, tienden todos hacia
el centro político y son bastante personalistas,
organizándose siempre alrededor de algún líder. Son,
por eso mismo, bastante propensos a las divisiones y
a los acuerdos efímeros con otras fuerzas políticas,
todo lo cual da por resultado una cierta
inestabilidad en el panorama general de la política
guatemalteca.
El presidente Berger ha hecho
un gobierno discreto, sin grandes aciertos ni
fracasos, y su administración en general se
considera buena. Ha habido un crecimiento económico
sostenido, aunque no demasiado notable, por lo que
la pobreza se ha ido reduciendo pero de un modo
lento, sobre todo por el alto crecimiento de una
población que todavía es en gran parte rural. Las
cifras del último año han sido especialmente buenas:
se calcula que habrá un crecimiento del 5,6%, con
una inflación del 7,3% y un aumento de las
exportaciones de más del 20%. Este último hecho y la
gran cantidad de remesas que envían los
guatemaltecos que residen en los EEUU (más de un
millón, la mayoría ilegal) han permitido fortalecer
la moneda nacional en un ambiente de estabilidad
macroeconómica favorable al crecimiento de los
negocios.
Pero la GANA, sin embargo, no
ha podido cosechar los frutos de esta relativa
bonanza. Dividida internamente y con diversos
problemas que le impidieron escoger un buen
candidato a tiempo, se presentó debilitada a la
primera vuelta electoral y quedó tercera en el
recuento de los votos, aunque con una fuerza
importante en el parlamento.
Las elecciones de septiembre
En la primera vuelta electoral
la ciudadanía tuvo ante sí numerosas opciones tanto
para la presidencia como para los diputados al
congreso y los gobiernos municipales. La UNE resultó
la primera fuerza política, obteniendo el primer
lugar para su candidato a presidente, con el 28% de
los votos, seguida por el PP, con un 24%: apenas
algo más de la mitad de los ciudadanos se
pronunciaron por estas dos opciones, quedando
repartido el resto entre una docena de otros
candidatos. Igual de dispersa resultó la votación
para el congreso: la UNE obtuvo en definitiva 51
escaños, seguida por la coalición de gobierno, la
GANA, con 37, el PP con 29, el FRG con 14, y otras
fuerzas políticas menores, que en conjunto lograron
27 diputados. El Congreso de Guatemala tiene un
total de 158 escaños, por lo que ninguna fuerza
aislada está en condiciones de controlarlo. En esta
primera vuelta la extrema izquierda, representada
por la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca
(URNG) y la Alianza Nueva Nación (ANN), que
aglutinan a quienes pertenecieran a la guerrilla en
décadas anteriores, obtuvo apenas el 2% de los votos
y consiguió sólo dos diputados. La candidata
indígena Rigoberta Menchú, vinculada en otro tiempo
a la organización guerrillera Ejército Guerrillero
de los Pobres (EGP) y Premio Nobel de la Paz en
1992, logró una votación muy inferior a la esperada,
superando apenas la barrera del 3%. Particularmente
notable fue su escaso poder electoral en las zonas
indígenas del altiplano, donde obtuvo aún menos de
esa cifra; dichas zonas se inclinaron hacia la UNE
y, en algunas partes, hacia candidatos de grupos
locales y del FRG.
Durante esta primera vuelta
pudieron notarse ya las fortalezas y debilidades de
los dos principales candidatos. El mensaje de Álvaro
Colom, un ingeniero de 56 años, estuvo concentrado
en promesas de tipo social, como educación, salud y
vivienda, que resultó atractivo para una buena parte
del electorado pero no llegó a suscitar verdadero
entusiasmo. Colom un hombre tranquilo y poco
carismático ya se había presentado en las dos
elecciones anteriores, llegando a la segunda vuelta
en 2003 que perdió, ante Oscar Berger, con el 47% de
los votos. La UNE, el partido que fundara unos años
atrás, se había ido extendiendo en todos los
distritos del país consolidando una maquinaria
política que, después del proceso de disgregación
sufrido por la GANA y del ya mencionado declive del
FRG, la colocó como la principal fuerza política de
Guatemala, la única con una presencia activa en todo
el territorio nacional. Esta ventaja fue bien
aprovechada por el partido, que obtuvo 108 de los
332 alcaldes del país en la primera vuelta y le dio
un buen punto de partida para intentar otra vez
ganar la presidencia.
El otro candidato, Otto Pérez
Molina, centró su mensaje casi exclusivamente en el
problema de la seguridad con su lema mano dura. La
consigna caló sin dificultad en un electorado que
está sumamente preocupado por el clima de
inseguridad ciudadana que se vive en el país, con
altas tasas de homicidios y proliferación de bandas
de narcotraficantes y de maras, pandillas
juveniles dedicadas al crimen que extorsionan de un
modo despiadado a los habitantes más pobres del
país. Otto Pérez Molina, un general retirado que
había sido uno de los firmantes de los Acuerdos de
Paz de 1996, logró identificarse plenamente con el
eslogan, al punto que mucha gente lo apela aún,
simplemente, mano dura. Con una organización
partidaria relativamente nueva, pero con una imagen
definida y una campaña que comenzó antes que las de
los demás candidatos, el PP alcanzó un éxito al
colocarse en el segundo lugar de las preferencias y
poder concurrir, así, a la segunda y definitiva
ronda de las elecciones, superando a partidos mejor
organizados y con más larga trayectoria política.
La elección del 4 de noviembre
El Tribunal Supremo Electoral
había decidido que la segunda vuelta electoral se
hiciese casi dos meses después de la primera. Esta
circunstancia produjo cierto desgaste entre los
partidos concurrentes y una cierta saturación del
electorado, que enseguida se vio frente a una
campaña negra de rumores, insultos más o menos
velados y acusaciones entre los dos candidatos. A
ambos se les atribuyeron lazos con el crimen
organizado (sin que hubiese forma alguna de
comprobar tales denuncias) en tanto que a Colom se
lo presentaba como un hombre débil, dominado por su
esposa, y a Pérez como un militar sin sutilezas e
incapaz de presentar una agenda social. No hubo
realmente violencia en la campaña aunque sí un
lenguaje duro, multitud de rumores y un clima que en
definitiva produjo cierto rechazo en una fracción
del electorado.
Durante esas largas semanas las
encuestas comenzaron a favorecer, primero, al
candidato del PP, para luego dar en algunos casos
resultados que reflejaban un empate técnico y en
otros una leve ventaja para uno u otro de los
contendientes. Otto Pérez comenzó bien, atrayendo el
voto del electorado de centro derecha que reconocía
la importancia de la seguridad pública en el
desarrollo del país y desconfiaba del candidato de
la UNE y sus posibles vínculos con personas
supuestamente ligadas al crimen, como el general
retirado Ortega Menaldo. Pero mano dura cometió
algunos errores que luego debería lamentar: creyendo
que ya tenía en sus manos el triunfo, no concurrió a
un debate público que se había organizado, se mostró
incapaz de ampliar el foco de su campaña hacia otros
temas de interés, su mensaje comenzó a aparecer
repetitivo y hasta algo vacío y, finalmente, hubo un
pequeño escándalo en relación con diputadas de su
partido que le hizo perder también algo de
credibilidad.
Colom, en cambio, trató de
proyectar la imagen del hombre calmado y sereno que
ha analizado a fondo los problemas del país y que
tiene soluciones bien estudiadas para resolverlos.
Pero, más que la imagen, el candidato de la UNE
estableció compromisos a nivel local y consiguió
apoyos nuevos, de modo que, sobre todo en las
regiones rurales, pudo mantener y acrecentar el
caudal de votos que ya poseía gracias a su bien
aceitada maquinaria política.
Los resultados, en todo caso,
mostraron una diferencia bastante reducida entre
estas dos fuerzas políticas: Colom obtuvo un 52,7%
de los votos contra un 47,3% de Otto Pérez, en una
elección donde la abstención creció respecto a la
primera vuelta. El voto de Colom se distribuyó de un
modo bastante uniforme en las áreas rurales, pues
ganó en 20 de los 22 departamentos del país, en
tanto que el de Otto Pérez se concentró en la ciudad
de Guatemala, que ganó con casi el 60% de los
sufragios.
La abstención fue alta, de
alrededor del 53%, y resultó mayor que en la primera
vuelta electoral, como sucede siempre en Guatemala y
en muchos otros países. Diversos factores explican
esta cifra: en primer lugar existe un padrón
electoral en el que figura aún buena parte de los
guatemaltecos que han emigrado a los EEUU y que
suman más de un millón de personas. El sistema de
registro actual, algo anticuado, impide cuantificar
este factor que, de todos modos, resulta importante
en un padrón de no más de 6 millones de votantes. En
segundo lugar, parte de la abstención se explica
porque, al reducirse la elección a sólo dos
candidatos que habían obtenido apenas un 52% de las
preferencias en la primera vuelta, muchos electores
se encontraron sin motivación real para acudir a las
urnas; el hecho de que ninguno de los dos
presidenciables provocase intensas reacciones en
contra explica también, en cierta medida, por qué la
gente no acudió a votar en mayor proporción, pues
pocos eran los que veían algún peligro inminente
para la vida política de Guatemala, a diferencia de
lo que ha ocurrido en Perú, Ecuador y Bolivia en los
meses pasados. Otros votantes, de preocupaciones más
locales, no concurrieron a las mesas de votación
simplemente porque su interés se concentraba en la
elección de los alcaldes, ya realizada, o porque no
se sentían muy motivados a hacerlo ante el mensaje
poco sugerente que se les presentaba. El hecho de
que el domingo electoral culminase un largo feriado
iniciado el día 1 de noviembre puede explicar
también una cierta proporción del total de la
abstención.
Por otra parte, conviene
destacar que no hubo un número significativo de
votos nulos o en blanco y que el proceso se
desarrolló con una pulcritud digna de encomio. No
hubo incidentes que destacar, ninguna confrontación
violenta, y el recuento de los votos no fue objetado
por ninguno de los participantes. A tres horas del
cierre de las mesas se conocían ya los resultados
oficiales, prácticamente definitivos, y muy poco
después el candidato derrotado reconocía la victoria
de su oponente con altura y sin ninguna reserva. Los
mensajes de ambos, esa misma noche, fueron
conciliadores y políticamente maduros; el presidente
electo, entre otras cosas, manifestó: a partir de
hoy soy presidente de una elección y no secretario
de un partido político, llamando a un gran acuerdo
nacional y manifestándose abierto a compromisos con
todas las fuerzas políticas.
El panorama político
postelectoral
En estos momentos el presidente
electo comienza a dar, poco a poco, los nombres de
las personas que lo acompañarán en su equipo de
gobierno, que posiblemente no quede completo hasta
finales de año. Entretanto, con el resto de los
partidos políticos, se realizan reuniones para ir
logrando consensos en cuanto a la agenda legislativa
a avanzar.
La impresión predominante, al
menos en estos primeros días después de las
elecciones, es que Colom no realizará grandes
cambios en la conducción del país, manteniendo una
línea que, vagamente, podría llamarse
socialdemócrata. Esto significa que se mantendrán y
ampliarán, casi de seguro, las políticas sociales
actuales, con posibles incrementos en los gastos en
educación y salud, aunque estos no serán de una
magnitud que resulte impactante. La UNE ha prometido
concentrar sus esfuerzos en las áreas rurales y
avanzar una agenda que favorezca a la mujer y a los
indígenas, eliminando cualquier vestigio de
discriminación. Pero la rigidez del presupuesto
actual y los compromisos ya adquiridos con el gremio
docente dominado por la izquierda radical ponen
límites máximos y mínimos a las modificaciones
presupuestarias que pudieran hacerse. En Guatemala,
a pesar de la imagen internacional que existe, la
presión impositiva es relativamente importante y no
hay posibilidades concretas de aumentarla de un modo
significativo, sobre todo si se mantiene el interés
por atraer inversiones externas, ampliar la
capacidad turística y favorecer el desarrollo de la
producción local. Las tasas impositivas actuales no
son bajas comparadas con el resto de la región y, si
bien la presión impositiva general es menor que la
de los países vecinos, ello no obedece a que haya
pocos impuestos o que estos sean reducidos, sino al
amplio sector informal que existe, sobre todo en el
área rural.
En círculos empresariales se
teme que Colom intente aumentar los impuestos,
aunque nada definido se haya dicho hasta ahora a
este respecto. Pero, en todo caso, tales cambios no
se harán de un modo drástico o inconsulto sino, como
en el pasado, a través de un proceso de negociación
que sin duda será largo y complicado y que requerirá
de acuerdos parlamentarios de difícil negociación.
Bueno es destacar que el nuevo presidente no forma
parte de la ola populista que, alentada desde la
Venezuela de Chávez, ha sembrado inquietud e
inestabilidad en varios países de América Latina,
como Bolivia y Ecuador, por ejemplo. Por el
contrario, Colom no se propone modificar la
constitución, no tiene un discurso agresivo ni
conflictivo que llame a la lucha de pobres contra
ricos y, en los planes de futuros viajes que el
mandatario electo ha proporcionado el lunes 5 a la
prensa, no figura ninguno de los tres países que
acabamos de mencionar. La pertenencia al tratado de
libre comercio de América Central y República
Dominicana (DR-CAFTA) que incluye a las cinco
naciones centroamericanas, los EEUU y la República
Dominicana no está, para nada, en tela de juicio,
en especial por los buenos resultados económicos que
ya está proporcionando al país a un año de su
vigencia efectiva.
Conclusiones:
No es probable que se
produzcan cambios notables en Guatemala en los
próximos años o, al menos, esta es la impresión más
o menos generalizada que existe en los ambientes
políticos. El nuevo gobierno se enfrentará a serios
desafíos y deberá responder a las variadas promesas
que hizo el candidato durante la pasada campaña
electoral. El modo en que responda a estos retos
determinará su aceptación en la opinión pública y su
capacidad efectiva de negociación con las demás
fuerzas políticas.
Entre los principales temas que
requerirán la atención del nuevo mandatario está el
combate al crimen organizado que, con su dilatada
extensión, impide el progreso económico de los
sectores más pobres y ahuyenta las inversiones, tal
como lo destacó el candidato opositor durante toda
su campaña. El problema es complejo y, hasta ahora,
no parece haberse alcanzado una fórmula que permita
resolverlo de un modo eficaz en el corto plazo.
Alentador en este sentido puede resultar la promesa
de España, con la que se mantienen excelentes
relaciones, de proporcionar una ayuda de 100
millones de dólares para cooperar con el tema de la
seguridad en todo el istmo centroamericano. Pero
Colom tendrá que satisfacer también las demandas de
los sectores rurales que lo votaron sin descuidar,
por otra parte, el clima favorable a los negocios
que existe actualmente en el país. El presidente
electo tendrá ante sí la delicada misión de
proporcionar mayor seguridad ciudadana, mantener y
ampliar el crecimiento económico y dar satisfacción,
además, a los innumerables grupos de presión que
tratarán de influir en su gestión. No tiene ante sí
a una oposición unida ni muy vigorosa pero, si no
avanza en soluciones rápidas y efectivas, esta
circunstancia podría variar en muy poco tiempo
encontrándose entonces, como el actual gobierno, en
una posición de debilidad política que en nada
podría favorecerlo. Habrá que esperar a las primeras
semanas de 2008, sin embargo, para determinar con
exactitud cuáles son las prioridades reales del
nuevo gobierno, cuáles las medidas que pondrá en
ejecución y cómo evolucionará el clima político del
país en los próximos años.
Carlos Sabino
Doctor en Ciencias Sociales de
la UCV y profesor de esa universidad y de la U.
Francisco Marroquín, Guatemala
LA
ONDA®
DIGITAL |
|