A minutos del ¿cambio?
de presidente en la Argentina
por Pablo Broder *

En momentos de redactar estas líneas, los argentinos se encuentran en los albores de un nuevo relevo presidencial, dato ya de por sí sólo valioso, en términos de consolidación de las formas democráticas en el país.

 

Los que no son tan jóvenes nos retrotraemos a aquel histórico diciembre de 1983, cuando se restableció un gobierno constitucional luego de un largo período de oscuridad institucional, amen de un proceso de características tenebrosas. Y muchos rememoramos que en aquella oportunidad, no eran demasiados los que apostaban que la sucesión de relevos presidenciales electos legítimamente, hubiera podido persistir a lo largo de ya casi un cuarto de siglo. Si se pudieran bucear las causas para esta feliz continuidad, entre ellas no podría estar ausente la valiente actitud del gobierno de aquel entonces, encabezado por el Dr. Alfonsin y el histórico juicio a las juntas militares que culminó con la prisión de sus más altos jefes y al histórico NUNCA MAS.

 

En este año 2007 se asiste a un hecho de características singulares: la transferencia del mando presidencial entre los integrantes de un matrimonio. Así asumirá la gestión la electa presidenta Cristina Fernandez de Kirchner, de manos de su esposo Nestor Kirchner, basada en una inicial promesa electoral: “Profundizar el cambio”.

Y cabe la reflexión sobre ambos términos de la frase: cambio y profundizar. En este último aspecto, luce como más probable que lo que se profundizará será el modelo K, impuesto por su marido, y que tantas dificultades, pese a los preconizados éxitos económicos, ha generado y podrá determinar para el país.

 

Baste observar entre las decisiones pre asunción las últimas disposiciones tomadas por el matrimonio gobernante ( de hoy y de mañana): más de la mitad del Gabinete sigue siendo el mismo, pese a los sonados casos de denuncias muchas de ellas en estrados judiciales.

 

Los frentes de amenaza a la consolidación de proceso de crecimiento tantas veces denunciados en estas columnas: aceleración inflacionaria, inseguridad jurídica, discrecionalidad en el manejo de las variables económicas, distorsiones en el sistema general de precios y cuellos de botella en el parque de infraestructura, no muestran sino profundización. La permanencia en el gabinete de ese oscuro personaje Guillermo Moreno, lo mismo que el equipo del ministerio de Planificación, de Energía y de Transportes, muestra también que lo que se profundizará es lo que ha venido sucediendo.

 

Por otra parte, ya lo habíamos señalado en trabajos anteriores, era esperable que el “trabajo sucio”, o sea aquellas medidas más impopulares sean tomadas por el actual gobierno para evitar que el por venir cargue con los costos de tales decisiones, razonamiento formalmente correcto aún cuando la mimetización de ambas administraciones pueda quitar eficacia a tal objetivo.

En ese sentido, los anunciados aumentos en varios de los servicios públicos, testigos inevitables de una inflación que se quizo y quiere disfrazar, - necesarios pues los aumentos de costos son imparables, y lo que no se paga por tarifa, se lo hace vía impuestos a través de los cuantiosos subsidios que el Gobierno dispensa a las empresas prestatarias de tal servicios- , serán un hecho a partir del primero de enero próximos.

 

Un lector esperanzado dirá: ¿el cambio de mando propiciará un clima más incentivante para las inversiones? Habida cuenta que las mismas, en todo el mundo, tienen una triple condicionalidad: la existencia de seguridad jurídica, perspectivas ciertas de rentabilidad y posibilidad que el marco jurídico económico institucional presente condiciones de estabilidad esperable en el mediano plazo, lamentablemente quien esto escribe tampoco observa cambios respecto de la administración que termina su mandato. Ninguna de  las condiciones reseñadas se presenta claramente para impulsar a los empresarios privados a acercar su aporte a la Argentina, para con sus inversiones, comenzar a paliar los frentes de amenaza arriba descriptos.

 

Y si de cambio se trata, en el mundo muchos países, Brasil inclusive, celebraron casi como propio el triunfo del “No” en el referéndum que el Presidente Chavez impulsó en Venezuela para perpetuarse en el poder. Están claras las denuncias sobre las diversas manifestaciones antidemocráticas en ese país, salvo para el actual presidente Kirchner que calificó a su par venezolano como un “gran demócrata”. Muchos nos preguntamos cuales pudieron haber sido los móviles de tal afirmación del presidente argentino, por fuera de su dudosa oportunidad. Mientras tanto, la futura presidencia mantuvo silencio.

 

Y si de profundización del cambio se habla – en función a la promesa electoral – basta recordar los cortes abruptos de exportación de carnes, los frenos a sus similares de trigo, y todos los desaguisados que en materia de comercio exterior se hicieron en la administración K con el declarado fin de mantener en caja los índices de inflación ( tarea imposible de concretar y que obligó a dibujarlos), para homologarlos con el anuncio de una fijación de precios por decreto de los lácteos, para poder esperar que así como se desalentó la producción ganadera, la Argentina con esta política, anunciada entre otros con la presencia del secretario Guillermo Moreno, se podría transformar, de otrora fabuloso productor y exportador en el área, ¡a importador de leche!

 

En resumen……

… en la culminación de un período presidencial nuestro país ciertamente enfrenta un panorama confuso. Desde lo económico propiamente dicho nos preguntamos: ¿avanzamos a pasos tan agigantados como el gobierno y sus comunicadores claman?   

 

Desde el punto de vista electoral, hemos asistido a un debate pobre, carente de ideas y reflexiones relevantes. En esta línea se inscribe el colapso de los partidos tradicionales y el surgimiento de agrupaciones basadas en liderazgos personales. Es así como no es casual que se registre un significativo deterioro de las instituciones democráticas y que surja una genuina preocupación por la vigencia del Estado de Derecho, no sólo en la actualidad sino también para el futuro.

 

El largo período de reactivación económica no ha dado lugar a una transformación efectiva de las estructuras productivas y tecnológicas ni ha brindado el sustento para que, a través de un proceso de inversión virtuoso y cierto (no fundado en la actividad de la construcción civil ni en la telefonía celular, rubros que cubren mayoritariamente la actividad inversora hoy en día), pudiera dar paso desde la fase de reactivación actual, a una de desarrollo sustentable y duradero que removiera la enorme desigualdad existente en materia de distribución del ingreso.

 

A pesar de la intención de progreso y crecimiento declamada por el Gobierno, registramos, si hacemos una comparación con el panorama de años anteriores, que esta desigualdad se ha exacerbado notoriamente, pese a las excepcionalmente favorables condiciones externas que registramos hoy en día y aún expectables en los próximos años.

 

Por su parte, un país que se precie de tal, debe proveer calidad institucional a la vida de su población. Si hay temas de la actualidad que muestran el ataque a este aspecto de la vida de los argentinos, se encuentran especialmente en una serie de iniciativas que hacen difíciles, insatisfactorios, inseguros  e inciertos, el presente y el futuro de aquellos ciudadanos que desean vivir en un país donde el contrato social, los deberes y derechos recíprocos entre las personas comunes y entre éstas y los gobernantes, sean cumplidos, y en caso de transgresión, sean corregidos. En este sentido, los cambios en el régimen de Consejo de la Magistratura, las nuevas normativas sobre Decretos de Necesidad y Urgencia, y los llamados “superpoderes”, el proyecto desarrollado desde la bancada oficialista en la Cámara de Diputados para reformar la carta orgánica del Banco Central, argumentando la necesidad de “coordinar” la acción de esta entidad con el Poder Ejecutivo, así como el intento – suspendido por el momento – de reformar el status orgánico de la Auditoría General de la Nación, produjeron un fuerte deterioro al marco institucional, que independientemente de acentuar la caída de la calidad de vida de los argentinos, conspira decididamente contra el eventual y necesario  proceso de inversión, requisito indispensable para  consolidar la actual  reactivación económica, y posibilitar un futuro económico más promisorio.

 

 

Decíamos en los albores del período presidencial que está concluyendo:

“… Por sobre los ruidos y la circunstancia coyuntural que representa el proceso electoral de abril de 2003, pensando en un futuro sustentable, en nuestros hijos y nietos, en la juventud carente de paradigmas y aprovechando el inmenso capital social que el país ha generado en tantos años de sufrimiento,  se debe propiciar un debate sobre la estrategia para construir el país que la mayoría anhela, basado en los siguientes objetivos:

  • Restaurar la seguridad jurídica

  • Promover el desarrollo sostenido de la economía

  • Asegurar la justicia  distributiva

     Apoyados en esta realidad, con las posibilidades que las nuevas circunstancias nacionales e internacionales proveen, con actores que piensen en el mañana, teniendo clara la mira en función del real interés nacional, es posible que otra Argentina, la que soñamos para nuestra posteridad, pueda gestarse...” (1)

 

Lamentablemente el período no ha cubierto, ni mínimamente las expectativas  expresadas en ese entonces, y en cuanto a la administración por asumir el próximo 10 de diciembre, parafraseando su alegato electoral “Profundizar el cambio”, cabe suponer que el último término de la frase perderá peso, a mérito de la persistencia y consolidación del modelo K, cuyas consecuencias, lamentablemente se verán más temprano que tarde

 

* Economista argentino.

(1)       Broder Pablo: “Mitos y realidades en la era K”.
  Ediciones Macchi. Buenos Aires. 2007.

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