Uruguay forestal-celulósico:
como pensar un país
por el profesor Bernardo Quagliotti de Bellis

Qué alcance tendrá la sintonía entre

“natural” y “productivo”en un “hiper”

Uruguay forestal-celulósico

 

Con motivo de cumplirse 64 años de la independencia del Líbano las autoridades del Club Libanés invitaron al Profesor Bernardo Quagliotti de Bellis, Secretario general de la Asociación Sudamericana de Geopolítica,

Presidente de la Academia Uruguaya de Geopolítica, director de

La Revista GEOSUR. Lo que sigue a continuación son los aspectos fundamentales de esa conferencia.

 

Cuando Pedro Abuchalja me preguntara sobre que  tema expondría,  le sugerí: “como pensar un país”, considerando que en el mundo del mañana que es ya hoy, sin proyecto de país no hay nación; una actitud inexorable  que  cualquier sociedad organizada  debe realizar, en un  tiempo donde  todas las identidades se vienen  de una forma u otra-  reestructurando, forzadas o voluntariamente promovidas por la mayor globalización de todas las conocidas, pero a su vez, bajo la sombra de una gran incertidumbre respecto al futuro, situación que obliga a las diversas sociedades y culturas que habitan el planeta a realizar una profunda reflexión sobre sus respectivas identidades y la forma de interactuarlas; un mundo donde  -según Samuel Huntington en el presente siglo, la cultura jugará el papel que las ideologías desempeñaron en el siglo XX.

 

El  trasfondo del tema indica  a mi criterio que  en términos generales, se sigue creyendo, a pie juntillas en las cosas que alguna vez nos enseñaron en nuestra niñez y  adolescencia o cuando la ciencia, con relación al hoy, estaba en pañales o lo que aprendimos en un entorno histórico muy particular o lo que constituyeron por muchos años nuestras  referencias conceptuales.

 

Pocos recuerdan a  Heráclito cuando decía “todo cambia”  y a  Kempis  que señalaba  “todo pasa”, situación que ocurre constantemente en todas las  sociedades, aunque entre una y otra pueda diferir la velocidad en alcanzarla.

             

En un país dinámico como China que recientemente se ha lanzado   a la carrera espacial, que ha avanzado  en el campo tecnológico y económico-aunque no tanto en el político  interno-  el cambio es rápido,  en cambio  en uno, casi estático, como Uruguay  es mucho más lento.

 

Ahora bien: es importante tener en cuenta que todo cambio no puede tomarse como signo de desarrollo, al igual que todo movimiento no traduce ir hacia delante.

 

Sucede que a veces no nos damos cuenta de que el cambio a nivel nacional, regional y más aun mundial es lo único  en realidad, permanente.

 

¿Por qué  entonces la necesidad de pensar un país?

Por  todos es sabido  que la humanidad atraviesa por otra de sus cíclicas e interminables grandes  etapas de transición.

 

La globalización, el desarrollo científico y tecnológico, el conocimiento unificado; abrupta desaparición de viejos sistemas de  convivencia;  la imposición de un neoliberalismo dogmático y todo terreno como sistema  en el escenario  internacional;  la cada vez más ancha brecha entre las sociedades  más ricas y las más pobres; obliga a pensar y  a  repensar constantemente  respecto   los diversos escenarios donde actúa un país.

 

El desarrollo de las fuerzas productivas, el conocimiento, la concentración de capitales como el desplazamiento de los centros mundiales de poder desafía  a la humanidad a tomar medidas en cada una esas  etapas para preservar entornos de supervivencia.

 

Particularmente, en esta vasta región iberoamericana,  considero que   -no solo - pensar un país  es tarea prioritaria,  sino también y quizás más, cómo administrar un país  pues los modelos de vida sistematizados por el denominado desarrollo global, está conduciendo a los países de la periferia a competir con notoria  desventaja.

 

La actual situación  de la ronda del Doha de la OMC  es  tan  clara como dramática, debido a  que  las ofertas originadas en el Primer Mundo, tanto en materia de conocimiento como  de producción de bienes, coloca a los países de menor desarrollo -caso de  los países del denominado Tercer Mundo- en la peligrosa encrucijada de encaminarse a nuevas servidumbres.

 

Pensar un país lleva a saber administrarlo

La conservación, el desarrollo de sus recursos y el manejo y dominio de sus circunstancias es fundamentalmente una misión de campo.

 

En un reciente artículo, recordé al Dr. Carlos Quijano, quien en 1957  (hace 50 años)  desde su semanario Marcha sostuviera: “Los pueblos chicos tienden a desaparecer. Ya de una manera desembozada, ya de una manera hipócrita. O se los absorbe o se los mediatiza. Una política inteligente debería buscar, con sentido realista, una integración  voluntariamente consentida que salvare lo propio y limpio de cada pago, en lugar de esperar, sumisa y resignadamente entre el chisporroteo de los floripondios, la servidumbre por otros impuesta. Algo de esto miramos todos los días aunque no lo veamos”.

 

Diversas situaciones que vienen desafiando a que cada país se repiense a sí mismo llevando  a cabo una  profunda  autocrítica; estableciendo  un diálogo positivo  a través de la comunicación social, mejorando  la calidad de vida de la población; creando   modelos de gestión económica democráticos, participativos, autogestionarios, mixtos y autosuficientes.

 

En términos generales, y lo destaco como prioridad, las sociedades deben tener un proyecto político consensuado  logrado entre  tres actores fundamentales: poder político, campo universitario, sociedad nacional en todos sus estamentos, pues,  PENSAR seriamente UN PAÍS, obliga a dar  verdadero sentido y contenido a la política en su mejor contenido, a la educación, a la comunicación  mucho más   que a la simple información.

 

Pensar globalmente y actuar localmente

Una antigua fórmula surgida en ciertos países europeos a finales del siglo XIX y practicada en el siglo XX indicaba: pensar globalmente y actuar localmente, lo que permitió la formación del actual  gran espacio europeo, renovando y consolidando nuevas formas de relación inter-pares.

 

Se trata de una conducta de la cual  carecen los países iberoamericanos a pesar de sus variados y sucesivos intentos de integración regional, dado que algunos gobiernos  siguen aferrados a antiguos esquemas parroquiales sin comprender los beneficios que proporciona una actitud  - que, si bien nacionalista-  debe presentar una  proyección  regional y mundial. 

           

Decía el pensador argentino don Arturo Jauretche:

“No es posible quedarse a contemplar el ombligo de ayer y no ver el cordón umbilical que aparece a medida que todos los días nace un nuevo país   a través de los jóvenes. No se lamenten los viejos de que los recién venidos ocupen los primeros puestos de la fila, porque siempre es así: se gana con los nuevos”.

 

Ante el  penoso  resultado de la reciente Cumbre Iberoamericana, una breve reflexión  me conduce brevemente, a plantear una  breve reflexión: ¿se conoce así mismo Iberoamérica?

 

En el libro titulado “América Latina en el sistema internacional”,  -su autor Pope Atkins - plantea tres agudas interrogantes:

 “¿Qué tan valida la perspectiva de América Latina como subsistema regional en el contexto político internacional?  ¿Forman los 27 estados independientes en la región, una entidad coherente para un estudio? O ¿América Latina no es más que una conveniente expresión geográfica.?”

 

La realidad indica que Iberoamérica “como civilización emergente” al decir de Adolfo Columbres, sigue  planteándose una secular   interrogante   respecto a su futuro. Si bien  se evoca reiteradamente   algunas frases pronunciadas  en el siglo XIX por sus grandes Libertadores (Artigas, Bolívar,  Bonifacio y Andrade, San Martín, entre otros),   se evoca, sí,  pero no se actúa en consonancia, lo que da lugar a  tan  grave  interrogante  que, por demás,  se constituye como  “espada de Damocles”  para las  más jóvenes generaciones,  las  que están protagonizando el  mayor éxodo migratorio en contrasentido al de sus antecesores, “huyendo”, sí “huyendo” en busca de mejor futuro.

   

Refiriéndose al caso uruguayo,  en 1959  (hace 48 años), el Cr. Enrique Iglesias en conferencia ofrecida  en un ciclo auspiciado por el Ministerio de Relaciones Exteriores, refiriéndose al Uruguay y consideraba que la ausencia de dinamismo  en su política exterior y  más grave aun,  sin  una planificación interna- “Uruguay se  está convirtiendo  en un país exportador de hombres, es decir   convertirnos en cierto modo  en un país de población regresiva y cada vez más envejecida  -porque se van a ir los más jóvenes y los más capaces”.

 

Ha pasado medio siglo y todo sigue igual, lo que significa peor.  Hace unos días se informó oficialmente que en el correr de este año emigraron del Uruguay 22.000 ciudadanos, la mayoría jóvenes.

 

En el tema pensar un  país, me permitirán compartir algunas reflexiones  al caso concreto de nuestro país.

           

Aquí estamos presentes generaciones que han vivido la  irreal y corta  ilusión de ciertos eslóganes que; Uruguay “estado tapón o tampón” como Bélgica o  Pakistán; Uruguay “tacita del Plata”,            Uruguay “la Suiza de América del Sur”, la del norte es o era Costa Rica;  Uruguay “país llave de la cuenca del Plata”. Últimamente: Uruguay “país natural”, “país productivo”.

 

Invito a Uds. a  un sincero  análisis retrospectivo. ¿Dónde quedó el pensamiento del Gral. José Artigas, cuando marcó en sus Instrucciones del año 13 el destino geopolítico que debería tener su “Banda Oriental?”, Que hoy se traduce en Uruguay en la región.

             

¿Se acentúa y considera -en la actual revisión de los textos de enseñanza-  la  acertada visión prospectiva  del prócer al fijar   la privilegiada posición de “su comarca” en el espacio de este Cono Sur Atlántico. ?

 

¿Estará  acertado Mentol Ferré al decir  que los uruguayo  hemos achicado la figura de  Artigas a nuestra mera estatura, convirtiéndolo  en exclusivo héroe local, pues Artigas es mucho más que nosotros y nosotros su fracaso histórico?

 

Un somero análisis geopolítico indica que el viejo Uruguay el que nació por mandato inglés sólo tuvo políticas sin espacio; que  la Banda Oriental  fue un paréntesis afortunado del sueño de las fronteras rioplatenses.

 

En nuestros días, el hecho geopolítico más destacado  -para muchos es que ante el  despertar de las fronteras sudamericanas,  nuestra historia americana regresa;  lo que implica un gran desafío pues,  debe definirse  cuál es la lógica de nuestros movimientos  -o quizás de nuestro actual inmovilismo.

 

Reconocido es que  en el ayer, el Uruguay fue un arco de bóveda que sostuvo los compartimentos mediterráneos  de las provincias del litoral argentino y los estados sureños de brasil. en nuestro tiempo  pensar el Uruguay, debe inscribirse  en perspectivas más vasta, dado que pensar al Uruguay en sí sólo, es no pensar en nada, pues “lo que no se piense, discuta y estructure desde tal condición, es puro lastre, sobrevivencia de ese ayer que viene asfixiando al país.”

 

Valiosos antecedentes

Es justo recordar que las décadas de 1960 y 1970 fueron muy ricas en presentar importantes ensayos referidos al tema como pensar al UruguayHago recuerdo de libros que hoy se encuentran ignorados, olvidados o archivados en algún anaquel.

 

1964.- Prof. Carlos Real de Azúa: “El impulso y su freno, describiendo el inicio de la industrialización en Uruguay durante los gobiernos del José Batlle y Ordóñez.

 

1966.- Cr. Enrique Iglesias: “Uruguay una propuesta de cambio, ofreciendo pautas para el desarrollo nacional.

 

1967.- Prof. Alberto Methol Ferré: “El Uruguay como problema”,  reflexionando respecto a la conducta histórico-política del país.

 

1972.- Ing. Jorge Aznárez: “El segundo frente: río Uruguay, presentando las oportunidades del litoral uruguayo a favor del desarrollo nacional.

 

1972.- Prof. Vivian Trías: “Uruguay y sus claves geopolíticas”, analizando los alcances de “integración para la liberación” e “integración para la dependencia”.

 

1979.- Prof. José Cagnoni:  “Las regiones y la descentralización territorial”, diseñando un  proyecto de acondicionamiento político-administrativo  del Uruguay.

 

1984.- Prof. Carlos Real de Azúa: “Uruguay una sociedad amortiguadora”, ensayo escrito en 1973 y publicado en edición “post-morten”, donde analizara el perfil cultural de la población uruguaya.

 

Pensar un país,  en síntesis,  significa tener en cuenta la razón histórica de su devenir.

 

En el Uruguay de las  últimas décadas  se viene hablando de una  reforma del Estado, en base a una  nueva  reforma constitucional.   El concepto de “reforma del Estado” es muy extenso, no se trata  simplemente de una reforma  político - burocrática, (como la mentada  e ineficaz descentralización en el departamento de Montevideo),  sino  que incluye  gran cantidad de temas que pertenecen a los ámbitos de  política económica,  política social, administración pública, política educativa, a la esencia misma de la naturaleza del Estado.

 

Pensar un país  -en el caso concreto de Uruguay-  debe conducir a terminar con  el esquema centralizador  de un Estado paternalista    propietario, interventor excesivo y absorbente.

 

Pensar un país -para Uruguay-  significa  concebir un proyecto “aggionardo”  significa  convertirlo en más justo y eficaz; significa  redimensionarlo  y  proyectarlo a la región a la cual por más de un siglo,  Uruguay- por ceguera geopolítica sólo ha sabido darle la espalda contemplando absorto las luces de Europa;  lo que lo convirtió  en “un país transplantado”, como lo calificara el sociólogo brasileño Darcy Ribeiro.

 

Pensar el país en el caso Uruguay, es acertar con pragmatismo en  la definición de objetivos y estrategias que le favorezcan un positivo retorno a la región iberoamericana. Es oportuno realizar aquí una pregunta: ¿qué alcance tiene tal “latinoamericanización”.

 

Considero que ciertas determinantes geopolíticas históricas lo   señalan: volver a ser frontera, con todo el estar en vilo, con  el riesgo que ello   implica, donde cada decisión o indecisión tiene las más graves consecuencias.

  

Concretamente, quizás el punto más importante  de la tarea de pensar un país   es saber enfrentar, inteligentemente, los desafíos que vienen presentando los territorios en transformación que tienen lugar en  diversas áreas del mundo, tal hecho le significa a  Uruguay, tener en cuenta que un Estado moderno como señala Sergio Boisier-  debe ser capaz de comprender la estructura de su entorno, pues el mayor desafío contemporáneo es ubicarse en núcleos competitivos y modernos  en el contexto internacional y en núcleos competitivos y participativos en el contexto regional.

 

¿Dónde radica la esencia de  una respuesta exitosa?  En imaginar   con prudente cordura    la planificación de un futuro o futuros posibles con visión nacionalista-integracionista,  con una política territorial explícita, pues sin ella se puede configurar una mayor polarización espacial, como en el caso que actualmente Uruguay presenta, es decir “un territorio a dos velocidades”: una parte del territorio nacional que crece y se desarrolla impulsado por las fuerzas del mercado  y  otro  que se estanca y retrocede.

 

El tema pues, se inscribe en dos tareas fundamentales:

- Lograr un acertado acondicionamiento territorial para establecer en él  una  justa reforma administrativa.

- Proyectar una estructura espacial distinta a la histórica, lo que obliga a normalizar el desarrollo regional en un esquema planificado dirigido a materializar una imagen-objetivo espacial acorde con los requerimientos de la “nueva economía” y las permanentes y justificadas aspiraciones de la sociedad toda.   

 

En este punto cabe una gran interrogante  -sin reproche hacia el poder político, pero muy llamativa:

 

¿Para qué fue creada en 1967 la OPP (Oficina de Planeamiento y Presupuesto)  si nunca ha funcionado la  primera “P?”              ¿Con qué finalidad  -23 años después-  se superpuso el MVOTMA Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y  Medio Ambiente, que aun carece de una  ley de ordenamiento territorial,   cuyo primer anteproyecto de ley fue presentado hace 13 años?

 

¿En que quedó todo lo expuesto  -por técnicos, políticos, intendentes de todo el país- en aquel debate nacional que bajo  el título “Territorio una apuesta al futuro” se realizara el 11/12 de mayo de 1994? , editándose en un libro todas las exposiciones realizadas...  

 

En Uruguay, como en otros países del continente iberoamericano, el “remanente” del modelo de “Estado de Bienestar” no consolidado, al ser incapaz de ofrecer soluciones a las crecientes demandas de la sociedad por mejoras en las condiciones de vida,  le ha creado un  enorme vacío  a un gran sector ciudadano  emergente que ha pasado  -últimamente- a jugar un importante papel  en la vida del Estado.

 

Pensar el País  en Uruguay debe conducir a resolver el desequilibrio socio-económico-cultural que se manifiesta entre el centralismo de Montevideo y el interior uruguayo.

           

¿Dónde ubicar la frontera interna entre ambos espacios?. ¿En el río Negro? que divide geográficamente al país en dos, ¿o quizás más al sur en la Cuenca del río Santa Lucía?

 

Como señalaba mi recordado amigo el Prof. Reyes Abadie: “El Uruguay es Montevideo y el terrenito del fondo”, fácilmente comprobado por  los volúmenes de flujo de transporte  carretero interno del país (un Uruguay  sin ferrocarril y sin cabotaje), que señalan los  profundos desequilibrios entre volúmenes de ida y de retorno al interior del Uruguay.

 

Aunque duela decirlo, Uruguay ha sido históricamente indiferente con su territorio interior. Prueba la historia de creación de los Departamentos, cuando se tomaron en cuenta razones políticas para crear bancas en el Senado de la  República, llegándose al ridículo de establecer jurisdicciones  separadas por  la calle principal de alguna ciudad limítrofe.  La elección de Intendente dependía en qué acera  vivía el votante.

 

Si la ordenación del territorio resulta del mandato constitucional, podemos concluir que la gestión y la ordenación del territorio deben plasmarse en una política de estado.

 

Uruguay ante el reto actual

Muchos son los desafíos que debe enfrentar el pensar el Uruguay.  Haré una  referencia a algunos de los problemas claves:

 

Se entiende que una reorientación territorial de  las actividades  y de la población, requiere previamente definir  qué país queremos los uruguayos para las próximas décadas.

 

Nuestra realidad indica que el  gradual  deterioro interno, que la imagen de  “país embudo”, términos frecuentes en Uruguay,  son producto de una  situación que obliga  a establecer políticas coherentes en cada uno de los espacios diferenciados del territorio nacional.

 

En la actualidad, en lo personal soy atento testigo la transformación de gran extensión del  territorio nacional: del histórico modelo agrícola-ganadero  (país natural)  hacia la tendencia en  ofrecer a nuestro pequeño territorio como base operativa de - un “hiper”  Uruguay forestal-celulósico, (país productivo) que si bien ofrece oportunas  ventajas por unas décadas, en visión perspectiva a  50 años,  pregunto qué alcance tendrá la sintonía entre natural” y “productivo.

 

Ante el empuje de espacios en el Cono Sur, considero que es  tarea  que no permite demoras - la  organización armónica  del frente fluvio-marítimo-oceánico, en base a las oportunidades que Uruguay puede y debe saber  ofrecerle a la región, tanto con sus puertos en el litoral, el montevideano y un puerto en aguas profundas que el espacio del MERCOSUR atlántico  lo necesita;  reorientando, integrando, complementando, simultáneamente, el sistema circulatorio para un  transporte  multimodal de cargas, con protagonismo en los sistemas bioceánicos donde por falta de una pujante política internacional, el Uruguay está quedando marginado.

 

 Un territorio “a futuro” puede y debe imaginar escenarios alternativos:

 

* Permitiendo a la población de las diversas zonas del país la posibilidad de participar en la definición de su propio destino, contribuyendo y comprometiéndose con los objetivos superiores de su región y del país.

 

*Brindando  a los habitantes del  área  interior  una igualdad de oportunidades para alcanzar los beneficios de un desarrollo  integral.

 

*Aceptando  que la descentralización administrativa al delegar ciertas facultades en forma responsable, no implica un debilitamiento del “poder central”, sino  que por el contrario,  el ejercicio del poder delegado debidamente supervisado lo robustece al convertirse en decisiones y acciones que siguen un único pensamiento nacional.  

 

*Reconociendo el poder político, que la ausencia de planificación a nivel nacional  ha dado lugar a expresar nuevos términos que provocan  honda  preocupación: exclusión social, descalificación social,  necesidad de establecer  una cohesión  social.

 

Finalizo esta esquemática exposición, considerando   algunos puntos clave  que vienen exigiendo soluciones desde  tiempo atrás:

 

Alcanzar una eficaz  interacción de la dinámica regional la cual  debe ser planificada, presentada  como política de Estado y  defendida por una política exterior  creativa como pujante.

 

Ordenar la fragmentación de las áreas rurales controlando la indiscriminada extranjerización que por años se viene concretando, al igual que importantes establecimientos industriales.

 

El diseño de ejes longitudinales y transversales (red recticular) superpuesta a las redes radiales.

 

El dictado  de una política  en áreas de frontera en base a sistemas regionales flexibles  controlables,  teniendo muy en cuenta que la soberanía no se  gradúa por coeficientes de impenetrabilidad, que ella  se mide por la propia capacidad de comunicación,  por lo cual,  en definitiva  no es déficit sino un superávit en la relación internacional.

 

Con profundidad, encarar problemática energética analizando fuentes de alternativa (gas, eólica, nuclear)  para un futuro que está golpeando las puertas en la región.

 

Uruguay en el Cono Sur

Reitero en esta oportunidad, lo que manifestara hace 31 años, en mi libro “Uruguay en el cono sur”.     En 1967, me  planteaba  dos  interrogantes y  lanzaba una afirmación:

 

El Uruguay,  ¿qué destino tiene?

- ¿Inserto en sí mismo, bajo esquemas perimidos, dependiente y resignado a un gradual e inexorable deterioro?

 

- ¿Vinculado, por razones de espacio solamente, a la moderna y pujante estructura integracionista latinoamericana marcada por sus grandes vecinos?

 

- Afirmamos: debe proyectarse, consciente y voluntariamente, con clara visión geopolítica al hecho continental, rompiendo aquellos esquemas perimidos y colonialistas.

 

            Y al igual que hoy, planteaba cuatro grandes acciones con proyección  geopolítica:

 

La primera: la ordenación del espacio  nacional, considerando que el territorio es uno de los elementos constitutivos de la existencia de un Estado y el motivo determinante de su geopolítica.

 

La segunda acción debería concretar la descentralización administrativa acompañada por la industrial, considerando que los tiempos históricos se encuadran en espacios geográficos que se conjugan en verbos económicos.

 

La  tercera acción era a favor de  una activa participación del Uruguay en el proceso de integración  socio-económica regional, (en aquel entonces La Cuenca del Plata, hoy es el MERCOSUR ampliado)  considerando que es fundamental para Uruguay que su línea política interna viva en acción paralela con su línea política internacional, en un proceso nacionalista-integracionista.

 

La  cuarta acción geopolítica consideraba en aquellos años,     que además de intensificar el comercio con algunos países europeos, financiado por los Estados Unidos, había que dirigir la mirada y la acción hacia el gran mercado asiático, pues desde el último tercio del siglo XX, tanto los países desarrollados como los periféricos  estaban dispuestos a participar en procesos  de relación más amplios que los que tradicionalmente fueran impuestos por las esferas de influencia. Sólo Itamaraty  -en Iberoamérica-  supo entenderlo.

 

Soy optimista por naturaleza, y tengo siempre presente el bello pensamiento que lograra expresar  el pensador argentino  José Ingenieros,  y que os trasmito:

    

“Si un pueblo es vital y tiene un destino histórico que cumplir, un ciclo que recorrer, sus hombres lo prevén y lo interpretan, anticipándose con el pensamiento a la realidad que otros alcanzarán a vivir”.

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