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El
Congreso del FA y la
pequeñez de los grandes
Cuando la vergüenza
encuentra eco en las bases
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy
De todo, quedarán tres cosas:
la certeza de que él estaba siempre
comenzando, la certeza de que era preciso continuar
y la certeza de que
sería interrumpido antes de terminar. Hacer de la
interrupción un camino
nuevo. Hacer de la caída un paso de danza, del miedo
un escalón, del sueño
un puente, de la búsqueda un encuentro.
Fernando Sabino, El Encuentro Marcado
No
hay velo más denso para el bien mirar que el de la
soberbia. Ésta cruel tela impregna la percepción de
los necios que, aupados a lugares estratégicos en el
control de los destinos de los otros, terminan
creyendo que, en realidad, llegaron por sí mismos,
sin otra ayuda o consideración que contextualice su
actual posición en la esfera de las acciones
societarias.
Por tanto, creen
ciertamente que están por imperio de sus propios
impulsos y merecimientos, descreyendo ya en una
suerte de amnesia dirigida- aquellas condicionantes
históricas, con sus nutrientes sociopolíticas que,
ciertamente -y sin descuidar aspectos de estilo y
carisma- fueron las que obtuvieron la victoria y
así, su acceso al poder. Porque la victoria como la
derrota no es patrimonio de uno sino del conjunto de
las fuerzas que bregaron en una disputa pública.
La necedad, pues,
tiene una larga, marginal y lastimosa ubicación en
la historia de los pueblos. Lugar éste que mientras
lo ocupan, les resulta central y permanente en tanto
creen ser propietarios de lo que, apenas, son meros
inquilinos o sujetos de paso: el poder.
Así le ocurrió, por
ejemplo, a aquel mandatario que encaramado en el
poder, dio pie para que se legislara el abuso de
funciones, lo que a la postre, por esas cosas de la
vida, dio lugar o marco para el procesamiento de
personas que respondieron en aquella hora de su
mando, en algunas de las posiciones públicas. Y digo
que la legislación y su normativa dio lugar o marco
porque obviamente las infracciones las cometieron
funcionarios de turno que creyeron estar amparados
por siempre en la atmósfera del poderoso.
Pero traigo esto a
colación dado que una vez que pasaron los años de su
mandato, los años de su poderío, hoy en franco
declive, quien determinara, a través de sus
representantes en el congreso, que se profundizara
las sanciones por tales abusos, digo que terminó
aduciendo que en realidad esta tipificación provenía
de una época donde el espíritu y la letra del
fascismo había también hecho carne en nuestras
normativas....
Creen, pues, los
necios de distinto porte pero igual catadura moral,
que el presente es el tiempo eterno y el pasado tan
sólo una referencia subjetiva, chasqueando
cínicamente los labios al preguntársele por el
futuro y lo que le depara a quienes emprenden
acciones desde un marco en donde la soberbia, la
necedad y la pequeñez moral, preparan o ambientan la
toma de decisiones que, tarde o temprano, traerán
consigo los resultados y sus efectos sobre los
mismos hacedores de los detritus cívicos de una
sociedad.
Y llega el presente,
el presente uruguayo, con un cambio histórico en lo
político al haber asumido el poder público, hace ya
varios años, la izquierda en su más amplia extensión
imaginada al comprenderla todas las personas que
bregaron porque el colectivo nacional expulsara los
aromas cloacales de quienes, amparados por la clase
dominante, ya no sólo no llevaban adelante las
banderas con las que habían triunfado sino que,
además y para peor, se encaramaban en la vereda
opuesta a la razón y a la historia de sus más
elevados representantes partidarios, defendiendo la
claudicación como el modo nacional de obedecer,
genuflexamente, al dogma dominante.
Pero el poder marea y
quienes no acostumbran descender a la vida cotidiana
junto a las gentes de todos los campus o
estratos sociales, pierden perspectiva o quizá sea
mejor decir que adquieren una distorsionada porque
la óptica desde la que la perciben cuenta con una
lente que refracta todo atisbo de conciencia
crítica.
Y llegamos así a los
líderes mediáticos. Esos seres políticos que han
merecido el apoyo entusiasta, a través de
encuestas, sondeos e incluso votaciones varias,
luego de la nacional, claro está, del pláceme de la
llamada opinión pública. Y, si bien los hay que no
pierden ubicación, esto es, conciencia crítica de su
real deber para y por el otro, y no para y por la
claque, comienzan los mareos y desubicaciones,
públicas, políticas y societarias.
Estas personas
mediáticas, ya les cuesta mucho convalidar lo que
la historia, por ejemplo la de la fuerza política
denominada Frente Amplio, en el Uruguay, tuvo por
característica central: las bases populares.
Ahora resulta que
entre la TV y las bases, la cosa estaría dada por el
amplio respaldo de la opinión pública a
determinadas figuras y, en esta o desde esta
tesitura, lo que corresponde de acuerdo a los
tiempos modernos es pasar, tener el coraje de, ir
a elecciones abiertas para la determinación de las
autoridades (Presidencia) de esta fuerza política.
Se argumenta también,
que se manoseó a personas de amplísima capacidad
académica y así se generarían distancias mayores
entre la política y la academia.
Primero que todo: las
bases del Frente Amplio tuvieron, tienen y tendrán
un sentido sólido, central y de una eticidad contra
la que los poderosos del momento no podrán: son los
de a pie los que lograron las victorias políticas y
sociales, codo a codo con los otros, los cabezas de
lista y sus diferentes niveles de acción política.
Eso en primer lugar.
Luego lo segundo: las
personas físicas, los candidatos. Y no segundos
porque una persona física y singular sea lo menos,
sabiendo que es siempre el sentido mismo de la
acción política crítica, comprometida y de
izquierda: la defensa irrestricta de los derechos
del otro, del diferente. No.
Es en el orden de las prioridades que la base ética
de la fuerza política Frente Amplio, se sustenta y
resulta creíble: sus propias Bases.
Los candidatos
Es cierto: resulta
penoso el llevar y traer nombres sin haber procesado
las candidaturas como corresponde.
Pero, me pregunto:
¿Lo hicieron? ¿O algunos creyeron que con lanzar un
nombre en el noticiero central de la televisión
abierta, aduciendo esa frase tan docta y elaborada
de es mujer y es joven, alcanzaba?
La señora Constanza
Moreira está capacitada como el o la que más para
ocupar la Presidencia del Frente Amplio. Es más:
dejaría una posición de intelectual comprometida
para asumir una de dirección que si bien no invalida
o inhibe la primera, ciertamente debe ser puesta en
el contexto de una acción central y vital para toda
fuerza política: la planificación y el seguimiento
de las acciones societarias que, desde lo político y
para con el mediano y largo plazo se deben
planificar desde tales lugares.
Luego surgieron, ya
cuando los nervios escapaban al control de sus
dueños, otros y variados, como respetados,
candidatos.
Estas líneas son, me
apresuro a decir, el umbral de una discusión que,
desde el llano y con mi pluma, apenas comienza y
abierta está a la consideración de ustedes.
En anteriores
artículos cité, a título expreso, que muy mal hacía
el Frente de no dejar actuar, sea por impedir o por
no facilitar la tarea del Tribunal de Ética,
ahora, por favor, no pretendan los necios de todas
las horas, destruir una historia con sentido. Con
sentido social, moral y trascendente: el sentido de
la vergüenza desde el respeto a la mujer y al hombre
de a pie.
Construyamos sin
destruir. La conciencia crítica no es mala, lo que
sí es malo es hacer gala de una razón práctica que
excluya a la ética, a la vergüenza, de la
consideración central de todas las cuestiones
políticas.
Afirmo, por tanto,
que el Congreso, con su actitud, con su hacer, lejos
de homologar, cual chusma que responde al grito,
decisiones que jamás fueron pensadas desde las
bases, tuvo un momento superior al parar la mano del
malón de los necios de turno.
Que vuelvan a
visitar, y a trabajar desde, los Comités de Base,
desde los sindicatos. Que vayan a caminar por las
calles, callejuelas y caminos laberínticos de los
asentamientos, villas y pueblos del país. Pero no en
procesión sino con devoción cívica, desde el llano,
abriendo horizontes, junto a los otros.
Continuaremos.
[1]
Fernando Sabino: "El Encuentro Marcado", Editorial
Record, Rio de Janeiro, Brasil.
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