Kissinger y los
“políglotas descalzos”
por el profesor José Luís Fiori

Heinz Alfred Kissinger, el diplomático norteamericano más influyente, de la segunda mitad del siglo XX,  nació en Fürth, Alemania, en 1923. Pero inmigró para los Estados Unidos, y se nacionalizó norteamericano en 1943, antes de  doctorarse en la Universidad de Harvard, en 1954, donde fue profesor y director de su Centro de Estudios Internacionales, y de su Programa de Estudios de Defensa, hasta 1971.

 

A pesar de esto, Henry Kissinger no fue un académico, fue sobre todo un consultor, funcionario y ejecutivo de la seguridad nacional, y de la política externa norteamericana. Desde 1953, en el gobierno de Dwight Eisenhower, hasta el final de su gestión como Consejero de Seguridad de la Presidencia, y como Secretario de Estado de las administraciones de Richard Nixon y Gerald Ford, entre 1968 y 1976. En este último período, en particular, Henry Kissinger ejerció una diplomacia poco convencional y extremadamente ágil, como articulador y operador directo de sus propias decisiones, celoso de sus ideas y de su poder personal e institucional. Fue en esta época que él tomó algunas decisiones y lideró iniciativas del gobierno americano, que dejaron marcas profundas en la historia de la segunda mitad del siglo XX.

 

Entre sus iniciativas con signo “positivo”, se destacan: la distensión de las relaciones con la Unión Soviética, y la negociación de los tratados de “no proliferación nuclear”, de “limitación de las armas estratégicas” y de control de los “misiles balísticos”, en la década del 70; las negociaciones de paz, en Vietnam, que llevaron a la firma de los Acuerdos de París, en 1973; y, finalmente, la más famosa de sus acrobacias diplomáticas, los viajes secretos a Pekín, y sus negociaciones personales, con Chou en Lai y Mao Tse Tung , en 1971 y 1972, que llevaron a la reaproximación de los Estados Unidos con China, en las décadas siguientes.

 

Por otro lado, entre sus decisiones e iniciativas “sangrientas”, se destacan: la autorización del bombardeo aéreo de Camboya y de Laos, tomada sin la autorización del Congreso Americano, en 1969;  el apoyo a la guerra de Pakistán con India, en el territorio actual de Bangladesh, en 1971; el apoyo y financiamiento ilegal de la invasión de Chipre, por Turquía, en 1974;  el apoyo a la invasión sudafricana de Angola, en 1975; y finalmente, también en 1975, el apoyo a la invasión de Timor del Este, por Indonesia,  que se transformó en una ocupación de 24 años, y costó 200 mil vidas.  Por otra parte,  América del Sur ocupa  un lugar de destaque, en esta lista “negra”, de las grandes decisiones tomadas por Henry Kissinger, entre 1968 y 1976.

 

Basta leer los documentos oficiales americanos que ya están disponibles, y las diversas investigaciones  periodísticas y académicas que apuntan hacia el compromiso directo, del ex-Secretario de Estado Norteamericano, con la preparación y ejecución de los violentos golpes militares que derrocaron a los gobiernos electos de Uruguay y de Chile, en 1973, y de Argentina, en 1976. Más allá, de esto, existen innumerables procesos judiciales - en varios países –(1) involucrando a Henry Kissinger, con la Operación Cóndor, (2) que integró los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, para secuestrar, torturar y asesinar a personalidades políticas de oposición.

   

Siempre causó perplejidad entre los analistas, el apoyo de Kissinger, y de la diplomacia americana a estas “intervenciones militares” que se caracterizaron por su extraordinaria truculencia. Pero no es difícil de entender lo que sucedió, cuando se mira hacia los intereses estratégicos de los Estados Unidos, y su defensa en América del Sur, de la perspectiva de largo plazo, trazada por Nicholas Spkyman, en 1942. (3)  Spykman definió al continente americano, del punto de vista geopolítico, como  primera y última línea de defensa de la hegemonía mundial de los Estados Unidos.

 

Dentro de este hemisferio, él consideraba improbable que surgiese un desafío directo a la supremacía de los Estados Unidos, en “América Mediterránea”, donde él incluía a México,  América Central y el Caribe, pero también, a Colombia y a Venezuela. Pero él consideraba que podría surgir un desafío de esta naturaleza, en la región del ABC, en el Cono Sur de América. Y en este caso, consideraba inevitable el recurso de la guerra. La sigla ABC, se refiere a Argentina, Brasil y Chile, pero la región del ABC, incluye también el territorio de Uruguay y Paraguay, incluyendo exactamente los mismos cinco países que estuvieron involucrados en la Operación Cóndor. En este sentido, se puede decir que Henry Kissinger siguió rigurosamente las recomendaciones de Nicholas Spykman, con relación al control de esta región geopolítica.

 

Su única contribución personal, fue la sustitución de la “guerra externa”, propuesta por Spykman, por la “guerra interna” de las Fuerzas Armadas locales contra sectores de sus propias poblaciones nacionales. Pero incluso en este punto, Kissinger no fue original: recurrió al método que había sido utilizado por los ingleses, en la India, durante 200 años. Y en todos los lugares en que Gran Bretaña dominó estados débiles, utilizando sus elites divididas y subalternas, para controlar a sus propias poblaciones locales.

  

En las décadas de 80 y 90, Henry Kissinger se alejó de la diplomacia directa, pero mantuvo su influencia personal e intelectual dentro del establishment  americano y dentro de las elites conservadoras sudamericanas. En 2001, él publicó un libro sobre el futuro geopolítico, y sobre la defensa de los intereses americanos alrededor del mundo[i]. Con relación a América del Sur, el autor atenuó la forma, pero mantuvo el “espíritu” de Spykman: según Kissinger,  América del Sur sigue siendo esencial para los intereses americanos, y debe ser mantenida bajo la hegemonía de los Estados Unidos. Sólo que hoy, la amenaza a esta hegemonía,  ya no viene de Alemania, ni de la Unión Soviética, viene de dentro del propio continente. En el plano económico: de los proyectos de integración regional que excluyan o se opongan al ALCA. Y en el plano político: de los populismos y nacionalismos que según él, están renaciendo en el continente.

 

Finalmente, aunque no lo haya escrito de forma explícita, el entusiasmo demostrado por Kissinger, con las reformas liberales de los años 90, y con los gobiernos de Menem y Cardoso, no deja dudas con relación a su preferencia y a su estrategia actual, para la “región del ABC”: después de los militares, los “políglotas descalzos”.

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