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La
relación de Picasso con la
realidad y su colección de arte
Al
cerrarse el 2007 España recibe más de un centenar de
obras de artistas como Renoir, Cézanne, Rousseau,
Braque o Matisse, así como piezas de arte primitivo
que integraban la colección personal de Pablo
Picasso. Esta se exhibirá en el Museo Picasso de
Barcelona, vale recordar que este material hasta
ahora sólo se habían visto en París (1978) y Múnich
(1998).
La exposición, esta compuesta
por 43 pinturas, 39 dibujos, 41 fotografías y una
veintena de piezas de arte primitivo, así como cinco
grabados y cinco ''collages''. En la exposición se
pueden contemplar obras de clásicos franceses como
Le Nain, Chardin o Corot, piezas, sin embargo, muy
vivas para Picasso, "ni fríamente académicas, ni
banalmente ilusionistas". A esto se suman obras de
Degas, Gauguin, Seurat y Vuillard.
El comisario de la exposición,
Philippe Saunier, del Museo Picasso de París, ha
señalado en la presentación que "se trata de la
colección de un esteta, no de una persona que
acumula obras de arte, sino de alguien que
colecciona obras que le gustan". Cézanne y Renoir
están bien representados como "disidentes" del
impresionismo, el primero en sus paisajes y sus
sólidas figuras, y el segundo en sus grandes
desnudos.
En el centro de la muestra se
pueden ver las figuras de arte primitivo, entre
ellas una docena de figuritas de arte ibérico, que
tenía Picasso, en las que beben muchas de sus
máscaras, cerámicas o pinturas. Ese primitivismo,
entendido como simplificación o reacción contra
todos los manierismos, también se percibe en algunos
de sus cuadros como en las obras de Gauguin, de
Derain, del Aduanero Rousseau o en un autorretrato
de Joan Miró de 1919.
Un apartado especial se centra
en la "admiración y rivalidad" que se profesan
Picasso y Matisse, una relación que se intensifica a
partir de la II Guerra Mundial, cuando los
intercambios de obras se multiplican antes de que
empiecen a circular también las palabras.
En su colección Picasso también
cuenta con obras surrealistas, entre ellas dibujos
de Salvador Dalí, de quien se distanció a raíz de
las simpatías franquistas del pintor ampurdanés. Las
fotografías distribuidas a lo largo de la exposición
ilustran cómo se fue construyendo la colección:
"Picasso no siempre cuelga los cuadros, a veces ni
los enmarca y en muchas ocasiones simplemente los
dejaba en el suelo". A su juicio, es "una colección
de estudio, que Picasso utilizaba para alimentar y
enriquecer su particular imaginario".
Otra de las particularidades de
este conjunto, remarca Saunier, es "la relación
de Picasso con la realidad, pues la mayoría de
las obras son figurativas y prácticamente no hay
obras abstractas".
La exposición se cierra con las
obras de sus "amigos", tanto los de la época de
Barcelona, como los de sus primeros años en París, a
la que se agregan caricaturas que le hizo Jean
Cocteau durante su estancia en Roma en febrero de
1917, cuando ambos prepararon los decorados y
vestuario de "Parade" para los ballets rusos.
Mucho más tarde el pintor
americano Mark Tobey dejará testimonio de su
admiración por el maestro a través de unos grabados.
Antes de su muerte en 1973, recuerda Saunier,
Picasso expresó su deseo de que su colección
particular fuera donada al Estado francés "para que
sirviera de inspiración a los jóvenes artistas, lo
que confirma esa idea de que estamos ante una
colección de estudio".
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