|
La CIA contra la integración
latinoamericana
por Agencia Bolivariana de
Noticias
Cuando Cristina
Fernández de Kirchner ganó las elecciones
presidenciales argentinas el 24 de octubre de 2007,
muchos halcones republicanos deben haber pensado que
las relaciones entre Caracas y Venezuela ya no
serían lo mismo. No fueron los únicos, algunos
periodistas y analistas, tanto en Caracas como en
Buenos Aires, pensamos y publicamos lo mismo.
El 2 de diciembre
pasado se celebró en Venezuela un referéndum
constitucional mediante el cual el presidente Hugo
Chávez se proponía profundizar la vía al socialismo
y habilitar su posible reelección en 2012. Chávez y
los bolivarianos fueron derrotados en las urnas. En
Miami y Washington hubo festejos.
Entre los que
festejaron los resultados del 2-D se encuentran
demócratas, republicanos y los servicios de
inteligencia de Estados Unidos. Para ellos, la
destrucción de la Revolución Bolivariana es uno de
sus objetivos principales (detallaremos luego).
En este contexto se
produjo pocos días después (10 de diciembre) la
asunción de Cristina Fernández en Buenos Aires.
Durante su campaña, Cristina se preocupó por
mostrarse bien cerca de las estructuras del poder
tradicional.
La entonces candidata
presidencial no evidenció ningún gesto de
acercamiento fuerte con Chávez (incluso viajó
especialmente a Caracas para reunirse con
representantes de la comunidad judía venezolana,
para quienes Chávez no es una figura menos diabólica
que el presidente iraní Mahmoud Ahmadineyad u Osama
Bin Laden).
En 2007, quienes
mueven las fichas del tablero de ajedrez global
habían logrado un avance importante al montar una
exitosa campaña de desinformación y desprestigio
internacional contra el presidente venezolano y su
propuesta de reforma.
En este marco, la
semana de asunción de la nueva presidenta argentina
se insiste, con un Chávez golpeado- se aparecía
como una excelente oportunidad para perfeccionar el
cerco sobre el líder bolivariano, de cara a un jaque
mate tan anhelado.
Para esto hacía falta
mover una pieza en el tablero. La pieza designada
fue el peón Guido Antonini Wilson. Sin embargo, algo
no funcionó. Los ultraconservadores se apresuraron,
se confiaron demasiado y montaron una operación
demasiado obscena.
A continuación se
harán públicos una serie de hechos que demuestran de
manera incontrastable las siguientes afirmaciones.
1.- Que el Gobierno
estadounidense designó a un grupo de agentes de
inteligencia con la declarada misión de operar
acciones de inteligencia con el propósito último de
destruir a la Revolución Bolivariana.
2.- Que en ese marco
debe entenderse la aparición del peón Antonini, ya
que quienes dirigen esa causa judicial están ligados
personal, política e ideológicamente con algunos de
los agentes encargados de detener el proceso de
emancipación venezolano.
3.- Que por ende, la
proclamada independencia de los representantes de la
justicia estadounidense por parte de los principales
medios de comunicación del sistema es falsa e
insostenible desde todo punto de vista.
4.- Que a partir de
estos hechos se reafirma la existencia de una
estructura comunicacional global que, al ocultarnos
estas evidencias de manera sistemática (por
ignorancia, pereza intelectual o intereses
concretos), impone una realidad ficticia que genera
la manipulación de la opinión pública en pos de los
intereses políticos de un país, en este caso Estados
Unidos.
En este grupo están
incluidos la gran mayoría de los grandes medios de
comunicación de nuestro continente.
Paso a paso
La oficina de
inteligencia contra Venezuela y Cuba
En septiembre de
2006, el bloque de diputados del partido demócrata
pidió a George W. Bush que cambie el eje bélico,
retire las tropas de Irak y apunte sobre Venezuela,
país que lidera las reservas de petróleo mundiales.
Para la misma época
hubo otro pedido especial dentro de los servicios
secretos, la CIA solicitó al director nacional de
los Servicios de Inteligencia, John Negroponte, la
creación de una división especial para centralizar,
unificar y coordinar desde una sola estructura las
actividades contra Venezuela y Cuba.
La CIA sólo tenía
cinco divisiones de este carácter especificado, las
oficinas contra Irán, Corea del Norte,
Contraterrorismo, Contrainteligencia y Proliferación
de armas.
A fines de 2006,
semanas antes de la reelección del presidente Chávez
en Venezuela, Bush designó como encargado de este
departamento especial de la CIA a Norman Bailey.
Según un comunicado público del propio organismo de
inteligencia, Baily se ocuparía de centralizar las
operaciones contra Cuba y Venezuela mediante la
creación de un área estratégica en la recolección
de información y el análisis, identificando y
llenando vacíos de información y planificando y
asegurando la implementación de estrategias.
Bailey tiene 75 años
y una larga experiencia en el mundo de la
inteligencia, desde la década del 80 trabajó en
inteligencia especializado en asuntos
latinoamericanos, fue funcionario de Ronald Reagan,
George H. Bush y George W. Bush.
En 1989, una de las
importantes misiones de la CIA fue la organización
de la invasión a Panamá, donde otro de los peones
estadounidenses, Manuel Noriega, dejó de ser
funcional a los intereses de la potencia
norteamericana y debió ser removido del tablero.
En la ejecución de
esta operación, el agente Bailey jugó un papel
destacado, su quirúrgica misión consistió en
transformarse en asesor del entonces presidente
panameño, hasta el mismo momento en el que comenzó
la invasión.
Atención en este nexo
Norman Bailey-Panamá. Adquirirá relevancia más
adelante cuando nos adentremos en el caso Antonini.
El actual responsable
de las operaciones de inteligencia contra Venezuela
y Cuba también es hombre de extrema confianza de
John Negroponte, quien lideró operaciones de
terrorismo en Vietnam, Honduras e Irak, entre otros.
A Negroponte se lo
responsabiliza por el asesinato de 40 mil
vietnamitas. Desde Honduras, donde fungió como
embajador en los 80, organizó la base de
entrenamiento de El Aguacate, centro de operaciones
de la contra nicaragüense. Más cerca en el tiempo,
se le encomendó la compleja tarea de dirigir la
embajada estadounidense en Bagdad.
Durante su gestión en
la capital iraquí, se lo acusó de financiar y
coordinar a grupos paramilitares con el fin de
alimentar un conflicto interreligioso funcional a
los intereses de dominación de su país en la región.
El ex embajador de
Washington en Bagdad sabe recompensar a sus amigos,
las operaciones de Mobil Oil en el invadido
territorio árabe cuentan con la asesoría de la
empresa Norman A. Bailey Incorporated con sede en
8618 Westwood Center Dr Vienna en Washington.
Las asesorías de
Bailey no se circunscriben al ámbito petrolero, el
actual responsable de la inteligencia contra
Venezuela también colaboró con el ex presidente
argentino Eduardo Duhalde, a quien en plena crisis
político, social y financiera en marzo de 2002,
recomendó reprimir fuertemente la protesta social,
llamar a elecciones anticipadas y entregar el
territorio nacional para pagar la deuda externa.
Beily convenció a
Duhalde de la necesidad de conseguir financiamiento
internacional para superar la crisis. Para tal fin
le recomendó al entonces presidente la contratación
de tres empresas especialistas en lobby y
comunicaciones.
Una de las empresas
contratadas anunciadas mediante Decreto N 533/2002
fue Zemi Communications, propiedad de Henry
Kissinger, cuyos antecedentes en la historia
reciente de América Latina no hacen falta destacar
(aunque si lo creen necesario pueden repasarlo en
Henry Kissinger, ¿hombre de estado o criminal de
guerra?.
Casualmente entre los
principios políticos que promueve Kissinger desde
hace 30 años, figura el endeudamiento planificado de
países con recursos estratégicos.
Los vínculos del jefe
de inteligencia contra Venezuela con los halcones
del pentágono no terminan allí. Esta es la
definición que sobre Norman Bailey ofreció otro de
los neoconservadores más destacados, Otto Reich,
cubano de nacimiento y anticastrista por convicción:
Bailey es un hombre altamente capacitado, que
comprende la acción política, la diplomacia y
también comprende los aspectos psicológicos del
mundo en el que estamos.
Reich sabe de lo que
habla en materia de acción política y psicológica
(para analizar su prontuario en materia de
desestabilización se recomienda la lectura de su
hoja de vida en Otto Reich y la contrarrevolución .
Reich y Bailey
estrecharon lazos en la misma Honduras
contrarrevolucionaria de los 80.
Ya quedó establecido
el marco de relaciones que nos muestra quién es
políticamente Norman Bailey, además ha quedado claro
que el responsable de la oficina de inteligencia
contra Venezuela y Cuba, también es un conocedor de
la realidad argentina y de sus protagonistas
políticos. Ahora repasaremos algunas de sus
declaraciones textuales para que no queden dudas
acerca de sus concepciones ideológicas:
Chávez es un
dictador civil, un peligro dentro y fuera de
Venezuela.
Chávez es culpable
de ocho pecados capitales: Impulsa un eje
populista-izquierdista junto a Fidel Castro y Evo
Morales. Encabeza la prédica regional contra Estados
Unidos. Es el principal opositor al ALCA. Apoya
financieramente a movimientos indígenas de izquierda
en países andinos. Brinda apoyo logístico a las
FARC. Financia a Cuba con petróleo venezolano.
Transformó a la Isla Margarita en un refugio para
terroristas islámicos. Interfiere en conflictos
bilaterales como en el caso Bolivia-Chile por la
salida al mar.
Si Kirchner avanza
en la consolidación de relaciones con Chávez y ese
estúpido gasoducto, Argentina no recibirá más ayuda
de Estados Unidos.
Los fiscales del caso
Antonini ¿Independientes?
Como se ha podido
observar, la revolución bolivariana y sus relaciones
con el resto de América Latina son una preocupación
de primer orden para quienes desde Estados Unidos
han impulsado una oficina especial para atacar este
proceso. Ahora se demostrará que los representantes
de la justicia estadounidense encargados del caso
Antonini, están relacionados con quienes operan de
manera directa contra la revolución bolivariana.
Estas relaciones
sustentarán el punto 3, que evidencia la indivisible
relación entre el poder político y la causa Antonini.
En Estados Unidos,
los fiscales generales de los 50 estados que
conforman la unión, son elegidos mediante el voto de
los electores. Suele ocurrir en la mayoría de los
casos, que los fiscales generales sean aliados
políticos de los presidentes o de los gobernadores
de turno.
Esto ocurre en la
Florida, donde el Fiscal General es Bill Mccollum.
Sobre sus preferencias políticas no hay lugar a
dudas, antes de ser Fiscal General, Mccollum fue
congresista republicano durante 20 años y luego se
postuló como candidato a senador por el mismo
partido. En marzo de 2004 en plena campaña, Mccollum
habló de la necesidad de introducir oficiales de
inteligencia entre los turistas extranjeros que
viajan a Cuba desde otros países.
Las actividades del
Fiscal General de La Florida junto a los sectores
más conservadores de la derecha de su país son
públicas. En 1987 durante su mandato como
congresista en la Cámara de Representantes Mccollum
participó en las audiencias por el escándalo
Irán-Contras. En el momento de interrogar al
contrarrevolucionario Félix Rodríguez (asesino del
Che) sobre sus actividades y las de Luis Posada
Carriles, lo felicitó por su papel destacado en la
lucha contra el comunismo.
En los últimos años,
la revolución bolivariana se ha transformado en un
nuevo objetivo de Mccollum y sus aliados.
A lo largo de 2007,
un grupo de ciudadanos nucleados en torno a la
Fundación del Consejo de Seguridad Americano,
presentó en distintos escenarios un audiovisual
titulado Crisis en las Américas, un documental
sobre el dictador Hugo Chávez.
Este material fue
relanzado el pasado 7 de noviembre en el Club de
Campo Doral Park de Miami. Faltaba poco menos de un
mes para el referéndum en Venezuela y la campaña
internacional en contra el presidente Chávez estaba
en su punto más álgido.
Entre los
patrocinantes del documental estuvieron dos
congresistas republicanos de dilatada trayectoria
anticastrista como Lincoln Díaz Balart y Connie Mack,
para quien proyectos informativos como Al Jazeera o
Telesur no son más que micrófonos al servicio de los
terroristas. Entre los auspiciantes del material
audiovisual que acompañaron a Díaz Balart y Mack,
estuvo el Fiscal General de la Florida, Bill
Mccollum.
Según los relatos de
quienes tuvieron oportunidad de ver el material,
Crisis en las Américas, un documental sobre el
dictador Hugo Chávez, intenta relacionar al
presidente venezolano con el terrorismo, el tráfico
de drogas, la violencia, el despotismo, el comunismo
cubano, el fraude electoral, el eje del mal y el
Islam radical.
Casualmente, los
mismos puntos que descubrimos dentro de los pecados
capitales de Chávez enumerados por Bailey.
Operaciones Negras
Una de las fuentes
reiteradas dentro del audiovisual es Otto Reich,
quien en 1983 dirigió la Oficina de Diplomacia
Pública para Latinoamérica y el Caribe (OPD, según
sus siglas en inglés). La OPD, según revela el
escritor Greg Grandin en su libro Empires Workshop,
estaba oficialmente a cargo de implementar una
aproximación nueva, no tradicional, para definir los
términos de la discusión pública sobre la política
en Centroamérica.
La OPD empleó una
táctica que utiliza frecuentemente la CIA en otros
países colocando artículos e historias en la prensa
bajo el nombre de algún tercero. Estas actividades,
conocidas en el mundo de la inteligencia como
propaganda negra, fueron llevadas a cabo dentro de
Estados Unidos con el total conocimiento de la Casa
Blanca.
En 1987, el Congreso
ordenó el cierre de la OPD de Reich, bajo acusación
de estar implicada en una operación prohibida y
encubierta de propaganda, pero en ese entonces los
funcionarios del Departamento de Estado dijeron que
simplemente reorganizarían la oficina, distribuyendo
sus funciones entre otras partes del departamento.
Todo parece indicar
que cumplieron su palabra.
La operación de
propaganda negra que se pretendió constituir
mediante Crisis en las Américas un documental sobre
el dictador Hugo Chávez fue tan evidente que el
material no logró trascender dentro de la sociedad
estadounidense, sin embargo siempre hay sectores
ultraconservadores que intentan legitimar este tipo
de manipulaciones.
La periodistas Ericka
Andersen realizó una interesante reseña de este
material para el diario Human Events, el pasado 27
de septiembre. De paso entrevistó a Bill Mccollum,
el testimonio del Fiscal General de La Florida nos
permite una vez más entender su pensamiento:
Chávez es una parte
importantísima en el problema de la droga en
Suramérica. Yo pienso que es uno de los mayores
traficantes, tal vez de la historia.
El pasado domingo 23
de diciembre, el periodista argentino Horacio
Verbitsky, publicó en su columna del diario
Página12, que cuando ocurrió el suceso de la valija
de Antonini en agosto pasado sólo hubieron dos
medios que denunciaron una relación entre el dinero
incautado y la campaña de Cristina Fernández, uno de
los artículos no llevó firma y el otro fue firmado
por un periodista que nadie conoce.
Todo parece
asemejarse demasiado a un guión armado por esos
personajes que como el mismo Reich afirmó
comprenden la acción política y los aspectos
psicológicos del mundo en el que vivimos.
Los fiscales de la
causa Antonini
Mulvihill
El Fiscal con mas
exposición pública en el caso Antonini es Thomas
Mulvihill, primer asistente de la Fiscalía General.
Mulvihill procesa crímenes como narcotráfico,
espionaje y violaciones a las leyes de exportación,
por esta razón, mantiene un vínculo muy cercano con
agencias de inteligencia con el FBI o la CIA.
Por sus
investigaciones de casos federales contra el crimen
organizado, Mulvihill recibió varios premios de
reconocimiento de agencias de inteligencia en
Washington.
Este fiscal vive en
el sur de la Florida hace más de 20 años, y según
las crónicas periodísticas, conoce perfectamente las
problemáticas de la región, al punto que en el
pasado participó e investigó la detención del
general Manuel Antonio Noriega en Panamá.
Es de suponer que si
el fiscal Mulvihill investigó al derrocado ex
presidente panameño y tiene vínculos estrechos con
los servicios de inteligencia, debe conocer
personalmente al agente Norman Bailey, quien es un
connotado miembro de esos servicios, y fue unos de
los máximos responsables de las operaciones en
Panamá.
Hilar más fino sería
deducir que a partir de estos hechos Mulvihill y
Bailey tienen una relación personal o una alianza
política, pero podríamos aventurarnos a hacerlo, si
observamos el mundo de relaciones de ambos. Uno de
los cercanos colaboradores de Bailey es Roger
Noriega, quien el 12 de diciembre pasado salió a
defender públicamente a Mulvihill y su equipo,
mediante una columna de opinión periodística
publicada por el conservador diario La Nación de
Buenos Aires.
Dijo Noriega: Lo que
es bastante inusual es que, en vez de meramente
negar la acusación, la presidenta Kirchner impugnó
ferozmente las motivaciones de los investigadores
estadounidenses, sosteniendo que la querella penal
buscaba cubrir de basura su presidencia.
Estas declaraciones
provocaron la reacción del ex presidente, Néstor
Kirchner, quien calificó a Noriega como un
funcionario lamentable y exigió que la justicia
estadounidense extradite al prófugo Antonini.
Alexander Acosta
Otro de los fiscales
implicados en la causa Antonini es Alexander Acosta,
su nombre no suele aparecer en los medios de
comunicación, sus antecedentes no lo ayudan a
sostener la imagen de un fiscal independiente.
El 13 de noviembre de
2003 hubo una convención de abogados sobre
legislación internacional y soberanía americana
organizada por la Sociedad Federalista con sede
principal en Washington. El fiscal Alexander Acosta
fue uno de los invitados a disertar. El orador de
orden de este exclusivo encuentro fue John
Negroponte.
Podríamos pensar que
no es más que una casualidad que Acosta y Negroponte
hayan confluido en esta reunión, pero podríamos
pecar de ingenuidad tal vez, este encuentro indica
cuánto menos, una coincidencia intelectual y
política.
Esta aseveración se
confirma cuando descubrimos que 2 años y 11 meses
más tarde, exactamente el 10 de octubre de 2006, el
Fiscal Federal del Distrito Sur de la Florida,
Alexander Acosta, anunció la creación de un Grupo de
Trabajo para Reforzar las Sanciones a Cuba,
conformado por agencias del gobierno, incluyendo el
FBI, el Servicio de Rentas Internas, Inmigración y
Control de Aduanas, el Departamento de Comercio, el
Servicio Guardacostas y la Aduanas y Protección de
Fronteras.
Como puede observarse
las actividades de este fiscal exceden ampliamente
el marco investigativo para ingresar en el terreno
del activismo político, y en este caso dentro de las
causas más reaccionarias como lo es la
profundización del estrangulamiento económico contra
Cuba, condenado de manera casi unánime por las
Naciones Unidas en cada oportunidad que se presenta.
Hay otro caso que
evidencia la confluencia ideológica y una muy
probable coordinación en materia de acción política-
entre este fiscal del caso Antonini y el congresista
republicano Lincoln Díaz Balart (gestor del video
basura contra Chávez):
En febrero de 2007,
Acosta encausó a dos ciudadanos estadounidenses por
solicitar licencias de viaje a Cuba a nombre de
iglesias inexistentes, lo que habría permitido que
más de 4500 cubanoamericanos obtuvieran permisos
para visitar a sus familias en la isla caribeña.
Según declaró el
fiscal oportunamente, 'los dos arrestos y la
investigación son un indicio del compromiso del
gobierno federal en endurecer el embargo
comercial...esta decisión es importante para ayudar
a una transición democrática en la isla'.
El congresista Díaz
Balart, no se quedó atrás y sustentó públicamente el
accionar de Acosta, a quien cariñosamente llama
Alex:
El fiscal federal
Alex Acosta y su equipo de trabajo merecen
reconocimiento y apoyo por sus esfuerzos continuos
para hacer cumplir eficazmente el embargo de Estados
Unidos contra el régimen terrorista en Cuba.
Por mera coincidencia
durante 2006, Díaz Balart había hecho un llamado
público para que se impulsarán las causas judiciales
a los violadores de licencias religiosas.
Acosta también tiene
una relación fluida con el Fiscal General Mccollum,
desde mayo de 2006 ambos participan activamente en
el Proyecto Niñez segura una iniciativa nacional
creada en Estados Unidos para proteger a los menores
contra la explotación y los abusos sexuales.
El 23 de marzo de
2007, representantes de Niñez Segura de La Florida
brindaron una conferencia de prensa para repasar los
avances del programa. Alexander Acosta y Bill
Mccollum aparecieron declarando sentados uno al lado
del otro.
Kenneth L. Wainstein
Otro de los
funcionarios implicados en la investigación es
Kenneth L. Wainstein, asistente del Fiscal General
de Justicia del Departamento de Seguridad Nacional.
Según palabras del propio Wainstein, sus funciones
son las de supervisar las operaciones de
inteligencia y las operaciones legales relativas a
la seguridad nacional. Wainstein fue designado por
el presidente Bush para el cargo, y su aprobación
por el senado demoró 5 meses. Es una especie de
viceministro del Secretario de Justicia Michael
Mukaesy, lo que indica sus estrechas relaciones con
el poder político republicano. Entre sus
obligaciones, también está la de articular sus
tareas con el director nacional de los Servicios de
Inteligencia, John Negroponte.
Reflexión. ¿Es este
equipo de trabajo el artífice de una operación
basura contra Venezuela y Argentina?
Demasiados
indicadores nos empujan a pensarlo.
Resumen
Durante todo 2007 una
oficina de inteligencia de la CIA se dedica a
planificar operaciones contra Venezuela. El
responsable de esta dependencia (Bailey) tiene nexos
fluidos con los principales implicados en
operaciones de inteligencia armadas por la Central
durante los últimos 30 años, el cubano americano
Otto Reich, John Negroponte y Roger Noriega.
Todos estos
personajes tienen fuertes vínculos con el
anticastrismo más duro de Miami, desde donde, junto
a sus compañeros de la Fundación del Consejo de
Seguridad Americano, también lanza operaciones de
inteligencia contra Venezuela el Fiscal General del
Estado (Mccollum).
Uno de los fiscales
que tratan el caso (Mulvihill) es asistente de
Mccollum, está fuertemente ligado con los servicios
de inteligencia y muy probablemente mantenga una
relación fluida con el responsable de la oficina de
la CIA encargada de desestabilizar a Venezuela
(Bailey) ya que ambos estuvieron implicados en el
caso Panamá-Manuel Noriega.
Cuando la competencia
de Mulvihill es cuestionada por el gobierno
argentino, Roger Noriega (colaborador cercano de
Bailey) asume su defensa pública.
Otro de los fiscales
federales encargados de la causa (Acosta) es un
reconocido activista contra la revolución cubana,
diserta junto a John Negroponte en Washington y
realiza tareas de beneficencia junto al Fiscal
General de La Florida (Mccollum).
Un tercer responsable
de la causa (Kenneth L. Wainstein) es un funcionario
con categoría similar a la de un viceministro de
justicia, entre sus funciones -según el mismo
declara- está la de supervisar operaciones de
inteligencia, también debe articular sus labores con
John Negroponte.
Si a Norman Bailey y
sus colaboradores de la oficina de desestabilización
de la CIA, se les ocurriera montar una operación
basura con la intención de generar una fricción
entre Venezuela y Argentina utilizando el caso
Antonini, este sería el grupo de trabajo ideal.
Para entender la
manipulación montada por los medios de comunicación
utilizaremos un caso testigo. El 26 de diciembre de
2007 el prestigioso matutino Washington Post
publicó un editorial en la que asegura que la
postura de la presidenta argentina en torno al caso
recordemos que la mandataria denunció una
operación basura- obedecía a su ignorancia acerca
del funcionamiento del sistema judicial de Estados
Unidos. Esta es la cita textual:
Hay quienes,
demostrando su ignorancia del sistema judicial
estadounidense, culpan al gobierno del presidente
Bush por los resultados de una investigación penal.
La reacción demuestra que las esperanzas de un
cambio en la política exterior argentina
probablemente fueron falsas. En vez de distanciarse
del escándalo, ambos (la presidenta argentina y su
esposo) le han hecho el coro a Chávez denunciando
trucos sucios, de la Casa Blanca y un supuesto
plan estadounidense para subyugar a Argentina.
No hace falta agregar
que estas afirmaciones fueron reproducidas por
todos los grandes medios de nuestro continente como
si lo escrito por el editorialista del Washington
Post fuera una verdad absoluta. Esto llegó a
millones de lectores que pudieran creer que la causa
Antonini no tiene ninguna implicancia con el poder
político y es tan sólo una investigación penal.
Pudieran pensarlo
porque desde esos grandes medios -como se ha
demostrado- se manipuló la realidad y se le negó a
la ciudadanía su esencial derecho de acceder a la
información completa sobre el caso.
Notas
1.- Este informe fue redactado en base a una
investigación personal y a artículos publicadas por
la agencia de comunicación Rodolfo Walsh y por la
revista estadounidense Z Magazine.
2.- Entre los objetivos de esta investigación no
figura establecer la categoría o el origen de los
ilícitos que podrían derivar del caso Antonini
Wilson.
LA
ONDA®
DIGITAL |