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¿Tenemos un único
cerebro y cuándo nace?
por María José Atiénzar
Tenemos
un cerebro "social" que nos permite relacionarnos
con el entorno. Pero también un cerebro "ético",
asociado con el libre albedrío, la responsabilidad
personal y el derecho. Así lo afirma Michael
Gazzaniga, director del Centro para el Estudio de la
Mente en Estados Unidos y profesor de la Universidad
de California.
Aunque la psicología social ha
avanzado mucho, es reciente el estudio de los
mecanismos biológicos implicados en la
socialización. Se trata de conocer el cerebro social
desde la neurociencia. Gracias a los avances en las
tecnologías de imagen cerebral, se está analizando
lo que esto supone: nuestras actividades cotidianas,
la toma de decisiones que afectan a los otros, dónde
estamos, cómo nos influye nuestra pareja, lo que
piensan quienes nos rodean, qué hacen los hijos, o
qué pensamos sobre nosotros mismos. Toda esta
información se puede estudiar ahora.
Es difícil cambiar el
temperamento definido por la biología básica, pero
hay numerosas formas de domarlo y mitigarlo.
Nacemos con un único cerebro, y las
interacciones sociales se producen precisamente por
las características específicas del cerebro humano.
Pero también hay mucho que aprender social y
culturalmente.
Era habitual pensar que con el
simple hecho de crecer en una familia uno sabía muy
bien qué era lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y
lo malo. Era una ética esencial aprendida en casa.
Pero en las sociedades actuales, donde las
relaciones son complejas y los modelos cambiantes o
ausentes, se dan casos de familias disfuncionales.
Hay hogares donde los niños no reciben ningún tipo
de formación ni encuentran referentes. Sus modelos
pueden ser los amigos, la televisión o cualquier
héroe o villano encontrado en Internet.
Se dan casos en los que, aún
recibiendo la misma educación, los hijos de una
familia tienen un cerebro ético y social distinto.
Según la neurociencia, el cerebro humano está
preparado para responder a los estímulos sociales y
juicios morales. "Con frecuencia nos olvidamos de
que la mayoría de las personas se comportan bien.
Sólo el 1% de la población se comporta mal, de
manera que son muchas más las personas buenas que
las malas. Pero las malas también existen".
Expresa Gazzaniga. La responsabilidad es una regla,
una norma y existe en un grupo social. La
responsabilidad no está en el cerebro, sino que
forma parte de las normas sociales, está en la
cultura. Si una persona viviera sola, no tendría que
ser responsable, pero sí tiene que serlo si vive en
sociedad. Con la interacción necesitamos un acuerdo
social y todos podemos seguir las normas.
Dentro de este campo científico
apasionante existe un debate sobre en qué momento el
ser humano tiene un cerebro funcional. Las posturas
difieren de formas agresivas porque entran grandes
en cuestión temas éticos como el aborto o la
eutanasia. ¿Cuándo nace el cerebro?, ¿cuándo se
produce la muerte cerebral?
Para los científicos, a las 26
semanas de gestación, el cerebro ya está empezando a
desarrollarse y puede sentir dolor psicológico.
"Lo único que se puede decir con certeza es que a
los 14 días en el embrión no hay cerebro, y éste
es un dato importante, porque los científicos que
investigan con células madre en medicina
regenerativa utilizan células embrionarias de menos
de 14 días". Eso podría arrojar luz y límites a este
debate.
Se admite la muerte cerebral
cuando no hay actividad en el cerebro y se acepta la
muerte cerebral para poder extraer los órganos de un
cuerpo humano. Del mismo modo ¿se podrían utilizar o
donar a la medicina organismos que no tienen
cerebro? En esta cuestión, algunos apelan a la
potencialidad, es decir, a que ese embrión podría
llegar a tener un cerebro. No es sencillo llegar a
acuerdos.
La muerte cerebral se inicia
en la corteza, rápidamente afecta a todo el
cerebro y termina siendo una muerte de todo el
cuerpo. Son los neurólogos quienes determinan el
momento en el que el cerebro ya no funciona y es un
estado irreversible, final. En un estado vegetativo,
sin embargo, los neurólogos no saben si dicho
proceso es irreversible, pues se han dado casos de
enfermos que despiertan de ese estado. El debate
está en que algunos rechazan declarar la muerte
mientras siga latiendo el corazón y pretenden
revisar el concepto de muerte cerebral.
Para el catedrático
californiano "sería un error tratar de distinguir
entre muerte y muerte cerebral, porque todo lo que
nos preocupa de la muerte humana está relacionado
con el cerebro".
M. J. Atiénzar: Periodista
español
ccs@solidarios.org.es
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