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Los TLC, atajos de los países
ricos para saltearse la OMC
Informe
Informe Completo
Oxfam (Oxford Commitee for Famine Relief ) publicó
un informe sobre las consecuencias en los países del
Sur de la implantación de los Tratados de Libre
Comercio por parte de Estados Unidos y la Unión
Europea, a continuación se expone el resumen de
dicho informe.
Históricamente los países industrializados han
impulsado acuerdos bilaterales comerciales y sobre
inversiones, en gran parte por razones políticas,
pero a medida que cambia la economía mundial hay un
ímpetu creciente en la búsqueda de nuevos acuerdos
por motivos económicos.
En este nuevo contexto económico, la propiedad y el
control de las grandes cadenas de producción
mundiales y el acceso a los mercados que
experimentan un mayor crecimiento, determinan quién
es rico y quién es pobre. EEUU, la UE y Japón están
utilizando los tratados comerciales y sobre
inversiones para ampliar la influencia de sus
empresas líderes y reducir la capacidad de los
países en desarrollo de lograr una posición
favorable en la economía mundial.
El
sigiloso avance de los tratados de comercio e
inversiones entre países ricos y pobres amenaza con
negar a los países en desarrollo una posición
favorable en la economía mundial.
Los países ricos, liderados por
EEUU y la UE, están poniendo un empeño sin
precedentes en lograr tratados de libre comercio
regionales y bilaterales. Esto está ocurriendo lejos
de la fanfarria de las cumbres mundiales y de la
prensa internacional. Unos 25 países en desarrollo
han firmado ya tratados de libre comercio con países
desarrollados, y más de 100 están embarcados en
negociaciones. Cada semana se firman como media dos
acuerdos bilaterales de inversiones. Prácticamente
ningún país, por pobre que sea, se ha quedado fuera.
Los países ricos están
utilizando estos tratados de libre comercio (TLC)
y acuerdos sobre inversiones bilaterales y
regionales para lograr concesiones que no son
capaces de conseguir en la Organización Mundial del
Comercio (OMC), donde los países en desarrollo
pueden unirse y negociar unas reglas más favorables.
EEUU llama a este enfoque liberalización
competitiva y la UE expresa su intención de
utilizar los acuerdos bilaterales como los peldaños
hacia futuros acuerdos multilaterales.
La UE sostiene que esta nueva
generación de tratados bilaterales y regionales es
vital para que los países en desarrollo de África,
Caribe y el Pacífico mantengan su acceso a los
mercados europeos de una manera compatible con las
normas de la OMC. También ha reiterado a los países
pobres que no tiene intereses comerciales ocultos
en las negociaciones y que habrá periodos de
transición amplios para la aplicación de los
acuerdos. Sin embargo, el alcance de las propuestas
y la agresividad de los planteamientos parecen
contradecir estas declaraciones.
El avance inexorable de estos
tratados sobre comercio e inversiones, negociados en
gran medida a puerta cerrada, amenaza con socavar
la promesa de que el comercio y la globalización
servirían como motores para reducir la pobreza.
En un mundo cada vez más globalizado, estos acuerdos
buscan beneficiar a los exportadores y a las
empresas de los países ricos a expensas de
agricultores y trabajadores pobres, con graves
consecuencias para el medio ambiente y el
desarrollo.
Lo peor de los acuerdos es que
privan a los países en desarrollo de su capacidad de
dirigir la economía nacional y proteger a sus
ciudadanos más pobres. Al ir más allá de las
disposiciones negociadas a nivel multilateral,
imponen reglas de mayor alcance y difícil marcha
atrás que desmantelan de manera sistemática las
políticas nacionales de promoción del desarrollo.
EEUU y la UE están imponiendo reglas sobre propiedad
intelectual que reducen el acceso de las personas
pobres a medicinas que les salvarían la vida,
aumentan los precios de las semillas y de otros
insumos agrícolas poniéndolos fuera del alcance de
los pequeños productores, y dificultan el acceso de
las empresas de los países en desarrollo a las
nuevas tecnologías.
El tratado de comercio
propuesto entre EEUU y Colombia, por ejemplo,
aumentaría el coste de las medicinas en 919 millones
de dólares para el año 2020, cantidad suficiente
para prestar atención sanitaria a 5,2 millones de
personas en el sistema de salud público. Con el
Tratado de Libre Comercio entre EEUU, República
Dominicana y América Central (DR-CAFTA en inglés) se
espera que los precios de los productos agroquímicos
se disparen.
Las reglas sobre la
liberalización de servicios contenidas en los TLC
amenazan con dejar fuera de juego a las empresas
locales, reducir la competitividad y aumentar el
poder de monopolio de las grandes compañías. Cuando
México, por ejemplo, liberalizó en 1993 los
servicios financieros con antelación al Tratado de
Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en
siete años el 85% del sistema bancario quedó en
manos extranjeras, y los préstamos a las empresas
mexicanas cayeron del 10% del Producto Interior
Bruto (PIB) al 0,3%, dejando así a las personas
pobres de las zonas rurales sin fuentes de crédito
esenciales.
Estas nuevas reglas suponen
también una posible amenaza para el acceso de las
personas pobres a los servicios esenciales. En
algunos TLC con EEUU, los países en desarrollo se
comprometen a permitir la entrada en los servicios
públicos de inversores extranjeros si abren el
sector a las empresas privadas nacionales.
La filtración de una versión de
las directrices de la UE para la negociación de los
TLC con la ASEAN, India, América Central, los países
andinos y Corea del Sur permite ver la intención de
la UE de introducir disposiciones similares para el
agua y otros servicios públicos.
Las nuevas reglas sobre
inversiones contenidas en muchos de estos tratados
impiden a los gobiernos de los países en desarrollo
exigir a las empresas extranjeras la transferencia
de tecnología, la formación de trabajadores locales
o la adquisición local de insumos de producción. Con
estas condiciones, las inversiones extranjeras no
establecen vínculos en el país, no generan empleo de
calidad, y no mejoran tampoco los salarios;
sirviendo en cambio para agravar las desigualdades.
Los capítulos sobre inversiones
de los TLC y de los acuerdos bilaterales sobre
inversiones abren la puerta a posibles demandas de
compensación por parte de los inversores extranjeros
en caso de que se promulguen nuevas leyes que se
consideren perjudiciales para los intereses del
inversor, incluso si han sido promulgadas en el
interés público. Se calcula que las actuales
demandas contra Argentina por las medidas de
emergencia adoptadas durante la crisis financiera de
2001/2002 ascienden a 18 mil millones de dólares.
Los tratados de libre comercio
a menudo imponen una liberalización arancelaria
acelerada, poniendo en peligro el medio de vida de
los pequeños productores e impidiendo a los
gobiernos el uso de políticas arancelarias para
promover la producción. Por ejemplo, mediante los
Acuerdos de Partenariado Económico la Unión Europea
pretende obligar a los países más pobres del mundo a
eliminar gran parte de sus aranceles.
Los TLC no abordan, sin
embargo, los efectos negativos que los subsidios en
los países ricos tienen sobre los países pobres al
generar prácticas desleales de dumping, ni abordan
tampoco la plétora de barreras no arancelarias que
siguen impidiendo a éstos el acceso a los mercados
de los países ricos.
El efecto global de estos
cambios en las reglas es el progresivo
desmantelamiento de la gobernabilidad económica,
transfiriendo poder de los gobiernos a las empresas
multinacionales y privando a los países en
desarrollo de las herramientas que necesitan para
desarrollar sus economías y lograr una posición
favorable en los mercados mundiales.
Aun cuando los gobiernos de los
países en desarrollo se han mostrado cada vez más
firmes en la OMC y en algunos acuerdos regionales y
bilaterales, el equilibrio de poder en las actuales
negociaciones sigue fuertemente sesgado a favor de
los países ricos y las grandes e influyentes
corporaciones. Además, las pequeñas empresas, los
sindicatos, las organizaciones no gubernamentales,
los grupos de mujeres y las poblaciones indígenas de
los países en desarrollo disponen de escasos
mecanismos de participación, y sus derechos y
necesidades son en gran medida ignorados.
El comercio y las inversiones
son esenciales para el desarrollo, y por tanto deben
abordarse con urgencia los desequilibrios que
caracterizan y distorsionan las reglas de comercio e
inversiones a escala mundial. Pero los tratados de
libre comercio y los tratados bilaterales de
inversiones desiguales y abusivos, que impiden la
aplicación de las políticas que los países en
desarrollo necesitan para luchar contra la pobreza,
no son el mejor medio para poner el comercio y las
inversiones al servicio del desarrollo, ni tampoco
de construir un mundo más seguro y más justo.
Para conseguir un cambio de
dirección y poner el comercio y las inversiones al
servicio del desarrollo, Oxfam Internacional
sostiene que las reglas comerciales, sean
multilaterales, regionales o bilaterales, deben:
Reconocer el trato especial y
diferenciado que requieren los países en desarrollo
para promover su desarrollo.
Permitir a los países en
desarrollo adoptar legislaciones flexibles sobre
propiedad intelectual que garanticen la primacía de
la salud pública y de los medios de vida rurales, y
que protejan los conocimientos tradicionales y la
biodiversidad.
Excluir de los compromisos de
liberalización los servicios públicos esenciales
como la educación, la salud, el agua y el
saneamiento.
Reconocer el derecho de los
gobiernos a regular la entrada de inversores
extranjeros con el fin de promover el desarrollo y
generar empleo de calidad, e incluir compromisos de
aplicación de los estándares laborales básicos para
todos los trabajadores y trabajadoras.
Asegurar la existencia de
mecanismos que permitan la participación plena en el
proceso de negociación de todas las partes
interesadas, con un total acceso público a la
información, incluyendo los resultados de
evaluaciones de impacto independientes.
Oxfam ( Oxford Commitee for
Famine Relief ) organización internacional de lucha
contra la hambruna y promoción del desarrollo.
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