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Bernardo Quagliotti de Bellis
y su esquema geopolítico
Coronel (r) José Felipe Marini
Capítulo del libro
Geopolítica latinoamericana de
integración, del Coronel
(r) y Licenciado José Felipe Marini, editado por la
Escuela Superior de Guerra Aérea de la República
Argentina.
Este
destacado geopolítico uruguayo, cuyos escritos y
conferencias han trascendido las fronteras de su
patria y han merecido el elogio de relevantes
personalidades sudamericanas, publicó en 1979 un
folleto titulado Constantes geopolíticas en
Iberoamérica, editado por GEOSUR,
Montevideo.
El
planteamiento comienza con las constantes
geopolíticas a nivel mundial, con la competencia de
las dos superpotencias: los Estados Unidos y la
Unión Soviética y la ubicación de la América Latina
en ese marco de referencia. A continuación
considera las constantes geopolíticas
iberoamericanas desde el siglo XVI hasta el
presente, destacando los esfuerzos integracionistas
realizados después de la Segunda Guerra Mundial
mediante el Mercado Común Centroamericano, la
Asociación Latinoamericana de Libre Comercio,
Urupabol, Cuenca del Plata, Pacto Andino, Sistema
Económico Latinoamericano y Pacto Amazónico.
Más
adelante señala los cambios profundos que se están
operando en el Caribe, istmo de Panamá, el Brasil,
Bolivia, la Cuenca del Plata, la Antártica y la
actividad de la Comisión Trilateral operando en toda
el área desde fuera del continente, para imponer un
modelo de desarrollo ajeno a las necesidades
latinoamericanas.
Antes de
entrar en su visión de la América Latina, el autor
explica con admirable síntesis y precisión algunos
esquemas geopolíticos continentales partiendo de
Carlos Badía Malagrida y pasando por Mario Travassos,
Golbery do Couto e Silva, Gustavo Cirigliano,
Enrique Guglialmelli hasta Osiris Villegas.
El autor
afirma que gracias al desarrollo de la integración
física en la América del Sur, las fronteras
interiores han cobrado una dinámica importante que
las induce a desempeñar un papel relevante en la
movilización de bienes, capitales y personas tanto
en el orden nacional como intercontinental.
Los
riesgos a afrontar por los Estados nacionales se
manifiestan en la influencia de los espacios
organizados plurinacionales sobre vacíos
demográficos nacionales vulnerables. Ello obliga a
los Estados nacionales a promover prioritariamente
la integración nacional.
Destaca
luego las nuevas tendencias de ocupación espacial
poniendo los ejemplos de Bolivia en su relación con
sus propios espacios vacíos y su proyección hacia el
mar, la expresión del Chaco y la cuenca del
Amazonas.
Para el
autor la geopolítica latinoamericana tiene una
aspiración concreta: la integración continental, un
objetivo prioritario, la integración nacional y una
inquietud constante, para qué y para quién nos
integramos.
La
auténtica integración iberoamericana, nacional e
internacional, debe ser una respuesta a las
doctrinas geopolíticas y económicas mundiales, con
planes propios para satisfacer necesidades genuinas.
Iberoamérica, en el diálogo Norte-Sur, debe sentirse
como asociada y no como asistida al
nuevo orden económico mundial.
El autor
nos proporciona entonces varias reflexiones para
arribar al problema de fondo y así extrae una
primera inducción por la cual la independencia
política y formal de los Estados hispanoparlantes y
el Brasil los canalizaron hacia una división
internacional del trabajo y a transformarlos en
países periféricos de Europa y los Estados Unidos
La
balcanización de Iberoamérica les quitó
posibilidades al proceso de integración regional y
continental. Esta política de fraccionamiento fue
inducida y fomentada desde afuera en conexión con
elementos internos sujetos a los mismos intereses.
Una
segunda inducción nos indica la existencia de
un auténtico pensamiento iberoamericano dado por
Drago, Sáenz Peña, Rodó, Ugarte, Pereyra, Darío y de
muchos otros
Una
tercera inducción señala que el proceso de
integración político, socioeconómico y cultural de
Iberoamérica encontrará respuesta no tanto en la
razón como en la voluntad. Además de un impulso
político la integración demanda la participación del
pueblo porque no tenemos alternativas: o nos
integramos o nos integran.
Una
cuarta inducción es que el desarrollo necesita
grandes espacios económicos y una política económica
de integración de esencia humanística, debe
necesariamente reducir los límites de la miseria
para convertirla en simple pobreza.
De e3sta
suerte se nos lleva la quinta inducción que
expresa que en Latinoamérica es imprescindible una
visión nacional del problema económico y sus
respectivas estrategias en función del hombre y no
de metas económicas innovadoras, ya que las
innovaciones no significan obligatoriamente progreso
si no está dirigida al hombre, a la economía
nacional y regional, pues estimulando la
polarización pueden desarticularse.
La
sexta inducción nos indica que en los
planteamientos nacionales debe insertarse el
conocimiento y la aplicación de la filosofía de la
integración y que el desarrollo nacional no debe
implantarse para favorecer a ciertos sectores sino
para beneficiar a toda la sociedad. Todo proceso de
integración continental, a veces, no coincide con el
desarrollo nacional, si tiene consecuencias adversas
al proyectado. La interdependencia de ambos debe ser
cuidadosamente analizada.
La
integración diseñada por la Comisión Trilateral es
bien distinta de la que anhelamos los
latinoamericanos. De ahí que la séptima inducción
nos indica que la integración debe partir del
espacio nacional para conectarse con el regional y
luego con el continental.
Por
último, Quagliotti de Bellis nos propone una
octava inducción al afirmar que el
proyecto nacional es la razón de un país y tiene un
enfoque estrictamente geopolítico; el plan de
desarrollo es uno de sus medios y tiene un enfoque
exclusivamente técnico de la cuestión.
Con
estas reflexiones, al autor nos lleva a su esquema
geopolítico continental relacionado con la América
del Sur. En su espacio distingue la conformación en
diferentes áreas de núcleos cohesivos unidos
por ejes socioeconómicos a centros de desarrollo
que irradian fuerzas geopolíticas hacia zonas que
encuentran importantes reservas naturales y
estratégicas, o bien, representan puntos clave para
establecer una infraestructura de servicios a nivel
regional.
De
esta forma considera:
- Río de
Janeiro-San Pablo-Santos que se proyecta a Brasilia
y al Norte, a la conquista del cerrado, extensa
zona del Planalto.
- Río de
la Plata, formado por el cinturón urbano La
Plata-Buenos Aires-Rosario desde el lado argentino y
por Montevideo en la Banda Oriental del Uruguay, con
proyección hacia la Pampa húmeda y la República
Oriental del Uruguay.
-
Santiago de Chile-Valparaíso, con proyección en la
región central chilena.
- Lima,
relacionado con el eje Chiclayo-Trujillo-Chimbote al
Norte y por Arequita al Sur.
- Manaus
en el centro de Amazonia, tocando y penetrando en
los puntos más sensibles de las fronteras de sus
vecinos amazónicos.
- Santa
Cruz de la Sierra, en el centro del oriente
boliviano, esperando el desarrollo integrado de las
cuencas del Pilcomayo y del Bermejo. Está en el
centro geopolítico sudamericano, con inmensas
reservas de energía, hierro, manganeso, cobre,
estaño, gas natural, agricultura y ganadería
subtropical, etc.
- Porto
Alegre-Río Grande al sur de Brasil con desarrollo
agropecuario, petroquímico e industrial, actuando en
los corredores de exportación del sur de Brasil en
el sentido de los paralelos con influencia desde
Asunción del Paraguay hasta el norte de la República
Oriental del Uruguay y provincias del nordeste de
Argentina.
-
Antofagasta-Iquique-Arica, en íntima relación con La
Paz y Salta y su proyección sobre el noroeste
argentino (GEICOS), el Paraguay y el alto boliviano
Evaluación
Indudablemente Quagliotti de Bellis acierta al
ubicar la problemática integracionista
latinoamericana como la única alternativa en la
evolución del mundo moderno como una respuesta
válida, propia y definida ante la disyuntiva de que
nos integramos o nos integran. El proceso
integracionista del autor tiene los siguientes
caracteres:
- Sólo
se ocupa del espacio sudamericano porque quizás,
aunque no lo exprese, hablar de una integración con
América Central y el Caribe con la presencia de
Estados Unidos es, por el momento, impracticable.
- El
autor no admite una integración manejada por la
Comisión Trilateral (ALCA) porque no responde a los
intereses latinoamericanos. En consecuencia no
comparte la tesis de la soberanía limitada de
Golbery do Couto e Silva, ni una integración bajo
la hegemonía brasileña, tal como lo deseaba el
citado autor.
- Está
en contra de toda integración hegemónica a favor de
un país en Sudamérica, porque señala diversas áreas
geopolíticas con vida propia interactuando en el
contexto continental, sin las cuales no se pueden
prescindir para la organización del espacio
sudamericano.
- La
integración continental no debe ir en desmedro de la
integración nacional. Más aún, éste es prioritaria y
debe seguir los lineamientos de aquélla, en el
sentido de no dejar espacios vulnerables nacionales
a intereses extra continentales. Por eso el autor
destaca la necesidad de determinar quién integra y
para qué se integra
- Es un
esquema original que muestra las actuales variables
geopolíticas sudamericanas con sus tendencias y
posibilidades acentuadas en la organización
polarizada del espacio con sus ejes de influencia e
interacción, en donde la integración física del
interior del Continente alcanza una dimensión de
primer orden.
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