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Arq. Oscar Niemeyer ante el Memorial
a L. C. Prestes: No alcanza
con honrar el pasado
Nacido en Río de Janeiro, el
arquitecto Oscar Niemeyer se graduó de la Escuela
Nacional de Bellas Artes en 1934 y se sumó a un
equipo que trabajó con el suizo Le Corbusier, figura
destacada del movimiento Bauhaus. En 1940 trabaja
con este y el británico Howard Robinson en el
edificio sede de la ONU. Primera tentativa del
movimiento modernista para crear un edificio tan
grande y de tal importancia. En 1956, el entonces
presidente brasileño Juscelino Kubitschek les pidió
a los arquitectos Costa y Niemeye construir una
capital nueva en las solitarias planicies del centro
de Brasil. "Brasilia fue una aventura", recuerda
Niemeyer con una sonrisa. "Fue construida sobre la
marcha. No tuve ni siquiera tiempo para pensarlo".
Son decenas las obras dentro y fuera de Brasil de
este genial creador. En este articulo inicialmente
publicado en Folha de Sao Pablo luego de cumplir 100
años el último 15 de diciembre, reflexiona sobre un
destacadísimo hombre político de su país; Luís
Carlos Prestes y el memorial proyectado.

El proyecto que hice del
memorial de Luis Carlos Prestes es, a mi entender,
una obra tan especial que vale la pena explicarla un
poco
Hoy, recordando los días de
descanso que el fin de año nos asegura, siento que
algo me fue posible realizar.
No tenía ningún programa pre-establecido.
Mi cumpleaños, una semana antes, había sido muy
movido, y centenas de amigos me buscaron para
abrazarme en la casa de las Canoas. Mi deseo
era evitar todo eso, y festejar un centenario
me parecía demasiado pesado. No es que el pasado me
entristezca, pero como me irrita recordar las viejas
amistades perdidas para siempre...
Como yo
esperaba, los amigos insistieron y terminé
quedándome todo el día por allá, donde, sin fiesta
ni música, atendería a los que apareciesen. Y,
pasado todo eso, fue en mi apartamento de Ipanema
que me dejé estar, un poco cansado de lo que había
sucedido, pero sorprendido al constatar que, como si
hubiese estado en la oficina, había proyectado el
memorial de Prestes y había leído dos libros
extraordinarios.
El
primero es una novela del poeta portugués Manuel
Alegre, "Cão como Nós" (Perro como Nosotros), que
me conmovió mucho. Una historia simple de un perro
que acompañó a su narrador por muchos años y que con
él se entendía tan bien que sólo le faltaba hablar.
Es en esta búsqueda de comunicación, de comprenderse
mejor, que el texto se desarrolla - en un lenguaje
de calidad literaria tal - que no era raro pedirle a
Vera, mi mujer, que me repitiera algunas partes por
el placer de los oírlas otra vez.
El otro
libro, que recibí de regalo de mi amigo Fernando
Balbi, es una colección de artículos de José Luís
Fiori ("O Poder Global"), tan actuales y
esclarecedores que todo joven brasileño debería
conocerlos. Fiori expone su posición progresista
sobre las contradicciones del mundo globalizado y la
ola neoconservadora que crece por todas partes, con
fuerte apoyo del gobierno norteamericano.
Pero no
fue sólo la lectura lo que me ocupó, sino
principalmente el proyecto que hice del memorial
de Luís Carlos Prestes, a ser construido en el Sur
del país. Es, a mi entender, una obra tan
especial que vale la pena explicarla un poco. Un
trabajo que no se basó, como de costumbre, en un
programa constructivo, sino en la idea de crear un
elemento principal y único: una pared que, llena de
curvas y rectas inesperadas, atravesando en diagonal
un rectángulo de vidrio del edificio (de lado a
lado), pueda recordar a los visitantes las etapas
fundamentales de la vida de este gran brasileño. La
fachada simple y rectilínea de vidrio del edificio
marcaría, con la pared interna tan movida, el
contraste que la buena arquitectura procura muchas
veces exhibir.
Junto a
la entrada, la pared con textos e imágenes comienza
a mostrar a los visitantes los comienzos de la vida
de Prestes, cuando, siendo oficial del Ejército, era
el encargado de supervisar obras en construcción en
Río Grande del Sur: Ahí surge, ya con 26 años,
severo como siempre fue, Prestes protestando por
la forma poco correcta en que se estaban
desarrollando los trabajos.
Al no
recibir respuesta a las denuncias que hacía, fue
poco a poco sintiendo que una solución burocrática
no conducía a nada, sino que los problemas del país
tenían que ser resueltos por medio de una
revolución. Y la Columna Prestes apareció
naturalmente como la única manera de enfrentar las
cuestiones políticas y sociales existentes.
Paso a
paso, los visitantes van tomando conocimiento de
esta marcha extraordinaria, del coraje de este grupo
de patriotas resistiendo por tanto tiempo a las
fuerzas represivas. De inmediato, Prestes es
obligado a exiliarse en Bolivia y, después, en
Argentina, siguiendo más tarde para la Unión
Soviética, cuando, ya sintonizado con el pensamiento
de Marx, da a la revolución un sentido más amplio
y universal.
La
pared se va oscureciendo y, en un ambiente más
cerrado y sombrío, aparece el período de la
prisión, en la que él permanece nueve años
incomunicado. Y, como para agravar tanta
tristeza, en 1936, su mujer, Olga Benário, presa
y embarazada, es enviada criminalmente a un campo de
concentración en Alemania, donde sería muerta en
una cámara de gas en 1942; su hija, Anita, luego de
una gran campaña internacional desencadenada por la
madre de Prestes, es, al final, entregada a la
abuela.
¡Cuanta maldad! Impresionados
con tanta violencia, los visitantes paran
consternados; es la lucha política con sus
momentos de gloria y horror. La guerra había
acabado. Victoriosos, los soviéticos entran
en Berlín. Se expande un clima de optimismo. En
Brasil, Prestes es amnistiado, y el Partido
Comunista Brasileño conquista la legalidad. Es la
época de las grandes movilizaciones, de la campaña
por la Constituyente.
La pared
roja, que, de acuerdo con los acontecimientos, va
cambiando de color, se oscurece otra vez. Frente a
ella, conmovidos, los visitantes constatan que el
momento de euforia había pasado. En 1947, el TSE
cancela el registro del PCB y, a continuación, anula
los mandatos de los parlamentarios comunistas -entre
ellos, Prestes. Era la
reacción anticomunista que recomenzaba,
implacable.
Prestes pasa a actuar en la
clandestinidad. Con el golpe militar de 1964,
sus derechos políticos son derogados. La historia
se encamina hacia el fin. Atentos, los
visitantes siguen el relato emocionante. Comienza un
nuevo exilio, que se extiende hasta 1979; de vuelta,
apoya a las Directas-Ya, solidarizándose con la
candidatura de Tancredo Neves. El tiempo pasa y,
altivo y valiente como siempre, viene a morir en
1990; póstumamente, Prestes es amnistiado por el
Ejército y promovido a coronel.
Como
arquitecto, veo, satisfecho, que mi proyecto va a
contribuir para mantener viva la memoria de Luís
Carlos Prestes, un brasileño que luchó en favor
de su pueblo, contra la miseria y la desigualdad
social que, infelizmente, aún persisten en
nuestro país.
Releí
este texto y siento que no alcanza con honrar el
pasado. Lo importante es continuar esta lucha por un
mundo mejor que el imperio de Bush procura en vano
obstruir.
Traducido para LA ONDA
digital por
Cristina Iriarte.
LA
ONDA®
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