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Sarkozy, en baja
llega a Carla Bruni
por Lluís Foix
Las
encuestas de opinión desfavorables caen como lluvia
fina sobre el presidente Sarkozy. La más reciente
indica que sólo un 41 por ciento de los franceses
confían en él, una bajada de ocho puntos,
confirmando una caída libre en la popularidad del
presidente en las últimas semanas.
Es paradójico que el presidente
más mediático que ha tenido Francia sea rechazado
por la mayoría de franceses a nueve meses de las
elecciones. Un presidente que debe su estrellato a
la televisión y a la prensa rosa a la que ha abierto
las puertas de par en par. Habría que remontarse a
febrero de 1996 para encontrar un índice de
popularidad tan pobre. Jacques Chirac se hundió en
este mismo pozo después de las huelgas contra la
reforma de los regímenes especiales de aquel año.
Las principales causas de este
descenso se encuentran en que la capacidad
adquisitiva de los franceses ha empeorado y también
a la exhibición de la vida privada del presidente.
Sarkozy se mueve de una parte a otra del mundo,
monta a caballo, hace discursos y sus promesas de
reforma van tan lentas que prácticamente no han
empezado.
Sarkozy ha perdido el estado de
gracia y se dispone a navegar en medio de las
turbulencias de los sondeos a cinco semanas de las
elecciones municipales. La izquierda que perdió las
elecciones ha recuperado el aliento.
François Holanda, ex compañero
de Ségolène Royal y secretario general del Partido
Socialista, ha ironizado que Sarkozy paga muy caras
las vacaciones. Aunque no le hayan costado nada, fue
invitado, le han pasado una factura política
importante.
Pasearse con Carla Bruni por
las pirámides faraónicas y contemplar las bellezas
de Petra con el hijo a hombres de la cantante y
modelo que acaba de conocer, es demasiado para lo
políticamente correcto.
Se estima que esta brusca
bajada de popularidad puede costarle al partido de
Sarkozy, la UMP, una treintena de ciudades
importantes. En el Elíseo no le dan gran importancia
a los sucesivos devaneos sentimentales del
presidente. Primero, por la rapidez en que se ha
producido la ruptura con Cecilia y el flechazo de
Carla Bruni. Segundo, porque esos episodios en boca
de todos los franceses y francesas acaban
enturbiando el mensaje político.
Vuelve a asomar el pesimismo de
los franceses que Sarkozy quería convertir en
optimismo. Un presidente que tiene cinco años por
delante puede afrontar bajas de popularidad. Pero no
es una cuestión banal cuando se extiende la
sensación de frivolidad en el comportamiento del
presidente de la República.
Uno de sus más próximos
colaboradores le ha susurrado al oído "Monsieur le
président, vous avez un problème d"image". Él
contesta que tiene cinco años por delante. Sus
amigos rematan el comentario diciendo que Sarkozy
saldrá de esta situación como siempre lo ha hecho,
es decir, saltando corriendo a través del fuego.
Pero a veces las llamas se
cobran alguna pieza del atuendo y también dejan
quemaduras que marcan más que los frívolos tatuajes
de muchos jóvenes de hoy.
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