El imperio de la fuerza o
¿el gobierno donde está?
por Pablo Broder*

En los últimos días del primer mes del año 2008, la Argentina, una vez más, asiste a una serie de situaciones que continúan deteriorando la calidad de vida en el país.

 

Se reitera, ya con una frecuencia que casi acostumbra, que curte la piel de los argentinos, la imposición de la voluntad de los violentos, los que ejercen la fuerza, el grito, la presión, lesionando todo principio jurídico, y pisoteando ese contrato social básico que es la Constitución Nacional, por sobre las instituciones, y por encima del ciudadano pacífico que sólo puede observar atónito y/o resignado las tropelías de los violentos.

 

Y junto con este accionar, lo que hace enervar a la mayoría silenciosa de argentinos sufrientes de los atropellos, es la inacción del Gobierno, que al igual que su antecesor, no atina a medida alguna para restablecer los principios proclamados por la Constitución como  las garantías básicas de los ciudadanos.

 

El día 30 de enero de 2008, se podía leer, increíblemente en un mismo día:

Los asambleístas impusieron un insólito control en la frontera… (Diario Clarín)

…. Crearon una "tarjeta vecinal" que les permite a quienes ellos decidan cruzar el piquete. Ya emitieron unas 200. Dicen que es para aquellos que trabajan en Uruguay. Pero también les habilitan el paso a las hinchadas de fútbol. “

 

Es sabido que desde hace más de un año y dos meses los asambleístas de Gualeguaychú apostados en el paraje Arroyo Verde, a unos 10 kilómetros del puente internacional San Martín, no dejan ir ni venir a nadie entre Argentina y Uruguay. Casi nadie, para ser más precisos. No obstante, como una suerte de Dirección de Migraciones paralela a la oficial, se ha creado  una "tarjeta vecinal" entregada por los propios asambleístas que permite atravesar el piquete a los afortunados poseedores.

 

El salvoconducto es un pequeño carné plastificado donde en el frente figura apellido, nombre, lugar de trabajo y patente del vehículo. En el dorso, se lee "No a las papeleras" y el logo de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú.

 

La mayoría de los pases fueron otorgados a personas que trabajan entre el lugar donde está asentado el piquete y la orilla del río Uruguay. En ese tramo, aún en territorio argentino, se encuentra un aserradero, una plantación de arándanos y un establecimiento agropecuario. Increíblemente, absurdamente, hasta  los gendarmes, los empleados de la Aduana y los que administran el puente y cobran el peaje deben solicitar a la asamblea de ambientalistas  uno de estos carnés que les permita franquear el corte de ruta al volante de sus vehículos. O sea que las autoridades oficiales están subordinadas a la decisión ilegal y arbitraria del piquete bloqueador.

 

Yendo más allá de la capacidad de asombro la nota periodística cita las declaraciones de uno de los piqueteros: "Si viene alguien para un sepelio, por supuesto que lo dejamos pasar. Pero el otro día, una persona dijo que se le había muerto un conocido la semana pasada, pero vi que llevaba valijas y cosas para las vacaciones. A ese no lo dejamos". Justicia sumaria en manos de quienes transgreden la ley. Casi como los piquetes que se podían observar durante la guerra civil en Ruanda.

 

También en el mismo diario y el mismo día, el sufrido lector se informaba: “Complicaciones en el tránsito por una protesta piquetera en el centro porteño. Los manifestantes de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), liderados por Juan Carlos Alderete, fueron de Corrientes y 9 de Julio hasta el Ministerio de Trabajo. Tal como habían anunciado, no solicitaron el permiso que pedía el Gobierno porteño para realizar la marcha. Los manifestantes primero generaron problemas en el tránsito en la zona de las avenidas Corrientes y 9 de Julio, desde donde se trasladaron hacia la sede de la cartera laboral. “

 

Mientras tanto, el diario LA NACION  informaba:

“Un grupo de las denominadas Madres de Plaza de Mayo, con Hebe de Bonafini a la cabeza, protestó ayer en la Catedral Metropolitana para que el gobierno porteño libere unos fondos a favor de esa fundación y que estaban destinados para la construcción de viviendas en la Villa 20, Lugano… ” ( Usted estimado lector, a esa altura se estará preguntando qué hacen las madres que se unieron en su momento para reclamar por la desaparición de sus hijos durante el proceso militar, administrando en la actualidad fondos para construir viviendas)”…Unos 10 fieles que estaban ayer a la tarde en el templo miraban la escena, sin poder creer lo que veían: personas tocando el bombo adentro ( ¡dentro de la Catedral Metropolitana!) y festejando. ¿Qué festejaban? Un acuerdo con el gobierno de la ciudad para la liberación del anticipo financiero -depositado por el gobierno nacional- para comenzar los trabajos en la Villa 20. …Con las escaleras de la Catedral como escenario, agasajaban a las Madre...”

 

En muchas oportunidades, nos hemos referido en estas columnas al deterioro sistemático y creciente de la calidad de vida de los argentinos, donde noticias como las comentadas constituyen tristes ejemplos, pero mínimos en relación a la enorme cantidad de agravios a la convivencia que diariamente se producen en el país.

 

No obstante, e independientemente de la gravedad de esta situación en sí misma, queda claro que las inversiones genuinas, aquellas que transformen al proceso de reactivación experimentado por la Argentina  en uno de desarrollo sustentable y duradero, tardarán mucho en llegar por la carencia de seguridad jurídica. Especialmente en un universo enrarecido por las dificultades económicas recientes, por lo cual la aparente bonanza económica que los comunicadores nos quieren hacer creer tiene tanta consistencia como el respeto a la Constitución por parte de los piqueteros y del propio Gobierno.

 

* Economista argentino. Su último libro: "Mitos y realidades en la era K.” Ediciones Macchi. Buenos Aires. 2007.

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