¿Vencerá la nueva doctrina de
contrainsurgencia norteamericana
a Al-Qaeda?
por Sebestyén L. V. Gorka

“Hacer la guerra contra

insurgentes es sucio y lento,

como comer sopa con un cuchillo”

T.E. Lawrence

 

Este estudio examina el concepto de insurgencia global y ofrece una nueva categorización sobre las variedades de la contrainsurgencia, propone un debate sobre hasta qué punto puede entenderse la lucha contra Al- Qaeda como una forma de contrainsurgencia y si puede considerarse esta última como una organización insurgente.

 

Introducción

En la primavera de 2006 más de un centenar de estrategas y altos mandos militares, muchos de los cuales cumplían en ese momento servicio en Afganistán e Irak –o lo harían pronto–, se reunieron en una base de operaciones especiales en Florida para analizar cómo iba la guerra hasta el momento. Durante la reunión, que duró cuatro días, se presentaron una gran variedad de ponencias en las cuales se planteó desde el uso de modelos matemáticos avanzados para trazar la red de Al- Qaeda a la cuestión de recuperar tácticas de la Guerra Fría para hacer frente al nuevo enemigo; así como animadas sesiones de preguntas y respuestas. [1] Este autor fue invitado a dirigirse a los presentes en la reunión en la última jornada del simposio. Aunque esto es siempre arriesgado, dada la posibilidad de que otros participantes se te adelanten, me dio la oportunidad de observar y escuchar las ideas más avanzadas en estrategia actual, así como de obtener información desde los frentes de combate, antes de realizar mi aportación.[2] Lo que más me llamó la atención y que acabaría, además, por convertirse en la preocupación central de todo lo que allí se dijo, fue la constatación de que, a pesar de llevar ya casi cinco años de conflicto global, quienes están involucrados en el combate en sí y en la elaboración del pensamiento militar sobre la mejor manera de derrotar a Al- Qaeda seguían debatiendo la naturaleza del enemigo. ¿Es Al- Qaeda una organización? se preguntaban. ¿Es una red? ¿Qué es una red? ¿Es una ideología supranacional o un objetivo físicamente localizable? ¿Tiene un centro de gravedad? Los reunidos allí no habían decidido todavía las respuestas a estas preguntas. No obstante, mientras nosotros estábamos en Florida, grupos en Washington y a lo largo y ancho del imperio del Pentágono trabajaban en desarrollar y pulir sus propias respuestas a estas cuestiones.

 

El asunto central de la reunión era la “insurgencia global”[3] y si este concepto se ajusta a la Guerra Global contra el Terrorismo (GWOT, por sus siglas en inglés. Mientras los congregados en Florida calibraban el supuesto de que una doctrina previamente existente pudiera aplicarse al conflicto global, otros académicos-militares destilaban las lecciones de la contrainsurgencia del siglo XX (COIN, por sus siglas en inglés) en preparación del nuevo super manual sobre contrainsurgencia del Pentágono. Al mismo tiempo que profesionales y teóricos no estábamos seguros de contra qué luchábamos, otros habían decidido por nosotros que EEUU está combatiendo una insurgencia y que la contrainsurgencia debe ser la herramienta a utilizar.[4] Pero, ¿cómo había pasado EEUU de la idea de una lucha contra el terrorismo religioso a la insurgencia y qué había ocurrido con la idea de que el conflicto era una guerra global? Cada uno de estos términos: guerra, insurgencia y terrorismo deberían describir fenómenos diferenciados, pero no hemos explicado adecuadamente cuál es la diferencia entre ellos, o cómo se ha transformado Al- Qaeda. A algunos de nosotros no nos convenció de inmediato la idea de que la insurgencia fuese el modelo correcto para el tipo de enemigo al que nos enfrentamos, al menos fuera de los escenarios de operaciones bélicas de Afganistán e Irak. Lo que sigue a continuación es un debate sobre los méritos y las deficiencias de la nueva teoría de la contrainsurgencia, así como una valoración del concepto de que el enemigo al que nos enfrentamos está implicado en una insurgencia global.

 

Déjà vu doctrinal

Pocos días antes de Navidad, el día en que el Pentágono se despidió de Donald Rumsfeld, el Departamento de Defensa lanzó por fin su nuevo manual de campo sobre contrainsurgencia. En el primer mes después de su publicación, FM 3-24: Counterinsurgency, se bajó más de 1,5 millones de veces desde las páginas web del ejército y del cuerpo de marines. El manual fue comentado en sitios web salafistas e incluso se encontró posteriormente en campamentos talibán en Pakistán. [5] Este documento no confidencial se ha convertido desde su publicación en uno de los pilares de la política norteamericana en lo que se denominó la GWOT, pero que desde la Revisión Cuadrienal de Defensa se ha rebautizado como The Long War,[6] la “Guerra Larga”.

 

En los dos años que ha llevado escribir el manual y desde su comienzo han proliferado los artículos especializados[7] de estrategas e historiadores, así como comentarios en los blogs de la red[8] realizados por quienes están realmente combatiendo en Irak y Afganistán. En estos artículos se debaten los meritos del manual y las distintas teorías y estudios existentes sobre la contrainsurgencia. El gobierno de EEUU creó incluso un sitio web dedicado a documentar y discutir la cuestión de la contrainsurgencia. [9] A pesar de este saludable debate en torno a la efectividad de la renovada doctrina respecto a los intereses de la seguridad de EEUU en el entorno estratégico posterior al 11 de septiembre, siguen en pie ciertas preguntas fundamentales, cuestiones que van más allá de cualquier documento individual o colección de tácticas relacionadas. Estas cuestiones son las siguientes:

 

¿Cómo se relaciona la insurgencia y la contrainsurgencia con la actividad estratégica más amplia de librar una guerra?

¿La “Guerra Larga” es solo otra variante de la contrainsurgencia? En este caso, ¿se está aplicando a nivel global la doctrina de la contrainsurgencia?

¿Hasta qué punto es aplicable la teoría clásica de la contrainsurgencia a la lucha contra terroristas de base religiosa dispersos por todo el planeta? ¿Podrían otros conflictos, menos estudiados, iluminar la naturaleza de la confrontación actual?

 

Este estudio examinará en primer lugar el concepto de insurgencia global. En segundo lugar, trataremos el canon existente de la teoría de la contrainsurgencia y los estudios que hay al respecto. Ofreceremos una nueva categorización sobre cómo varía la contrainsurgencia y lo diferentes que son Irak y Afganistán de la mayoría de las campañas bélicas anteriores que se estudian normalmente. Nuestra conclusión estará cimentada en una importante ampliación de los estudios que podemos examinar bajo el enunciado de guerra atípica o insurgencia. Después observaremos la conexión entre la práctica de la contrainsurgencia y el ámbito más extenso de la política y las prácticas de guerra. Terminaremos con un debate sobre hasta qué punto puede entenderse la “Guerra Larga” como una forma de contrainsurgencia y si Al- Qaeda es realmente una organización insurgente.

 

¿Cuál es la amenaza?

Como pusieron claramente de manifiesto los profesionales reunidos en Florida, a pesar de que han transcurrido seis años desde los acontecimientos del 11 de septiembre, sigue habiendo desacuerdo sobre contra quién o contra qué estamos luchando. Según el principal ideólogo neoconservador, Charles Krauthammer, cuyos escritos han tenido una enorme influencia en la política norteamericana desde los atentados del 11 de septiembre, la amenaza a la que nos enfrentamos es una amenaza “existencial”. [10] Al día siguiente de los ataques sobre el World Trade Center y el Pentágono, Krauthammer escribió:

 

“Ya no tenemos que buscar un nombre para la era post Guerra Fría. A partir de ahora será conocida como la era del terrorismo. El terrorismo organizado ha demostrado lo que puede hacer: llevar a cabo la mayor masacre de un solo golpe en la historia de los Estados Unidos, colapsar la mayor potencia del mundo y hacer que sus dirigentes se escondan en refugios subterráneos. Todo ello sin tan siquiera recurrir a armas químicas, biológicas o nucleares de destrucción masiva”. [11]

 

Sin embargo, en su respuesta oficial, después de quedar demostrado que el grupo que se encontraba detrás del ataque era de hecho Al- Qaeda, la Casa Blanca no declaró la guerra sólo a Al- Qaeda sino al terrorismo en general. El presidente Bush fue muy claro: “Nuestra guerra contra el terror comienza con Al- Qaeda, pero no termina ahí”. [12] Dirigiéndose a una sesión conjunta del Congreso solo nueve días después de los atentados, añadió: “No terminará hasta que todos los grupos terroristas de alcance mundial hayan sido localizados, detenidos y derrotados”. [13] Así es como se acuñó la expresión Guerra Global contra el Terrorismo (Global War on Terrorism, GWOT). Sin embargo, la Administración norteamericana no ha sido consecuente en su uso de esta expresión. El presidente, por ejemplo, se ha referido a nuestro enemigo como yihadismo militante e islamofascismo, no sólo como Al- Qaeda o terrorismo. [14] No obstante, con la invasión de Irak en 2003 y el consiguiente estallido de la violencia sectaria, hemos contemplado el desarrollo del concepto de Al- Qaeda visto como una rebelión o insurgencia. No sólo eso sino que, teniendo en cuenta que la organización es capaz de llevar a cabo ataques en todo el mundo, ya sea en Londres, Madrid, Amman o Bali, la idea de que representa una insurgencia mundial ha comenzado a cuajar. [15] Incluso la enciclopedia online Wikipedia tiene una entrada con 12 apartados referida al concepto de Insurgencia Islámica Global. La entrada comienza con una referencia a la obra de David Kilcullen en la que se afirma:

 

“La Insurgencia Global Islámica es una hipótesis que argumenta que varios grupos no estatales islamistas se dedican a hacer política utilizando métodos terroristas y operaciones informativas, estando interconectados por medio de vínculos sociales informales con acceso a modernas tecnologías de la información y con el respaldo de algunos Estados, ciertas organizaciones benéficas islámicas y/o individuos de gran poder económico; se describe mejor como una rebelión a escala mundial, contra el orden establecido”.[16]

 

A juicio de los autores y editores de esta entrada, dentro de la insurgencia islámica global hay dos fuerzas impulsoras. Por un lado existe la insurgencia islámica de tipo chií “con base y apoyo de Irán” y la insurgencia islámica de tipo wahabí o sunní, esta última “liderada simbólicamente y a veces controlada directamente por la organización terrorista Al- Qaeda”. Dado que la entrada no se refiere en absoluto a la historia de la contrainsurgencia o de su doctrina, tampoco encara la cuestión obvia que se desprende de esta definición de la insurgencia islámica global: si la insurgencia es, según la definición clásica, el uso de la violencia por un actor más pequeño que un Estado contra un gobierno dado y contra el statu quo, ¿cómo podemos entender el primer tipo de insurgencia global (chií) de forma diferente si en realidad está dirigida por el Estado-nación de Irán? La cuestión es aún más relevante si tenemos en cuenta el hecho de que el segundo tipo de insurgencia global wahabí está también, o al menos lo ha sido en el pasado, subvencionada y promovida por elementos pertenecientes a la elite dirigente de Arabia Saudí. En otras palabras: Si un Estado promueve la violencia contra otro Estado, ¿esta actividad se considera insurgencia? ¿Tiene sentido utilizar conceptos de contrainsurgencia cuando no solo es un Estado-nación el objetivo, sino que también lo es el instigador y quien apoya la violencia desde su origen?

 

Pero pasemos del ámbito de Internet a fuentes más autorizadas. En 2007 la RAND Corporation, el primer centro de investigación moderno del mundo dedicado a temas de seguridad, lanzó una nueva serie de estudios sobre contrainsurgencia. Se han publicado ya cuatro estudios de esta serie. Uno de los trabajos trata, como se podía prever, de las lecciones aprendidas en campañas previas, otro de la cuestión poco analizada de la subversión dentro de la insurgencia y un tercero de las proto-insurgencias y del apoyo estatal a la insurgencia. El más relevante para nuestros intereses es el primer trabajo de la serie, titulado: Heads We Win – The Cognitive Side of Counterinsurgency (COIN), dado que presenta la amenaza actual como una insurgencia global y postula una contrainsurgencia igualmente global como respuesta.[17]

 

De acuerdo con el informe –patrocinado por la Combating Terrorism Technology Task Force, creada solo ocho días después de los ataques del 9/11– somos testigos del “surgimiento y la persistencia de un nuevo tipo de insurgencia que combina objetivos utópicos, una intensa motivación, conexiones y movilidad globales, extrema violencia, y adaptación constante”. Para añadir: “el ejemplo más importante de esto (la insurgencia global) es la yihad islamista-suní-salafista, [18] cuyo objetivo es derrocar lo que sus adeptos ven como un orden de Estado-nación corrupto en su mundo musulmán, concebido por Occidente para dominar al Islam”. El autor emplea también el término “insurgencias híbridas (globales-locales)” para describir la combinación de un grupo terrorista de alcance planetario con una conexión –al menos ideológica– con insurgencias de carácter local.

 

Al evaluar la respuesta al desafío que representa esta nueva insurgencia mundial, el informe RAND es tajante:

 

“La respuesta de Estados Unidos a este modelo de insurgencia ha puesto el acento (1) en nuevas capas burocráticas. Por ejemplo, el Departamento de Seguridad Interna y la Oficina del Director de los Servicios Secretos Nacionales, que no parecen haber mejorado ni el análisis ni la toma de decisiones; (2) aumentado la inversión en plataformas militares, que son de escasa utilidad contra una insurgencia difusa y escurridiza; y (3) el uso de la fuerza, que podría validar el argumento yihadista, produciendo más yihadistas e inspirando a nuevos mártires. Lo que ha faltado es un intento sistemático de identificar y encontrar cuáles son las necesidades en la toma de decisiones de forma crítica, analítica, planificada y operativa para la contrainsurgencia, haciendo uso de los revolucionarios avances de las redes de información. Por lo tanto, la contrainsurgencia norteamericana ha sido tan torpe como la nueva insurgencia ha sido astuta”. (Negrita añadida).

 

Viniendo como lo hace de la RAND Corporation, el principal centro de investigación y desarrollo financiado por el gobierno federal y asociado con las fuerzas armadas norteamericanas y el Departamento de Defensa, esta es una valoración muy negativa, sobre todo si se tiene en cuenta que se publicó en el sexto año de la “Guerra Larga”. Sin embargo, al estar escrita por un analista civil, el informe está expuesto a la crítica de aquellos que creen que la experiencia en el terreno es esencial para comprender la insurgencia y la contrainsurgencia. [19] En este sentido, vale la pena examinar con más detenimiento los textos de cuatro autores que han servido en la contrainsurgencia bien en operaciones sobre el terreno, o bien han formado parte de la revisión gubernamental de doctrina de la contrainsurgencia.

 

Contrainsurgencia de vanguardia

“La contrainsurgencia es una bestia extraña y complicada”

(Cohen et al., “Principles, Imperatives and Paradoxes of Counterinsurgency”)

 

En mayo de 2006, Eliot Cohen, catedrático del SAIS y actualmente asesor del secretario de Estado norteamericano, escribió un artículo acerca de los principios y las prácticas de la contrainsurgencia en colaboración con tres oficiales de las fuerzas armadas de EEUU, en activo o retirados. Uno de los coautores del artículo, John Nagl, participaba por entonces activamente en la redacción del nuevo Manual de Campo de EEUU para la

 

Contrainsurgencia. [20. Aunque el ejército norteamericano es muy aplicado a la hora de recopilar historias oficiales de las campañas de EEUU, para que se publiquen después de ocurrido el hecho, es mucho menos habitual que los oficiales del frente escriban artículos sobre la campaña junto con asesores en activo y responsables de la toma de decisiones. Por todo ello, el texto merece un estudio atento.

 

El artículo comienza con la premisa de que aunque todas las insurgencias se diferencian unas de otras en sus causas fundamentales, entornos y culturas distintas, todas las contrainsurgencias con éxito comparten principios comunes. “Todas las insurgencias utilizan variaciones de esquemas y doctrinas clásicos y, en general, muestran elementos revolucionarios definidos”. Tras subrayar lo difícil que puede ser la contrainsurgencia pese a principios esenciales que están presentes en todas las campañas victoriosas, los autores proceden a enumerar su versión de estos (siete) principios orientadores:

 

1) Unidad de esfuerzo

2) Primacía política

3) Comprensión del entorno

4) Operaciones guiadas por la inteligencia

5) Aislamiento de los insurgentes

6) Seguridad bajo el imperio de la ley

7) Compromiso a largo plazo

 

A continuación los autores ofrecen una lista más breve de lo que denominan imperativos contemporáneos que debe añadirse a la lista de principios dada la situación actual. Estos imperativos incluyen:

 

1) La adaptabilidad.

2) La gestión de las expectativas.

3) La atribución de poderes incluso a los que se encuentran en los niveles más bajos de la contrainsurgencia.

 

Por desgracia, aunque el artículo logra su propósito de recuperar verdades claves de la contrainsurgencia situándolas en el contexto del nuevo desafío al que nos enfrentamos en Irak y Afganistán, todo el debate se desarrolla de forma que recuerda a aquel en el que había un enorme elefante en la habitación pero nadie quería reconocer semejante hecho. Aunque el artículo apunta varias supuestas paradojas concernientes a la doctrina de la contrainsurgencia a nivel interno, [21] ignora las paradojas más significativas que surgen cuando se comparan principios de la contrainsurgencia relativos a un escenario de Estado-nación con principios doctrinales que no pueden aplicarse con claridad en un contexto global contra una insurgencia global. Por mencionar solo unas pocas de esas fugaces visiones del paquidermo, en la primera página del artículo los autores señalan: “El primer objetivo de cualquier contrainsurgencia es establecer este gobierno [legítimo]... A menos que el gobierno logre legitimidad, los esfuerzos de la contrainsurgencia no pueden dar resultado”. Ambas observaciones son claramente parte del canon clásico de la doctrina de la contrainsurgencia y creemos que son válidas para cualquier actividad de contrainsurgencia que pueda llevar a cabo EEUU y sus aliados en Irak y Afganistán. Pero si ésta es la esencia de la contrainsurgencia ¿cómo se puede aplicar este principio a la insurgencia global? ¿Puede una doctrina de contrainsurgencia global basarse en el mismo objetivo fundamental? Si señalamos simplemente que no existe un gobierno global, sino 193 Estados-nación independientes en el mundo, ¿cómo se explica el “objetivo fundamental” de establecer un gobierno legítimo en el contexto de una estrategia contrainsurgente global? Sin duda EEUU no puede ofrecer legitimidad, ya que el gobierno norteamericano sólo puede ser legítimo como administración de sus propios ciudadanos. Por consiguiente, ¿cómo se aplica la cuestión de la legitimidad a la insurgencia global? ¿Podemos por tanto echar por la borda este objetivo fundamental de la contrainsurgencia clásica o pasamos al modelo afgano/iraquí en cada caso y esperamos que los gobiernos establecidos por medio de la intervención militar externa se legitimen con el tiempo? Si ignoramos o eliminamos este objetivo fundamental de la contrainsurgencia clásica en el contexto global, qué lo sustituirá? ¿Cómo se interpreta en una campaña global la legitimidad o la privación de asilo? Un autor ha sugerido un objetivo diferente y examinaremos los meritos de su propuesta. Pero, antes, analicemos con más detenimiento la cuestión de la contrainsurgencia moderna.

 

Contrainsurgencia clásica

A medida que se redescubría lentamente la teoría de la contrainsurgencia después de las invasiones norteamericanas de Afganistán e Irak, se dijo que existían muchos estudios y textos doctrinales excelentes que podían iluminar y guiar nuestra lucha actual pero que la política o las modas nos llevaban a ignorar u olvidar esos estudios. [22] Por ejemplo, hablando el mismo día de la publicación oficial del FM 3-24, uno de sus editores colaboradores, el coronel John Nagl, afirmó que fue la reacción política negativa a Vietnam lo que hizo que las fuerzas armadas norteamericanas olvidasen y se distanciasen voluntariamente de todo lo que habían aprendido en Indochina sobre la guerra no convencional durante los años 60 y 70. [23]Por lo tanto, hemos visto el regreso masivo de oficiales en servicio y estrategas al estudio de los textos clásicos sobre insurgencias, destacando Callwell en “pequeñas guerras”, Frank E. Kitson sobre Irlanda del Norte, Roger Trinquier y David Galula acerca de la experiencia francesa, además del original “War of the Flea” de Robert Taber y, por supuesto, la obra de T.E. Lawrence (de Arabia),[24]en un esfuerzo por reaprender lo que alguna vez supimos.

 

Tras leer los textos clásicos y las nuevas interpretaciones actuales, es relativamente fácil recopilar una serie de recomendaciones clásicas sobre lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer en la contrainsurgencia. Un sumario representativo de la sabiduría acumulada desde T. E. Lawrence a Vietnam y más allá, sería más o menos como la Tabla 1.

 

Table 1. Principios clásicos de la contrainsurgencia

  • “Unidad de esfuerzo” – empleo integrado de contramedidas políticas, militares, económicas, sociales y psicológicas
  • Ganarse “el corazón y la mente” de la población
  • Lograr mayor credibilidad que los insurgentes. El principal objetivo es la legitimidad.
  • Privar a los insurgentes de sus santuarios
  • Primacía de la policía
  • Primar la inteligencia
  • Utilizar la fuerza de forma selectiva y discriminada
  • Evitar las reacciones exageradas ante la violencia de los insurgentes
  • Separar a los insurgentes de las bases que les apoyan
  • Emplear tácticas de “limpieza y mantenimiento”, de “mancha de aceite”, para conseguir de forma paulatina áreas limpias de insurgentes
  • Garantizar las fronteras del país anfitrión
  • Proteger las infraestructuras clave

Fuente: FM 3-24 y las obras clásicas de Lawrence, Kitson, etc., citados al principio de la bibliografía

 

A pesar de haber podido recoger y sintetizar lo mejor del pensamiento sobre la contrainsurgencia del siglo XX, siguen llamando mi atención dos hechos sorprendentes. En primer lugar, por alguna razón no muy clara, la lista de insurgencias que examinan los medios militares y académicos es increíblemente limitada e ignora injustificadamente muchos casos de guerra no convencional. En la mayoría de los casos, estos conflictos han sido catalogados como guerras civiles o revoluciones y no como insurgencias.

 

En segundo lugar, a pesar de todos los textos canónicos y estudios individuales y comparativos, nadie ha intentado una categorización de hechos de contrainsurgencia que distinga entre las condiciones originales al comienzo del conflicto y los objetivos del gobierno en ese caso. Sólo comparando dos ejemplos –la experiencia y la misión declarada del Reino Unido en Irlanda del Norte y la experiencia norteamericana en Vietnam– se demuestra la enorme variedad de casos de contrainsurgencia y la necesidad de clasificarlos con claridad sobre la base de al menos estas dos variables (objetivos contemplados y condiciones iniciales.

 

Juntos, estos dos factores –la limitación de los análisis de contrainsurgencia a apenas un puñado de casos del siglo XX y el error de examinarlos sin separar antes los casos basados en objetivos gubernamentales y el punto de partida político, económico y militar– han distorsionado gravemente lo que podríamos aprender de los ejemplos previos de guerras irregulares y las lecciones que se podrían deducir para el presente.

 

Insurgencia versus guerra civil, versus revolución

Podemos asegurar, sin miedo a exagerar, que la teoría de la contrainsurgencia moderna se ha construido básicamente sobre unos pocos libros escritos por profesionales que a su vez se basaron en la experiencia obtenida en un pequeño grupo de conflictos del siglo XX. Los autores han sido mencionados anteriormente: Lawrence, Callwell, Kitson, Trinquier, Galula y otros. Igualmente, el ámbito de los estudios monográficos sobre países realizados por autores y analistas menos famosos[25] se reduce a un escaso número de países o regiones, a saber: Vietnam (incluyendo la Indochina francesa), Argelia, Irlanda del Norte, Colombia, Filipinas y Malasia. Algunos autores más intrépidos debatieron sobre Mozambique, Zimbabwe, Angola, El Salvador, Yemen, Omán o Afganistán bajo el dominio soviético. Tan sólo los más arriesgados se atrevieron a viajar tan lejos como Cachemira o Chipre para ver qué podíamos aprender allí. Pero llegado a ese punto se diría que nos hubiésemos puesto anteojeras. Parece como si el estudio moderno de la contrainsurgencia se hubiese agotado tras examinar 15 conflictos en un siglo que ha presenciado decenas de guerras y conflictos menores, internos y entre Estados. [26]

 

Igual de perjudicial para la formación de una doctrina contrainsurgente moderna es el hecho de que casi todos los ejemplos más conocidos de contrainsurgencia se limiten a casos en los que un gobierno colonial o post imperial luchaba en el territorio de sus (ex) colonias dependientes. Parece difícil de justificar que limitemos nuestra comprensión de la insurgencia a casos históricamente tan particulares en una era poscolonial y post Guerra Fría. En la inmensa mayoría de los casos citados normalmente el insurgente buscaba la autodeterminación u objetivos políticamente parecidos –por oposición a religiosos–. Ninguno de los insurgentes analizados en los cánones de los estudios de contrainsurgencia clásicos tenía una motivación religiosa y el objetivo de iniciar una revolución global.

 

Tabla 2. Estudios clásicos de contrainsurgencia

Casos principales, más comunes Casos adicionales, menos estudiados
Argelia Rodesia
Malasia Chipre
Irlanda del Norte Mozambique
Vietnam Adén
Colombia Omán
Filipinas Angola
  El Salvador
  Afganistán (ocupación soviética)
  Jamu y Cachemira
   

TOTAL: 15 casos

 

Un autor, desde el 11 de septiembre, ha intentado ampliar el alcance del análisis. El Doctor Kalev Sepp, un ex oficial de las fuerzas especiales y profesor del Naval Postgraduate School en Monterrey, California, escribió un breve artículo en 2005 para la revista Military Review titulado “Best Practices in Counterinsurgency”.[27] No se trata de un artículo pionero, dado que en él se reiteran algunos de los consejos de contrainsurgencia escasamente polémicos que otros han aprendido previamente. [28] No obstante, Sepp señala que hay docenas de conflictos que podríamos observar con el fin de aprender más sobre cómo derrotar a la insurgencia moderna. Por desgracia, más allá de incluir una larga lista de conflictos al final de su artículo, el autor no desarrolla este importante punto ni deja que ese amplio campo de casos potenciales de estudio reviertan en sus conclusiones o recomendaciones más allá de lo que ya ha sido dicho por otros en numerosas ocasiones. [29]

 

Pero ¿y si desarrolláramos esta idea para ampliar realmente el alcance del análisis de la contrainsurgencia incluyendo todos los ejemplos de guerra irregular que han ocurrido en el siglo XX? Para ser intelectualmente rigurosa tal lista debe incluir todos los casos –internos o internacionales– donde uno o ambos bandos utilizaron la guerra no convencional, sin olvidar las guerras civiles y revoluciones. Esta lista incluiría conflictos que los estrategas de la lucha contra la insurgencia, tanto previos como posteriores al 11 de septiembre, rara vez abordan, tales como la Guerra de los Boers, la Revolución Húngara de 1956, los esfuerzos de partisanos y de la resistencia en Europa durante la Segunda Guerra Mundial e incluso el conflicto checheno-ruso todavía en curso. Tal lista incluye casi 50 conflictos en lugar de sólo 15, y amplía enormemente el campo de datos que pueden examinar estrategas y teóricos de la contrainsurgencia. [30]

 

No hay razones científicas que expliquen por qué el estudio de estos otros conflictos se ha dejado en manos de los historiadores militares mientras era prácticamente ignorado por quienes desean encontrar respuestas doctrinales sobre cómo derrotar al último enemigo irregular contra el que luchamos. Esto es especialmente cierto una vez que nos damos cuenta de que, al ampliar los conflictos objeto de estudio, incluimos casos que están mucho más cerca de los desafíos a los que ahora nos enfrentamos. En primer lugar, incluimos más casos en los que el enemigo tenía una motivación religiosa (además de política), como es el caso de Bin Laden y sus aliados salafistas. En segundo lugar, ahora tenemos ejemplos parecidos a Irak y Afganistán donde el objetivo de la contrainsurgencia no era volver al statu quo anterior, sino alterar de forma drástica la realidad política, orquestar el cambio total de un Estado desde la dictadura a la democracia. [31] La Tabla 3 muestra una primera categorización de los conflictos contra la insurgencia más relevantes entre los que se citan acontecimientos que van más allá de los 15 casos analizados comúnmente.[32] Se destacan en rojo los conflictos que rara vez, si es que se hace, son examinados como ejemplos de insurgencia o de contrainsurgencia. Los conflictos marcados con un asterisco constituyen una categoría adicional o subconjunto: Campañas de contrainsurgencia alimentadas o influidas de forma sustancial por la religión, (además de por la política.

 

Tabla 3. Nuevas categorías de conflicto con relevancia
para la contrainsurgencia

Colonial anti-separatista Cambio de régimen/revolución
Argelia Revolución rusa
Guerra de los Boers Revolución cubana
  Revolución húngara
Anti-separatista Revolución iraní*
Irlanda del Norte* x
Chechenia Cambio internacional de régimen
  Afganistán 1979*
Resistencia nacional Afganistán 2001*
Segunda Guerra Mundial – partisanos yugoslavos Irak 2003*
Finlandia  
Noruega  
Estonia  
   
Resistencia asistida/coordinada internacionalmente  
Segunda Guerra Mundial – Francia, etc. (SOE)  

 

Como la lista demuestra claramente, al ampliar los casos a examinar dentro de la contrainsurgencia, se incluyen ejemplos de conflictos mucho más aplicables a la situación actual que los casos clásicos de lucha contra la insurgencia. Sin embargo, con ello no se responde a la pregunta de si la Contrainsurgencia Global resulta apropiada como nueva doctrina para derrotar a Al- Qaeda y las amenazas relacionadas con ella.

 

¿Es Al- Qaeda una amenaza global?

Si algo nos enseñó el siglo XX es que las ideologías pueden representar una amenaza global para el modo de vida occidental. Fuera el fascismo o el comunismo, las naciones occidentales libres pasaron la mayor parte del siglo luchando contra una amenaza global fundada en una ideología universalista y excluyente: en la primera mitad del siglo, el nacional-socialismo del tipo encarnado por Hitler y Mussolini, y después de la Segunda Guerra Mundial, el socialismo de Stalin. ¿Puede compararse realmente Al- Qaeda a tan poderosos enemigos? El siguiente recuadro es un intento de comparar las tres amenazas lo más sucintamente posible:

 

Tabla 4. Tres amenazas ideológicas

Nazismo Comunismo Islamismo militante
Dirigido por elites Dirigido por elites Dirigido por elites
Celular – después centralizado Celular – luego centralizado Celular – luego centralizado
Democrático – después dictatorial Autoproclamado-dictatorial Autoproclamado-dictatorial
Utópico Utópico Utópico
Ambición global Ambición global Ambición global
Ocultista/adoración del Estado Religión sin Dios Religioso/Político
Europeo Europeo No europeo
Mítico/histórico Ahistórico/novedoso Resurgente, histórico
Estado-nación Estado-nación Antes, ahora no
Publico receptivo Publico receptivo Público variado

 

Como puede verse, hay muchas similitudes y muchas diferencias. Las mayores diferencias tienen que ver con la cultura no europea. Pero el papel del Estado-nación es también muy importante, por la contraposición antitética entre el pensamiento occidental y el fundamentalismo musulmán. Por último, está la cuestión del público receptor. Quizá sea éste el punto más difícil debido a la diversidad existente dentro del nombre colectivo “Islam”.

 

Conclusión

Si aceptamos que las campañas en Irak y Afganistán sigue estando lejos de su fin y que en el futuro habrá nuevos casos en los que las fuerzas gubernamentales combatan a los insurgentes y en los que el objetivo de la contrainsurgencia sea transformar radicalmente la realidad política del país, tendremos que reconocer que tales campañas están mucho más cerca del modelo de la revolución patrocinada por un gobierno que de la represión colonial o las acciones policiales del siglo XX.

 

Aunque creamos que la doctrina de la contrainsurgencia es la respuesta en este momento, debemos reconocer que el canon de contrainsurgencia existente es muy limitado y su lista de casos de estudio debe aumentarse para incluir otros conflictos rara vez mencionados bajo el epígrafe de contrainsurgencia. Por otro lado, la analogía que pretende asociar a Al- Qaeda con otros ismos como el Fascismo o el Comunismo tiene sus limitaciones. Por supuesto, las similitudes son muchas, pero las diferencias se encuentran en áreas cruciales para nuestra comprensión de la naturaleza fundamental del conflicto. Dicho de otro modo, el manual FM 3-24 es un buen comienzo, pero estamos lejos de contar con una doctrina capaz de solucionarlo todo.

 

Fuente: Instituto Elcano

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