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Fidel Castro, la revolución
cubana y América Latina
por el profesor Luiz Alberto
Moniz Bandeira*
Luiz Alberto Moniz Bandeira, autor
del libro De Martí a Fidel. La Revolución Cubana y
América Latina (Ed. Norma) de reciente aparición,
indica en este artículo para La ONDA digital que La
revolución cubana fue el hecho político más poderoso
y el que mayor impacto causó en América Latina, a lo
largo del siglo XX,(...) porque ella agudizó
dramáticamente las contradicciones no resueltas
entre los Estados Unidos y los demás países de la
región.
Cuando
el dictador Fulgencio Batista, sin más condiciones
de mantenerse en el poder, renunció durante el
reveillon de 1959 y, secretamente, huyó de Cuba
para la República Dominicana, no fue sólo su
gobierno que cayó. Todo el Estado cubano se había
desintegrado y 1959 se tornó un año realmente nuevo.
Días después, centenas de guerrilleros barbudos,
gran parte de guajiros (trabajadores del
campo), sucios, con uniformes rasgados, entraron en
La Habana, bajo el comando de Fidel Castro, Ernesto
Che Guevara y Camilo Cienfuegos. Era el clímax de
una epopeya, iniciada por apenas 16 sobrevivientes,
de los 82 que desembarcaron del yate Granma, en el
litoral de Cuba, el 2 de diciembre de 1956. Fidel
Castro tenía entonces 25 años y, durante dos años,
comandó la guerra de guerrillas, junto con su
hermano Raúl Castro, Che Guevara y Camilo
Cienfuegos, organizando el Ejército Rebelde, que
destruyó la dictadura del sargento Fulgencio
Batista, respaldada por los Estados Unidos.
La revolución cubana
fue el hecho político más poderoso y el que mayor
impacto causó en América Latina, a lo largo del
siglo XX, no por causa de su carácter heroico y
romántico o porque el régimen implantado por Fidel
Castro evolucionó posteriormente hacia el comunismo,
sino porque ella agudizó dramáticamente las
contradicciones no resueltas entre los Estados
Unidos y los demás países de la región. No fueron
los comunistas que promovieron la revolución cubana,
en el contexto de la Guerra Fría. Si bien algunos de
sus líderes, como Ernesto Che Guevara y el propio
Fidel Castro, en pequeña medida, acogiesen ideas
marxistas, ellos no pertenecían a ningún partido
comunista y no era inevitable que la revolución
cubana se desarrollase a tal punto de identificarse
con la doctrina comunista e instituyese su forma de
gobierno. Con razón, el historiador Thomas Skidmore,
de la Brown University, señaló a Cuba como un
estudio clásico del fenómeno nacionalista,
agregando que el pueblo podía ver el carácter
autoritario del régimen, pero el llamamiento real
del régimen de Castro era el nacionalismo. En
efecto, la revolución cubana fue autóctona, tuvo un
carácter nacional y democrático, y la implantación
de un régimen según el modelo de los países del Este
Europeo resultó de una contingencia histórica, no de
una política emprendida por la Unión Soviética,
sino, emprendida, sí, por los Estados Unidos que,
sin respetar los principios de la soberanía nacional
y autodeterminación de los pueblos, no aceptaron los
actos de la revolución, como la reforma agraria, y
transformaron las contradicciones de intereses
nacionales en un problema del conflicto Este-Oeste.
En abril de 1959,
cuatro meses después de la toma del poder en La
Habana, Fidel Castro estuvo en Buenos Aires, a fin
de participar en la conferencia del Comité de los
21, organismo encargado de estructurar la Operación
Panamericana, y su discurso, según el entonces
presidente Juscelino Kubitschek, reflejó mejor que
los demás la tragedia de América Latina, dada la
crudeza que resaltaba de sus palabras. Causó un
verdadero impacto al reclamar de los Estados
Unidos una ayuda financiera a América Latina, por un
valor de U$S 30 millones. Kubitschek, luego de
conversar con Fidel Castro en Brasilia y tener la
oportunidad de conocer, en profundidad, su
pensamiento, concluyó que él era un idealista
amargado, que había sufrido en carne propia las
consecuencias del apoyo dado por los Estados Unidos
a las dictaduras en América Latina, dado que Cuba
había sido marcada por una larga tradición de
tiranía y su pueblo, habiendo soportado el garrote
del régimen de Batista, no había conseguido separar
la trágica realidad de la situación interna del
apoyo irrestricto de Washington al opresor del
país.
Al regresar de
Buenos Aires, Fidel Castro pasó por Río de Janeiro e
hizo un discurso en la Plaza Barón de Río Branco,
organizado por la Unión Nacional de los Estudiantes
(UNE) y en el cual repitió básicamente lo que dijera
en Buenos Aires: Ni pan sin libertad ni libertad
sin pan. Recuerdo bien estas palabras suyas, pues
yo estaba a su lado en el estrado. Y,
en La Habana, Fidel Castro volvió a reiterar que la
ideología de nuestra revolución es bien clara; no
solo ofrecemos a los hombres libertades sino que les
ofrecemos pan. No solo le ofrecemos a los hombres
pan, sino que les ofrecemos también libertades. A
lo largo del discurso, durante el cual trató de
definir la ideología de la revolución, Castro, luego
de resaltar que en el mundo se discutían dos
concepciones, la que ofrecía a los pueblos
democracia y los mataba de hambre y la que ofrecía
pan, pero les suprimía las libertades, afirmó:
Nosotros no nos
vamos a poner a la derecha, no nos vamos a poner a
la izquierda, ni nos vamos poner en el centro, que
nuestra Revolución no es centrista. Nosotros nos
vamos poner un poco más adelante que la derecha y
que la izquierda. Ni a la derecha ni a la
izquierda, un paso más allá de la derecha y de la
izquierda.
En
abril de 1960, cuando estuve en La Habana,
acompañando a Jânio Quadros, entonces candidato a la
presidencia de Brasil, vi a Fidel Castro mostrarle
un crucifijo que traía colgado en el cuello,
indicando que no era comunista y que respetaba a la
Iglesia.
Pero, un año después, el 16 de abril de 1961, luego
del bombardeo de los aeropuertos de San Antonio de
los Baños, Santiago y La Habana por los aviones de
la CIA, Fidel Castro, después de compararlo, con
justo motivo, al ataque pérfido y traicionero de
Japón a Pearl Harbor, en 1941, declaró que los
Estados Unidos no perdonaban a Cuba porque esta es
la revolución socialista y democrática de los
humildes, con los humildes y para los humildes.
Al hacer esta
declaración, Fidel Castro buscó comprometer a la
Unión Soviética en la defensa de Cuba. Él jugó con
el conflicto político e ideológico que entonces
había hecho eclosión entre Moscú y Pekín y había
dividido el Bloque Socialista, pues temía que Nikita
Kruchev, en la línea de la coexistencia pacífica y
en el entendimiento con John Kennedy, cambiase a
Cuba por Berlín Occidental, en pro de mejores
relaciones con los Estados Unidos. La proclamación
del carácter socialista de la revolución cubana, sin
embargo, representó igualmente un duro golpe en los
dogmas cristalizados por Joseph Stalin y otros
líderes comunistas, bajo el rótulo de
marxismo-leninismo, dado que ella había sido
realizada no por un partido supuestamente obrero,
constituido bajo las normas del llamado
centralismo-democrático y rotulado de comunista,
sino por el Movimiento 26 de Julio, una organización
compuesta, sobre todo, por elementos de las clases
medias, que, en el curso de la guerra de guerrillas,
pasaron a incorporar campesinos y trabajadores
rurales, los guajiros, al Ejército Rebelde,
en beneficio de los cuales realizaron la reforma
agraria.
De conformidad con la
ortodoxia stalinista, Cuba no tenía condiciones
materiales sino para realizar una revolución agraria
y democrática, mediante la instalación de un
gobierno patriótico, de unión con la burguesía
progresista, que se propusiese impulsar el proceso
de industrialización y, liberando al país del
dominio imperialista, promover el desarrollo
económico y la emancipación nacional. Los dirigentes
comunistas, que visitaban La Habana, consideraban a
la revolución en Cuba extraña al modelo, por ellos
reconocido, dado que allá no existía un
proletariado industrial, y juzgaban a Fidel Castro y
sus compañeros un grupo inexperiente, con
formaciones ideológicas diversas y poco definidas,
orientados por lo que calificaron como marxismo
amador, o mejor aún, como cubanismo. Oí cuando Luiz
Carlos Prestes, entonces secretario-general del PCB,
calificó a Fidel Castro como aventurero, en una
entrevista a la prensa de Río de Janeiro, en 1959.
Pero el nacionalismo
representó, a lo largo de la historia de Cuba, un
importante factor de cohesión y permitió que el
gobierno revolucionario pudiese mantener un
suficiente apoyo popular, en medio de todas las
vicisitudes. Y, aunque la presencia de Fidel Castro,
como símbolo de la revolución, continuase
proyectando una dominante influencia, antes incluso
de delegar, provisoriamente, el poder a su hermano
Raúl, el 31 de julio de 2006 a fin de someterse a
una intervención quirúrgica en el colon intestinal,
él ya no era imprescindible al funcionamiento del
gobierno y del régimen. La sucesión ya se había dado
y poca gente lo había percibido. El poder había
pasado hacia una nueva generación de dirigentes,
con Raúl Castro en el comando de las Fuerzas
Armadas; Ricardo Alarcón, hábil negociador y perito
en relaciones con los Estados Unidos, en la Asamblea
Nacional; Carlos Lage, como primer-ministro,
controlando la economía del país; y Felipe Pérez
Roque, en la conducción de la política y de las
relaciones exteriores, manteniendo un extraordinario
apoyo internacional a Cuba.
Era solamente el
héroe nacional, al lado de José Martí. Y no sólo el
héroe nacional. Su renuncia a la presidencia de
Cuba, luego de un largo período de convalecencia, no
causa sorpresa.
Era
esperada.
Pero el hecho de que
permaneció casi medio siglo en el poder, enfrentando
y resistiendo al embargo y a todas las agresiones
del Imperio - invasión, sabotajes e, inclusive,
decenas de tentativas de asesinato por la CIA -
constituyó la mayor derrota política que los Estados
Unidos sufrieron, no obstante su inmenso poderío
económico y militar, el mayor de todos los tiempos.
Fidel Castro, el más
importante líder de América Latina, en el siglo XX,
se tornó el símbolo de una era.
Traducido para LA ONDA DIGITAL
por Cristina Iriarte
*
Luiz Alberto Moniz Bandeira es cientista político,
profesor emérito de la Universidad de Brasilia y
autor de más de 20 obras, entre las cuales se
encuentran: De Marti a Fidel: la Revolução Cubana
y América Latina y Formación del Imperio
Americano.
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