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Vaz Ferreira: un
positivista emancipado
Profesor Dr. Arturo Ardao
"Porque
este término positivismo
-decía-
tiene dos sentidos:
uno bueno y otro malo"
Introducción a Vaz Ferreira
La producción filosófica de Vaz
Ferreira, en forma de libro, comenzó con obras de
carácter didáctico, una de psicología de 1897, otra
de lógica formal en 1898.
La primera, no obstante la
modestia de su título, Curso Expositivo de
Psicología Elemental, quedará como una obra clásica
en su tipo. Llenó toda una época de la enseñanza de
la disciplina, con dilatado empleo en las aulas de
distintos países de América. Por un error que carece
de explicación, suele presentársela como un texto de
"psicología experimental". Lo experimental tiene
allí su sitio, pero sin ninguna exclusividad, ni
siquiera primacía. Aparece, por el contrario, en
justo equilibrio con los demás enfoques posibles de
la realidad psíquica, incluso los problemas y
teorías a través de los cuales la ciencia
psicológica se relaciona con la metafísica del
espíritu.
Después de la representativa
Psicología del cubano Varona, que documenta, en los
años '80, la etapa positivista en este dominio, la
de Vaz Ferreira inaugura en nuestros países su
renovación, aquella renovación traída por los
grandes maestros del movimiento filosófico del 900,
que tan fundamental fue para este mismo movimiento.
Resultó, por otra parte, decisiva para el autor.
Colocado en una onda filosófica general de profunda
inspiración psicologista, como fue la de su tiempo,
con Bergson y James al frente, excepcionalmente
dotado, además, para la percepción de lo psíquico,
esa inicial inmersión en la materia psicológica creó
las condiciones de su obra futura. Si bien no está
ahí, todavía, su pensamiento original, ese libro,
que elaboró con tanto cuidado y tanto estudio,
contribuyó en buena medida a prepararlo.
En 1905 apareció el nutrido
volumen titulado Ideas y Observaciones, en el que
Vaz Ferreira recopiló un conjunto de ensayos sobre
temas diversos. Varios de ellos habían sido ya
publicados en revistas desde los últimos años de la
década anterior. Sobre la Percepción Métrica, en
cambio, veía allí la luz por primera vez. La
extensión y significación de este trabajo, llevó a
su autor, tres lustros más tarde, a editarlos por
separado en volumen especial. Encierra aspectos
esenciales del pensamiento estético de Vaz Ferreira,
que se complementa con "Ideas sobre la estética
evolucionista", otro de los ensayos incluidos en la
recopilación de 1905, así como con numerosas
reflexiones dispersas en el resto de sus obras.
Ideas y Observaciones resultó
luego postergado por la celebridad de otros títulos
vazferreirianos. Podría hablarse hasta de olvido.
Esa obra, sin embargo, alcanza por sí sola para
cimentar una reputación filosófica. Baste recordar
que despertó la más viva admiración en Unamuno,
quien se lamentaba de que el lector español de la
época no pudiera encontrarla en las librerías de la
península. Fue a través de ella que descubrió, con
sorpresa, al pensador montevideano, cuyo entusiasta
elogio hizo en más de uno de sus libros y con quien
mantuvo una valiosa correspondencia.
De 1905 a 1910 corre un lustro
en el que se aprieta, de los treinta y tres a los
treinta y ocho años de la edad de Vaz Ferreira, lo
que produjo de más personal y creador en el campo
estricto de la filosofía. Los Problemas de la
Libertad (1907), Conocimiento y Acción (1908), Moral
para Intelectuales (1908), El Pragmatismo (1909),
Lógica Viva (1910). Este conjunto bibliográfico
constituye el núcleo fundamental de toda su obra,
aquello que más cabalmente la define. Todo lo que
produjo antes fue, en cierto modo, su introducción o
preparación. Todo lo que produjo después fue su
desarrollo en distintas direcciones.
La metafísica, la teoría del
conocimiento, la filosofía de la religión, la ética
y la lógica, se hallan en juego detrás de esos cinco
títulos, en una gran variedad de enfoques y temas. Y
sin embargo, una profunda unidad los liga a todos
imponiéndose sobre las circunstancias y la ocasión
de cada uno. Por debajo de ellos, en apariencia tan
diferentes, hay un movimiento único del espíritu, un
mismo ritmo de la conciencia, que los crea y los
relaciona. En una feliz etapa de plenitud mental, el
impulso filosófico que arranca de Los Problemas de
la Libertad, conduce sin detenerse hasta la Lógica
Viva, enriqueciéndose e integrándose al pasar por
los otros trabajos. En cierto sentido, se diría que,
más que de varias obras se trata de diversos tiempos
o momentos de una sola. Se diría aún, en términos
que acaso a él le fueran gratos más que otros, que
se trata de distintos fragmentos o apuntes para un
libro futuro que no alcanzó a escribir. Llegado en
plena tensión a su desenlace de 1910, aquel
apasionado impulso se distiende y diversifica
después, lentamente, pero siempre fiel a sí mismo,
durante largas décadas.
Los Problemas de la Libertad,
aparecido en 1907, comenzó a publicarse parcialmente
en 1903. Constituye el ensayo metafísico por
excelencia de Vas Ferreira, sobre un asunto al que
toda la vida confirió un interés de primer plano. No
llegó a concluirlo. A pesar de ello, lo consideraba
su mejor libro: "Es lo único que intenté propiamente
escribir con tiempo, con estudio, con contemplación,
profundización y por eso mismo quedó menos
imperfecto que los otros, pero en cambio
inconcluso". (1) Para muchos es, en efecto, su obra
cumbre. Creemos nosotros que ese puesto debe serle
reservado a la Lógica Viva, de la que aquel libro
fue, en cierto modo, el capítulo inicial.
El ensayo quedó, en rigor,
inconcluso, aun en los agregados que le hiciera al
final de su vida, acaso porque en lo realizado
estaba ya satisfecho el resorte íntimo que empujó a
su autor a escribirlo: el esclarecimiento y
disipación de las confusiones en que generalmente se
ha caído al abordar la cuestión. No interesa
averiguar ahora aquí, si por su parte no caía Vas
Ferreira en otras confusiones o impropiedades, tal
vez evidenciadas a la luz de la ciencia física
posterior. Lo cierto es que, a través de los sutiles
análisis de aquellas páginas, el objetivo metafísico
se va distanciando cada vez más, dominando el autor
por la pasión lógica -una lógica profundamente
enraizada en la psicología- que lo retiene en la
inacabable tarea de mostrar planteamientos y
razonamientos equívocos o erróneos. En el camino de
la metafísica, el lógico constitucional se descubre
a sí mismo, y su manera lógica, la "lógica viva",
queda fundada. Este es a nuestro juicio el
significado mayor de Los Problemas de la Libertad.
"La idea directriz de este
libro -decía en la introducción- es que en esta
cuestión tradicional ha habido un progreso y se ha
llegado a un acuerdo mucho mayor de lo que se cree;
y que lo que impide ver este progreso y este acuerdo
es la inercia histórica del problema, traducida en
este caso por la tendencia a tratar muchas
cuestiones distintas como si fueran una sola". (2)
Separar cuestiones confundidas, distinguir,
analizar, he aquí su gran tarea. La distinción
comenzaba ya en la formulación del asunto. "Debo
acusarme a mí mismo -escribió más tarde- por haber
titulado mal mi libro, que en verdad debió llamarse
Los Problemas de la Libertad y los del Determinisrno,
puesto que lo principal era distinguirlos... "(3) Lo
principal era distinguir unos problemas de otros;
pero una vez de haberlo hecho con todo cuidado,
prosigue la tarea mostrando las numerosas
confusiones que han resultado de no haberse partido
de aquella distinción básica.
Que esa tarea de profilaxis
lógica era lo que le importaba esencialmente, lo
declara él mismo, en cierto momento: "Hacer nuevos
argumentos, descubrir aspectos nuevos, es necesidad
secundaria al lado de la esencial de deshacer las
confusiones..."(4) Esas confusiones, es en el
terreno psicológico donde las persigue, apasionado
cada vez más por las relaciones entre la psicología
y la lógica de la inteligencia, por los problemas
que suscita la fatal inadecuación entre el
pensamiento y el lenguaje. Es así como en el
desenvolvimiento de esta obra -y el hecho merece ser
observado- se va generando lentamente la lógica
viva: "A cada momento siento la necesidad de
interrumpir mi exposición para insistir sobre esto:
Los análisis, en la forma en que los hago, en la
forma en que forzosamente hay que hacerlos, por
medio del lenguaje, esquematizan, y presentan el
estado mental de confusión, distinto de lo que es en
la realidad psicológica..." (5) Al fin, aparece en
esta obra por primera vez la expresión lógica viva,
así como aquella otra que era para él sinónima:
psico-lógica. (6)
En 1910, recogiendo un curso
dictado el año anterior, publica la Lógica Viva.
Explicaba en el prólogo que no
era aquello sino el esbozo de un libro que quisiera
realmente escribir, haciendo "un análisis de las
confusiones más comunes, de los paralogismos más
frecuentes en la práctica, tales corno son, no tales
como serían si los procesos psicológicos fueran
superponibles a sus esquemas verbales. No una
Lógica, entonces, sino una Psico-Lógica ..." Y en
definitiva, lo que concibe "no es un libro, sino un
tipo de libros que podrían escribirse en número
indefinido, porque su materia es inagotable".(7)
Del punto de vista
estrictamente lógico, Vaz Ferreira procedía de
Stuart Mill, autoridad indiscutida en la materia, en
la Universidad spenceriana en que se había formado.
Pero sobre ese basamento iba a operar una concepción
de la vida psíquica, que no era ya la asocianista y
atomista de Mill y el positivismo en general, sino
la nueva traída entre otros por Bergson y James.
Aquella que refería lo psíquico, no ya a los
esquemas estáticos de la materia sino a la imagen
cambiante y dinámica de la vida. Esa nueva
concepción, tanto como a la psicología misma, había
fecundado a la teoría del conocimiento y aún a la
metafísica. En Vaz Ferreira influirá especialmente
en el pensamiento lógico y moral, dando por fruto
una lógica viva y una moral viva. Iba a ser una
particular expresión, en América, de aquella
filosofía de la vida, en el sentido de vida del
espíritu, de que el idealismo del 900 hizo
profesión.
La intención de la lógica viva,
su significado profundo -repetimos lo que hemos
dicho otra vez- es la promoción de un nuevo modo de
pensar, más amplio, más sincero, más comprensivo que
el habitual, mediante la mostración de lo concreto,
lo vivo del pensamiento que se agita por debajo del
esquema verbal en que se le formula para expresarlo.
Esa labor la lleva a cabo a
través de abundantes ejemplos tomados de las maneras
más habituales y comunes de discurrir, que analiza
con verdadera maestría, persiguiendo hasta en sus
más sutiles escondrijos el verbalismo y la falacia.
Desfilan así los sofismas de falsa oposición; la
confusión, por un lado entre cuestiones de palabra y
cuestiones de hecho, y por otro entre cuestiones
explicativas y cuestiones normativas; los
paralogismos de falsa precisión y de falsa
sistematización; la confusión de planos mentales; la
ilusión de experiencia; los riesgos y errores en el
campo de las clasificaciones y las definiciones o en
el valor y uso del razonamiento; las interferencias
entre la psicología y la lógica de las discusiones;
las falacias verbo-ideológicas.
Error, confusión, verbalismo,
paralogismo, sofisma, falacia, he ahí términos
profusamente reiterados para denominar a los
adversarios que combate. Los busca y acosa, no en
cuanto entes de razón en los cuadros abstractos de
la lógica formal, sino como vivientes personajes de
carne y hueso que pululan a nuestro alrededor. No es
la pasión purista del raciocinio perfecto de un
profesor de lógica, lo que lo lleva a ello. No es
tampoco el simple deseo de volver más claro y exacto
el pensamiento, por la mera eficacia pragmática de
su claridad y exactitud. Sin perjuicio de eso, pero
por encima de eso, lo que anhela es desarrollar e
infundir un modo de pensar que abra los espíritus,
que les dé amplitud y comprensión. Que les dé aún,
autenticidad y sinceridad, desde la existencia
cotidiana hasta la actividad intelectual y
filosófica.
Aquella lógica, que partía de
la psicología, llega a ser así también -hay que
subrayarlo- una ética del entendimiento. Por eso,
y ahí está su alcance mayor, tenía ventanas abiertas
hacia la metafísica, la filosofía de la religión y
la moral. Moral viva no llegó a ser el título de
una obra de Vaz Ferreira. Pero pudo haber sido el de
Moral para Intelectuales (1908), donde preconiza una
moral que sea ante todo "un estado de espíritu... un
estado vivo ". (8) Con posterioridad, a partir de un
pasaje de la Lógica Viva hablará en diversas
ocasiones de moral viva para aludir a su concepción
de la moral, una concepción contraria al criterio
tradicional de escuela o de sistema, resultante, en
definitiva, del espíritu de su Paico-Lógica llevado
naturalmente al campo de la ética.
La moral, para él, debe también
liberarse de las fórmulas verbales, de las teorías y
las definiciones, teniendo en cuenta, por una parte,
que es imposible alcanzar soluciones idealmente
perfectas para los problemas morales, y por otra,
que hay una pluralidad de fundamentos posibles,
igualmente legítimos, para la conducta humana: "La
Moral ha sido hecha hasta ahora por sistemas
cerrados, cada uno de los cuales se ha condenado a
no tener en cuenta más que uno solo de los factores
posibles de conducta... si pensamos no por sistemas
sino por ideas a tener en cuenta -¡vean ahora cómo
se nos agrandó nuestro asunto!- entenderemos que el
hombre sobre la tierra tiene que tener en cuenta, el
progreso, la expansión de la vida, el placer
personal, la utilidad colectiva, etcétera, y todavía
todas las hipótesis, posibilidades o esperanzas que
se relacionan con lo desconocido. Ahora ¿cómo se
combina esto en la moral viva? Nadie es capaz de
presentárnoslo formulado con números o con letras;
pero quien sepa pensar así, aunque sin fórmulas,
será quien tenga más probabilidad de que la moral le
ahonde en el alma".(9)
Filósofo de la experiencia,
entiende que esos diversos fundamentos posibles de
la conducta humana deben ser ante todo positivos,
empíricos, concretos. "Vivimos sobre un planeta cuyo
origen y cuyos destinos no conocemos, en un trozo
limitado del universo que conocemos mal y más allá
del cual no conocemos nada. Algunos hechos están a
nuestro alcance; y, para los actos humanos, pueden
proponerse diversos móviles". Los fundamentos de
este tipo, si bien tienen prioridad, no deben ser
los únicos. Hay sitio también para los fundamentos
metafísicos. Pero de ninguna manera en el sentido
del dogmatismo apriorista tradicional: "la
metafísica debe contribuir ampliamente para la moral
ideológica y para la moral afectiva; pero no tanto
con teorías y con definiciones, sino con sugestiones
y con la inmensa visión de las posibilidades." (10)
Era una forma de permanecer fiel a ¡a experiencia,
en ¡o que, tanto como de comprobación, tiene ella de
interrogante y de expectativa.
Para esa moral, la inserción de
los ideales en la realidad por la acción voluntaria
de los hombres, impone opciones que son a menudo
sacrificios. Los ideales interfieren en la práctica.
Muchas veces luchan entre sí para hacerse sitio, y
cuando se realizan, es con frecuencia a costa unos
de los otros. Semejante lucha ha dado lugar, al
margen de las escuelas y los tratados de moral, al
margen aún de los grandes reformadores, santos y
héroes -"especialistas" de tal o cual ideal- a un
dramático tipo de moral conflictual que la humanidad
se ha creado históricamente y al que no puede
renunciar.
A partir de Moral para
Intelectuales, a lo largo de toda su vida, lo
desarrolla Vaz Ferreira, explorando siempre la
conciencia moral no separada de la conciencia
psicológica, tal como ella aparece en concretas
situaciones vitales.
La lógica y la moral vivas, si
bien resumen o polarizan la rica reflexión de Vaz
Ferreira del segundo lustro del siglo, no la agotan.
Se expresan también en ese cuadro entre otros
aspectos de su pensamiento, su filosofía del
conocimiento y su filosofía religiosa. Presentes
cada una en diversos trabajos de ese período,
culminan en la propia Lógica Viva, ese libro clave
cuya imperiosa disposición mental y espiritual atrae
hacia sí y funde en una unidad los más variados
contenidos.
En el campo del conocimiento,
la posición de Vaz Ferreira fue la de un positivista
emancipado. No encontrando él contradictores, no se
dio en el Uruguay la típica polémica antipositivista
de otras regiones del continente. Pero ella no tuvo
lugar aun en su propio espíritu. Su pasaje a otras
formas de pensamiento fue una superación más que un
rechazo, una integración más que una ruptura.
Formado en el seno del positivismo spenceriano que
imperó en la Universidad de Montevideo a fines del
800, se alejó de sus dogmas y sus fórmulas,
trascendió sus limitaciones doctrinarias, sin
abandonar, no obstante, ciertas notas fundamentales
que constituyeron la parte fecunda y afirmativa del
espíritu positivista.
En 1908, en Conocimiento y
Acción, criticó con severidad a los "ingenuos
positivistas" que quisieron reducir todo el saber a
la ciencia positivista. En una conferencia
posterior, sin embargo, habló de un "buen
positivismo" que entendía ser el suyo. "Porque este
término positivismo -decía- tiene dos sentidos: uno
bueno y otro malo". El mal positivismo era "la
limitación sistemática del conocimiento humano a la
sola ciencia: prohibición de salir de sus límites
cerrados; prohibir al espíritu humano la
especulación, la meditación, y el psiqueo afectivo,
a propósito de problemas ajenos a lo mensurable, a
lo accesible a los sentidos. Entonces, el
positivismo, así entendido, es doctrina o tendencia
en sí misma inferior, y funesta en sus efectos. "
Pero: "Si por positivismo se
entiende no tomar por ciertos sino los hechos
comprobados como tales; si por positivismo se
entiende graduar la creencia, tener por cierto
solamente lo cierto, por dudoso lo dudoso, por
probable o por posible, lo probable o posible; si
por positivismo se entiende, todavía, saber
distinguir, discernir lo que conocemos bien de lo
que no conocemos bien; si positivismo quiere decir
sentir admiración y amor por la ciencia pura, sin
hacer en su nombre, exclusiones, entonces el
positivismo es posición buena y recomendable". (11)
Al caracterizar así a ese "buen positivismo",
caracterizaba la que era su meditada posición
personal en el problema del conocimiento,
sintetizada en tres palabras de ese pasaje: graduar
la creencia.
Graduar la creencia: Esta
expresión no tiene en Vaz Ferreira nada de
ocasional. Reiteradamente mentada en sus libros y en
sus conferencias, es, por el contrario, la que mejor
define su actitud gnoseológica. Fue en 1908 que
llegó por primera vez a ella, en Conocimiento y
Acción, al hacer su primer enjuiciamiento del
pragmatismo. Surgió en su espíritu como una
respuesta al "forzar la creencia" de William James.
Por la personalidad y la obra de este filósofo
sintió gran simpatía y mucho le debió. Pero se
resistió a admitir su teoría de la verdad y el
conocimiento, tal como se formula sucesivamente en
La Voluntad de Creer, Variedades de la Experiencia
Religiosa y El Pragmatismo. A esas tres obras de
James dedicó sendos estudios, de 1908 a 1909,
inseparables, ellos también, de aquel movimiento
mental que lo condujo a la Lógica Viva.(12)
Era en estos términos que llegó
entonces a su doctrina de la graduación de la
creencia, en la que tanto insistirá a lo largo de
toda su obra futura: "Saber qué es lo que sabemos, y
en qué plano de abstracción lo sabemos; creer cuando
se debe creer, en el grado en que se debe creer;
dudar cuando se debe dudar, y graduar nuestro
asentimiento con la justeza que esté a nuestro
alcance; en cuanto a nuestra ignorancia, no procurar
ni velarla, ni olvidarla jamás; y, en ese estado de
espíritu, obrar en el sentido que creemos bueno, por
seguridades, o por probabilidades o por
posibilidades, según corresponda, sin violentar la
inteligencia, para no deteriorar por nuestra culpa,
este ya tan imperfecto y frágil instrumento, y sin
forzar la creencia". (13)
Como ese punto de vista iba
acompañado de una severísima crítica del dogmatismo,
como en él se hacía un reconocimiento tan amplio de
los derechos de la duda, se ha hablado a su respecto
de escepticismo. Pero Vaz Ferreira observaba:
"Escepticismo sugiere algo de sistemático, de seco,
de estrecho también, casi de profesional; y de
dogmático, sin que sea paradoja: es el dogmatismo de
la ignorancia, el más incomprensible de todos.
¿Porqué hablar de escepticismo, cuando se trata de
la única actitud mental en que el hombre puede
conservarse sincero ante los otros y ante sí mismo
sin, para eso, mutilarse el alma...?". Esa actitud
que, "precisamente por ser la única lógica, la única
moral, la única sincera, la única posible, no puede
nombrarse con ningún ismo". (14)
Con esa idea directriz de la
graduación de la creencia, se relaciona en Vaz
Ferreira su concepción de la metafísica. La
metafísica es legítima. Es aún la más elevada forma
de la actividad del pensamiento humano. Pero lo es,
en tanto no pretenda tener el aspecto de claridad y
precisión del conocimiento científico. Por haberlo
pretendido es que la metafísica tradicional se
presenta como una ilustración típica de las falacias
verbo-ideológicas y del sofisma de falsa precisión.
Toda metafísica que quiera tener la certidumbre de
la ciencia, nos dará el error en lugar de la verdad
parcial de que somos capaces. No es que el saber en
uno y otro campo sea diferente por esencia. Ciencia
y metafísica difieren sólo en el grado, no ya de
generalidad o de síntesis, como lo sostenía el
positivismo, sino de claridad y consistencia,
precisión y certidumbre del conocimiento. Una vez
más, graduar la creencia es aquí la solución.
Con esa idea se relaciona
igualmente la posición de Vaz Ferreira en el
problema de la razón. Colocado en medio de
corrientes vitalistas que conducían a
instintivismos, voluntarismos, antiintelectualismos
y aun irracionalismos, defendió constantemente el
primado de la razón en la esfera del conocimiento.
Por más que esa razón deba marchar junto a la vida,
sustentándose en la experiencia vital, ella ha de
ser en definitiva el árbitro y el criterio de la
verdad. De ningún modo, empero, una razón
absolutista, como en los viejos racionalismos de la
especulación apriorista tradicional. Su
racionalismo, lo dice expresamente, quiere ser un
racionalismo razonable. La graduación de la creencia
debe comenzar aplicándose a la creencia en el valor
y capacidad de la misma razón.
Su filosofía religiosa lleva el
sello de ese racionalismo. En esta materia participó
Vaz Ferreira del agnosticismo racionalista que el
positivismo trasmitió alas corrientes que salieron
de su seno. Militó aun en el liberalismo
librepensador del 900, aunque en un plano muy
distinto del que se expresaba a base de oratoria y
folletería contra el clero. A él contribuyó,
especialmente de 1908 a 1910, con diversas críticas
a las religiones dogmáticas históricas, en las que
no eludió referencias muy directas a hechos y
doctrinas del catolicismo y el protestantismo. No
obstante, insistía en dejar a salvo el sentimiento
religioso considerado en sí mismo, como actitud
abierta y expectante del espíritu frente a lo
desconocido trascendente. Lo trascendente posible,
amaba decir.(15)
Ese sentimiento religioso así
entendido, no se diferenciaba sustancialmente del
que le inspiraban los interrogantes metafísicos. Era
la atracción metafísica lo que constituía para él la
religiosidad. La duda y la oscilación en este
terreno, que reconoció como integrantes de un estado
mental de sinceridad y amplitud, no tuvieron en su
espíritu otro significado que el de dudas y
oscilaciones de naturaleza metafísica. Con su
incomparable arte de la imagen precisa y llena de
sentido, que fue una de las notas más felices de su
estilo, expresó así esa relación: "Nuestra
religiosidad -si quiere designarse con esa palabra
el psiqueo vivo que nos atrae hacia los problemas
trascendentales que accionan sobre nosotros desde
más allá de la ciencia- debe quedar viva como una
llama en espacio abierto: de esa llama, la razón es
la parte externa, más clara; el sentimiento, la
parte interna, más oscura y más caliente. Los dogmas
son la ceniza. Quitemos la ceniza, y no dejemos
ahogar la llama: el aire libre la hace oscilar pero
la alimenta". (16)
Notas
Publicación
original: Introducción a Vaz Ferreira, Arturo
Ardao, Montevideo, Barreiro y Ramos, 1961.
Literatura uruguaya y sociedad (historia y crítica)
Coordinador Oscar Brando Editorial Cal y Canto
Montevideo - 1999
1- Revista
Hiperión, Nº 122, p.2. Montevideo, sin fecha (década
del '40).
2 - Los
problemas de la libertad, Montevideo, 1907, p. 10.
3 -
"Conclusiones sobre los problemas de la libertad y
del determinismo ", en Revista de la Facultad de
Humanidades y Ciencias, Nº 4, p.24, Montevideo,
1949.
4 - Los
problemas de la libertad, p. 91.
5 - Ibídem,
p.69.
6 - Ibídem, pp.
64 y 74.
7 - Lógica Viva.
Ed. 1920, Montevideo, pp. 5 y 6.
8 - Moral para
Intelectuales. Ed. 1920, Montevideo, pp. 185 y 200.
9 - Lógica Viva,
pp. 164-165.
10 - Moral para
Intelectuales, p. 198.
11 - "Sobre
enseñanzas de la filosofía", conferencia de
1914-1915
12 - Esos tres
estudios de entonces los agrupó más tarde, en 1920,
en un volumen titulado Conocimiento y Acción, que no
debe confundirse con el del mismo título que venimos
citando, referido a 1908, que comprendía los dos
primeros y otras piezas más.
13 -
Conocimiento y Acción, Montevideo, 1908, p. 13.
14 - Ibídem,
p.21.
15 - Véase: "Vaz
Ferreira y el liberalismo", parágrafo 4 del cap. XVI
de nuestro libro Racionalismo y liberalismo en el
Uruguay, Montevideo, Universidad de la República,
1962.
16 - "Sobre
enseñanza de la filosofía", conferencia citada.
LA
ONDA®
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