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Bush traslada grave déficit en el
nuevo
presupuesto fiscal
a su sucesor
por Durval de Noronha Goyos
El
nuevo presupuesto fiscal para el año 2009, propuesto
días atrás por el presidente de los Estados Unidos
de América (EEUU), Sr. George W. Bush, promete
trasladar la desastrosa herencia económica de su
administración hacia el primer año de su sucesor. De
hecho, hoy el déficit comercial anualizado del país
se sitúa en cerca de U$S 820 mil millones y su
déficit en cuenta corriente se sitúa en U$S 752 mil
millones, o el 4.8% del PBI, a pesar de la caída
libre de la moneda americana.
Y aún son más
preocupantes, los índices de los indicadores
sociales en los EEUU, si miramos, por ejemplo, la
alta tasa de desempleo, superior hoy al 5% en otrora
prósperos estados federados norteamericanos como
California, Connecticut y Michigan, situación peor
que en el Estado de San Pablo. De la misma manera,
decenas de millones de personas no tienen asistencia
social oficial eficaz en aquel país, lo que las
coloca en una situación mucho peor que la de los más
desfavorecidos brasileños.
Pues bien, habiendo
heredado de la administración Clinton un presupuesto
con un superávit de cerca del 2% en 2001, George W.
Bush propone un déficit del 2.9% para los próximos
dos años, sin contar con los gastos derivados de las
aventuras militares en un monto superior a U$S 600
mil millones, con un aumento de los gastos militares
en un 8%. Tal déficit seguramente se agravará con la
caída de rentas fiscales derivadas de la recesión
económica.
Por otro lado, los
gastos sociales sufrirán una caída real de cerca del
3%, principalmente con los cortes enfocados en los
programas de asistencia médica denominados Medicare
y Medicaid, más allá de los gastos como aquellos
derivados del entrenamiento de especialistas
pediátricos. Tales medidas tornarán inviables a los
ya muy modestos programas de inclusión social en
vigor en los EE.UU.
Los efectos de un
presupuesto tan disparatado llevan, necesariamente,
a previsiones en el sentido de que la economía de
los EE.UU. estará todavía muy debilitada por lo
menos durante los próximos dos años. El dólar
norteamericano continuará probablemente cayendo
frente a las principales monedas de referencia,
inclusive el Real, en un futuro próximo.
Las bolsas de valores
de los EE.UU. continuarán pasando por momentos de
gran volatilidad. La inflación del país estará en
alta, a pesar de la caída de los intereses,
alrededor de un 5%, contra el 2.5% hace un año. El
sector productivo de economía de los EE.UU. estará
sufriendo por la falta de crédito palanqueando las
compras de bienes de consumo y la financiación de
bienes de capital y a emprendimientos diversos. El
sector financiero estará todavía recuperándose de
las consecuencias de la crisis del mercado
inmobiliario y optará por prestar más al gobierno.
La clara prioridad
estratégica en el aparato militar y en la expansión
global del poderío bélico, asegurada por las
colocaciones presupuestarias, hará que la percepción
internacional de la economía de los EE.UU. sea de
creciente riesgo. Para la comunidad multinacional,
la situación debe ser vista con preocupación, en el
corto plazo.
De hecho, incluso
para países como Brasil, con apenas cerca del 25% de
su comercio exterior hecho con los EE.UU., el
anunciado colapso de su economía, hará que su
comercio sea afectado, por las pérdidas de sus otros
socios privilegiados, que tienen con los EE.UU. una
pauta de intercambio, como es el caso de la Unión
Europea, de China, de México y de tantos otros.
Con todo, el fin del
excesivo protagonismo de economía de los EE.UU. en
el escenario mundial, debe ser, a largo plazo,
visto como altamente benigno para la comunidad
internacional de las naciones. Esto porque la
recuperación económica de los EE.UU. pasará
necesariamente por el desmantelamiento significativo
de su aparato bélico, lo que también significará el
fin de los actuales abusos, ilegalidades y atentados
a los derechos humanos por parte del país, en la
esfera de su política exterior.
Traducido
para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
[1] Abogado en
Brasil, Inglaterra y Gales (solicitor) y Portugal.
Socio fundador de Noronha
Abogados. Árbitro de Brasil en la
Organización Mundial de Comercio (OMC).
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