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Conciencia
americana
I Fenomenología de la Derecha
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy
Introducción
Todo mesianismo, sin
excepción, se encamina hacia un despotismo; deviene
en uno. Porque la fuerza que le impele a ser, a
propender a extender su ser en el ser del conjunto
de los suyos el Estado, en primer lugar-, luego el
de los otros, parte de la base del hambre de
reconocimiento, carencia vital que dice de su
negación a comprender y aprehender al otro con
ello, a su realidad-, no sólo respetando su unicidad
sino que a la vez que la respeta, se completa a sí
mismo como ser.
Tal premisa le refracta al
mesías de turno, sea este de la región como allende
la misma, puesto que tan sólo quiere apagar el
hambre voraz de reconocimiento luego tapar su
propia vacuidad, intento vano entre los vanos-,
proyectando su sombra lo más allá de sí, que le sea
posible.
Estos ejemplos, que
de común vemos a lo largo y ancho de este mundo, que
como nunca no nos es ajeno, vale en primer término
cuando de mirarnos a nosotros mismos se trata, en
tanto el angular de nuestra mirada se extienda lo
más abierto posible hacia nuestro suelo y ese mejor
cielo que comprende a la América del Sur.
Convengamos,
asimismo, que algo fermental y bueno -de una bondad
que atiende a las reclamaciones de las hijas y los
hijos de la tierra sudamericana- está naciendo, al
tiempo que algo perverso y malsano -tanto externo
como interno a nuestra circunstancia- decae y se
malogra pese a que aun, por favor, mucho cuidado
habremos de tener de no desconsiderar su
potencialidad destructora hasta tanto ésta haya sido
si no diezmada al menos encapsulada a una zona
inocua o bien delimitada de nuestra realidad, tan
rica como diversa.
Sudamérica puede más
que la suma de las iniquidades de hombres, criollos
como gringos, en pugna por un poder allende sus
circunscripciones territoriales.
Pero, ¡cuidado!
Puesto que, ante todo, queremos nosotros mismos
despejar, al menos desde la intención más auténtica,
toda posible ingenuidad respecto de las cuestiones
que consideramos ser tratadas y, en ese sentido,
cómo acceder a ellas y luego, cómo presentarlas a la
consideración de los otros; de usted, lector, de
usted, lectora.
Por ello, entonces,
qué mejor que analizar, desde la prédica de nuestros
grandes, por elevados sea en pensamiento como desde
su propio hacer ético y probo, nuestra misma casa,
la casa sudamericana y, por extensión, cordial y
racional, latinoamericana.
Fenomenología de la
derecha
Decir magisterio
representa, por ejemplo, nombrar, que en nuestro
caso es renombrar a don Leopoldo Zea.
Dice Zea, respecto de
la fenomenología de la derecha, lo siguiente: (...)
Sin embargo, donde hay una derecha, necesariamente
tiene que haber una izquierda; en donde hay hombres
diestros, necesariamente tiene que haber siniestros.
Privilegiados sólo existen donde hay también los que
carecen de privilegios. Esto es, lo uno contiene a
lo otro, aunque sus extremos se hallen en las
antípodas. La rebelión, la revuelta contra un orden,
es consecuencia de esto mismo. Todo orden lleva
dentro de sus entrañas la semilla de su
transformación, de su dejar de ser un determinado
orden, para ser otro distinto.
Lógica dialéctica
versus Lógica formal
Y añade, de
inmediato, el maestro Zea: Tal es lo que ha visto
la lógica dialéctica, en oposición a la lógica
formal. Por ello la primera ha venido a ser la
lógica propia de la izquierda, la lógica siniestra;
mientras la segunda lo ha sido o lo es de la
derecha. En la dialéctica no hay ni derecha ni
izquierda, sólo momentos diversos de una permanente
transformación social. La izquierda de hoy es la
derecha de mañana, que engendrará, a su vez, otra
izquierda. Derecha e izquierda no son sino momentos
de la marcha de la naturaleza o de la humanidad.
Pues, bien. Menuda
tarea la de desarrollar, en pensamiento crítico,
estas oportunísimas disquisiciones de nuestro gran
maestro del pensar. Pero son al mismo tiempo que
difíciles, imperiosamente necesarias de ser llevadas
a términos: de ser pensadas, como de ser
compartidas, para luego recibir, con atención y
respeto, el eco de ustedes, de vuestra reflexión. Y
así, poco a poco, arribar a una síntesis crítica,
desde una dialéctica que jamás debe cesar, tanto de
ser formulada como llevada a la praxis, abierta y
libremente, con responsabilidad social.
En la izquierda de
hoy anida el germen de la derecha del mañana.
Quedémonos con esta breve pero removedora frase.
Antes de adentrarnos
en la misma, visitemos lo aparentemente obvio: ¿qué
entendemos por Fenomenología?
Es la investigación
destinada a distinguir entre lo verdadero y lo
aparente o, como dicen los que ciertamente más
saben, la teoría de la apariencia, el fundamento de
todo saber empírico.
Convengamos,
entonces, que busca hender, atravesar, o hasta
abrir, lo aparente, la primera realidad, para
aproximarse, en profundidad, al sentido de las
cosas, al análisis lo más veraz y valedero posible,
de la materia objeto de investigación.
Por tanto, es de
orden pensar que, en sociedades como las nuestras,
en donde la democracia ocupa el centro de la
atención de los hombres y mujeres comprometidos con
la suerte de su pueblo, sea de especial recibo el
considerar, aunque sea mínimamente, una atención
primera hacia nosotros mismos, hacia los sujetos de
derecho que dicen estar comprometidos con tales
suertes y así, comprobar hasta qué punto, desde una
reflexión crítica, realmente lo estamos.
Pues hablo,
evidentemente, de una conciencia que se despliega en
el cotidiano vivir, lo que conlleva una dosis
precisa, intensa y elevada de autocrítica; tanto de
nuestra primera circunstancia por caso, el Estado
que a cada quien nos comprende-, como así también de
la segunda y más trascendente la América del Sur-,
la casa sudamericana, continente que va en busca de
alianzas con el mundo, desde un Sur-Sur, que nos
convoca, sea por la Geografía, sea por nuestra más
fecunda Historia.
Y cuando hablamos de
derecha, decimos, por ejemplo, del lugar de los
privilegiados, los que están en mejor situación, al
orden de lo establecido y tomado como sentido de lo
bueno, lo correcto, lo esencial, órdenes,
instancias, acciones, claro está, que desconocen la
consideración del otro, del diferente, o disidente,
de la perentoria necesidad de considerar a los menos
favorecidos como a los diferentes en culturas,
creencias y circunstancias de vida, como merecedores
y copartícipes a la hora de distribuir libertades y
responsabilidades.
Por ello, según creo
colegir, anida el germen de derecha en la propia
izquierda.
Será porque todo
poder al que se accede por medios espurios como
aquel que se prolonga desde una lógica de dominio de
los atributos del Estado, lleva consigo tal germen.
Incluso accediendo legal y limpiamente al poder,
pero dejándose embriagar por los vapores y el
microclima que en tal circunstancia suele imperar,
hay quienes no escapan a la seducción de permanecer
en el mismo, a como dé lugar.
Y, entendámonos,
cuando decimos: a como dé lugar, dice relación a
pactar con la clase dominante de esa circunstancia y
así, el germen deviene en un monstruo bifronte, que
seduce a uno mientras hostiga y busca enmudecer a
los otros.
Como bien nos lo
recuerda don Leopoldo: Fuera del orden propio de
estos grupos privilegiados no existe otra cosa que
el mal. Ellos representan el bien por
excelencia. Fuera están los conspiradores del
mal, los siniestros enemigos de la bondad,
cuya única meta es establecer la maldad en el mundo.
No se acepta que los otros, los desposeídos, los
situados en escalas de inferioridad dentro del orden
establecido, tengan sus propios valores positivos,
su escala valorativa. Para la derecha no hay más
escala valorativa que aquella que la justifica como
derecha. Sus valores son los valores
por excelencia, y valen independientemente de que
otros hombres o pueblos acepten o no su validez.
¡Peor para estos hombres o pueblos si no reconocen
la validez de los valores establecidos!.
Queden por aquí estas
reflexiones y citas, a ver si propician en nosotros
mejores momentos de pensamiento crítico que nos
lleve, con más apertura y determinación, a retomar
nuestra realidad sin hacernos trampas a nosotros
mismos, sin creer que por estar, somos y que por
ser, debemos permanecer. No es tan sencillo ni es
tan primario el orden de las cosas y el modo de
llevarlas a cabo. Hay siempre una molesta conciencia
que nos dice nos debe decir, si es que lo
practicamos, y con sentido, a diario,
permanentemente- que los peores enemigos anidan en
nosotros mismos, en nuestra soberbia y en nuestra
llaneza al considerar desconsiderando- nuestras
propias acciones.
Un poco de humildad y
un mucho de compromiso nos esperan a la vuelta de la
esquina. Los que caminan por los senderos vecinales
de nuestras propias circunstancias, con dolor y sin
atreverse a levantar la mirada al cielo, porque ya
ni fuerzas o esperanzas tienen, son la voz de
nuestra conciencia.
Conciencia esta que
no sea apaga ni leyendo, en un huir seudo docto, ni
en un voraz consumismo y, menos que menos, desde una
supuesta posición de izquierda y que tampoco se
valida en tanto no se ejerce desde el propio hacer,
desde el propio ejemplo.
Hablamos de una
conciencia americana que se retroalimenta en un ser
crítico que, sabiendo de sus miserias, luego de su
propia imperfección humana, busca en la mirada y
desde la acción, aunar esfuerzos para que el cielo
azul y abierto de nuestra Casa, reciba la mirada de
todos, erguidos y libres.
Tal es la meta que la
Geohistoria y la Razón crítica han fijado para los
hombres y las mujeres de esta nuestra América, la
América del Sur.
LA
ONDA®
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