¿Qué le debemos a Sartre?
Entrevista a la ensayista Alicia Ortega Caicedo

Teniendo como partida un seminario sobre los 100 años de Sastre, organizado en el 2005 por la Universidad Andina, Alicia Ortega Caicedo ensayista y directora del Departamento de Letras de esa casa de estudios, recogió en un libro colectivo  “lo mucho que le debemos a Sastre”. Se trata de un material que reconstruye una generación de ideas

y de intelectuales de los años 60 y 70.

Lo que sigue es una entrevista realizada por el periódico ecuatoriano  El comerciocom.

 

¿Qué le debemos a Sartre?

- Siempre reconocimos en  Sartre un pensamiento que tuvo un impacto vital en la atmósfera intelectual de los sesenta y setenta.

 

- Y una praxis específica de la intelectualidad...

- Influyó incluso en el modo de vivir la intimidad. La relación Sartre-Beauvoir  estimulaba que los jóvenes concibieran un modo de  construir sus relaciones en la intimidad... Un modo de vivir en los cafés, el pensamiento que se forjaba, discutía y desarrollaba en, por ejemplo, el Café 77, en Quito.

 

- ¿El pensamiento de esos años se alimenta o imita a los planteamientos de Sartre?

- La producción ensayística de esos años de, por ejemplo, Fernando Tinajero, Agustín Cueva, Alejandro Moreano llevan el sello de Sartre. entre otros. No como imitación sino como estímulo. Hay un diálogo creativo y original con la filosofía sartreana, a partir de él se concibe la literatura, la política, el compromiso del intelectual, la soberanía del escritor, y todo el contexto latinoamericano de entonces...

 

- ¿Hablar de Sartre es  hablar de América Latina?

- Rendir un homenaje a Sartre era  reconocer a toda una generación intelectual ecuatoriana, que  hasta hoy significa un horizonte  histórico al que hay que volver.

 

- ¿Para qué?

- No es fácil hablar de vigencia en la historia de las ideas. Volver a Sartre desde el contexto ecuatoriano permite reconstruir la atmósfera intelectual y cultural de nuestras ciudades, como los Tzantzicos  y Sicoseo.

 

- ¿Cuál es el provecho actual de esa reconstrucción?

- En el giro del siglo XX al XXI vuelven a tener vigencia las reflexiones sobre el pensamiento situado, las relaciones entre la literatura y la vida, la vanguardia política y estética... no se trata de repetir fórmulas sino de abundar elementos para la discusión.

 

- ¿El Sartre político ha envejecido más que el pensador?

- Creo que ese fenómeno de atención sobre uno y no otro permite comprender lo que pasó en nuestros países, política y culturalmente   hablando.  Por eso vino la idea del libro más allá del coloquio.

 

- ¿Es posible ser sartreano a estas alturas del partido?

- La frase que se estilaba en ese tiempo era “ser sartreano hasta las últimas consecuencias”, era un modo de vivir, de amar, de pensar la libertad, de participar en la política, de soñar... esa es la intención precisamente del libro: reconstruirnos a nosotros mismos a través de la figura de Sartre.

  

- ¿Lo que envejeció en Sartre también envejeció en ellos?

- Son grandes referentes de nuestra filosofía.  Son imprescindibles para una historia de las ideas del siglo XX. Las preguntas por la identidad, el mestizaje... sigue ocupándonos actualmente. Hay otras  que, sorprendentemente, vuelven a la discusión, como la función de la Casa de la Cultura.

 

- O la soberanía...

- Es muy interesante que justo ahora salte a la consideración de nuevo. Y comprensible en tanto nuestros países han vivido y viven en una situación de poscolonialidad sobre la que hay que pensar.

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