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Vázquez en el FIA: primera tarea, no
quedarnos atrás en este proceso
global
Quedo
abierto por el presidente de la Republica y el
creador de OLPC, Nicholas Negroponte, el Foro
Innovación de las Américas 2008, en Punta del Este.
Se trata de la continuación del Foro de
Competitividad de las Américas, realizado en junio
de 2007 en Atlanta, EEUU, cuyo anfitriona fuera la
Secretaría de Comercio de dicho país y que cuenta
con más de 600 representantes de primer nivel de los
sectores público y privado de 20 naciones
americanas.
El
Presidente anotó que la primera gran tarea es no
quedarnos atrás en este proceso global, mencionó el
proyecto de conectividad educativa de informática
básica para el aprendizaje en línea, conocido como
proyecto Ceibal, finalmente dijo; no hay innovación
sin ciencia básica, Señaló que no hay innovación sin
educación y asimismo, que no hay educación sin
nutrición.
También
enumeró la estabilidad del contexto macroeconómico,
una cultura de innovación que impregne al conjunto
de la sociedad, una institucionalidad adecuada con
un sector público eficiente y dinámico, un sector
privado competente, un sector universitario
académico innovador. Asimismo, señaló un proyecto de
nación y un proyecto de región. El mandatario
anuncio que el Plan CEIBAL se extenderá a los
docentes de educación secundaria. Esta media,
permitirá distribuir computadoras de calidad, bajo
costo y financiación adecuada de características
similares a las que ya poseen alumnos de las
escuelas públicas del país. Lo que sigue es el
discurso del presidente inaugurando el Foro.
Doctor Amilcar Davyt,
Presidente del Directorio de la Agencia Nacional de
Investigación e Innovación, Maestro Gustavo
Salaverry, representante de la Intendencia Municipal
de Maldonado, señor Nicholas Negroponte, director
del MIT Media Laboratory, autoridades nacionales,
departamentales y del cuerpo diplomático,
académicos, empresarios, periodistas, señoras y
señores, amigas y amigos:
Gracias por invitarme a
participar en este acto y por la cordialidad con que
me han recibido. Para mí es realmente muy grato
estar aquí y representa un honor dirigirme a todos
ustedes.
Lo primero que quiero decirles,
especialmente a quienes vienen de otros países y
algunos, por cierto, de muy lejos, es que me sumo a
la bienvenida que ya ha expresado el señor Director
de la Agencia Nacional de Investigación e
Innovación, en esa bienvenida y en el deseo de que
ustedes se sientan como en su propia casa.
El Uruguay se complace en ser
sede del Foro de Innovación de las Américas y los
uruguayos confiamos no sólo que el mismo será
productivo, sino además que durante la estadía en
nuestro país, reitero, quienes nos visitan se
sientan muy cómodos, en su casa.
Una casa habitada y en obras,
como son todos los países. Ustedes bien saben que no
es fácil construir o reformar una casa con la gente
adentro y que a menudo durante las obras, surgen
inconvenientes que generan incomodidades. Pero a los
problemas, más que dramatizarlos, hay que
resolverlos lo mejor posible y para ello, estoy
hablando en un sentido estrictamente político en
este momento, no técnico ni profesional. Para
resolver esos problemas, esta la democracia, como
forma de gobierno y como estado de la sociedad. La
democracia como aire habitual también para la
temática por supuesto que refiere a este Foro.
Amigas y amigos, en una línea
de continuidad con el Foro de Competitividad
realizado el año pasado en Atlanta, este Encuentro
tiene una razón que se resume en dos vocablos, en
dos conceptos estrictamente vinculados entre si, que
son Innovación y Desarrollo.
La estricta relación entre
Innovación y Desarrollo no es inédita. Ya estuvo
presente por citar apenas dos casos en el
Renacimiento y en la Revolución Industrial.
Sin embargo, siendo dichos
casos relativamente cercanos en el tiempo y en el
espacio, lo americanos, todos nosotros los
americanos, no participamos en ellos. Llegamos tarde
a ambos. Al Renacimiento, pues en aquel entonces aún
no nos habían descubierto y a la Revolución
Industrial, porque a mediados del siglo XVIII éramos
unas remotas colonias. Nuestra primera tarea
entonces, es hoy no llegar tarde a ese desafío
global de la Innovación y el Desarrollo y por
decirlo de alguna manera, estar entre los primeros
en llegar al futuro. Claro que la tarea no se limita
a estar solamente, hay que estar, pero también hay
que saber hacia donde debemos ir.
Para ello, es imprescindible
saber de dónde venimos. América, nuestra América,
toda la América es una y varias a la vez. Y no es
malo que así sea, al fin y al cabo así es la
realidad. Lo malo es que no lo reconozcamos y
vivamos encandilados por el espejismo de una
homogeneidad que no es tal.
Somos multiétnicos,
multiculturales, tenemos distintas historias, y
distintas realidades, pero América es una sola,
desde el Norte al Sur.
En nuestro continente, hay
países que marchan a la vanguardia mundial en
Innovación y Desarrollo, pero también hay otros, la
mayoría, que venimos atrasados. Las razones de tal
retraso son múltiples, pero también ampliamente
conocidas, razón por la cual, creo que es
innecesario repetirlas esta tarde ante ustedes. En
todo caso, permítanme referir a algo que desde esta
perspectiva considero una segunda gran tarea para la
mayoría de nuestros países, incluido, por cierto el
Uruguay, en materia de Innovación y Desarrollo.
Esa segunda gran tarea, la
primera es no quedarnos atrás de este proceso
global.
La segunda gran tarea es, la
tarea de la Educación. Es cierto que no hay
desarrollo sin innovación, pero también es cierto
que no hay innovación sin educación. Y podríamos
agregar, permítanme que lo haga en este momento, que
tampoco hay educación sin nutrición adecuada
desde el vientre materno. En la biología, podrá
haber excepciones, pero no hay milagros.
La educación implica, también,
atender los derechos humanos en las necesidades
básicas y fundamentales de la población. Pero
volviendo a la ecuación, un sistema educativo
accesible de calidad y permanente, no es un adorno
del desarrollo sino que es la clave del mismo. La
clave en la cual se constata que ha habido
importantes progresos durante las últimas décadas,
pero también nos falta mucho. Si faltará mucho, pues
en materia educativa, tampoco hay milagros.
Amigas y amigos, por cierto que
a los uruguayos nos gusta ser de bajo perfil. Nos
gusta aparecer como muy sencillos, hasta con
modestia. No falsa modestia. Pero así somos los
uruguayos. Por tanto, Uruguay no tiene veleidades de
guía de la humanidad. Ni yo quiero abusar de la
tolerancia de ustedes, pero a propósito de la
educación como clave de Innovación y Desarrollo,
permítanme también mencionar algo que probablemente
habrán observado en el hall de acceso a este salón.
Allí, entre otros stands, está el del proyecto de
conectividad educativa de informática básica para el
aprendizaje en línea. Todo un título muy pomposo,
que nosotros lo conocemos como proyecto CEIBAL,
según su sigla. Sería imprudente de mi parte
ingresar en la especialidad del señor Negroponte,
encargado de la conferencia inaugural de este foro.
Pero, como persona vinculada al
quehacer científico, como ex docente universitario,
como ciudadano y como Presidente de la República
Oriental del Uruguay, no puedo evitar decirles que
el proyecto CEIBAL, mediante el cual, al finalizar
el actual período de gobierno, cada alumno y maestro
del sistema escolar público, tendrá gratuitamente su
propia computadora, es mucho más que un esfuerzo
presupuestal. Es mucho más que un desafío
tecnológico o que un asunto curricular o un hecho
inédito en la región. El proyecto CEIBAL es una
revolución. Una revolución profunda e irreversible,
porque es una revolución en la inteligencia, en la
información y en el conocimiento de nuestros niños,
de nuestros jóvenes y de nuestros docentes.
Tan convencidos estamos de
ello, tanto nos entusiasma esta revolución, que
tenemos el propósito de ampliarla ante una
sugerencia de las autoridades de la Administración
Nacional de la Enseñanza Pública, en una primera
instancia a los docentes de nivel secundario, para
que todos ellos tengan iguales posibilidades de
acceder a un computador portátil de buena calidad,
bajo costo y mediante adecuada financiación.
Queremos extender este proyecto en una primera
etapa, apoyando esta propuesta que nos llega de los
propios docentes de la enseñanza secundaria pública
de nuestro país.
Puede parecer irrelevante pero
no lo es, ya que muchos de estos docentes no poseen
un computador propio, con lo que ello significa en
cuanto a dificultades en el desempeño de sus tareas.
Las revoluciones no garantizan
la prosperidad de la gente, pero si son auténticas,
ayudan a que toda la gente tenga iguales
oportunidades de prosperar. A eso apunta, más allá
de sus naturales acotamientos e inexorables
dificultades, el Proyecto CEIBAL Y eso es lo que,
modestamente, quería mencionar en esta oportunidad y
compartir con todos ustedes.
Y agregar, que estamos
trabajando en la elaboración de un Programa de
educación para nuestros niños, a ser incluido en las
computadoras del Plan CEIBAL, para avanzar un paso
más en la lucha contra el tabaco. Un plan educativo
a nuestros niños escolares para que aprendan a decir
que no cuando se les ofrece el primer cigarrillo.
Y es más, en agosto de este año
tendremos el altísimo honor de dar la conferencia
inaugural que se realizará en Ginebra, auspiciada
por la Unión Internacional de Lucha contra el
Cáncer. Hablaremos de cómo va avanzando la
morbimortalidad de esta enfermedad en el mundo en
general y en los países del mundo subdesarrollado en
particular. Y estaremos proponiendo en esa reunión,
a todos los científicos presentes que van a estar,
de distintos países del mundo, que adopten programas
similares de educación para luchar contra el hábito
del consumo del tabaco, que produce tanto daño a la
humanidad.
De aquí la importancia, entre
otras, que tiene la educación. La enorme importancia
que tiene la educación para poder desarrollar, para
poder avanzar en calidad de vida para nuestros
ciudadanos.
Amigas y amigos, la educación
es imprescindible para la innovación y el
desarrollo, pero no es suficiente. Así como el
desarrollo no es tener más, la innovación no es
tecnología y nada más. La innovación no es una
máquina. La innovación es un fenómeno complejo,
sistémico, en el cual actúan diversos agentes y el
cual interactúa con otros fenómenos.
En tal sentido, nuestra tercera
tarea, respecto a la innovación y el desarrollo, es
asumirlos en su complejidad, en su carácter
homeostático y llevarlos adelante con convicción y
con acciones concretas.
Así, por ejemplo, no hay
innovación sin ciencia básica, que debe ser
cultivada por su capacidad de producir conocimiento
y formar personas capaces de encarar problemas
difíciles con originalidad y responsabilidad. Y
responsabilidad.
La ciencia sin conciencia es la
ruina del alma, enseñó hace cinco siglos Francois
Rabelais.
Sin embargo, no basta con hacer
ciencia básica. Si hacemos ciencia básica y no
patentamos los descubrimientos, otros lo harán por
nosotros, los llevarán a etapas pre-industriales e
industriales y nos los venderán a muy buen precio,
para ellos, por supuesto.
Esta historia, por cierto, ya
la conocemos pretendemos y preferimos no volver a
vivirla. Queremos defender el producto de nuestra
inteligencia, de la inteligencia de nuestros
jóvenes, de este continente.
Pero además, democracia,
economía, bienestar, educación, ciencia, tecnología,
innovación, comercialización, etcétera, constituyen
un ecosistema que no puede funcionar adecuadamente
si falta o es débil alguno de sus componentes. Entre
otras razones, porque las consecuencias de tales
disfuncionalidades siempre las pagan los mismos. Que
en nuestro continente son, lamentablemente, los más
desposeídos y los más débiles. No tenemos derecho a
equivocarnos.
No está en mi ánimo inducir ni
obligar a ustedes a convertir este foro de
innovación en un concilio ecuménico, pero tampoco
puedo renunciar a por lo menos mencionar que,
complementariamente a la educación, entre los
factores y agentes de innovación y desarrollo están
los siguientes y creo que debemos tenerlos muy en
cuenta. No sólo hablar de ciencia, tecnología,
innovación. Sino también de otros elementos
constitutivos del ecosistema que hacía referencia,
que quisiera mencionar especialmente en la tarde de
hoy.
Primero, para cualquier país,
un contexto macro económico consistente, estable y
confiable. Porque la innovación no es fortuita ni
gratuita. Necesita recursos, requiere inversión y
nadie invierte cuando la única certeza es la
incertidumbre. Los países deben mostrar su cara
seria en política económica, en especial en política
macroeconómica. Única forma de atraer inversiones
tan necesarias para el desarrollo del conocimiento,
para generar puestos de trabajo genuinos para
nuestra gente.
En segundo lugar, una cultura
de la innovación que impregne, no a una elite de
privilegiados sino al conjunto de la sociedad.
Innovar es crear nuevos productos o procesos
productivos, pero también es mejorar servicios,
fomentar derechos. En fin, mejorar la calidad de
vida de la gente. Innovar, reitero, no es un
privilegio de pocos sino una responsabilidad de
todos.
En tal sentido, innovar es una
tarea sustancialmente democrática y participativa y
con una indeleble, entonces, impronta ciudadana.
En tercer lugar, un sector
público eficiente y dinámico. En materia de
innovación y desarrollo, el Estado y el Gobierno,
que no son la misma cosa, por cierto, tienen
competencias y responsabilidades intransferibles. Ya
sea en la identificación de opciones de
especialización, porque nadie es bueno para todo; la
capacitación de recursos humanos, acorde con las
opciones adoptadas; la definición y ejecución de
políticas que incentiven a las empresas y a los
emprendedores en su actividad innovadora; la
construcción de una institucionalidad adecuada y la
asignación de los recursos necesarios para sustentar
tales políticas.
En Uruguay, por citar un caso
que me involucra, creamos la Agencia Nacional de
Investigación e Innovación, como institución pública
no estatal. Pequeña, ágil, con mecanismos abiertos y
transparentes de asignación de recursos y
procedimientos sistemáticos, con los objetivos
principales de diseñar, organizar y desarrollar
planes e instrumentos orientados al desarrollo
científico-tecnológico, al despliegue y
fortalecimiento de las capacidades de innovación y a
fomentar la articulación y coordinación entre los
diversos actores involucrados en la creación y
utilización de conocimientos.
En buen romance, jugamos el rol
que le corresponde al Estado. Pero también hay un
rol que tendrá que jugar el sector privado.
Y vaya, si con esto que hemos
hecho en el Uruguay estamos innovando. Por lo
pronto, los recursos que se destinarán a la
innovación en el corriente año son nueve veces más
nueve veces más- que lo que se destinaron en el año
2004.
También, creamos la Agencia
para el Gobierno Electrónico. La Sociedad de la
Información y del Conocimiento, con objetivos y
metas concretas en materia de inclusión y equidad
social. Un proyecto social de inclusión. Un proyecto
económico de inclusión social.
Fortalecimiento democrático,
transformación del Estado, desarrollo productivo y
de infraestructuras para generar puestos de trabajo,
genuinos y decentes para nuestra gente. Educación y
generación de conocimiento e integración regional.
No es un hecho menor, en un
país de poco mas de tres millones de habitantes y en
el cual, según recientes estudios, 32.000 personas
utilizan el teletrabajo para vender sus productos o
servicios al exterior, y los ingresos de divisas por
este concepto, que aumentaron un 126% el año pasado,
con respecto al año 2006.
Cuarto, como decíamos recién,
un sector privado también protagonista. Con empresas
capaces de adoptar las tecnologías más modernas, de
mejorar sus modelos de gestión y comercialización,
de crear valor como estrategia de competencia en los
mercados globales.
Nada de esto se logra con
empresarios y trabajadores insuficientemente
calificados. Difícilmente se logre con empresarios
ricos y empresas pobres, y trabajadores más pobres
aún.
Difícilmente se logre, en pocas
palabras, sin relaciones laborales innovadoras para
ambas partes, valga la redundancia. Relaciones
laborales serias, respetuosas, formales, de
tolerancia, de diálogo.
En quinto lugar, un sector
universitario académico innovador en sí mismo,
exigente con los demás. Pero también exigente
consigo mismo, en su compromiso con la
democratización del conocimiento, en sociedades de
base crecientemente científica. Y mas allá de ello,
con la libertad y la democracia como condiciones
sine qua non para la innovación y el desarrollo.
Voy a decirlo, porque si no lo
hago puede provocarse algún malentendido doméstico,
aquí, entre nosotros. Yo me siento sanamente
orgulloso del sector universitario académico
uruguayo. En parte, obviamente, porque pertenezco al
mismo. Pero en mayor parte, por el involucramiento
de este sector en la construcción de un Uruguay
mejor, con más calidad de vida para su gente.
Podría dar al respecto, de este
sector al que estoy mencionando, muchos ejemplos
para sustentar lo que estoy diciendo. Pero voy a
mencionar uno, al equipo Bili Level para el
tratamiento de la ictericia neonatal desarrollado
bajo patente de la Universidad de la República, que
es la universidad del Estado uruguayo, con el apoyo
del Programa AMSUD del Instituto Pasteur de Francia
y del PNUD, el Instituto de Física de la Facultad de
Ingeniería de nuestra Universidad de la República,
logró un excelente equipo de fototerapia de bajo
costo, mayor vida útil y fácil mantenimiento que
reduce los tiempos de tratamiento y permite tratar
los casos graves de ictericia sin recurrir a las
transfusiones sanguíneas, que representan un alto
riesgo de vida para los recién nacidos.
Desde mediados del año pasado,
equipos Bili Level, fabricados y donados por la
Universidad de la República, están funcionando en
cinco hospitales públicos de aquí, en Uruguay. Claro
que estamos orgullosos, vaya si podemos estar
orgullosos de nuestros jóvenes técnicos. ¿Cómo un
Gobierno puede dar la espalda a estos procesos de
innovación, de investigación, de avance en el
conocimiento, de educación y de volcar estos
conocimientos, democráticamente y con equidad, al
seno de la sociedad que tanto lo está esperando?
En quinto lugar, un proyecto de
nación. Porque las naciones son pasado y tradición,
pero también y sobre todo, son la posibilidad de un
futuro mejor y compartido. Más aún en naciones
jóvenes como las americanas. Ese futuro mejor no
está predeterminado, ni hay que esperarlo. Hay que
construirlo, con los pies en la realidad y la mirada
y el corazón en la utopía. Con pragmatismo, pero
también con valores y con principios.
Los uruguayos lo estamos
intentando, todos los uruguayos. Sin diferencia, en
este momento hablando como político de sectores
políticos, por encima de los sectores políticos, el
Uruguay lo va a poder construir. Los uruguayos lo
estamos intentando.
No le damos la espalda al
pasado, pero tampoco somos rehenes del mismo.
Estamos viviendo un presente, construyendo un futuro
que sea mejor que el pasado. ¿Que la tarea no es
fácil?, ¿que en el transcurso de la misma existen
inconvenientes?, ¿aparecen diferencias y se cometen
errores? Por supuesto que sí. Pero las dificultades
no pueden servir de excusas para la resignación.
Sexto, un proyecto de región.
Porque la viabilidad de las naciones está
estrechamente vinculada a su inserción internacional
y en primer término, por supuesto, a sus respectivas
regiones. Ningún país, por rico y poderoso que sea,
puede darse el lujo de la soledad, suponiendo que la
soledad sea un lujo, cuestión harto discutible. Y
que justificaría innumerables congresos, seminarios,
talleres, observatorios, conservatorios, tertulias,
etc., para discutir ese punto. Basta repasar el
catálogo de organismos de integración regional para
que podamos constatar que los americanos somos,
seguramente, y desde hace muchos años, campeones
mundiales en la creación de organismos de
integración regional.
Sin embargo, basta repasar las
noticias de las últimas semanas para constatar que
para construir una región no alcanza con inventar
siglas, hacer reuniones, pronunciar encendidos
discursos o posar para fotos protocolares. Ni
siquiera alcanza con hacer conceptuosas
declaraciones. Las declaraciones no curan
enfermedades ni reducen los problemas.
Para construir una región,
desde nuestro muy humilde punto de vista, se
necesitan ideas de largo aliento, decisiones
responsables y firmes y acciones concretas. Y
respeto, mucho respeto. Respeto a uno mismo, que no
quiere decir egolatría. Y respeto a los demás, que
no quiere decir pusilanimidad.
No ignoramos la complejidad del
mundo actual ni las diferencias y desigualdades
existentes en nuestro propio continente. Tampoco
ignoramos que pese a ello, la integración americana,
avanza. Con luces y sombras, con aciertos y errores.
De a poco, pero avanza.
Y tendrá que avanzar mucho más
aún, en términos de conectividad, de comunicaciones,
de energía, de infraestructura, producción, en
términos de cultura, de derechos, de ciudadanía. Y
por supuesto, de ciencia, de tecnología e innovación
para el desarrollo.
Si tendremos tareas que llevar
adelante en un proceso de integración. Y no sólo
políticas, y no sólo comerciales, y no sólo
mercantilistas y no sólo económicas. Ahí está la
complejidad de la que intentábamos hablar desde el
principio de nuestra ponencia.
No es fácil. Lo sabemos, no es
fácil. Pero tampoco imposible. Es difícil. Pero les
parece imposible a quienes no están dispuestos a
intentarlo seriamente.
Y no es ese nuestro caso. Este
Foro, la presencia de todos ustedes aquí, es una
demostración de voluntad y compromiso, ya no sólo
con la innovación y el desarrollo, sino también con
la integración americana.
Amigas y amigos, "¿Por qué debo
preocuparme tanto por la posteridad si ella no ha
hecho nada por mí?". Esto lo dijo Marx. Pero
cuidado, Groucho Marx. No es un chiste banal ni un
juego de palabras. A su manera, Groucho, tenía
razón. Hay que preocuparse menos por la posteridad y
hay que preocuparse más por el futuro.
El concepto posteridad tiene
cierto tufillo egoísta. En cambio el concepto futuro
respeta al individuo al tiempo que valora a los
demás, en tanto semejantes. Por supuesto, en ese
terreno y en esa tarea la innovación tiene mucho de
futuro compartido.
Y este Foro, que no pretende
ser principio ni fin de proceso alguno, es un mojón
en un camino que viene de lejos. Un camino que como
americanos emprendimos un poco tarde, como lo decía
al principio, pero que estamos recorriendo para
llegar a tiempo al mejor futuro. Este es el desafío
que ustedes tendrán por delante en las próximas
horas, en las discusiones fermentales que
seguramente llevarán adelante.
LA
ONDA®
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