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Desde una
perspectiva ética y geopolítica
El conflicto chino-tibetano
por el profesor
Bernardo Quagliotti de Bellis
Ante las
nuevas violencias desatadas las pasadas semanas por
China en el Tibet, llevó a que los habitantes de
este país aprovecharan la ocasión de los Juegos
Olímpicos a celebrarse en Pekín, para señalar al
mundo con su protesta, el sufrimiento por el cual
están pasando ante la cruda violación a los
derechos humanos , que viene siendo practicada
desde hace años, por el dragón
asiático.
Antecedentes
históricos
Desde el siglo X, el Tibet fue
un país independiente, habitada por pequeños
terratenientes y monjes budistas, una clase alta que
era la auténtica poseedora de las tierras más
productivas y una gran población servil (no
esclava). El Tibet histórico se extendía en 2,5
millones de km.2, en un promedio de altitud de más
de 4.000 metros, por lo cual se le consideró el
país techo del mundo.
En el siglo XIII, el territorio
tibetano fue dominado por el Imperio Mongol ,
quienes implantaron el budismo, hasta que a mediados
del siglo XVI Kubilai Khan de la tribu mongol de
Turnet otorgó respaldo al gobierno religioso
(budista) del Dalai Lama.
El Tibet sufrió por siglos
diversos tipos de invasiones: además de diversos
emperadores machúes, enfrentó al ejército de Ping
el unificador chino; enfrentó a los ghorkas de
Nepal; discutió con India que le reclamaba su
espacio territorial; hasta que en 1904 tropas
inglesas ocuparon su capital Lhasa para poder
controlar la frontera entre India y el Tibet ,
manteniendo a éste -en acuerdo con China- bajo
el régimen de protectorado. Poco duró el mismo,
pues al año siguiente por un nuevo tratado firmado
por Gran Bretaña, Rusia y China, se le entregó a
China la soberanía sobre el Tibet.
Dos años después, como
consecuencia de la guerra civil que estalló en
China, al retirar el gobierno de Pekín sus tropas de
ocupación del Tibet, el Dalai Lama tuvo la
oportunidad de regresar , y en acuerdo con el
gobierno de Mongolia, en 1913 , ambos territorios
proclamaron su auto- independencia de China.
Pero, la astucia inglesa
permanecía activa y es así que a espaldas de China,
un sector de representantes del Tibet y de Gran
Bretaña decidieron establecer a la cuestionada
región como autónoma de China, en base a un canje
de 90.000 kilómetros cuadrado de territorio
tradicionalmente tibetano (actual Estado de
Arunachal Pradesh) (línea Mcmahon) que se adjudicó
Inglaterra y que, posteriormente a su
independencia, India los sumó a su soberanía.
¿Por qué el Tibet tiene
importancia geopolítica?
El Tibet compartiendo sus
fronteras con Nepal, Myanmar, India y Bután
lleva a que su seguridad y estabilidad sean
prioritarias para la remota región himalaya. Pero
quizás lo más importante, geopolíticamente, es que
el Tibet representa para China una región-enlace
entre el país con el sur y el centro de Asia. Tibet
guarda en su historia haber sido escenario de
antiguas rutas comerciales en el lejano oriente.
La estabilidad interna del
territorio tibetano es importante para el gobierno
de Pekín, pues permitiría reducir la brecha
socio-económica que existe entre las empobrecidas
tierras interiores de China occidental y la rica
costa oriental a orillas del océano Pacífico
Otro motivo importante son las
grandes reservas que existen en dicho territorio. El
Tibet es apodado La torre de agua de Asia, dado
que China comenzó a tener escasez de agua dulce, que
podrían ser suplidas por las reservas que se
encuentran en la meseta Qinghai-Tibet, además de las
que proveen los glaciares que son la fuente de
mantenimiento de los mayores ríos de Asia como el
Mekong, el Yangtze, el Indo, el río Amarillo.
China, un país que se ha
convertido en la segunda potencia mundial; un país
que debe aprovisionar su industria en franco
crecimiento, en el Tibet encuentra el mayor depósito
de cobre en la mina Yulong; al igual que
importantes yacimientos de hierro, plomo, zinc y
cadmio .
Tibet en la actualidad
El cuantioso exilio ha dado
lugar a una masiva afluencia de colonos chinos, que
desde 1983 llegan al Tibet alentados por el gobierno
de Pekín, ocupando las tierras del centro y del
oeste del Tibet, a las que China las denomina
Región Autónoma de Tibet. Esa constante migración
provoca una reducción importante de tibetanos que
los v a presentando como una insignificante minoría
en su propio país.
Tal situación provoca una
seria amenaza a la supervivencia de la nación
tibetana, respetable en sus creencias espirituales,
valores morales, cultura y correspondiente
herencia espiritual.
La realidad es que China no
encuentra la fórmula para encajar dentro de la
República Popular a una cultura radicalmente
distinta a la china y de raíz teocrática. El
gobierno de Pekín no puede dudar que el Dalai Lama
tiene un gran ascendiente sobre la gran mayoría de
los tibetanos que aceptan el dictamen de su doctrina
de no violencia, sin por ello dejar de condenar a
los que actualmente la emplean contra ellos. China,
además, tiene un gran problema de fondo geopolítico:
el tema de los límites territoriales de Tibet, ya
que una extensa superficie territorial de su zona
sur continental , es de civilización tibetana .
Las reclamaciones actuales de
China respecto al Tibet, están basadas enteramente
en la influencia que los mongoles y los emperadores
manchús ejercieron sobre el Tibet en los siglos XII
al XVIII. Una posición política absurda e
inaceptable. El tema real es que aun existe entre
mongoles y tibetanos, una afinidad racial, cultural
y especialmente religiosa, característica del Asia
Central, Y en este escenario China no tiene
créditos, ni antecedentes ni un presente para poder
participar.
El supuesto boicot a los juegos
olímpicos, es un vano pretexto. La verdad radica en
el respecto de los derechos humanos y en el
fortalecimiento de la coexistencia pacífica.
El fondo del tema controversial
entre China y el Tibet radica -principalmente- en
que el Tibet forma parte de las casillas centrales
de Asia en las que se juega su control. La actual
crisis era previsible. Xulio Ríos - Director del
Observatorio de la política china- analizando el
libro blanco sobre el problema del Tibet
(publicado en 2004) queda
sorprendido por la incapacidad que se tuvo en la
última década para aportar alguna estrategia
innovadora por parte de ambos actores. Considera que
ese inmovilismo es la clave que ha conducido al
fracaso de las negociaciones mantenidas entre ambas
partes -al menos cinco desde 2002- realizadas en
Dharamsala, Pekín y Suiza.
En segundo lugar, es necesario
tener en cuenta que la modernización y el
crecimiento no ha dado los resultados esperados, por
más que el gobierno de Pekín manifiesta
internacionalmente el esfuerzo que realiza a favor
del desarrollo de la RAT (región autónoma de Tibet).
El ferrocarril Qinghai-Tibet que entró en
funcionamiento en 2006 ha servido para crear más
resentimiento , rebeldía y mayor sentido
nacionalista entre numerosos colectivos sociales del
Tibet -particularmente entre los monjes- que
presienten que la idiosincrasia tradicional se va
transformando tan sólo en una reliquia histórica. El
citado ferrocarril ha permitido que la población
china en Lhasa - capital del Tibet- aumente, en
detrimento de la disminuida población tibetana.
En tercer lugar -acota Xulio
Ríos- la autonomía tibetana no es real. La
naturaleza política del problema tibetano no es
religiosa, sino política y tiene que ver con las
posibilidades del ejercicio efectivo del
autogobierno. Los recientes disturbios pre-olímpicos
evidencian el fracaso reiterado de la política de
Pekín en relación al tema de las nacionalidades
minoritarias.
Pero a todo ello hay que sumar
que la actitud del gobierno del Dalai Lama en el
exilio en India - si bien figura respetable en
cuanto a su carisma religioso- resulta anacrónica
como representante político, pues a pesar de los
años transcurridos fuera de su patria, de los
cambios que se han dado en el escenario
internacional, no le han servido para modernizar su
estilo.
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