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Testimonios: hablan
los soldados del general
Líber Seregni
por José Luis Martínez
y Matías Rótulo
Editorial Arca presente, el martes 15
de abril a la hora 20 en el Ateneo de Montevideo, el
libro Los soldados del General, de los
periodistas José Luis Martínez y Matías Rótulo,
con el prólogo del escritor y
periodista Lincoln Maiztegui
Un
sorprendente material testimonial y documental,
recopilado por los periodistas José Luis Martínez y
Matías Rótulo, recrea un tiempo violento en la
sociedad uruguaya en donde interrogatorios,
acusaciones, juicios, condenas, presos, torturas,
aparatos armados, clandestinidad, logias,
conspiraciones, entre otros hechos, marcaron en las
convulsionadas décadas de los 60 y 70 a
nuestras Fuerzas Armadas.
La
valiosa investigación de estos dos periodistas
recoge las actas de los Tribunales de Honor que las
Fuerzas Armadas constituyeron para juzgar la
conducta política de aquellos de sus pares que
acompañaron la candidatura presidencial del general
Líber Seregni en las elecciones de 1971, y en algún
caso, de los que se enfrentaron con gallardía al
quiebre institucional de 1973, o bien que se
opusieron, en custodia de una tradición que los
honra, al tratamiento brutal que en algunas unidades
militares se daba a los detenidos por razones
políticas.
En los
fallos redactados de puño y letra por los oficiales
superiores que presidieron los tribunales militares,
quedaron para la historia las acusaciones, defensas
y sentencias contra los generales Líber Seregni y
Víctor Licandro, y el Coronel Carlos Zufriategui.
Pero también los dictámenes de los juicios contra
otros militares de una larga lista, entre ellos,
Edison Arrarte, Pedro Montañez, Luis Lazo, Juan
Carlos Rodríguez, Carlos Cabán, Brum Uruguay Canet,
Irmo Timoteo Bidegaray, Guillermo Castelgrande, Juan
A. Rodríguez, Carmelo López, Pedro Aguerre, Saverio
A. Casella, Jaime Igorra, Ariel Gerona, Carlos R.
Dutra, Julio C. Giorgi, Walter Maceiras, Oscar
Demetrio Petrides y Hugo Frigerio Herrán. Estos
oficiales fueron condenados, entre otras cosas, por
sus vinculaciones a la corriente de opinión y
movimiento denominado 1815, al Frente Amplio, al
Partido Comunista, al MLN - Tupamaros, a grupos de
izquierda, o simplemente por oponerse al golpe de
Estado y defender la Constitución.
Los
Soldados del General, revela y recrea un tiempo
en que la confrontación ideológica fue llevada a
extremos de absoluta irracionalidad, producto de una
de las últimas fases de la guerra fría.
Lo Onda
le adelante parte de este polémico libro que recoge
parte de la historia reciente.
Nací en
hogar batllista y con esa orientación política
ingresé en la Escuela Militar en 1928, coronel
Oscar Petrides.
En el
mes de octubre de 1976 el Parlamento Europeo
condenaba, por violaciones de los Derechos Humanos,
a los regímenes de Uruguay, Chile y Argentina. Se
conocía el Acto Institucional Nro.5 y el Estado
uruguayo se declara tutor de los Derechos Humanos.
Aparicio Méndez realiza declaraciones y ataca al
Partido Demócrata de Estados Unidos.
Ese mes,
las actas especiales número 11 y 22 dan cuenta del
juicio al Coronel en situación de Retiro Oscar
Demetrio Petrides Rada.
El
juicio se realizó en Montevideo, en la sede de la
Escuela de Armas y Servicios el 26 de octubre de
1976. En ese lugar se reunió el Tribunal Especial de
Honor Nro. 2 integrado de la siguiente forma: como
Presidente el General Gregorio C. Alvarez, como
Vocal el General Rodolfo H. Zubia, y como Vocal
Secretario el General Juan J. Méndez.
Petrides
en su defensa dijo yo les voy a dar, mi General, un
original en que he articulado, si no una defensa,
que yo entiendo que lo que hice no tiene defensa,
sino una explicación.
El
Coronel Petrides entregó una carta a los miembros
del tribunal acusador la cual consta en el acta y
decía textualmente: Nací en hogar Batllista y
con esa orientación política ingresé en la Escuela
Militar en 1928. Treinta años después egresé del
Ejército por propia voluntad, con el grado de
Coronel y con ocho años de calificación de Muy Apto
en el grado. Mi fracción política, el Batllismo,
había perdido por amplia mayoría las elecciones y me
sentí obligado a prestarle mi apoyo activo en las
malas y desde la situación legal de Retiro. Durante
los cuatro años siguientes fui el coordinador
general de la Lista 15 en el departamento de
Montevideo y el comentarista de problemas de
política internacional en la tercera página de la
edición semanal de los domingos del diario Acción.
El Señor Luis Batlle me había confiado sus 800
clubes montevideanos y, con su aprobación periódica,
la orientación en la propaganda de política
internacional de su fracción. Muere Batlle en 1963 y
continúo trabajando en el Batllismo primero con el
senador Teófilo Collazo, luego con el Doctor Amilcar
Vasconcellos, más tarde con el General Oscar Gestido,
que me confía la intervención de la empresa
omnibusera Copsa en el mismo mes de su ascenso al
gobierno y en la que actúo como tal hasta el mes de
noviembre de ese año 1966.
Inmediatamente después, por renuncia que presento a
la intervención, el Intendente de Montevideo Doctor
Segovia, me nombra Director de Relaciones Laborales
de la Intendencia Municipal, con la misión de
entenderme con Adeom, la organización dirigida por
el Partido Comunista de los empleados municipales,
puesto en que me confirma el Dr. Raquetti, con el
título de Coordinador de Relaciones Laborales, y en
el que me mantengo hasta el momento de mi renuncia
voluntaria en 1971. Enumero lo anterior para poner
en evidencia que desde mi nacimiento hasta 1971,
durante sesenta y un años, actué como Batllista y
que no existe un solo elemento, en mi hoja de
servicios ni en mi vida política, que pueda probar
una orientación distinta.
Esta
situación me lleva a explicar los sucesos que, a
fines de 1970 (probablemente en los meses de Agosto
o Setiembre), me llevaron a una relación política
con elementos del Partido Comunista, que fue de
corta duración y que abandoné por propia voluntad.
Lo anterior me lleva a recordar al Tribunal Especial
de Honor Nro. 2 que a fines de 1970 mi fracción
política había sido derrotada en tres elecciones
sucesivas y que, poco después, sería derrotada
nuevamente por la fracción más conservadora del
Partido Colorado. Agrego que la situación caótica
que imperaba en el ámbito político y social, me
llevó a considerar, con muchos otros, que la
posibilidad de un golpe de estado era inminente.
En
este momento, Rodney Arismendi, que se había
relacionado conmigo amistosamente desde 1963, (me lo
presentaron en la Cámara de Diputados, una rueda de
Diputados que había), me afirma que coincide en la
apreciación de la posibilidad inminente de un golpe
de estado, que este sólo podía ser detenido por una
gran movilización popular de los Partidos
Tradicionales y del llamado Frente Amplio, apoyados
por la fracción de las Fuerzas Armadas que se
proclamara antigolpista, que su Partido tenía una
pequeña organización paramilitar que podía plegarse
a las fuerzas militares antigolpistas, pero que
necesitaba, para tener alguna efectividad, que
cuatro o cinco personas calificadas recibieran
nociones generales de mando y de Estado Mayor sin
las cuales no estarían en condiciones de prestar
ningún servicio. Luego de meditarlo, de buscar
apoyos antigolpistas efectivos en mi fracción
política y de no encontrarlos, decidí contribuir al
antigolpismo brindando algunos conocimientos de
mando y estado mayor a un grupo de cuatro personas
que me presentó Arismendi y que integraban el
Partido Comunista.
Coincidió la fecha del comienzo de estas clases con
mi renuncia del cargo de Coordinador de Relaciones
Laborales de la Intendencia Municipal de Montevideo,
se realizaron cada mes y medio o dos meses y duraron
hasta fines de 1972. Insisto en declarar que esta,
mi actitud, fue tomada en preparación de la defensa
de las instituciones constitucionales amenazadas, en
mi entender, por un golpe de estado inminente.
Esta
tesis, la defensa contra un golpe de estado, fue la
que basamentó todo el desarrollo de la enseñanza que
traté de impartir y era compartida por la totalidad
de mis alumnos, que sólo eran cuatro. No obstante, a
medida que pasaba el tiempo y la situación política
se desarrollaba empeorando, me fui convenciendo ante
la tremenda putrefacción de las organizaciones de
los Partidos Políticos y la indiferencia e
irresponsabilidad de los dirigentes más destacados,
que la continuidad de la legalidad constitucional a
través del régimen imperante, no lograría otra cosa
que empeorar la situación caótica en que se
encontraba la República y que sólo un régimen
unitario que limpiara a fondo el panorama económico
y político, podía lograr la salvación nacional.
Llegué pues a encontrarme en una situación
personal, profundamente contradictoria, a saber:
apoyando con mi trabajo concreto el antigolpismo y
convencido, intelectual y moralmente, de que el
triunfo del antigolpismo sólo serviría para hundir
más a la República. Es en esta situación que llega a
mi mesa de trabajo un pedido de la Dirección del
Partido Comunista de que se planifiquen dos acciones
(es la primera vez que llega un pedido semejante) de
sabotaje, a saber: 1) la destrucción de un vehículo
de un directivo de no sé qué empresa y 2) la
detención de la producción a través del corte de
corriente eléctrica a toda una barriada, de una de
las grandes fábricas textiles ubicadas sobre la
calle Veracierto.
Ante
ellas, afirmo que nada tiene que ver con la
preparación contra un golpe de estado, que se trata
de acciones similares a las realizadas por los
Tupamaros, que no serán planificadas bajo mi
dirección y me retiro de la reunión.
Estos
hechos fueron para mí la gota de agua que desbordó
el vaso y, aprovechando una lesión cardiaca que aún
tengo y que no me imposibilita para ningún trabajo,
la tomo como pretexto para plantear mi retiro
definitivo y así lo hago. Mi decisión provoca
resistencias pero las mantengo y no vuelvo a ver a
los integrantes del grupo ni a los dirigentes del
Partido Comunista. Mi lesión cardiaca y su carácter
pueden ser atestiguados por el cardiólogo del
Hospital Militar Dr. Rivero. La decisión anterior a
que me refiero fue tomada a fines de 1972 y hecha
efectiva en enero de 1973. En resumen, de los
sesenta y seis años que tengo fui estudiante hasta
los 18 años, fui militar sin actividad política
durante treinta y cinco años, actué trece años
públicamente en el Partido Colorado y algo más de
dos años como profesor conferencista (mediados del
70 a fin del 72) para cuatro personas del Partido
Comunista en servicio de un ideal antigolpista y me
aparté definitivamente de esta última tarea apenas
me enteré que sus finalidades habían sido alteradas.
Afirmo que las denuncias de integrantes del Partido
Comunista que mencionan esta última actividad
derivan de un afán de venganza por haberme apartado
de la tendencia en momentos que creyeron críticos y
por motivos personales míos en los que no creyeron
(principios de 1973). También digo en distintos
momentos de mis relaciones con Rodney Arismendi, me
fueron ofrecidos, para mí y mis familiares viajes a
Europa y Asia con todos los gastos pagos y que
fueron siempre rechazados por el declarante.
En
relación con el aspecto de la declaración que me
hace aparecer como dando instrucciones de tiro a
integrantes del Partido Comunista afirmo que es una
magnificación malintencionada de una inspección
corriente que practiqué en el mencionado predio, de
Punta Espinillo, cuando fui nombrado Interventor del
mismo, en la que me acompañó uno de los integrantes
del grupo que instruía y que según me dijo probó,
sin éxito un tipo no determinado de fulminante.
Luego de esa oportunidad la instalación permanente
de una vigilancia por el Grupo de Artillería Nro. 5,
pedida por mí, la vigilancia, hicieron imposible
todo tipo de instrucción de tiro y la entrada de
ajenos al campo sin debida autorización escrita, mía
o del Intendente avalada por los documentos
correspondientes. Como prueba firme de ideología
democrática y batllista durante la totalidad de mi
vida, digo: que ni Luis Batlle ni los otros líderes
partidarios con quienes trabajé hubieran confiado a
mi persona los altos intereses que confiaron, si
hubieran sospechado o creído que tenía orientación
comunista; que mi pensamiento político está inserto,
con toda claridad, en los más de 200 artículos con
más de 500 temas que escribí en el diario Acción
desde 1959 a 1963 y por más de diez años en el
semanario Marcha, tratando todos temas de política
internacional con temas militares candentes y que
todos están imbuidos de firme sentimiento liberal y
democrático; que mi pensamiento e ideales militares
pueden ser constatados en una serie de tres
conferencias que a pedido de la Universidad de la
República pronuncié en la década de los sesenta y
que fueron publicadas en libro por la mencionada
casa de estudios, con el título El Militarismo en
América Latina.
También afirmo que cuando comencé mis clases de
estado mayor no existía ningún estado mayor ni cosa
parecida en la organización paramilitar comunista y
que tampoco existía cuando la dejé a fines de 1971.
Que dicha organización, que nunca vi y que me fue
explicada para poder orientar la instrucción no
tenía a fines de 1972 más valor que el de una unidad
administrativa, sin instrucción individual ni
colectiva, sin instrucción de tiro, sin disciplina
firme y sin conocimiento alguno de armas que, según
se me dijo, estaban escondidas en distintos lugares
de Montevideo y eran de tipo anticuado.
Porque la organización paramilitar comunista no era
capaz de combatir por falta de preparación y porque
lo que podía haber constituido un estado mayor no
estaba en condiciones de actuar por falta de un jefe
(como efectivamente no actuó) el declarante se
retiró y mantuvo silencio al respecto. Silencio al
que contribuyeron los largos años de aislamiento
militar y político del declarante y la repulsa a
denunciar innecesariamente a los que hasta el día
anterior habían sido sus alumnos. Como esa misma
actitud no fue observada por esos alumnos, sin el
acoso de ninguna necesidad imperiosa, considerándome
objeto de una venganza expreso hoy la realidad de
los hechos.
Completando estas declaraciones digo que luego de la
negativa inicial ante el interrogador del SID,
Coronel Fons, motivada en la sorpresa, traté el 6 de
marzo de completar mi declaración inicial
contestándoseme que ya tendría oportunidad de
hacerlo.
El 13
del mismo mes elevé, a los mismos efectos, solicitud
para hablar con el Jefe del Servicio de Información
de Defensa no habiéndoseme contestado nada.
También debo aclarar
que cuando digo al Juez de Instrucción que siempre
simpaticé con los comunistas, estas simpatías deben
entenderse como comunidad de simpatías antifascistas
y antinazis de quienes siempre fui enemigo
declarado
.
LA
ONDA®
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