EEUU, Colombia y una lección a considerar
La diferencia entre negociar
y ser negociado
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

Todo está en el ángulo que elijamos colocar nuestra propia cerviz: si recto, luego nuestra postura, erguida, o inclinado, es decir, dejando caer a tierra una de nuestras rodillas y así, quedamente, optar sin más, por mirar el duro suelo y no el celeste firmamento que habremos de hallar siempre que busquemos el mediodía del mundo como el momento exacto para retomar, dignamente, nuestro mejor intento por aumentar el bien junto a los nuestros en cuestiones tales como el comercio, por ejemplo.

 

Sabido es por todos que, días atrás, el Congreso de los EEUU., “congeló” las tratativas para llevar a término el TLC de esta nación con la de Colombia. Con toda la razón, instrumental, el periódico colombiano “El Tiempo”, en su edición del pasado 11 de abril, así calificó la decisión norteamericano.

 

Vale, creo yo, siquiera compartir los primeros tres párrafos de esta nota para una mejor comprensión del desánimo del gobierno colombiano junto con todos aquellos que tanto dieron e hicieron en pro de un TLC con Washington.

 

Veamos, pues, tales líneas qué nos dicen: “Ni el apoyo del presidente de los Estados Unidos, con la decisión sin precedentes de enviar el TLC con Colombia al Congreso sin acuerdo con sus directivas-, ni influyentes ´lobistas´ contratados por Bogotá, ni 15 meses de esfuerzos diplomáticos desde que se firmó impidieron el inevitable epílogo del pulso entre la Casa Blanca y los demócratas sobre la suerte del tratado de libre comercio entre Colombia y EE.UU.: la Cámara congeló su trámite ayer.”

 

Y sigue, en su segundo párrafo, con esta amarga primera conclusión: “La decisión es tremendamente injusta con un gobierno que ha sido el más caracterizado aliado de la administración Bush en la región, ha realizado enormes sacrificios en la lucha contra el narcotráfico y se ha alineado con Washington, no sin beneficios, en la ´guerra contra el terrorismo´. Pero, más que a los “problemas” de Colombia enarbolados por los demócratas, responde a asuntos internos estadounidenses.”

 

Justo es el admitir con qué celo y precisión el redactor de este artículo da en la diana de la cuestión así como también la más que clara exposición de lo que su gobierno hizo en pro de tamaño acuerdo, ahora malogrado, quizá por mucho tiempo o, incluso, irremediablemente.


Veamos el tercer y último párrafo a citar: “
La resolución adoptada por la Cámara por 224 votos frente a 195 (6 republicanos votaron a favor y 10 demócratas en contra) cambia el procedimiento de fast track para aprobar estos tratados en 90 días y envía al TLC a un comité donde dormirá el sueño de los justos, hasta que el gobierno Bush y la mayoría demócrata se pongan de acuerdo en su tire y afloje –de hondas connotaciones electorales-, en medidas frente al impacto del libre comercio en EE.UU.”

 

Pues, bien,  siguiendo con el tema, digamos que no sólo es harto difícil sea tratado y aprobado en el transcurso de este gobierno americano sino que, además, llevará en la misma alforja a otros tratados que esperan trámite final: los de Panamá y Corea del Sur, sin dejar de notar, algo por demás importante, como lo es el propio acuerdo del llamado NAFTA, acuerdo que las partes quieren rever. Estas revisiones tienen diversos y poderosos motivos, según cada uno de los dolientes expositores.

 

Del lado norteamericano, fundamentalmente por aspectos laboralistas y medioambientalistas, en donde grupos de presión buscan fuertes compensaciones, del lado americano, en tanto que si se llegara a abrir este acuerdo –el NAFTA- a su reconsideración, evidentemente, tanto el Canadá como México tienen importantes argumentos que exponer a lo largo de una experiencia ya dolorosa, sin duda alguna, para México, y molesta en varios sectores no menores para el Canadá.

 

Es decir, la Caja de Pandora está comenzando a ser abierta.

 

Todo esto mientras la potencia imperial de turno padece no sólo las consecuencias de una administración inocultablemente mediocre sino que además de esta torpe labor, debe sumársele la crisis sistémica, que viene gestándose desde hace por lo menos dos décadas, en el capitalismo. Una nueva crisis sistémica para un capitalismo que, a lo largo de los últimos 400 años, ha presentado varias, siendo que esta última parece ser, estructuralmente hablando, sísmica, pues, al parecer, ya la nueva Roma no puede pagar ni con sal los favores que las colonias le venían ofreciendo.

 

Desde la ciudad de Washington, el pasado 10 de abril, el periodista Carl Hulse, escribía, desde su columna en el Times de New York[i], sobre el por ahora malogrado tratado, que los demócratas no querían indisponerse ni con las grandes empresas, ni con los trabajadores.

 

Alegaba, con propiedad, que el haber paralizado este Tratado, enmascara profundas divisiones en estas cuestiones, algo que irá a complicarse, como dijéramos, tanto con Panamá cuanto más aun con Corea del Sur, sin dejar de percibir, ya a mayor distancia, pero presente en el mediano horizonte, del debate que, en y sobre el NAFTA, tendrá lugar ni no en ésta, seguramente en la próxima administración estadounidense.

 

Citaba, también, el periodista Carl Hulse, una seca y contundente frase de la señora Nancy Pelosi, Presidenta de la Cámara de Representantes: “Si vamos a ser exitosos en la tramitación de un acuerdo comercial, debemos decirle primeramente al pueblo norteamericano que tenemos una agenda económica positiva.”[ii]

 

Con lo cual, tenemos ante nosotros un escenario primero y brutal de la realidad del mundo capitalista actual: el Norte ya no puede enmascarar por más tiempo que existe una crisis sistémica que lo tiene como epicentro de sus males, en tanto en el Sur, comienza a percibirse la fuerza de una realidad creciente: su mejora estructural y su condicionalidad (Sur-Sur) en la nueva etapa capitalista: el corrimiento paulatino pero severo y constante del eje donde se determinan y sustancian los cambios cualitativos positivos.

 

En tanto esta nota busca ser, apenas, un alerta y una toma de conciencia de cuestiones como las hasta aquí expuestas, dejaremos para mejor instancias el ampliar la fase capitalista que tiene en la horizontal Sur-Sur, su nuevo o renovado modo de progreso.

 

Queremos compartir una reflexión más, esta vez desde Lima, Perú, del periodista Mirko Lauer, en su columna del pasado 13 de abril, en el periódico La República.


Dice Lauer, en un pasaje de la misma y respecto a la bondad del crecimiento peruano, acotando nosotros que el Perú llevó a buen término un TLC con los EUA: “
Alan García acaba de lanzar una de esas rotundas frases presidenciales que solo él y Fernando Belaunde han sabido tornear: El modelo peruano de crecimiento. Debemos suponer que se alude a la manera como ha venido creciendo el Perú, o más bien su economía de los negocios privados. Es verdad, en dicho aspecto hemos crecido mucho.

 

¿Pero qué es lo modélico en el asunto? Si se alude a que hemos crecido a partir de conductas distintas de las de los demás países, entonces tendríamos que buscar aquello que tienen en común los gobiernos de Alberto Fujimori, Alejandro Toledo y Alan García, quienes comparten el honor del gran crecimiento peruano.”


Es decir, Lauer se cuestiona de qué grado y para quiénes valen y alcanzan las bondades de lo hasta ahora actuado y demostrado, agregando lo siguiente: “En lo económico el parecido es fácil de hallar: tres gobiernos después aún somos lo que alguna vez alguien llamó "la Albania del capitalismo" (aludiendo a la de Enver Hoxha). Un clima top para las inversiones, pocas nueces para los trabajadores y una globalización bajo administración de las transnacionales.” Y continúa en una nota que, como las dos anteriormente citadas, merece ser leída íntegramente y que, a tales efectos, podrán hallar y acceder sin problema alguno a la totalidad de las mismas, vía Internet.

 

Por último, vale el recordar no sólo nosotros, usted y yo y el otro incluidos, sino también aquellos funcionarios que con tanto celo van hacia la Nueva Roma en busca de paraísos nunca previamente definidos, con rótulos dan faltos de erotismo como el renombrado TLC o el TIFA (que suena no poco a malos vientos, por aquello del “tufo”), etcétera, pueden ser lo que muchos pensamos que son: meros espejos que mueve, luego manipula, el mago del Norte, en busca de que los pequeños seres que desde el sur, corren en puntas de pie hacia el arrobador murmullo de su canto.

 

Lo peor es que mientras tales funcionarios, importantes, doctos, serios y atildados, viajan (y se pierden) por aquellos lugares, en lugar de visitar para acordar, lugares más próximos, geohistóricamente (lo que es casi lo mismo que decir, geoeconómicamente).

Lugares, entonces, en los que es dable lograr, mancomunada y progresivamente, mejores horizontes, para el hoy y más aun para el mañana de todos, y no tan sólo de grupúsculos de poder, clases dominantes criollas incluidas, junto con las camadas de parias que deambulan por el mundo sin un lugar que les sea propio.

 

Sería bueno hallar un nuevo final a la recurrente empequeñecedora de tantos gobiernos de pequeños, medianos y grandes países latinoamericanos  en los que desde hace más de cincuenta años,  no pocos funcionarios de sus gobiernos han ido y siguen yendo al Norte en busca de acuerdos como el que hoy narramos y al final, triste final con puntos suspensivos, lo único “rescatable” que queda, son los puestos que tales individuos luego que salen de lo público, “reciben” en lo privado e internacional, sin que en el camino haya quedado para sus pueblos una real –por mensurable y perdurable-, consecuencia en la mejora de sus economías productivas, con una redistribución social equitativa y no sesgada hacia el gran capital.

 

¡Qué bueno sería pensar que, en esta oportunidad, esos mismos funcionarios, u otros que sus jefes decidan colocar en igual función, determinen hacer lo que es obvio, digno y perdurable!: negociar donde se debe, con quien se debe y para lo que se debe: la mejora de sus pueblos.

 

Para esto, ciertamente, siempre habrá tiempo y lugar. El tiempo, el de la oportunidad que toda vida digna sabe hallar; el lugar: el Sur. Y para con el Sur, primeramente.

 

Que prospere, pues, el diálogo Sur-Sur, sin excluir otras zonas pero dando prioridad, evidentemente, a la horizontalidad de una geohistoria que va encontrando, en el hoy activo, el momento de ser redimida.

 

[i] Hulse, Carl, “Democrats Stall Trade Pact With Colombia, The New York Times, 10 de abril de 2008.

[ii] “If we are going to be successful in passing a trade agreement, we have to first tell the American people that we have a positive economic agenda”, Ms. Pelosi said.” Idem.

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