Las condiciones están dadas para
la revolución de los hambrientos
por Jorge García Alberti

En este año 2008, la historia registrará el récord en la producción de trigo a nivel mundial pero también quedará marcado por el comienzo del levantamiento de los miles de millones de personas que pasan hambre en el mundo.

 

Antes de, literalmente, morir de hambre millones de personas habrán de pelear. Para vergüenza de los seres humanos, el riesgo de la hambruna generalizada ya alcanza a 37 países y, pese a que se trata de silenciar los hechos, la revuelta ha comenzado, al mismo tiempo, en zonas tan distantes como Haití, Filipinas o Yemen. En este último caso, el costo de los productos básicos aumentó 156% en un año.

 

La perfecta combinación de factores ha desencadenado una situación que llegó para quedarse y hará cimbrar los cimientos de la civilización en los próximos años.

 

Hemos llegado hasta aquí por las enormes desigualdades en la distribución de la riqueza a nivel mundial, en especial en lo que hace a la producción de alimentos. Se produce lo suficiente para alimentar a toda la población del orbe pero el destino de los bienes sigue concentrado en una ínfima minoría.

 

Esta situación límite quedó determinada en buena medida por la fuerte especulación que se está produciendo en el mercado internacional de granos. Los grandes capitales han visto que ante el alza del petróleo y la caída del dólar el refugio para no perder dinero era la compra a futuro de los llamados “comodities”, ( productos básicos de la producción). La baja en las reservas mundiales de alimentos ha contribuido para que esto ocurriera. Así, se ha visto como en un año se ha duplicado el precio internacional del arroz o del trigo y el maíz se cotiza un tercio por encima de lo que lo hacía  el año pasado.

 

Si ha ello se suma la creciente demanda de los países emergentes, mejorando el consumo de alimentos de su población y, por otro lado, el aumento de los precios de los fletes, ante el alza de los precios del petróleo, la ecuación cierra perfecta: los que ya pasaban hambre, van a empeorar su situación y los que estaban en la mitad de la tabla van a descender de categoría.

 

El cambio climático, contribuyendo con enormes sequías o fuertes inundaciones en zonas de producción, permitiendo que se  pierdan cosechas enteras, también ha aportado lo suyo al caldo de cultivo que está servido.  En menor medida, aunque también se ha puesto en discusión, está la decisión de algunos países de fomentar la generación de energía a partir de la producción agropecuaria.

 

El presidente de Brasil, Luis Inacio “Lula” Da Silva, ha descartado que éste sea el factor principal que genera la actual coyuntura.

No hay solución aparente a este dilema. El libre mercado no lo puede solucionar, al contrario, si no se adoptan medidas que regulen el tema, el mundo ingresará en una fase de inestabilidad social y revolucionaria perfectamente comprensible. Antes de morir de hambre los seres humanos afectados pelearán contra quien sea porque, en realidad, la muerte ya es segura y peleando quizá surja alguna posibilidad de salvación.

 

El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, ha lanzado una alerta al mundo para conseguir fondos adicionales que eviten una catástrofe aún mayor. Parece que estuviera hablando a una comunidad de sordos, nadie atiende lo que dice.

 

La humanidad se encuentra parada en el cruce de caminos. No parece viable que se pueda continuar por la misma senda que veníamos.

 

La mayoría de los países de América Latina, principales abastecedores de alimentos del mundo, están en la lista crítica y sus sociedades comienzan a exigir justicia. Haití ha dado el puntapié inicial de algo que se tornará imparable en muy poco tiempo.

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