|
Los dictámenes de la SCJ
y el proyecto progresista
por Héctor Acosta García
La
Suprema Corte de Justicia acaba de emitir dos fallos
referidos a la inconstitucionalidad del IRPF sobre
las jubilaciones, ambos resueltos en decisión
dividida de sus miembros (3 a 2) a favor de los
recurrentes: cinco jubiladas bancarias, el primero
de ellos, y mil doscientos jubilados militares el
segundo.
A partir de estas
sentencias la euforia se ha desatado en tiendas de
la oposición, que entre abrazos y besos reclama lisa
y llanamente la derogación del impuesto y amenaza
con interpelar al Ministro de Economía por el tema.
Desde el terreno de
la sociedad, se levantan voces de asociaciones de
jubilados en el mismo sentido, algunos sectores de
trabajadores afectados por el impuesto se aprestan a
definir acciones contra el mismo y el nerviosismo y
la ansiedad toma cuerpo en el seno de la izquierda
política.
Los dictámenes de
la Suprema Corte.
En primer lugar,
los dictámenes de la S.C.J. refieren a cada caso
puntual y su sentencia es determinante sólo para los
involucrados en la misma. Cabe tener en cuenta,
asimismo, que la intervención de la S.C.J. requiere
la actitud voluntaria del ciudadano que inicia el
proceso al presentar un recurso. Sería una
tergiversación del Estado de Derecho promover que
una sentencia que responde a la acción voluntaria de
1.205 personas, pueda imponerse a la acción
voluntaria de otros 90 mil ciudadanos que hemos
resuelto no interponer ningún tipo de acción.
En segundo lugar,
el fallo de la S.C.J. no es absoluto, en tanto
responde a la correlación de opiniones de sus
miembros para la específica coyuntura en que emite
el juicio, correlación que puede variar en la medida
que sus miembros también cesan en sus funciones y la
integración de la Corte varía.
En tercer lugar, la
Suprema Corte de Justicia es en realidad la Suprema
Corte de Derecho, en tanto lauda sobre esta materia:
hasta donde un asunto se ajusta al marco legal
establecido. Si bien Derecho y Justicia transitan
andariveles semejantes, no necesariamente reflejan
un idéntico sentir sobre un determinado asunto. Las
leyes, como a todos nos consta, son la expresión de
la correlación de fuerzas existente en el cuerpo
político, en el momento preciso de su votación. Por
lo que podrán ser buenas o malas, justas o injustas.
Y finalmente, la
Suprema Corte de Justicia no lauda ni establece
conductas a seguir. Es la conciencia de cada
individuo que lo hace, en función de una escala de
valores, de prioridades, de intereses y de
compromisos personales.
Resulta, por tanto,
de una soberbia superlativa cuando no un intento
por suplantar el derecho de cada individuo a la
libre expresión de sus ideas y a su libre
determinación el papel asumido por quienes
pretenden arrogarse la representación y
representatividad de todo un sector social, sin
elemento objetivo ni hecho alguno que así lo
determine o justifique.
Tal es la
tergiversación que esta actitud promueve, que
quienes haciendo uso del derecho de opción que la
Constitución también nos garantiza hemos resuelto
NO iniciar ninguna acción legal, ni presentar
recurso alguno ante la SCJ, deberíamos salir ahora a
ratificar explícita y públicamente nuestra decisión,
so pena de estar avalando con nuestro silencio la
representatividad pretendida por estos personajes en
el asunto.
El eje de la
discusión
Pero plantearse el
debate del tema exclusivamente en el terreno
jurídico o de los alcances del dictamen de la Corte,
refleja un análisis acotado de la situación que no
tiene en cuenta la trascendencia política que el
tema conlleva.
Porque la aparición
de la S.C.J. en el asunto, forma parte de una
estrategia deliberada que traslada un debate
eminentemente político - como es el de la Reforma
Tributaria - hacia el terreno del Poder Judicial,
que es donde la derecha mejor se mueve y donde
conserva aún una cuota importantísima de poder.
Los recursos
presentados contra el IRPF sobre las jubilaciones y
los dictámenes de la S.C.J. están teñidos de
intencionalidad y connotaciones políticas; responden
a un plan meticulosamente estudiado, programado y
llevado a la práctica: desde la elección de los
actores, la medición de los plazos de acción de la
Corte, la presión de Sanguinetti sobre ésta, la
filtración de la votación, el efecto sobre el
conjunto de los jubilados, etc.
En su discurso del
pasado 26 de marzo la compañera Liliam Kechichián ya
alertaba sobre esta situación:
La pulseada de la
historia ubica hoy al Frente Amplio como la primera
y mayoritaria fuerza política del país.
El compañero Dr.
Tabaré Vázquez - como Presidente de todos los
orientales - ha puesto a andar el programa de
transformaciones estructurales, profundas,
imprescindibles para la construcción del Nuevo
Uruguay de la justicia social y el bienestar
colectivo, comprometido ante la ciudadanía.
Las fuerzas del
statu-quo conservador, por su parte, derrotadas en
las elecciones nacionales del 2004, sienten que la
estructura social de privilegios, construida de
acuerdo a sus exclusivos intereses y necesidades, y
disfrutada durante todo el transcurso de la vida
institucional del país, cruje, se tambalea, amenaza
con derrumbarse.
Saben asimismo que
un nuevo triunfo electoral del Frente Amplio en las
próximas elecciones del 2009 hará definitivamente
irreversible el proceso de cambio puesto en marcha
por la actual administración.
¡Y se reagrupan!
¡Cierran filas! ¡Procuran alianzas! ¡Dan batalla!
Es en esta
coyuntura política que debe ubicarse el tema de los
recursos y los laudos de la S.C.J. acerca del IRPF.
Es en este cuadro dibujado con precisión por la
compañera que debemos analizarlo.
Saben que su
suerte depende de recobrar la iniciativa política,
hoy en manos del gobierno, y de poner a éste a la
defensiva.
Saben que deben
presentarse vestidas de un proyecto alternativo que
confronte con el proyecto progresista. Pero no
existe otro proyecto progresista por fuera del que
el gobierno nacional está llevando adelante.
Saben que la
fortaleza del Frente Amplio reside en su espíritu,
en su mística, en el esfuerzo que transpiran sus
militantes defendiendo el proyecto, en el orgullo
que los envuelve contemplando el tremolar de su
bandera, en la tradición artiguista que ella
conlleva.
La oligarquía
blanca y colorada como solía decir el Cro.
Seregni sabe de esta relación de amor entre el
Frente Amplio y la gente. ¡Y le teme!
¡Sabe que sus posibilidades de éxito dependen de
quebrar esta alianza!,
alertaba la compañera.
¡Y sabe también que
el conservadurismo no es una expresión
exclusivamente suya! Sabe que las reformas
estructurales puestas en funcionamiento por el
gobierno que amenazan con destruir toda su
estructura de poder también han generado
contradicciones entre los propios frenteamplistas.
Porque la defensa
de lo preestablecido forma parte de la condición
humana, atraviesa horizontalmente todos los sectores
y capas de la sociedad, y determina que el progreso
no se imponga sin esfuerzo.
¡Y es sobre esa
grieta, que lanza todo el peso de su artillería!
Es en este plano
ideológico, que debe enfocarse el tema: en la
confrontación de dos modelos opuestos de sociedad y
el conflicto de intereses que ello plantea.
El embate sobre el
IRPF brinda a las fuerzas del statu quo las
posibilidades de incidir sobre los tres aspectos
esenciales definidos para frenar el proceso
transformador del gobierno del FA:
·
Recobra la iniciativa política.
Acorrala al gobierno, lo presiona para que retroceda
e intenta infligirle una derrota política;
·
Aparece liderando un movimiento
opositor que, si bien no alcanza a representar
ningún proyecto alternativo, coincide en el rechazo
al IRPF y a la Reforma Tributaria, estandartes del
proyecto progresista en marcha.
·
Consigue por fin erosionar, esa
alianza entre el Frente y la gente, específicamente
con los salarios dependientes activos y pasivos.
No comprender el
cambio cualitativo que implicaría la consolidación
de esta coyuntura en la inminencia del tiempo
electoral, determinaría poner en serio riesgo las
posibilidades de repetición del Frente Amplio en el
gobierno a partir del 2009 y la consiguiente
evolución y consolidación del proyecto progresista
de la justicia social y la solidaridad.
Porque lo que está
en litigio hoy, no es la legalidad o el alcance del
I.R.P.F. Lo que está hoy en disputa, ¡lo que
continúa estando en disputa hoy!, es el modelo de
sociedad en que queremos convivir los uruguayos.
Una
respuesta política
¡A toda acción
política, corresponde una respuesta política!
En esta instancia,
una respuesta política activa, participativa,
determinante. Porque hay que entender que también la
inacción, el silencio y el balconeo son formas de
acción política.
¡Pero no son las
nuestras! No son las que se corresponden con la
práctica histórica de esta fuerza política.
Hoy se trata de
ayudar a dotar al gobierno nacional de una posición
de fuerza que le permita retomar la iniciativa
política y la toma de decisiones que entienda
necesarias para solucionar el tema, sin que le
generen el costo de una derrota. ¡No podemos dejar
al gobierno solo enfrentando esta embestida!
Debemos contribuir
a liquidar el tema, ¡todos!, a sacarlo de la agenda,
para permitir la evolución positiva del programa de
reformas.
Debemos reconstruir
rápidamente nuestro vínculo con los sectores
populares.
Que los militares
del proceso accionen contra el proyecto popular,
está dentro de lo esperado y previsible. Es
coherente con su impronta.
Que cinco
ciudadanas jubiladas bancarias asuman igual actitud,
es también justificable si tenemos en cuenta que
responden al sector político del diputado
nacionalista de Rocha.
Lo que no es de
recibo es que quienes nos hemos formado y crecido
embebidos en la filosofía artiguista de que los más
infelices sean los más privilegiados; quienes hemos
alimentado nuestro espíritu y nuestra conciencia en
la doctrina del esfuerzo, de nuestra vocación de
sacrificio, de nuestro compromiso, de fidelidad con
el proyecto, de defensa de una unidad que es la
síntesis de nuestras coincidencias y nuestras
diferencias, en nuestra solidaridad con los
compañeros, en nuestra generosidad, en nuestra
ausencia de vanidad y afán de protagonismo, en
nuestro respeto por todos y cada uno de los
compañeros, permanezcamos hoy estáticos,
dubitativos, sin respuesta ante lo que todos sabemos
que es el más fuerte embate de la derecha
conservadora sobre nuestro proyecto popular y
transformador.
¿Acaso no sabíamos
que las reformas impulsadas por el gobierno, por
nuestro gobierno progresista, también iban a tocar
el bolsillo de muchos de nosotros, de los que
estamos en mejor situación de contribuir al
bienestar colectivo?
¿Eso determina
acaso que ellos y nosotros, los conservadores por
convicción y nosotros tengamos los mismos intereses
y comulguemos de la misma hostia?
Ellos pretenden
conservar una condición de casta, una
exclusividad en el ejercicio y control del poder que
sienten les pertenece por derecho, porque deviene de
la carga genética de sus apellidos; poder que se
plasma en el monopolio del aparato productivo y
financiero del país.
Nosotros apenas
padecemos la tentación de defender un egoísmo propio
de nuestras miserias humanas, de nuestras
debilidades y temores, expresado en privilegios
corporativos que, con vergüenza asumimos, aún nos
seducen, cual el anillo maldito del libro. ¿Eso nos
hace iguales?
¡¿Qué puede haber
de común en esos intereses?!
Personalmente,
ninguno de los que se arrogan la potestad de
interpretar el sentir y representar el derecho de
los jubilados en este tema, me representa: ni
expresa, ni implícita, ni tangencial, ni solidaria,
ni legal, ni política, ni sindical, ni espiritual,
ni éticamente.
Porque esta reforma
tributaria que hoy ataca el modelo conservador, es
la que contempla los reclamos de más de cuarenta
años del movimiento sindical, la que estaba
delineada en el Congreso del Pueblo, en los
documentos de la CIDE, en los compromisos de la
CONAPRO, en las proclamas del movimiento sindical y
la que el pueblo uruguayo votó mayoritariamente en
las pasadas elecciones del 2004.
Como definió un
queridísimo compañero de Maldonado, es un orgullo
formar parte de este proceso de cambio. Porque es lo
que hemos soñado desde siempre; por lo que hemos
luchado y para lo que nos hemos preparado
intelectual y espiritualmente.
¡Somos
oficialistas!, ¡convencidos!, ¡practicantes!,
¡conscientes!, ¡orgullosos!
¡Y lo demostramos!
Y por eso
exhortamos a redoblar esfuerzos, a rodear con
fuerza, con calor, con afecto, a Tabaré, a
expresarle nuestro apoyo y a manifestarnos pública y
valientemente a favor del proceso de
transformaciones que estamos llevando adelante.
LA
ONDA®
DIGITAL |