Brasil y el sistema-mundo: la era de Lula
La región, el eje y su centro (I)
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

“Brasil es un país importante en el sistema-mundo.

su gran extensión y su numerosa población,

su papel como líder en América Latina,

 su fuerza como Estado semiperiférico,

todo ello implica que lo que ocurre en Brasil

tiene grandes consecuencias  en el ámbito geopolítico

y en la estructura de la economía-mundo.”

            Immanuel Wallerstein

 

Introducción

El geógrafo francés Étienne Juillard nos recuerda que al tratar sobre lo que una región es, debemos buscar no sólo explicar su significado sino también comprender la lógica interna de un fragmento de la corteza terrestre habitada en mayor o menor medida por humanos.

 

Y es que al considerar este asunto debemos hacerlo desde diversos conceptos como por ejemplo el espacio, precisándolo de modo de evitar visiones totalmente contrapuestas como, por citar un ejemplo, la de un economista y la de un geógrafo

 

En este sentido, el propio Juillard afirmaba lo siguiente: “el economista se dedica a «deslocalizar» a los hombres, las cosas, las actividades, expresando las distancias físicas en precio y en tiempo”-, hace la especial distinción que: “el geógrafo estudia la organización de un espacio diferenciado, individualizado (…)”[i].

 

“Por consiguiente”, agrega el geógrafo francés, “existen dos principios de unidad regional. Uno se basa en un criterio de uniformidad, es el paisaje; el otro en un criterio de cohesión, en la acción coordinada de un centro. Los territorios individualizados de esta segunda forma se caracterizan menos por su fisonomía que por su función.” Unidad y cohesión, desde una espacialidad que, además, comprenda el entramado de las diversas disciplinas que comprenden las ciencias humanas.

 

Por ello, en vez de lo geográfico consideramos lo geohistórico, logrando un gran angular, resultado de la dinámica espacio-temporal (o sea, geográfica e histórica) en donde estos factores permeados, como dijéramos, por el entramado de las ciencias humanas, nos permitirán enmarcar y adentrarnos en un camino que nos conducirá, ahora sí, a una explicación y comprensión del mundo y sus diversas circunstancias de vida.

 

Coordenadas geohistóricas, pues, comprendidas en el vasto mundo y desde la larga duración, en sus diferentes ciclos y tiempos, como así lo expresaran y teorizaran los grandes maestros de la Geohistoria, los franceses Marc Bloch y ciertamente Fernand Braudel, para citar algunos de sus mayores exponentes.

 

Asimismo, para llegar al sistema-mundo y sus fluctuaciones, lo hacemos de la mano de un discípulo del propio Braudel y colega del citado Wallerstein: nos referimos al italiano Giovanni Arrighi, desde su obra “El largo siglo XX.

                       

Vayamos al texto.

Dice Arrighi al hablar de la síntesis retrospectiva y la proyección prospectiva, en relación al esquema temporal por él tratado al incursionar en un ciclo sistémico de acumulación: “La principal característica del perfil temporal del capitalismo histórico bosquejado en este estudio es la estructura similar que presentan todos los siglos largos. Todos ellos constan de tres segmentos o períodos distintos: (1) un primer período de expansión financiera (que se extiende de Sn-1 a Tn-1), a lo largo del cual el nuevo régimen de acumulación se desarrolla en el interior del viejo, siendo su desarrollo un aspecto integral de la expansión global y de las contradicciones de este último; (2) un período de consolidación y posterior desarrollo del nuevo régimen de acumulación (que abarca de Tn-1 a Sn), durante el cual sus agencias líderes promueven, controlan y se aprovechan de la expansión material de la economía-mundo en su conjunto; (3) un segundo período de expansión financiera (que va de Sn a Tn), en el curso del cual las contradicciones del régimen de acumulación totalmente desarrollado crean el espacio para la emergencia de regímenes competitivos y alternativos que agravan esas contradicciones; uno de éstos se convertirá finalmente (es decir, en el momento Tn), en el nuevo régimen dominante”[ii].

 

Pues bien, de eso se trata; no de jugar a las adivinanzas sino de hacer jugar nuestra corresponsabilidad en los asuntos del mundo al ser, como somos, ciudadanos del mismo.

 

Y lo somos desde nuestra propia circunstancia específica, o sea la nacional -en mi caso el Uruguay-, y en una visión geohistórica y de mayor abarcación, por tanto, la regional -en nuestro caso la América del Sur-.

 

Brasil y el sistema-mundo

El sociólogo estadounidense Immanuel Wallerstein, redactó un ensayo homónimo al título de esta serie, a pocos meses de haber comenzado el primer gobierno del Presidente del Brasil, el señor Luiz Inácio Lula da Silva, y cuyas dos primeras frases he colocado a modo de epígrafe.

 

En este sentido, siempre me llamó la atención que tras las citadas dos primeras frases, en lugar de seguirle una reflexión profunda -sin que por ello debiera o no tomar en su hora, posición a favor o en contra-, apenas le sigue una suerte de presentación periodística de las potencialidades, negativas y positivas, que en aquel entonces era dable asignar al mandatario brasileño.

 

Sigamos con la presentación de nuestro trabajo.

 

Se ha corrido; perdón: se está corriendo el eje del mundo. El corrimiento va del centro a la periferia. Hoy, ciertamente, y mañana –en un mañana que podemos ponderar en decenios- las cuestiones vitales al movimiento socioeconómico de pueblos y regiones, va dejando paso a la vertical Norte-Sur para asumir el intenso, crecientemente, el flujo dinámico de la horizontal Sur-Sur.

 

Los factores principales del actual cambio mundial

Convengamos en que, geohistóricamente, nada o muy poco es lo que ocurre por mero azar y los cambios que hoy percibimos con nitidez creciente, en realidad comenzaron a forjarse hace no menos de veinte años, al menos para algunos de los factores que a continuación expondremos y en otros en períodos ciertamente mucho más largos.

 

Son cinco los factores que así entiendo del caso destacar:

 

1 – el aumento del consumo en países tales como China, la India e incluso el Brasil, entre otras naciones del llamado Tercer Mundo;

 

2- el aumento sostenido del precio del petróleo y de los fertilizantes;

 

3- el cambio climático, con sus secuelas distorsivas en los procesos de germinación y cosecha de productos alimenticios básicos a nivel mundial;

 

4- la crisis financiera y económica de los E.U.A. que tiende a expandirse a Europa y así derramarse, en diversas medidas, al resto del mundo, y

 

5- la grosera distorsión de los subsidios norteamericanos y europeos a productos básicos y con ello el encarecimiento de fuentes principales en el alimento de las gentes en el mundo entero. Distorsión que, en el caso norteamericano, se agudiza aun más al haber desatado un encarecimiento significativo en el valor del maíz, a resultas de su pretendido intento de producir etanol, a base de maíz. Producción ésta que se realiza a  un costo elevadísimo, además, lo que en su momento merecerá de nuestra parte un detallado tratamiento.

 

En todos estos factores la mayor cuota de responsabilidad les cabe, ciertamente, tanto a los EUA como así también a la U.E.

 

Ahora bien, siendo los principales responsables de las distorsiones aquí apuntadas buscan, en distintos modos y grados, transferir dicha responsabilidad a terceros que resultan ser, como en el caso del Brasil, posibles, y hasta probables, futuros actores protagónicos en las determinaciones del mundo. Con ello, no sólo atacan sino que procuran rebajar, en el sentido de quitar horizonte, a las características salientes de sus adversarios que los hacen potencialmente peligrosos a su hegemonía.

 

Tal es, por ejemplo, el caso del Brasil, al que, por citar sólo dos, procuran tomar y/o limitar dos de sus varias potencialidades: la Amazonia y el Etanol de caña de azúcar. Una para “protegerla”, ocupándola, y el otro para dinamitarlo como commodity y así buscar morigerar la estratégica preponderancia que, en lo energético, tiene y tendrá aun más el Brasil en el concierto mundial.

 

Y así, por extensión, la América del Sur, como su circunstancia es objeto de codicia y, consiguientemente, objetivo de conquista.

 

Y hacia aquí vamos, a nuestra circunstancia.

A modo de cierre de esta primera reflexión quiero destacar el espíritu que anima el presente trabajo.

 

Se trata, y así busco sea interpretado, antes que de una postura ideológica, de un análisis que parte de lo geohistórico para adentrarse, en un segundo círculo de visión, geopolíticamente y con ello formular o cuestionar aspectos que hacen a la geoestrategia de tal postura.

 

De tal modo, lo que se procura es lograr una mirada pragmática de quienes tenemos en nuestra circunstancia de vida, la regional, el motivo que anima el horizonte de nuestras aspiraciones.

 

Sólo así, creo entrever, yendo a los límites de nuestra circunstancia regional, la sudamericana, podremos volver a la propia circunstancia de vida cotidiana de cada uno de nosotros, en mi caso, el Uruguay y desde nuestro lugar avanzar en círculos hacia el mundo, determinada y mancomunadamente las naciones y sus pueblos, los sudamericanos como un todo.

 

Finalmente, si dirigimos nuestra mirada al mapa político de América del Sur, sólo con las capitales de sus países, nos encontramos con varias opciones de trazado en segmentos y en ejes.

 

Hoy y aquí, formularé la siguiente opción:

 

Tiene la región toda, tenemos todos, un eje como el de Buenos Aires / Brasilia, que por su propio peso específico, tanto en lo geopolítico como en una de sus derivaciones: lo geoeconómico, ocupa el centro neurálgico de la región.

 

Asimismo, tanto la región tiene su eje, Buenos Aires / Brasilia, como ésta tiene un centro que es el Brasil, en la preeminencia, tan inocultable como creciente es su importancia en el vasto mundo.

 

Va de suyo, y conviene sea aquí expresado, que no hay, ni pretende haberla, una subordinación fáctica a esta nación sino tan sólo, y nada menos, que el destacar, pragmática y estratégicamente, dónde creemos que debemos confluir en estrategias y tácticas los actores nacionales de la región.

 

Y así, juntos poder conformar horizontes y estadios de realización para la vastedad de nuestras gentes, y sus pueblos, con miras a lograr, entre todos, mejores niveles de vida digna para nuestras gentes, manteniendo al mismo tiempo la identidad, el crisol de identidades que tan trascendente es para la vida digna y con sentido de un sudamericano: su historia, sus diversidades, su manera de mirar el horizonte y al que vendrá.

 

La lucha está dada. La suerte estará en quien se atreva a pensar por sí mismo que, geohistóricamente, es pensar desde el suelo sudamericano para con el ancho mundo en una mirada que abarque, estratégicamente, un Sur para con el complementario Sur y luego sí, el mundo todo.

 

Esto apenas ha comenzado.

 

[i] Juillard, Etienne, “La región: ensayo de definición”, El Pensamiento Geográfico, Alianza Editores, Madrid, año 1994, páginas 289-302.

[ii] Arrighi, Giovanni, “El largo siglo XX”, Akal Ediciones, Madrid, año 1999, pág. 257.

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