1968: el año que
cambió el mundo
por Josep Massot

A cuarenta años del Mayo del 68, en Europa y en diversos países del mundo se analizan aquellos acontecimientos. Ex protagonistas, académicos, periodistas, sociólogos e historiadores reflexionan sobre qué pasó con aquellos acontecimientos que tenían como protagonistas emergentes a los jóvenes de todo el mundo, con reivindicaciones diversas y no siempre comunes. Como se ha indicado;  “el único movimiento estudiantil en el mundo que terminó en una matanza fue el de la Plaza de Tlatelolco- México, en 1968. Lo que sigue es lo que reflexiona sobre aquel año paradigmático Josep Massot para el diario español La Vanguardia

 

Hay veces que uno sí puede realmente cambiar el mundo. Y ese año fue 1968, cuando en Berlín, Tokio, Varsovia, Roma, Praga o México los jóvenes decidieron tomar la palabra en primera persona y enterrar las anticuadas estructuras autoritarias. En París, el mayo francés fue una revuelta llena de contradicciones: las costuras de una sociedad patriarcal no bastaban ya para contener los deseos de libertad individual, pero la demanda se hacía bajo banderas totalitarias. ¡Sartre utilizando para batir a De Gaulle el retrato de un tirano como Mao! "No fue casualidad - dice el filósofo Josep Maria Ruiz Simón- que la represión policial fuera el desencadenante inmediato de Mayo del 68. Se podría explicar a la manera de Lakoff, diciendo que si los ciudadanos piensan en su nación según la metáfora de la familia, los rebeldes del 68 reaccionaban contra un Estado, el cabeza del cual, De Gaulle, representaba la quintaesencia del padre estricto y autoritario que la mayor parte de los estudiantes tenían también en casa. Aquella era una época en que las patrias tenían padres y en la que a los empresarios se les llamaba patrones. No se trataba sólo de cambiar el Estado y el modelo de ciudadanía: había que redefinir las relaciones sexuales, laborales, liberarse del ejercicio autoritario del poder en todos los ámbitos".

 

El modelo de aquel capitalismo tenía como principios para tratar al disidente la represión, la integración y la racionalización de la vida. Ahora es un capitalismo abierto, una sociedad red, flexible, que asume todas las formas de disidencia. Xavier Rubert de Ventós cree que Mayo del 68 "fue una forma de solidaridad en el optimismo", enmarcada en la transición de un modelo capitalista al actual. También opina así Josep Ramoneda: "Mayo del 68 fue el inicio de la transición al capitalismo neoliberal. Los sistemas autoritarios en los ámbitos político y social bloqueaban el desarrollo de la sociedad de la inseguridad y de la información, y había que romper tales corsés".

 

Sarkozy en su famoso discurso de Bercy quiso culpar al sesentayochismo de todos los males de hoy: "Mayo del 68 nos ha impuesto el relativismo intelectual y moral... ha introducido el cinismo en la sociedad y la política". Sarkozy no sólo los responsabiliza de suprimir la jerarquía maestro-alumno en la escuela (crítica compartida en todo el espectro político), sino de preparar el terreno al "capitalismo sin escrúpulos ni ética". André Glucksmann, que vivió el mayo francés y apoyó a Sarkozy, se ha visto obligado a desmentir a su candidato con un libro, Mayo del 68 explicado a Sarkozy (L´arquer/ Taurus), escrito con su hijo. Mayo del 68 "fueron algunas conquistas sociales. Pero, sobre todo, anunció el desbloqueo de la sociedad francesa (...). Lo mejor fue la emergencia de un espíritu antitotalitario, la contestación del comunismo y los crápulas estalinistas (...). El mejor heredero político de la franqueza brutal de Mayo del 68 eres tú, Nicolas Sarkozy".

 

Rubert de Ventós cree que los sucesos de Mayo del 68 "cogieron a los intelectuales de espaldas. Al igual que la caída del muro de Berlín. Sartre creía que el marxismo iba a durar veinte siglos. Tenía razón Hegel al decir que el pensamiento surge de noche, la filosofía es una lechuza que abre las alas de noche: interpreta lo que ha sucedido. Aquello fue un conflicto de edad, entre jóvenes y viejos. Como ahora, a los viejos, qué les importa el futuro del planeta. ¿Por qué hoy los jóvenes son conformistas? Antes, todos tenían un trabajo asegurado; ahora no, es un mundo de incertidumbres".

 

Para Ramoneda, en el 68 las referencias eran Marx, Nietzsche y Freud, y "ahora los valores dominantes son el económico y la seguridad como horizontes absolutos. Hay que recuperar otros paradigmas, como el reconocimiento de la autonomía completa del individuo".

 

José Luis Pardo propone la actualidad según tres grafitis: "´Lo personal es político´: quienes enarbolaban esta consigna - comenta- pretendían haber descubierto un nuevo campo de lucha política diferente del Estado y sus poderes tradicionales (incluida la prensa), el campo de la micropolítica, que contenía una variedad de relaciones que hasta entonces se habían considerado como privadas: relaciones sexuales, laborales, lingüísticas, comunitarias, profesionales... Hoy, la situación parece haberse invertido: son los poderes políticos convencionales (ejecutivo, legislativo, judicial, opinión pública) los que parecen haberse reducido a la micropolítica de la sociedad civil, y no es exagerado decir que ahora lo político es personal."

 

"´Bajo los adoquines, la playa´: era - dice Pardo- la idea del paraíso al alcance de la mano, Paradise now. Ahora no sólo ocurre que los adoquines han llegado a todas las playas, sino que, vía cambio climático y calentamiento global, el mito vigente es el del infierno a la vuelta de la esquina. La playa, lugar de las vacaciones y del sol frente al frío y monótono asfalto laboral, ha sido sustituida por el sofocante avance del desierto que invade las ciudades: la playa corroe los adoquines".

 

"´La imaginación al poder`. Abajo el trabajo, etcétera: el trabajo - afirma Pardo- significaba aún en el 68 la odiosa jornada laboral, el odioso salario fijo mensual, la esclavitud interminable que recorre toda la longitud de la vida. Nuestro mundo actual es en esto sesentayochista: ese trabajo se ha venido abajo, pero no en beneficio de un ocio creativo emancipado de la actividad económica, sino de una difuminación de las fronteras entre trabajo, ocio y desempleo, de una licuefacción de la jornada de trabajo que impregna las 24 horas del día y de una escurridiza modulación de los salarios que escapa de toda concreción jurídica. El poder se ha vuelto tan creativo e imaginativo, tan enemigo de la estabilidad y del largo plazo, que fluctúa como los tipos de cambio y los valores bursátiles, instaurando una clase de tiranía volátil y, por ello, difícil de combatir: la del corto plazo".

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital