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Los demócratas Clinton y Obama
dicen sí al
multilateralismo
por Michael Gerson / PD
En
su guerra total por el derecho a ser apodado
candidato de la paz, los demócratas Hillary Clinton
y Barack Obama proponen una mayor confianza en las
instituciones internacionales como alternativa al
unilateralismo y las "coaliciones de los dispuestos"
ad hoc. Clinton habla de una "preferencia por el
multilateralismo". Obama insta a "una diplomacia
norteamericana más decidida en Naciones Unidas".
Hasta el Republicano
John McCain refleja una versión tibia de esta
evaluación, invitando a una mayor consideración
hacia "la voluntad colectiva de nuestros aliados
democráticos".
El multilateralismo
se ha convertido en un refugio político para los
políticos que huyen del empleo de la fuerza de los
años Bush. Su promesa queda implícita: la próxima
vez que el uso de la fuerza llegue a ser inevitable,
los sacrificios serán ampliamente compartidos.
Pero un compromiso
vago con el multilateralismo eclipsa uno de los
desafíos más difíciles a los que se enfrentará el
próximo presidente: mientras que las instituciones
internacionales nunca han sido más necesarias,
raramente han sido menos eficaces. El Consejo de
Seguridad de la ONU -- donde Rusia y China han
emergido como protectores de confianza de los
opresores y los irresponsables -- ha hacho poco por
distinguirse en Kosovo, Ruanda, Darfur o Birmania. Y
los esfuerzos globales de no proliferación están a
punto de saltar en pedazos como una fragua de
cristal a cuenta de las ambiciones nucleares
iraníes.
Es fácil culpar a la
administración actual -- o a las administraciones
anteriores -- de carecer de la destreza diplomática
que de alguna manera transformaría a China o Irán en
buenos ciudadanos globales. Pero es probable que
muchos de los políticos de la próxima administración
sean notablemente similares. En materia de genocidio
o proliferación, Estados Unidos generalmente insta a
la comunidad internacional a ser más contundente y
responsable. La comunidad internacional generalmente
toma parte en solemnes debates al tiempo que evita
sanciones e incluso la amenaza de la fuerza. Los
regímenes genocidas y proliferadores en general se
saben el truco.
¿Qué podría hacer el
próximo presidente para hacer más creíbles las
respuestas internacionales a crímenes y amenazas?
Un enfoque consiste
en mejorar Naciones Unidas. Estados Unidos podría
intentar diluir la influencia china y rusa apoyando
la expansión del Consejo de Seguridad para incluir a
Japón, Alemania, la India y Brasil como miembros
permanentes. La composición actual, después de todo,
es una foto descolorida de la influencia global de
los años 40.
Abrir la cuestión del
ingreso, sin embargo, conduciría a que casi cada
nación con una bandera y un himno nacional plantease
"¿por qué yo no?".
Un Consejo de
Seguridad ampliado sería más incómodo en lugar de
más responsable. Y un esfuerzo paralelo por
actualizar el Consejo de Derechos Humanos de
Naciones Unidas ha resultado un desastre, con la
composición "reformada" aprobando más de una docena
de resoluciones contra Israel y negándose a
confrontar la opresión practicada por Cuba o
Bielorrusia.
Otro enfoque consiste
en complementar a Naciones Unidas con una
organización internacional más capaz y cohesionada
como la OTAN. Pero mientras que la OTAN colabora con
la logística en las operaciones de pacificación de
Darfur, es muy improbable que busque o acepte
mayores responsabilidades globales.
Estando en la Casa
Blanca, contemplé al Presidente Bush pedir a los
líderes de la OTAN que fueran al rescate de Darfur
solamente para encontrar su petición ignorada con
vehemencia. La OTAN parece completamente enfrascada
y completamente agotada a causa de sus esfuerzos
limitados en Afganistán. Los ejércitos europeos
están insuficientemente preparados de manera
dramática para aceptar misiones en lugares
distantes. Y muchos europeos parecen completamente
dispuestos a aceptar la ventaja sin consecuencias de
la protección norteamericana de la seguridad al
tiempo que contribuyen poco a la seguridad de los
demás.
Otra opción es
circunvalar a Naciones Unidas. "Podemos tener una
liga de democracias", argumenta McCain, "para
imponer sanciones y cortar en seco muchos de los
bienes y las ventajas que los iraníes están
recibiendo hoy de otras democracias. Creo que está
claro que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas
no actuará eficazmente, con Rusia y China
comportándose como lo que son". McCain está
proponiendo, esencialmente, crear una nueva OTAN que
funcione de verdad.
Pero una nueva
alianza global de 100 naciones democráticas (el
objetivo de McCain) que excluya a Rusia y China
naturalmente sería percibida con hostilidad abierta
por parte de ambos. Y es difícil imaginar a naciones
tímidas como Alemania o a muchas naciones del
Pacífico que viven a la alargada sombra de China,
ofendiendo a Rusia y China ingresando. Además, las
democracias también pueden ser cobardes e
irresponsables. Japón y la India, al tiempo que
persiguen el gas natural birmano, han hecho poco a
propósito de la opresión birmana. Suráfrica no ha
sido heroica en absoluto con Zimbabue.
De manera que ¿qué
opción realista tendrá el próximo presidente cuando
empiece el próximo genocidio o se presente la
próxima amenaza de proliferación? Probablemente una
coalición de los dispuestos, encabezada por América.
Es la paradoja de la influencia americana: en una
crisis, nuestra fuerza es irreemplazable -- y no hay
nada que queramos más que reemplazarla.
Publicado inicialmente en: The
Washington Post
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