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El asesino silencioso
por Jorge García Alberti
La
crisis alimentaría que está viviendo el planeta es
estructural y, según los expertos, dentro del
sistema actual todo permanecerá in cambiado hasta
por lo menos el año 2015.
Se llegó a este
punto, porque ya no hay reservas en los países para
atender la demanda de alimentos, especialmente
granos y oleaginosos.
Día a día crece el
descontento social y millones de personas ingresan a
la lista de los que padecen hambre o pasan a estar
sub alimentados. El punto es el aumento constante de
los precios de los productos básicos.
Y, como era de
esperar, el tema tuvo su momento de auge en la
prensa y ahora ha pasado a ser uno más. Ya nos
acostumbramos a que 50 países del mundo estén en
alerta roja y que hoy haya más hambre y más
hambrientos. Se calcula que la crisis actual hizo
ingresar a 100 millones más de personas que padecen
hambre.
Cabe recordar que en
el mundo actual, la mitad de la población vive con
un ingreso diario inferior a dos dólares y otros mi
millones de personas ingresan sólo un dólar al día.
Esto, en números globales, hace que 3500 millones de
personas vivan en situación de extrema precariedad.
Estas personas, gastan el 75% de su presupuesto en
alimentación. En los países ricos, ese porcentaje
llega solo al 15 %, por eso esta crisis por el
aumento de precios aún no ha tenido un alto impacto,
aunque ya se nota.
Que cada cinco
segundos se produzca la muerte de un niño menor de
diez años por hambre no hace reaccionar a casi
ninguna institución. Es una muerte silenciosa. Los
países ricos, la Iglesia y otras tantas
instituciones, siguen mirando para otro lado, pero
ya no basta con compadecerse .Hay que actuar para
evitar lo peor.
Todo parece que es
sólo una cuestión de tiempo. La rabia y la
impotencia y también la globalización hará crecer
protestas hasta el punto de ebullición y entonces sí
la prensa mundial se alarmará porque los hambrientos
tomaron la justicia por su propia mano.
En ese momento, se
van a contabilizar por miles los muertos y entonces
sí generará un gran escándalo. Nadie parece darse
cuenta que hoy el mundo está estimulando la
desesperación de millones para que eso ocurra. Ya
comenzaron los saqueos y los robos en los campos.
En Pakistán,
Tailandia y Filipinas, los militares han salido a la
calle para intentar dominar el caos. El arroz en
Asia cuesta tres veces más de lo valía hace tres
meses, el trigo tuvo un incremento de 130 %. En
México, el aceite pasó de costar 6,73 pesos en 2006
a 36,50 pesos en 2008 mientras el pan duplicó su
precio en el mismo período.
Lo curioso es que la
producción mundial de granos aumenta. Lo que sucede
es que millones de personas no pueden comprar los
productos. Se contradicen las leyes de la economía
que sostienen que a más producción menores precios.
Vemos entonces que se
introduce un factor adicional, la especulación.
Aunque los economistas sostienen que la demanda de
los países emergentes está entre los principales
factores de la actual crisis. A ello se agrega el
aumento en el costo de los insumos, con base en la
producción de petróleo.
No se debe descartar
el fomento en el uso de biocombustibles, entre los
factores que están incidiendo. La fuerte política de
subsidios que otorgan algunos gobiernos como los de
Estados Unidos o de países de la Unión Europea hace
que los agricultores pasen sus campos a la siembra
de granos para alimentar animales y vehículos.
Es curioso que la
población del mundo consuma menos de la mitad de los
granos que se cosechan. En ese marco, los países en
desarrollo han visto decrecer sus propias cosechas
y son importadores de los alimentos que consumen.
La situación se torna muy delicada y está a un paso
de ser explosiva.
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