Brasil y el sistema-mundo: la era de Lula
III – Actores y Autores:
Celso Luiz Nunes Amorim
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

(Primera parte)

Al dar inicio a su gran obra “El Moderno Sistema Mundial” el sociólogo norteamericano Immanuel Wallerstein plantea lo siguiente: “El cambio es eterno. Nada cambia jamás. Los dos tópicos son «ciertos». Las estructuras son los arrecifes de coral de las relaciones humanas, que tienen una existencia estable durante un período relativamente largo de tiempo. Pero las estructuras también nacen, se desarrollan y mueren”[i]

 

En tal sentido, y para una mejor comprensión de los posibles cambios e innovaciones que se procesan, creemos importante conocer y exponer a las mismas personas y grupos de personas que, en sus diversos planos de actuación, han tenido y tienen especial destaque en la constitución de la así llamada “Era de Lula”.

 

Tal es el caso del catedrático, cineasta y diplomático brasileño Celso Luiz Nunes Amorim, ocupa el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores del Brasil desde la misma asunción del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, es decir desde el 1º de enero del año 2003.

 

El señor Amorim no sólo tiene una importante formación en Diplomacia como en Ciencias Políticas sino que además, o especialmente, es un hombre de la cultura, desde el vector del cine, poseedor, entonces, de una mirada profunda que atiende los diversos planos de la vida humana como de las cosas que la complementan.

 

Decía el brasileño San Tiago Dantas, quien también revistiera con singular brillo el cargo de Canciller del Brasil al que arribara desde su destacada condición de jurista y político que “urge, como nos recuerda uno de los más eminentes economistas brasileños, Celso Furtado, en su más reciente obra, alargar “el espacio cultural en que se ejerce la acción creadora del hombre”, para que podamos usar el don de la libertad para la tarea de redefinición de los valores e identificación de los fines”.[ii]

 

El citar al propio Dantas hace al sentido primero de estas incorporaciones al trabajo que venimos desarrollando. Es decir, a que tan importante son las singularidades de identidades humanas que se destacan por su propio talento y talante, bien como por aquellas corporaciones, organizaciones que, como la diplomacia brasileña, desde el renombrado Instituto Río Branco, van formando hombres y mujeres avezados en las relaciones internacionales desde una cosmovisión que si bien y como es lógico prever, presenta variantes y hasta ramas, tiene, en su centro y en su primer horizonte, una impronta cultural, luego humanista, a todas luces destacable por permanente y dadora de sentido a la acción diplomática de sus cuadros.

 

Es, ciertamente, en la “era de Lula” que el hacer de hombres con las características de un Amorim, encuentran atmósfera por demás propicia, desde su propio Presidente, para llevar adelante acciones en las que prevalezca no sólo el interés nacional sino también, la solidaridad internacional que, a la postre, deviene en una mejora de lo nacional y hasta lo regional.

 

A modo de ejemplo, citaremos al propio señor Amorim en oportunidad de recibir en la ciudad de Río de Janeiro, el 3 de abril de 2006, la Medalla Tiradentes, otorgada por la Asamblea Legislativa del Estado de Río de Janeiro.

 

Decía lo siguiente el canciller brasileño en un pasaje de su discurso: “El Brasil tiene credibilidad internacional porque no teme luchar por sus derechos y porque cree que sus opciones están predeterminadas. La política externa de un país va más allá de su circunstancia; es precisamente un espacio de superación de condicionamientos. Activos de valor intangible y elementos simbólicos no son factores despreciables en las relaciones internacionales. Una determinada actitud política puede hacer la diferencia. Puede alterar percepciones, revertir prácticas largamente cristalizadas y apuntar a nuevos caminos.”

 

Para finalizar con estas palabras: “Como Tiradentes, el pueblo de Río de Janeiro sabe que los sueños no son negociables. El proyecto de nación que Tiradentes tenía en mente continua vivo: un Brasil libre y soberano, que alza su voz al mundo y se hace presente en la comunidad de las naciones.”

 

Si miramos hacia atrás en el tiempo, recordaremos que veníamos recibiendo -en el vasto espectro de las naciones occidentales-, una doctrina que empecinada y dogmáticamente, daba preeminencia al utilitarismo, a la cosificación del hombre y a la elevación, consiguientemente, del valor de cambio, como la finalidad misma de sus patrones, las más de las veces no radicados en los suelos donde sus clérigos proferían tales sermones. La servidumbre voluntaria y la rapacidad parecían haberse instalado en el mundo.

 

Bienvenida sea, por tanto, más si proviene de nuestra región sudamericana, la preeminencia de lo humano en las consideraciones y acciones de los hombres públicos.

 

Ahora bien, si nos adentramos en el pensamiento de este hombre veremos que los logros no vienen por inspiración y menos por el obrar de pocos días. Hay una construcción, de base y profunda que va tomando forma, lenta pero firmemente en el devenir del tiempo y con los altibajos del quehacer político de las naciones, esto es con los cambios democráticos que en las mismas se operan en la sana sistematización de procesos electorales en los que realmente pueden y existen variantes de forma y de contenido.

 

Citemos un ejemplo.

 

El 26 de septiembre de 1994 en la ciudad de Nueva York, en oportunidad de la XLIX Sesión Ordinaria de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), era el propio Amorim, canciller por aquel entonces bajo la Presidencia del señor Itamar Franco, quien al representar a su país, manifestaba lo siguiente al comenzar su intervención: “La fuerza de las transformaciones ha marcado este fin de siglo. En los últimos años se han producido cambios prodigiosos. Estos cambios han sido tan dramáticos que podríamos decir, como Hamlet, que “the time is out of joint”. El proceso ha sido tan fascinante que algunos se han engañado a sí mismos imaginando que el futuro ya está bajo control. Eso no es así. La transformación no tiene un curso fijo, inexorable. No nos podemos dejar seducir por interpretaciones apresuradas o por simples apariencias. Tenemos la responsabilidad de dar sentido al cambio y orientar las tendencias de acuerdo con los intereses más importantes de la comunidad mundial.[iii]

 

Al promediar su discurso, Amorim luego de destacar el avance de un MERCOSUR que por aquel entonces aun seguía en sus primeros pasos, da marco y contenido a aquello que años después, teniéndolo nuevamente como actor y autor, el Brasil viene concretando en su apertura al mundo.

 

Decía, entonces, lo siguiente: “Nuestros esfuerzos para desarrollar la cooperación política y económica se extienden más allá de América Latina. De acuerdo con la inspiración universal de nuestra diplomacia, hemos empezado a reformar los vínculos que nos asocian con naciones amigas en todas las regiones del mundo, así como a ampliarlos a asociaciones políticas y comerciales nuevas e importantes. Dichas medidas van desde la intensificación de relaciones tradicionales en nuestro hemisferio y con países industrializados hasta fórmulas nuevas y creativas para cooperar con países de África, Asia y Oriente Medio. En general hemos tratado de elevar el diálogo a niveles cada vez mayores y, en muchos casos, hemos logrado establecer relaciones dinámicas y privilegiadas.”

 

A lo que añade: “Los lazos entre el Brasil y las naciones africanas se han fortalecido gracias a las medidas adoptadas para dotar de una estructura a la comunidad de países de habla portuguesa. Este nuevo e importante foro unirá a nuestros hermanos y hermanas que habitan en diferentes continentes y llevará a un entendimiento y una cooperación aun mayores. Sobre la base del Atlántico Sur que compartimos, tenemos la intención de ampliar los horizontes de acción entre América y África, con la fuerza moral y política adicional que ha traído consigo la elección de Nelson Mandela en la nueva Sudáfrica.”

 

Bien dice el periodista brasileño Mauro Santayana que lo que incomoda a muchos, y agrego yo: no sólo en el Brasil, en la política externa del gobierno del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, no son los errores, sino los aciertos[iv]. A lo que perfectamente y sin aducir creatividad aunque sí honestidad intelectual, podríamos añadir que el mérito primero de la democracia brasileña, en estos comienzos del siglo XXI, estriba en dar marco propicio para que autores y actores puedan llevar adelante ideas y hasta planes que esperaron en algunos casos mucho tiempo para hacerse realidad.

 

Tal es el caso, indudablemente, de la aproximación del Brasil al resto de las naciones sudamericanas, desde un plano de igualdad, ejerciendo sí, por imperio de su propio peso geopolítico específico una suerte de coordinación operativa en el gran tablero del mundo, a una concertación que lejos de ser meramente comercial, es reflejo de un anhelo que viene de lejos, de una aspiración misma de sus pueblos, luego de sus gentes: la India, el África, en suma y en un sentido muy amplio, el Atlántico Sur como río antes que como océano. Como aproximación, antes que como división.

 

Hubo tiempo en que, fuera en el Brasil, como en el resto de nuestros países, hombres prácticos y cínicos veían con desdén la eventualidad de que esta nación dedicara especial atención al África, por ejemplo.

 

Ya en el año 2008, durante el segundo gobierno del Presidente Lula, el canciller Celso Amorim, profiere un discurso sobre “Creación e Innovación en la Política Externa Brasileña”, en la Universidad Federal de Río de Janeiro.

 

El 25 de abril de 2008, y con la presencia del arquitecto Oscar Niemeyer, otro gran autor y actor del Brasil, Amorim se permite compartir una pieza oratoria en la que da rienda suelta, con su habitual estilo abierto y profundo a la vez, a factores centrales del accionar del Brasil y del estado de situación de un mundo cambiante.

 

He creído hallar, en ese sentido, diez pasajes de su discurso que considero del caso citar[v]:

 

1 – “Desde 2003, el Gobierno del Presidente Lula ha estado comprometido en el esfuerzo para redimensionar el perfil del Brasil en el mundo. En las últimas décadas, el Brasil creció, se redemocratizó, estabilizó su economía y fue capaz de elegir un operario, oriundo de las luchas sindicales, como Presidente de la República”.

 

2 – “La creación del G-20, que quebró la estructura concentrada de poder en las negociaciones de la OMC, tal vez haya sido el mejor ejemplo de esta actitud a un tiempo serena y pragmática, ya que era dirigida a resultados concretos”.

 

3 – “Como anticipan diversos pronósticos de crecimiento económico, los llamados BRICs (Brasil, Rusia, India y China) estarán entre las mayores economías del mundo en 2050. Según datos del Banco Mundial, si se aplica el criterio de paridad del poder de compra, el Brasil ya es la sexta mayor economía del mundo.”

 

4 – “Para fortalecer nuestra inserción global es necesario comenzar por América del Sur. Una inserción individualista no condice con la extensión de los desafíos del mundo actual. Se choca, además, con la actitud solidaria que, creemos, debe hacer parte de la relación entre las naciones.”

 

5 – “Tenemos que trabajar por la integración a fin de contribuir para que América del Sur sea un continente democrático, pacífico, próspero, libre de armas de destrucción masiva, cultural y socialmente coherente, y al mismo tiempo saludablemente diverso.”

 

6 – “La integración sudamericana crea un centro de gravitación alternativo al que siempre existió en el Norte. Prepara, así, el camino para la integración del conjunto mayor latinoamericano y caribeño. Sin la integración de América del Sur, la integración latinoamericana no pasa de una figura retórica, de un sueño basado en realidades culturales y lingüísticas, sin duda importantes, pero sin fundamento en la estructura económica y social.”

 

7 – “Normalmente, la política externa es vista como la defensa cruda del interés nacional. Todo lo que aparentemente contraría o incluso califica esa postura puede ser interpretado como manifestación de ingenuidad o forma de ocultar la verdad. Cualquier mención a la “generosidad” tiende a ser encarada como una actitud liviana, falsa o pretenciosa.”

 

8 – “Un paso importante fue el retomar nuestra política africana. El Presidente Lula, que ya visitó el continente ocho veces, recolocó al África en el lugar central que siempre debería tener en la política externa brasileña.”

 

9 – “El Forum IBAS, entre la India, el Brasil y el África del Sur, cuyo origen se remonta a los primeros días del Gobierno Lula, une tres democracias, tres sociedades multiculturales, una en cada continente del mundo en desarrollo. Promueve la coordinación diplomática, el incremento del comercio y de las inversiones y la cooperación entre sus miembros en múltiples áreas, incluyendo la académica y cultural. El IBAS nos estimuló a lanzar la idea de un acuerdo comercial trilateral entre el MERCOSUR, la India y la Unión Aduanera del África Meridional (SACU)”.

 

10 – “El Gobierno Lula reforzó los contactos con países desarrollados, especialmente con los Estados Unidos y con los países de la Unión Europea. (…) Es claro, por tanto, que vínculos más estrechos con países del Sur no disminuyen para el Brasil la importancia de la relación con los países desarrollados. Sólo que se trata ahora de una relación de igual a igual, sin paternalismos. La era de las opciones excluyentes quedó en el pasado. Este es el universalismo genuino. La política externa brasileña no tiene preconceptos y, al contrario de lo que dicen algunos críticos, no está condicionada por fronteras ideológicas.”[vi]

 

A todas luces, se hace necesario reflexionar sobre estas cuestiones presentadas por el diplomático brasileño en una pieza oratoria digna de una lectura y estudio total, a cuyos efectos se indica la vía para acceder a la misma, y de ahí presentar nuestra propia reflexión al respecto, desde una mirada que, aunque próxima, resulta complementaria al provenir de un lugar diferente dentro de una misma circunstancia de vida: el país de cada quien y nuestra región sudamericana como nuestra Casa.

 

Podemos sí dejar entrever en medio de estas cuestiones, la intensa gesta de una política externa que tiene, en sus acciones diplomáticas, una fragua donde presentar metales de diversa condición en busca de forjar aquel instrumento de acción noble no sólo en apariencia sino y primordialmente en contenidos.

 

A pocos días de producido el discurso aquí reseñado, el canciller del Brasil profiere otro, ya en su ámbito, el del Instituto Río Branco, en la ceremonia de formación de la Promoción 2005/2007 de nuevos diplomáticos, y ante la presencia del propio Presidente de su país, entre otras autoridades.

 

El señor Amorim vuelve a reflexionar sobre lo expresado días atrás, acrecentándolo e imprimiendo nuevos conceptos y temas a ser tratados. Y como todo hombre de acción que es primeramente un ser pensante y crítico, promueve la autocrítica.

 

Así, con ese talante, concluye su intervención: “Itamaraty tiene que renovarse. Itamaraty tiene que rejuvenecerse, Itamaraty tiene que ser un reflejo de lo que es la sociedad brasileña –sea en la mayor participación de las minorías, en todos los puestos. Y tiene que hacer eso sin perder la excelencia.”

 

Por último, Amorim convoca a la acción pensante y crítica, con emotivas y breves frases: “Ese es el desafío que nosotros tenemos. Ese es el desafío que ustedes enfrentarán. Esa es la gran historia de la diplomacia brasileña. Y en esa historia ustedes no serán apenas espectadores, sino que serán actores y autores. ¡Bienvenidos!”

 

Tal será, pues, el título de este capítulo: “Actores y Autores”.

 

Hemos adelantado parte de un pensamiento comprometido, rico y que, guste o no, compartámoslo o no, a todos nos comprende y compromete. Tal es la suerte de nuestra América, tal la de cada uno de nuestros países, tal, por cierto, la del propio Brasil: la de estar conectados y consustanciados en un porvenir que, desde la fragua de los más diversos metales, ha comenzado a forjar la mejor de las aleaciones. La que proviene de la historia en el respeto, el cuidado y la vocación de servir al otro, al diferente, primeramente al de nuestras vastas regiones, los lugares de esta América del Sur. Y juntos crecer, desde una unidad que respete lo diverso y promueva, en corresponsabilidad con los otros actores sudamericanos, la mejora de nuestros hombres y mujeres de a pie. Sin exclusiones. Sin preconceptos.

 

Démonos tiempo, o espacio en el papel si lo quieren ver así, para reflexionar sobre esto que arriba se indica y luego, ciertamente, retornaremos, en un tiempo, es decir en una página siguiente y vinculante, a dar nuestra propia lectura sobre esto que un actor y hacedor de nuestro tiempo va forjando en  buen metal.

 

Continuaremos.

 

[i] Wallerstein, Immanuel, El Moderno Sistema Mundial, Tomo I: La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI, XXI Siglo Veintiuno Editores, México, D.F., año 2003, pág. 7.

[ii] Dantas, San Tiago, D. Quixote – Um apólogo da alma ocidental, Editora Universidade de Brasília, Brasilia, D.F., año 1997, pág. 10.

[iii] El subrayado es de mi responsabilidad.

[iv] Santayana, Mauro, “O Itamaraty e a sua circunstância”, Jornal do Brasil, 28.02.2007.

[v] Extraídas del sitio del MRE del Brasil, http://www.mre.gov.br (Texto-base da conferência do Ministro Celso Amorim na Coordenação dos Programas de Pós-Graduação de Engenharia (COPPE) da Universidade Federal do Rio de Janeiro (UFRJ) – Criação e Inovação na Política Externa Brasileira.

[vi] Una vez más, como en las anteriores ocasiones donde consta, el subrayado es de mi responsabilidad.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital