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El desconcertante
Zar Medvédev
por Adrián Mac Liman
El
recién investido presidente ruso, Dimitri Medvédev,
se encuentra ante el desafío de modernizar Rusia y
de imponerse en el hasta ahora no siempre armónico
concierto de las grandes potencias. Abogado del
equipo de Putin en el ayuntamiento de San
Petersburgos, dirigió la campaña electoral de Putin
que lo llevo a la presidencia de Rusia y presidente
del consejo de administración
de la
empresa de Gas Gasprom.
Dimitri Medvédev asumió esta
semana la presidencia de la Federación Rusa en un
acto solemne que recordaba, extrañamente, la
suntuosidad de una entronización imperial. Estiman
los politólogos que la ceremonia celebrada en el
Kremlin fue una mezcla de reafirmación del poderío
de los zares y de espectáculo mediático
cuidadosamente preparado, cuyas secuencias debían
causar un importante efecto psicológico más allá de
los confines de la madre Rusia.
Para la mayoría de los
observadores occidentales, el nuevo Presidente ruso
no deja de ser un mero símbolo del continuismo de
la política llevada a cabo por Vladimir Putin,
amigo y valedor de Medvédev. Incluso hay quien opina
que el relevo del antiguo agente de la KGB
reconvertido a estadista es un simple espejismo, que
los destinos de Rusia seguirán dependiendo de la
estrategia establecida por el minúsculo grupo de ex
agentes de los servicios de inteligencia que se
habían adueñado del poder durante la era del
titubeante Borís Yeltsin.
Nada menos cierto, puesto que
ya en los últimos años de la desaparecida URSS los
exponentes de este poder oculto controlaban la vida
pública del gigante con pies de barro. Algunos
Secretarios Generales del Partido Comunista de la
Unión Soviética (PCUS) procedían del aparato
represivo o se apoyaban en sus estructuras para
perpetuarse en el poder. En este contexto, conviene
señalar que Vladimir Putin no representa la
excepción que confirma la regla. Por el contrario,
es el digno representante de una nueva clase
política que emerge del caos producido por el
derrumbamiento del imperio soviético. Una clase
integrada por los supervivientes de los servicios
secretos, que se colocaron en los múltiples
agujeros negros de la política y la economía,
invadiendo el terreno de los antiguos aparatchik
del régimen comunista.
Sin embargo, Dimitri
Medvédev no pertenece a este núcleo de poder.
Curiosamente, este economista que llegó a dirigir la
Gazprom, la empresa energética más grande del
país, tiene antecedentes de otra índole. Medvédev no
colaboró con los servicios secretos. Más aún, se
enorgullece de no haber hecho siquiera el servicio
militar, de no haber engrosado las filas de un
ejército que, tras la humillante derrota sufrida en
Afganistán, se limitó a reprimir los focos de
inestabilidad interna, provocados por nacionalismos
de todo signo: Nagorny Karabaj, Abjasia, Chechenia
Medvédev es, o la menos
pretende ser, el recién llegado que promete
modificar los parámetros actuales de la sociedad
rusa. Sus primeras promesas mayor respeto de los
derechos humanos, modernización de la estructura
industrial del país, aumento del nivel de vida de la
población, ampliación de la hasta ahora exigua clase
media, cambios en la política exterior- llamaron la
atención de los kremlinólogos, empeñados en
averiguar si detrás de las buenas palabras del
Presidente no se ocultan las habituales trampas.
En efecto, el sistema de
gobierno ideado por los nuevos dueños del país deja
muy poco margen de maniobra a los extraños. Cabe
suponer que Putin, que asume el cargo de Primer
Ministro, tratará de controlar los ministerios
clave, limitando las prerrogativas del nuevo
Presidente.
Por otra parte, el
establishment moscovita es consciente de la
necesidad de lanzar una operación sonrisa
destinada a tranquilizar a los políticos
occidentales, preocupados por los cada vez más
frecuentes arrebatos hegemónicos de Vladimir
Putin.
De hecho, Rusia no deja de
ser una gran incógnita. Esta gran potencia
parece poco propensa a renunciar a su papel a escala
planetaria. Quienes se frotaron las manos tras la
desaparición del mundo bipolar, empiezan a
comprender que habrá que contar con el Kremlin a la
hora de diseñar nuevas estrategias mundiales.
Dimitri Medvédev se halla, pues, ante un doble
desafío: por un lado, tratar de modernizar Rusia y,
por el otro, imponerse en el hasta ahora no siempre
armónico concierto de las grandes potencias.
ccs@solidarios.org.es
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