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El poder y el arte
por Faustino Pérez
Desde el Louvre de París hasta el Prado de Madrid,
pasando por la Galería Uffizi de Florencia, el Museo
del Vaticano, el Rijksmuseum de Asmterdam, o el
Hermitage de San Petersburgo, el Museo Metropolitano
de Arte de New York, o la Alte Pinakothek de Munich,
que son los más sobresalientes, absolutamente en
todos los museos de arte importantes del mundo se
notan cuatro constantes, presentes invariablemente
en cada uno de ellos:

Primero
Se percibe
inmediatamente la relación estrechísima entre los
poderes establecidos, tanto el político, así como
también el económico, el social y hasta el
religioso, y la selección de los artistas expuestos.
Es decir, que el poder se preocupa por aupar a sus
cultores, o lo que es lo mismo, - aquellos que han
plasmado a los mecenas en sus obras, y/o que les
reporten grandes beneficios a los patrocinadores
-, que son los artistas que les facilitan perpetuar
su influencia, incrementar sus fortunas, y exhibir
su vanidad. Por ejemplo, se sabe del estrecho
vínculo que hubo entre Joan Miró y la Galería Maeght
de París, sin la cual él no sería tan reconocido y
famoso como lo es hoy en día. Claro está, que esa
asociación le reportó pingües beneficios a la
Galería, y de paso a Miró.
También está el caso
de la relación de los expresionistas abstractos
estadounidenses y los Rockefeller, y ahora esos
artistas aparecen en las salas de los museos como el
Metropolitan de Arte en New York, el Museo Whitney,
el MoMA, entre otros muchos.
Eso explica por qué
un cuadro de Jackson Pollock realizado a base de
chorrear la pintura con una brocha, con la llamada
técnica del dripping valga millones de dólares; o
una escultura de Andy Warhol imitando una caja del
limpiador de cocina Brillo, hecha de plywood en
forma de caja, también esté muy sobrevaluada como
objeto de arte. Ambos artistas estaban estrechamente
asociados a grandes intereses económicos y al poder
judío.
Obviamente, los
críticos al servicio de dichos intereses también
ponderan las virtudes de esos artífices, publican
trabajos y revalorizan permanentemente las obras de
los elegidos, para deleite de sus patrocinadores.
México no se queda
atrás, en la promoción de su artista Frida Kahlo.
Lo que ella hacía hubiese servido en otra época como
ejemplo de arte psicopatológico, o de enfermos
mentales, y ahora ese arte tan morboso y
nauseabundo se quiere presentar como la gran obra de
la pintora de Coyoacán. Y claro, mucha gente se lo
cree, porque el poder político la promociona.
En España, con las
rivalidades entre las diferentes regiones, o como
dicen ellos nacionalidades, es muy difícil que un
artista de Madrid llegue a la gran fama; por no
decir casi imposible, porque los grandes intereses
catalanes lo impiden. Los poderosos en el negocio,
permitieron subir a Picasso, porque era malagueño; a
Salvador Dalí, por ser catalán, al propio Miró,
nacido en Barcelona, a Chillida, oriundo de San
Sebastián
Esto implica que el
artista que no se vincule con los poderes
establecidos difícilmente llega a los museos; ni
tampoco puede contar con la protección de los que
controlan el desenvolvimiento del arte. También
significa que fuera de dichos museos, viven y
trabajan creadores tan buenos o mejores que los que
están dentro; esto se nota más en las instituciones
museísticas de arte contemporáneo, porque uno tiene
la oportunidad de apreciar al arte de los no
seleccionados, con mayor facilidad, por razones
obvias. Esto último se evidencia crudamente en el
Centro Pompidou de París, en el MoMA de New York, y
en el Reina Sofía de Madrid, por ser los tres de
arte contemporáneo.
Entre los poderes
mencionados está el religioso; así tenemos
como muestras los famosos cuadros de las vírgenes de
Murillo, del Museo del Prado, o la creación de
Miguel Ángel en la Capilla Sixtina del Museo del
Vaticano, o la conocidísima escultura llamada La
Piedad, del mismo autor. Que conste que no estoy
afirmando que los creadores no tenían talento, sino,
que su gran reconocimiento mundial se debe a sus
relaciones con el poder de la iglesia.
Y tal como se ha
dicho, el artista depende del poder para sobrevivir,
y el poder se vale del artista para trascender; así
tenemos que el creador-innovador de izquierdas,
tiene un vínculo permanente y antiguo con el poder
conservador de derechas.
Segunda
El público, por su
parte, es condicionado de muchas maneras a
considerar a una obra como buena y/o importante. Por
un lado están los críticos del establishment quienes
tienen una especie de hit parade de las obras, o
unas categorizaciones, que naturalmente benefician y
están de acuerdo con los intereses del poder.
Luego cuando uno va
al museo le entregan o le venden un catálogo, en el
que aparecen destacadas las obras más importantes.
Los guías de los museos para las llamadas visitas
guiadas, ya saben qué es lo que tienen que decir, y
a qué obras dedicarles más tiempo por ser las
mejores piezas. Se trata de toda una cadena, que
no termina ahí, por supuesto.
Donde más se nota
esto es en el Museo del Louvre, por ser el más
promocionado del mundo. Todo el que entra ahí quiere
ver la Mona Lisa, La Victoria de Samotracia y La
Venus de Milo, porque eso es lo que le dicen que es
bueno, y lo mejor del museo. Lo franceses tienen una
excelente red mundial de revalorización de sus
artistas o escritores, muy bien concebida. El
resultado de semejante publicidad produce un
auténtico borreguismo entre las multitudes que
acuden al Louvre. Otro efecto provocado consiste en
la promoción del turismo, ya que millones de
personas viajan motivados por el turismo cultural.
Esta política cultural de Francia, es una de las
inversiones más rentables.
Sin embargo, Las
Meninas de Velázquez del Museo del Prado es una obra
mucho más trascendental, técnicamente hablando, que
la Monalisa, por poner un ejemplo, y es menos
conocida. Lo mismo le ocurre a las piezas del
Hermitage de San Petersburgo, Rusia, un museo de
primera con promoción de tercera, por lo menos a
este lado del mundo.
Aquí en la República
Dominicana, hacemos todo lo contrario que hacen los
galos, o sea que al artista o escritor que vale, lo
que hacen es eclipsarlo, desestimularlo, e incluso,
hacerle la vida imposible. Y en los últimos años,
encima, tiene que servir al partido político de
turno, para ser considerado como artista o como
escritor; lo cual es una aberración y una solemne
estupidez, porque un creador pertenece al país, no a
un grupo político. Ni se promociona el país, ni
mucho menos el turismo cultural.
Tercera
Existe un auténtico
fetichismo por la pieza original, claro está
inculcado por los poderes interesados. Por ejemplo,
en el Prado existe una Monalisa idéntica a la del
Louvre, pero la gente le hace poco caso, si es que
sabe que existe. Desde el punto de vista de la
imagen, ambas son apariencias iguales.
En el mundo existen
falsificadores, que pintan cuadros de mejor calidad
que los originales, pero al ser descubiertos van a
parar a la cárcel con sus huesos, porque engañaron a
los ostentadores del poder, y no se puede permitir
el pseudofetichismo.
Cuarto
En este mundo light
postmoderno donde lo banal, y hasta lo morboso,
interesan más a la gente que las cosas importantes,
no es de extrañar que se tejan tantas historias,
fábulas, mitos, leyendas y anécdotas a costa de las
vidas de los creadores. Todo ello porque se sabe que
la gente recuerda mucho mejor lo intrascendente, que
el dato importante, y al poder le conviene, porque
se habla del artista y de su obra, y así de esa
manera se revaloriza su producción artística.
Una vez surgió la
tesis del supuesto defecto visual de El Greco, que
explicaba sus figuras alargadas o leptosomatizadas,
de su arte manierista.
Goya tampoco se
escapa de tener sus anecdotarios, en especial, los
relacioandos con sus famosas Pinturas Negras del
Museo del Prado. En ese mismo museo se ha dicho que
Velázquez era probablemente mulato.
Si uno viaja a
Italia, también le contarán numerosas anécdotas de
sus artistas, incluyendo de los más conocidos, como
Miguel Ángel o Leonardo da Vinci.
Quizá el artista con
más anécdotas en el arte occidental sea Vincent Van
Gogh, y cuando se cortó la oreja y se pintó con la
cabeza vendada, puso en marcha la maquinaria de la
creación de mitos. A este creador holandés lo han
mitificado tanto, que le han compuesto canciones, le
han dedicado poemas, y su nombre y sus imágenes
aparecen en numerosas obras de ficción. No es de
extrañar pues que sus pinturas hayan roto récords en
subastas. A lo anterior se le suma que el
impresionismo europeo tuvo su fuente de inspiración
en el arte japonés, con la pincelada suelta y los
colores tipo pastel, y eso provoca que grandes
coleccionistas de ese país asiático con un inmenso
poder económico, se interesen mucho por la obra de
Van Gogh.
Gauguin el pintor
neoimpresionista francés, en una etapa de su carrera
vivió en una isla del Pacífico, de cuya permanencia
se tejen numerosas anéctodas.
De Frida Kalho, la
pintora mexicana que mencionamos arriba en otro
contexto, también se presta mucho para las
fabulaciones, por sus cuadros, y por su vida
trágica, que abarca desde el polio que la marcó,
hasta el accidente del autobús en el cual viajaba
ella
Estas cuatro
constantes ponen en evidencia que a partir de un
cierto límite en adelante el llamado arte tiene
mucho más de política a secas, de política cultural,
y de defensa de intereses, que de arte propiamente
dicho.
Fuente: DiarioDigitalRDcom
Faustino
Pérez: escritor
LA
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